Archivo mensual: febrero 2012

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Desde un rincón me mira, desde la distancia. Quizá esperando a que me dirija a ella, que se asoma a través de una ventana.

Sin embargo no lo hago. No miro, porque no veo mas allá de lo que quiere saber.

Sin embargo lo hago. Si miro, y observo, porque quiero ver mas allá para explicarle lo que demanda.

Y al volver a observar, miro y veo. Que su mirada brilla en un universo de colores. Esos mismos colores que recuerdan a aquellas flores que siempre tiene en la memoria.

Colores que inundan su dia, y que persisten por la noche, atenuados por un manto de oscuridad.

Aunque por la noche no consiga ver nítido, encuentra un lugar donde la claridad, blanca, siempre blanca, le permite ver sus flores.

Aquellas flores que recuerda por su olor. Por su color, mezcla de morados , mezcla de rojos y azules. Mezcla de todo, partes de nada.

Flores que un día dejo de ver. Ceguera que le impidió seguir viendo mas nunca los colores de su vida. Unos ojos que se tornaron mates, inertes, ciegos. Para siempre.

Y su desconsuelo, lleno de lágrimas rojas por aquellos que nunca mas vería. Rojas, familiares, amantes, amigos, personas.

Desde entonces, olores, tacto, sensaciones. Pero en su recuerdo perdurarían para siempre aquellos colores que le dieron la vida y que cada noche, en su oscuridad, vuelve a recordar.

¿Que ves a través de unas líneas en un trozo de cartón? En principio en difícil encontrar sentido a algo que de entrada no lo tiene. Pero si iniciad una búsqueda de algo infinito, es probable que lo infinito termine sorprendiendo a quien menos lo espera.

Es una mirada el punto de partida. Una mirada y una flor. Y entre medio cuatro manos revolviendo colores como cada uno en ese momento siente.

Y a partir de ahí empiezo a contar una historia. Esta que hoy escribí, sin sentido o tal vez con todo el sentido del mundo. Quizá porque cerca de mi hubo gente que un día dejaron de ver sus colores rojos de alrededor, para siempre.

Por todos aquellos que dejaron de ver.


El Renglón Torcido

Cuando uno tira hacia un lado, el otro lo hace en sentido contrario.

Tensamos la cuerda, cuando de lo que realemtente no nos damos cuenta es que realmente lo que se tensa es lo que hay alrededor, que es lo que verdaderamente importaba. Y la tensamos y seguimos tensando hasta que terminamos rompiéndola. Quizá sin darnos cuenta, o problamente y seguro, dándonos cuénta perfectamente de la tensión que había en ella. Pero seguimos adelante sin importarnos nada mas allá que se tensará del todo hasta romperse, o se destensara para dar lugar a la paz.

Pero que hubiera un final.

Y lo que pasó era lo mas que evidente, que la cuerda terminó rompiendo. 

Quizá haya estado tensa demasiado tiempo, demasiados años. Quizá hubiera sido mejor atajar o solucionar los problemas hace tiempo, años. Las charlas, las conversaciones, las deliberaciones… Aquellas que en principio parecía que solucionaban los conflictos y hacían que caminos divergentes parecieran converger. Aquellas con el tiempo y el paso de los días, volvían a resultar infructuosas. 

¿Y ahora que?

¿Cómo repartimos los amigos?

No, en serio. Es una frase hecha, tomada de una canción de “Ella baila Sola”. Ahora toca ser respetuosos, siempre, absolutamente. Por los que se quedan en tierra de nadie. Por los que desde la neutralidad tienen que seguir con su rutina sin el hecho de que la ruptura de la cuerda les pueda llegar a afectar.

Por ellos siempre sinceridad, nada de mentiras, de engaños, de “correveydiles” ni de llenar la cabeza de pajaritos a quien no corresponde. No reproches por sus actos. Actos independientes, siempre independientes que provienen de ellos mismos y de sus decisiones.

Nosotros hemos decidido, en cierto modo y a nuestra manera. Podemos estar mas o menos de acuerdo con la postura o decisión final tomada. Pero al fin y al cabo, es una decisión. Ahora a seguir adelante con ella.

Los individuos se quedan cojos. Aunque como dicen: unos van, otros vendrán.


Whitney Houston

 

 Otra estrella brilla desde el cielo.

Otra que se fue demasiado pronto. O quizá ella quiso marcharse justamente ahora.

Quién lo sabe.

Nadie.

En el cielo está Amy. Después llegó Etta.

Ahora Whitney.

Si se pudiera ver por un agujerito los conciertos tan espectaculares que habrá ahora mismo en el cielo, millones de personas pagarían por verlos.

Una diva se ha despedido de nosotros, dejando un legado de canciones maravillosas en su portentosa voz.

Y se despide dejándonos su belleza en aquellas películas, apariciones y fotografías espectaculares.

Se fué dejando una película terminada que será su legado póstumo.

Se fué la mítica interprete de la canción que mas veces se ha entonado en un casting, “I will always love you”.

Rachel y su guardaespaldas.

Whitney.

Se feliz allá donde estés.

1963-2012

I didn’t Know my on Strength

“No conocía mi propia fuerza: perdí el contacto con mi propia alma, no tenía donde volver, no tenía donde ir. Perdí de vista mis sueños, pensé que había llegado mi final. Pensé que nunca saldría adelante, no tenía nada a lo que aferrarme. Creía que sucumbiría.

No conocía mi propia fuerza. Y me tropecé, y caí, pero no me dí por vencida. Sobreviví a mi etapa mas oscura, mi fe me mantuvo viva. Decidí levantarme y mantener la cabeza bien alta.

Yo no nací para el fracaso.”

http://www.youtube.com/watch?v=9THMBLE1t6M


El Renglón Torcido

De repente la vida te sorprende.

Y un día por la mañana cuando te despiertas, con legañas aún en los ojos, te encuentras cosas así en el suelo de la cocina.

No hay una nota, no unas palabras bonitas, no puntos rojos, ni deseos de cosas infinitas. Simplemente dos artículos, una casquillo para una bombilla con adaptador para enchufe, y a su lado, delgadito, un pito, silbato o como quieran llamarlo.

Desde luego la cara de sorpresa es grande, la de extrañeza aún mas, y la de no dar crédito hace que las legañas, el sueño y todo lo demás, desaparezcan de inmediato. Y lo mejor de todo, es que esas caras de circunstancia, dan lugar a una sonrisa de oreja a oreja, comenzando así un día estupendo. Sonriendo como tiene que ser.

A partir de ahí, empiezan las elucubraciones, mientras la jornada comienza a preparase. Es decir, mientras te lavas la cara un poquillo, preparas el desayuno, etc. la cabeza sigue pensando en qué sería lo que querrían decir esos dos muñequitos que han aparecido en el suelo de mi cocina. ¿Que querrían decir? ¿Que significado habrá querido darle el Sr. Pintor a esas dos cosillas?

Y mientras sigues sonriendo por el hecho de sortearlos con los pies mientras vas de lado a lado de la cocina cogiendo la leche, el zumo, las galletas y tal y cual, me doy cuenta de que eso era realmente lo que tenía que pasar. Que sonriéra de par de mañana, que pensara en que las cosas están bien, pero fundamentalmente en eso. Sonreír a la ocho de la mañana. Misión cumplida.

Uno negro, otro rosa. Uno delgadito, el otro mas ancho. Con dos protuberancias cerca de su cabecita el negro, ¿que me recuerda ésto? Ahí solos, quietos, inmóviles, pareciendo que en cualquier momento echarían a andar para acompañarme en el desayuno.

Y mientras sonrío.

Como he dicho, de repente la vida te provoca sonrísas, haciendo que termines riéndote hasta de ti mismo. Siendo ésto último lo mas maravilloso que podemos hacer como terápia. Nuestra risa. Porque quién me iba a decir a mi que iba a estar haciendo hoy la comida a las nueve menos cuarto de la mañana. En efecto la vida sorprende con actos en los que no nos habíamos visto nunca, como preparar la comida porque quizá la persona que llegue a casa no tenga ganas de prepararsela, o quién sabe. Pero ahí estaba, cocinando, como hasta ahora no lo había hecho. Y mientras tanto volviéndo a sonreir.

Sí, en efecto, soy feliz. Bastantes desgracias he escrito en éstos últimos meses como para no escribir ahora que cada mañana me levanto con una sonrisa de oreja a oreja. Y mas encontrándome sorpresas a mis pasos que hacen que los días comiencen mas cerca de la ciudad de esmeraldas.


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Cuando las historias toman forma y se convierten en realidades, es el momento de mirar, observar, y ver lo que estamos viviendo.
Para no perdernos un ápice de aquello que nos rodea. Para no dejar escapar un segundo de esa realidad en la que estamos inmersos.
Como si encerrados en una caja, viviéramos el día a día. En la que las mariposas pueden vivir libremente, volar sin miedo a ser dañadas por el exterior. Y una sola puede dar lugar a cientos y cientos de ellas, porque ellas viven dentro de mi.

Dos principitos, con el corazón en sus manos.

Dos puntos rojos, los enseñan sin miedo, para así saber bien lo que sienten cada uno. Se encuentran de nuevo, viven de nuevo, respiran juntos, en su caja de cristal. Tranquilos, calmados, acompañados del aleteo de su fiel amiga, su mariposa, entonando con sus alas historias que a ellos se le antojan conocidas.

Descansan serenos, hasta que la oportunidad de pasear sobre las baldosas amarillas llama a su puerta. Cuando cae la noche, en la oscuridad, en el silencio que tanto cuenta. Mientras duermen los reales, los príncipes abandonan su habitación de cristal…

Corretean, saltan, vuelan, viven…

Flotan en el aire junto a sus puntos rojos, en el silencio de la noche. Cuando nadie les ve toman vida. Su vida. Aquella que comenzó a raíz de un punto rojo, una nota de papel en la mesilla de noche, un dibujo, una mariposa de un príncipe.

Ahora ellos viven su vida, sin que nadie los moleste.

En su silencio.


El Renglón Torcido

 

 

“¿Cuándo te veré de nuevo?”

El sábado.

¿Me echas de menos?

Muchísimo.

¿Todo ésto es real?

Pues parece ser que sí.

Con ésta pregunta me despierto muchas mañanas, desde hace unos días. Al abrir mis ojos y ser consciente de que vuelvo a vivir un día mas, pienso:

¿No ha sido un sueño?

Y me doy cuenta de que no, a pesar de que ahora mismo hay kilómetros que nos separan, no es un sueño

Seguimos juntos, sonriéndo, aunque ahora no podamos vernos, ni tocarnos, ni sentirnos.

Pero como teníamos que estar.

Juntos.

Es difícil escribir cuando tu cabeza bloquea cualquier pensamiento, salvo los necesarios para poder escribir mensajes de felicidad a lo largo del día. Porque no creo que deba escribir tristezas ahora que vuelvo a ser feliz junto a la persona que quiero. Las tristezas ya han sido escritas muchas veces de un tiempo a ésta parte, asi que trato de evitarlas.

Aunque tampoco es triste echar de menos a alguien, ¿no? ¿Cuánto tiempo tienes que estar alejado de alguien para poder empezar a echarlo de menos? Quizá ésta pregunta sea dependiente de las circunstancias que rodean a la lejanía de esa persona. Quizá “mi echar de menos” se deba a que hacía tanto que no estabamos juntos, que el hecho de volver a separanos nada mas volver a juntarnos es todavía mas descolodado.

Son pocos días.

Ya casi no quedan.

Pero cuesta pasarlos.

Cuesta porque demasiados días hemos estado separados por lo que sucedio, y ahora el estar separados raro de nuevo. Pero sirven para darse cuenta de que lo que sientes dentro es mas grande de lo que podías haber llegado a imaginar. Que lo que escondí o traté de ignorar durante una temporada, sigue ahí, y lo único que ha hecho es crecer. Crecer para saber que no quiero dejar de ver colores a mi alrededor si es el Sr. Pintor el que los pone en mi camino. 

Y nada mas. Porque no me salen las palabras. 

Espero. Sigo esperando, y esperaré siempre.

Y lo nunca dicho:

Te quiero.

“When will I see you again?” 

Adele, Don’t you remenber.


El Renglón Torcido

Hubo mariposas, que volaron hasta separase tanto del camino de baldosas amarillas, que nunca supieron encontrar el camino de vuelta a su lugar. Mariposas de un príncipe que se desvanecieron en un atardecer de tinieblas y tempestades. Perdieron sus colores vivos, se tornaron grises y melancólicas. Apáticas mariposas, solitarias voladoras.

Revolotearon allá donde fueron, intentando dejar su alegría posándose donde quiera que estuvieran. Pero su halo de desesperanza hacía que nunca consiguieran ser felices si no era en su camino. En el que un día dejaron sin saber como y al que siempre anhelaron regresar.

Pero llegó un día en el que, en la distancia, esas mariposas del príncipe comenzaron a oir voces, a notar olores conocidos, a conocer como cercano los lugares por los que volaban. Y conforme eso les iba sucediendo, mas agitaban sus alas. Ellas notaban que su camino del que una vez partieron sin un rumbo fijo, estaba cada vez más cerca.

Mientras tanto, caminando por las baldosas amarillas, tropezando, levantando y andando, el principe proseguía su andar. La ciudad de las esmeraldas se antojaba en el infinito. Tiempo atrás la vislumbró, anclada y guarecida bajo centenares de puntos rojos. Y en su caminar, añorando aquellas mariposas que una vez le abandonaron, comenzó a sentir que algo cambiaba.

El cielo comenzó a tornarse colorido, en la lejanía oía la melodía que una vez dejó de escuchar. Esa melodía era el sonido de las alas de sus mariposas que aquella tarde de verano se desvanecieron. Cada vez mas cercanas, cada vez mas colores. Y de repente volvío a verlas. Justo delante de él. Miles de pequeñas alas llenas de colores, frente a él, en su camino.

Y se acercó hasta ellas, para hablarles, y saber si ésta vez volverían para seguir acompañandole en su camino. Las mariposas envolvieron con su amor, su belleza y su paz de nuevo al jóven principe, mientras él cerraba los ojos para sentirlas de nuevo, otra vez.

Cuando el príncipe volvió a abrir los ojos, vió de nuevo claramente la ciudad de esmeraldas que una vez perdió de vista. Y seguía tal cuál la recordaba, adornada de miles de puntos rojos que una vez pensó rotos para siempre.

El principito feliz, comenzó de nuevo a caminar. Y cuando miró a su lado, vió que de nuevo, en su caminar no estaba sólo. El Sr. Pintor volvió para decorar de nuevo sus pasos sobre las baldosas amarillas.