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El Renglón Torcido

Cuando uno tira hacia un lado, el otro lo hace en sentido contrario.

Tensamos la cuerda, cuando de lo que realemtente no nos damos cuenta es que realmente lo que se tensa es lo que hay alrededor, que es lo que verdaderamente importaba. Y la tensamos y seguimos tensando hasta que terminamos rompiéndola. Quizá sin darnos cuenta, o problamente y seguro, dándonos cuénta perfectamente de la tensión que había en ella. Pero seguimos adelante sin importarnos nada mas allá que se tensará del todo hasta romperse, o se destensara para dar lugar a la paz.

Pero que hubiera un final.

Y lo que pasó era lo mas que evidente, que la cuerda terminó rompiendo. 

Quizá haya estado tensa demasiado tiempo, demasiados años. Quizá hubiera sido mejor atajar o solucionar los problemas hace tiempo, años. Las charlas, las conversaciones, las deliberaciones… Aquellas que en principio parecía que solucionaban los conflictos y hacían que caminos divergentes parecieran converger. Aquellas con el tiempo y el paso de los días, volvían a resultar infructuosas. 

¿Y ahora que?

¿Cómo repartimos los amigos?

No, en serio. Es una frase hecha, tomada de una canción de “Ella baila Sola”. Ahora toca ser respetuosos, siempre, absolutamente. Por los que se quedan en tierra de nadie. Por los que desde la neutralidad tienen que seguir con su rutina sin el hecho de que la ruptura de la cuerda les pueda llegar a afectar.

Por ellos siempre sinceridad, nada de mentiras, de engaños, de “correveydiles” ni de llenar la cabeza de pajaritos a quien no corresponde. No reproches por sus actos. Actos independientes, siempre independientes que provienen de ellos mismos y de sus decisiones.

Nosotros hemos decidido, en cierto modo y a nuestra manera. Podemos estar mas o menos de acuerdo con la postura o decisión final tomada. Pero al fin y al cabo, es una decisión. Ahora a seguir adelante con ella.

Los individuos se quedan cojos. Aunque como dicen: unos van, otros vendrán.


El Renglón Torcido

Me oculté tras ella, para no ser visto. Es más fácil caminar y seguir adelante pasando desapercibido, sin que te puedan reconocer. Una máscara que ocultaba mi verdadera mirada, mi verdaderas palabas, mis verdaderos pensamientos y mi verdadero yo. Todo con el fin de tratar que, al no ser visto, las heridas que cubrían pudieran cicatrizar mas rápido, a resguardo de miradas indiscretas.

Aunque es sabido que las heridas cicatrizan mejor sin estar cubiertas, respirando aire fresco. Heridas que van cerrando con el pasar de los días a plena luz del sol. Yo dejé ver mis heridas a los que me rodeaban, mientras las escondía bajo máscaras para esconderlas de quién no debía hacerlo. Y esas máscaras eran de rencor, otras veces de rabia. Otras de indiferencia, quizá de altivez, y muchas veces de orgullo. Suelen decir que ante el enemigo no hay que mostrar flaquezas, debilidades, no tiene que haber talón de Aquiles. Y para eso las usaba. Tratando de ser mas fuerte que mi adversario las use durante un tiempo, aunque duraban poco. Porque cual espíritu de la contradicción, mientras en directo cubría mi rostro, en indirecto, a través de las escrituras que comparto, dejaba esas heridas al aire para ser vistas, por supuesto, y tambien, por él.

Hoy las máscaras descansan en la basura. Ya no son necesarias. Depués de la tormenta siempre sale el sol, ¿no? Muchas veces lo he escrito yo, deseando que comenzara el amanecer de nuevo. Ahora parece que ese sol comienza a salir, siendo hora de retirar las máscaras.

Tan sencillo como no hablar. No reprochar, ni tan siquiera casi preguntar. Hemos pasado tanto en éste tiempo, tantas discusiones, mal entendidos, furia y rabia que es mejor no decir nada. Y cuando ésto sucede, cuando después de haber echado toda la mierda que tenemos dentro, una vez vacios, destapados y sin máscaras, sólo quedamos él y yo.

En ese punto, en el que ya no hay miedos, en el que hay comprensión de que todos podemos llegar a equivocarnos en un momento dado, y tambien hay comprensión de que cuando algo sucede es por algo y tiene consecuencias, es donde empieza un nuevo amanecer.

Ese en el que siempre debimos despertar. En el que ambos mirábamos un punto rojo y sabiamos lo que significaba. Un lugar donde al mirarnos a los ojos de nuevo, y pasada la tormenta, sólo podemos recordar lo bueno que hemos vivido. Las historias que hemos creado, y los momentos compartidos. Porque aunque en los últimos momentos de mis historias, siempre hayan sido turbulentas, rabiosas y rencorosas, a día de hoy encuentro la paz.

Hay que enfrentarse a las cosas, tenerlas delante. Sentir, tocar y pensar. Dormir, despertar y volver a dormir. Respirar. Un olor familiar, un tacto conocido. Tu y yo, frente a frente.  Y a partir de ahí saber que el tiempo pasado ha hecho que las cosas se calmaran. Que estamos bien, en caminos separados, pero bien. Que por supuesto habrá aún malos momentos, y otros mejor, pero que lo malo, lo que nos hizo rabiar, lo que nos hizo odiar, lo que hizo romper miles de puntos rojos en el cielo, quedó atrás. Ahora comienza otra historia.

Yo siempre decía que no soy amigo de mis ex, y curiosamente hoy me he dado cuenta que soy amigo de todos y cada uno de ellos. Unos porque los veo más, otros porque están mas lejos. Pero de todos guardo un recuerdo especial y saben que si me necesitan, estoy. (Y si no tambien, que coño). Un Sr. Pintor me dijo que sí, que lo seríamos si algún dia nos separábamos. Yo cabezón dije que no. Y él mejor que nadie sabe que me revienta tener que darle la razón, pero se la tengo que dar.

No hay que apartar de tu vida a gente que has querido tanto. No quiero apartar de mi vida a alguien que me ha llenado tanto en éstos últimos meses que no puedo ni cuantificarlo. No debo apartarlo, ni ponerme máscaras cuando lo veo, ni rabiar ni odiar ni dejar de querer. No lo debo hacer por todos y cada una de las veces que nos hemos dicho “Te quiero”.

Comienza un nuevo camino. El 2012 parecía que iba a ser movidito, y así lo viene demostrando. No es fácil cambiar el chip. No es fácil darle a vuelta a los sentimientos, y pensar que ya nada volverá a ser como antes. Gran tarea, grandes deberes el pensar en esa otra persona como un amigo, en lugar de como algo mas. Pero, ¿y el amor, al fin y al cabo no es igual? ¿Cuántas veces decimos te quiero a un amigo? ¿Lo hacemos alguna vez? Sr. Pintor, tenemos un trabajo duro y difícil. Pero como dijimos no hace mucho, no mas peleas. Por lo que hemos tenido, por lo que hemos vivido, y por lo que viviremos ahora, desde otro punto de vista, pero juntos en nuestras vidas.


 

El Renglón Torcido

 

Si la desconexión auguraba un regreso fuerte y vigoroso, no lo será. Si el silencio era una señal de paz y reflexión, no ha conseguido el objetivo. Hoy si cabe vuelvo, mas torcido que nunca. Si es que un martes y trece, del doce, del once, no puede dar lugar a nada bueno.

Me da igual quien pueda o no llegar a leer ésto que escribo. Me refiero a la gente que se pueda dar por aludida o no respecto a las historias que puedo llegar a contar. Pero hoy vuelvo, después de muchos días sin escribir y afrontando la recta final de éste año, y sinceramente, voy a escribir lo que quiero pensando solo en mi.

Hoy he vuelto a ver mariposas. Mariposas de un principe. Esas de las que había odio hablar y tenía constancia de su existencia. Esas que comenzaron a volar hace cuatro meses tiñendo de tristeza nuestras vidas; esas que tornaron el color de sus alas de vivos colores a frios matices mientras revoloteaban a nuestro alrededor.

“Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

En la soledad de una galería, entre miradas, colores, olores. Una sonrisa que no se olvida, un momento de soledad. Y una reflexión. No me gustan las mariposas del principe. Son preciosas, si, pero para mi son lo mas triste del mundo. No por como son, sino por lo que significan. Por sus colores , por que no hay puntos rojos y si los hay no se ven. Por el tiempo en que fueron creadas. Cada una de ellas significa un tiempo pasado que es mejor olvidarlo.

Y ahi delante de ellas, mas tiempo del necesario para valorarlas, esperando o evitando la despedida. Busco entre los cuadernos, historias nuevas, borrosas, sucias y desordenadas.  Quizá como me siento yo en ese mismo momento mientras lo estoy mirando. Aparecen entre hojas, mundos vividos por mi. Dibujos de los que te puedo decir el lugar y el momento donde fueron creados. Una mano blanca que no sabiamos donde ubicarla encontro su lugar bajo una señora que se escondía. Unos cactus y una escalera recordaban tiempos de sol, cercanos al mar, en un tiempo en el que todo era perfecto.

Y después, la despedida. Un nuevo final: mi final.  

” Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

Las historias se solapan en el tiempo. Los sentimientos son difíciles de controlar y el amor o desamor está donde menos lo esperamos. Hoy el día no ha ido a mejor. Ni mucho menos. Cuando el corazón sufre una punzada, casi es mejor rematarlo para que deje de sufrir que permanecer en una agonía misera que no lleva a nada. La punzada era obvia, provocada y meditada. El remate era necesario, esperado e inesperado. Contradictorio, por supuesto, pero sobre todo necesario.

Que fácil parece todo cuando las ideas están en la cabeza, y que difícil es ponerlas en orden cuando tienen que salir por la boca. Son nulo para ello, se me da mejor escribir. Aunque hoy no es un gran día y casi están igual de desordenadas en mis escritos que en mi cabeza. Con lo fácil que es mirar a los ojos, mientras sonríes y lo difícil que es hacerlo cuando las noticias no son buenas. Siempre es bueno tener un escudo delante, como por ejemplo un pañuelo al cuello que sirva para bajar la mirada y enredar en él. Cuando te despojan de él, estás descubierto.

Ya no es tiempo de mariposas. Si las hay, ahí están. No hay sitio para mas, ni para que crezcan, ni para que surjan nuevas. No hay sitio ni razón para ellas. Y por éste motivo hay que evitar daños colaterales. Quizá ya causados, pero tal vez subsanados en cierto modo. El tiempo tiene que poner orden en éste caos. Hace un tiempo, y me repito, hable de que el tiempo y yo tenemos que hacer algo para resolver éstos problemas. Está claro que yo no, puedo, así que lo dejo en manos de las horas.

Me equivoco, y entro en un bucle en el que no me doy cuenta que ya he estado. Mientras que mi entorno sabe que estoy cayendo en el mismo error en el que una vez ya estuve. Vuelvo a tropezar, pero me vuelvo a levantar. Me duele, menos, o quizá mas. Eso lo diré mañana.


 

El Renglón Torcido

 

Estoy soltero.

Solo.

Mirando al horizonte y con un camino largo delante de mi.

Hoy lo se, y soy consciente de ello.

Si, pensaréis que llevo mucho tiempo hablando del fin de mi relación: de historias y leyendas. Subjetivas, objetivas, opiniones y desencuentros. Pero a pesar de todo, seguían siendo los coletazos de eso mismo. De mi relación. La triste y lenta agonía de un amor que desaparece. Y cuando desaparece te das cuenta que sí, que vuelves a estar tu sólo.

Con nuevas vivencias a tus espaldas, maravillosas y espeluznantes. Bellas y tristes, siempre hermosas en la fealdad, siempre ciertas en verdad.

Soltero, pero no entero. Y no entero porque mi corazón pierde pedazos cuando una historia de amor termina. Y ésta vez la pérdida cuanto menos ha sido importante. Sólo el tiempo hará que donde ahora falten esos cachitos amados, aparezca una cicatriz para rellenar el hueco dejado. Sólo el tiempo.

Después de un duro camino, hoy estoy en paz. Realmente no se si es un espejismo o es realidad. Pero sí, hay una calma y no tensa, en mi interior. Esa calma quizá venga de un final calmado, de una conversación bañados por el sol. Ese que tantas veces pienso que tarda mucho en salir para iluminar los días tristes. Ese sol nos dejo ir, tranquilos. Sin malas palabras, sin reproches, sin riñas, sin enfados. Sin mas. Nos dejó ir.

Y con él a nuestras espaldas nos dijimos adiós. Un adiós que duele, por lo vivido cuando amábamos. Pero un adiós que alivia, por lo vivido cuando amábamos mal.

No se deja de querer a las personas de un día para otro, por supuesto que no. No implica que desde hace unos días, quisiera mucho y ya no quiera nada. Pero la historia estaba sin cerrar, sin un punto final. Y ese “THE END”, necesario para los dos implicados en esta historia llegó, apaciguando las idas y venidas de los últimos tiempos.

Hoy estoy bien. Con recuerdos en mi cabeza, y mas en mi corazón. Me rió, y sonrío. Hablo y escucho. Y me divierto, tambien pienso. Pienso en lo que he dejado atrás, en lo que hemos dejado atrás. En si me habré equivocado, o si habré hecho bien. No lo se. El tiempo me dirá, me dará una respuesta. Pero a pesar de los pensamientos e historias que inundan mi imaginación de todo el tiempo vivido, hoy me siento bien y después de mas de tres meses de desasosiego e incertidumbre, malos entendidos y peleas, HOY, estoy soltero.

Singular.

Solo.

Yo. Sólo Javi.

Nos debíamos un final así. Normal. Nos lo merecíamos, Sr. Pintor. No es el que nos hubiera gustado a ninguno de los dos. Pero esa charla bajo el sol, tranquilos, sin malas voces, sin malas caras, sin maldad, con respeto y con el amor, que a pesar de las circusntancias tenemos el uno por e otro, nos la merecíamos.

No es un final de cuento. No fueron felices y comieron felices.

Pero es un final. Y los cuentos, como en la vida, necesitan un final.

 

 


El Renglón Torcido

 

Hace poco hablé de mi subjetiva realidad, de aquella en la que cuando hay una interacción entre dos personas, cada uno de los dos cuenta la historia como la ha vivido. Yo he contado la mía, como me salía del corazón y de mi cabeza mientras me sentaba delante del ordenador. Pero como conté hace poco, siempre hay dos versiones de los mismo hechos. Hace poco alguien  me lo recordó, aunque yo siempre me he mantenido firme en el hecho de lo que yo cuento aquí es mi vida, y que todo el mundo es libre de contar sus propias versiones.  Y por sorpresa, aquí hace poco he encontrado otra versión, a modo de comentario. La otra versión. Su versión. Es lícito que dado que yo escribo siempre y publico lo que quiero, ahora dejo aquí la otra mitad de la historia.

No es un relato, no se detallan los hecho, sólo hay sentimientos. Muchos de los cuáles yo muchas veces me guardo para no exponerme a 100%. Pero aquí está, su subjetiva realidad.

 

“cesar dice:

16 noviembre 2011 en 22:47

a todos los que leeis el renglon deciros que yo soy el otro y de paso deciros que lo que paso en nuestra relaccion fue muy duro pero siento tanto amor por el que seria capaz de hacer cualquier cosa , el es el amor de mi vida , me di cuenta tarde pero lo siento dentro de mi . os cuento esto para que sepais que le quiero . un saludo a todos y un abrazo para ti javier , cesar”

 

Si ayer escribí que estaba sin palabras, fue después de leer éste comentario.

Si ayer estaba sin palabras al leerlo por la noche, hoy por la mañana aún estoy mas sin saber que decir.

Uno se hace el fuerte, y arrastra sus decisiones con esa entereza que trata de aparentar. Pero después de tanto y tanto, muchas veces tengo que apoyarme en pilares que caminan cerca de mí para no hacer ver que me tiemblan las piernas, y que si en un momento dado no me parara y me apoyara, me habría caido de bruces contra ese suelo que, antes, era de baldosas amarillas, y al cuál, ahora no le veo ni el color.


El Renglón Torcido

 

¿Por qué ahora?

¿Por qué hoy?

¿Por qué ayer?

¿Por qué no entonces?

¿Por qué no mañana?

¿Por que no juntos?

¿Por qué ésto así?

¿Por qué no de otra manera?

¿Por qué?

¿Por qué vivo con la presión de lo que pasó?

¿Por qué vivo con ésta sensación amarga?

¿Por qué miro alrededor y me encuentro perdido entre tanta gente?

¿Por qué cuando cae la noche y miras la luna, pierdes el rumbo de tus pensamientos?

¿Por qué no siemplemente caminar?

¿Por qué no solo sentarse?

¿Por qué no esperar?

¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

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¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?


El Renglón Torcido

 

Siempre cuando alguien cuenta una historia, es de manera subjetiva. Así es como yo cuento las mías. No pretenden ser dogmas de fe, ni renglones indiscutibles bajo la palabra del torcido. En absoluto. Ni lo pretendo ni es la mas mínima intención de lo que escribo.

Pero aún así, sigo escribiendo porque es mi válvula de escape. Últimamente lo hago además desde un punto de vista visceral. Las palabras no salen de la cabeza, si no que salen del corazón. Y esas palabras generalmente son cualquier cosa menos objetivas. Y ahí viene el punto de la reflexión, y el inicio de éste escrito.

No prentedo convencer a nadie de lo que  me sucede. No lo hago para emitir juicios de los actos que envuelven mi rutina. Aunque muchas veces mis propias palabras generan ese juicio paralelo en cada uno de vosotros que os acercáis hasta aqui. Entonces aqui es donde puede venir, si cabe el problema.

Yo cuento mi historia, mis historias, esas que tanto conocéis. Subjetivas, siempre. La objetividad se deja aparte cuando hablo de mi vida. ¿Pero y si cuando hablo de mis historias de amor o desamor apareciera aquí la otra versión de los hechos? Siempre cuénto la mía, ¿cuál si no? Subjetivo, Javier, yo, ¿quién si no?

Y por esa razón habrá veces que las cosas que cuento sean como son y otras veces sean como yo las veo. Pero siempre será mi opinión, no la de nadie mas. Hay veces que me dicen que me expongo demasiado, que hablo de mas aquí, que me desnudo mas de lo que debiera. Y yo muchas veces termino diciendo que la mayoria de las veces no pongo a la vista de los demás claramente ni la mitad de las cosas que pasan por mi cabeza.

Sería mucho mas fácil para mi contar las cosas tal cuál. Fulanito me cae mal o bien, menganito me ha gritado y yo le he mandado a la mierda, y pepito me ha dejado o yo he dejado al pedrito porque no lo aguanto. Historias quizá mas simples, pero que yo trato de adornar con lo que en ese momento dicta mi corazón.

Y como mi corazón últimamente anda rabioso, pues escribo desde esa rabia saliendo palabras quizá envenenadas que generan por vuestra parte mensajes de apoyo que evidentemente son agradecidos hasta el infinito y mas. Pero tambien es licito pensar en que solo se conoce mi historia, y no la otra parte.

Luego pienso que ésto es así, que en los juegos de pareja, uno tendrá una versión de los hechos, siempre, mientras el otro tendrá otra quizá totalmente opuesta. Puede ser. Y puede ser que en éste caso que me atañe últimamente, o en otros que mencioné anteriormente cuando hablaba de que cupido no tenía puntería, si conociérais la otra versión de los hechos, cambiaríais de opinión. ¿Quién sabe?

Lo que si se, evidentemente, es que llevo tres años y ocho meses contando mis historias, mi vida, mis subjetividad. Que por supuesto, hay gente cercana y que entra en mi blog, que conoce ambas partes de las historias y ellos tienen un juicio completo y que se aproxime mas a la realidad. Pero que mas por supuesto aún, muchos que entráis a perderos entre mis miserias, sólo me tenéis a mi, y no a nadie mas que cuente otra realidad. Y esas miserias que cuento yo, mis miserias, generan en vosotros opiniones de las que me enorgullezco tremendamente el hecho de que las compartáis conmigo, y que os lo agradezco hasta el infinito y mas allá, como diría mi sobrino.

Una subjetividad que muchas veces crea victimismos que tal vez no lo sean, o que otras veces genere verdugos que tampoco lo sean. Y viceversa. Pero nunca hay que olvidar que son mis historias, las que yo cuento, las que yo vivo y las que yo sueño. Mi vida, mi dolor, mi alegria y mi tristeza.  Siempre yo, egocéntrico, subjetivo, en primera persona. Y las que seguiré contando hasta que sienta la necesidad de hacerlo.

Mi realidad, mi subjetiva realidad.