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Te pones a pensar y de repente algo surge en tu interior. Se conectan neurona tras neurona y producen movimientos voluntarios que involuntariamente producen acciones.

Sensaciones.

Actos conscientes desde el inconsciente.

Y así nace un renglón, una flor, ¿que se yo?

El amor…

Una idea, una mancha.

Poseía entre tantas.

Entre lágrimas, y aleteos.

Mariposas siempre al vuelo.

Una línea bien formada, un pensamiento a través de palabras. A través de formas, dibujos, colores y cartones. Formados a través de sentimientos propios, desde el interior. Desde donde algo se mueve con el respiar de los segundos juntos. Desde donde nace la nostalgia, la inquietud y la inseguridad de si la próxima hoja se quedará en blanco.

Mientras, ando perdido entre escombros. Retazos de lo que te rodea, ruinas de lo que construye tu cabeza pero tus manos no pueden expresar.

Y un día descubres que la blancura de la hoja dejará paso a bellos trazos. Que algo comienza a moverse dentro de tí y busca una forma de encontrar su camino. Que se mueve una mano o late un corazón. O respira una emoción. Y surge la idea. Tu idea, formada en el fluir de los sentidos.

Ahí está. Se plasma, la ves tomar forma. Crece ante tí. Mediante líneas, a través de palabras. Formando melodías únicas que muchas veces sólo la propia persona entiende. Al fin y al cabo es tu música. Muchas veces la que canta tu corazón cuado a sólas por la noche se deja escuchar.

Mi melodía a través de mis dedos. Su melodía a través de sus manos.

Nuestras ideas. Nuestro corazón.

Y mis sentidos puestos desde dentro.

Cuesta mucho llegar a llenar una hoja en blanco. Sentado delante, con las manos deseando transmitir, y muchas veces nada. Cuesta poner un color, tal vez dos. Un recorte o quizá no. Cuesta empezar un escrito, sacar lo que dictan tus sentidos.

Pero cuando algo manda en tu interior, cuando la cabeza y el corazón deciden, la hoja deja de estar en blanco.

Cuesta empezar, cuesta ser original. Ser individual, no ser un ladrón de ideas. 

Porque mi individualidad hace que mis palabras no pueda decirlas nadie mas.


Pero sonriendo

Pero sonriendo

Desde hacía días pensaba en volver a escribir, pero sin conseguir sentarme delante del ordenador. Un día por cosa, y otros días por otra, pero la cuestión es que no encontraba el momento oportuno. Quizá no encontraba la inspiración, o se perdió siguiendo una baldosa que parecía amarilla pero no lo era.

Hoy me siento de nuevo y resumo mi año. Siempre está bien mirar hacia atrás y ver el camino recorrido en todos éstos meses medio desconectado de toda la era internauta. Y que mejor día que el día del fin del mundo. Ahora mismo acabo de leer en google que según los mayas, esa fatídica hora llegará a las 19.12 horas (hora peninsular). Por lo que me quedan 42 minutos para escribir mi nueva entrada y publicarla. Contando por lo tanto que éstas palabras que hoy pronuncio, si se cumple la profecía, serán leídas por muy pocos.

Pero bueno, dejemos el fin del mudo a un lado, que cuando tenga que ser será. Y repasemos cosas significativas que quedan en mi memoria dignas de mención. Y como se suele decir, hablaremos de Salud, Dinero y Amor.

Salud: sinceramente, mi fin de año está siendo bastante movidito si de salud hablamos. Mi pobre coche ha recibido otra embestida por detrás, y está en laUCI desde hace 20 días. Ay, mi niño. El día que hacía dos años que me lo compré, un señor muy amable decidió llevarme por delante en la famosa NA-121 de la que alguna vez he hablado, y como consecuencia de ello, mi cuello y mi espalda sufren esguince y contracturas musculares múltiples. Termino el año entonces entre médicos de familia, médicos de la mutua, médicos de urgencias y médicos rehabilitadores. Además si a ésto le sumamos un hermoso flemón que me ha salido, con la consiguiente visita al dentista del día 28 de diciembre, pues estamos genial. Eso sin mencionar otra visita médica que tengo pendiente para empezar bien el año, pero esa me la guardo. ¿Que conlleva todo ésto? Pues os cuento. Conlleva un periodo de inactividad laboral, sedentarismo, dolores, apetito y los consiguientes engordes en mi cuerpo. Creo que no me voy a pesar hasta no se ni cuando. Sí, he  engordado. Y mucho. Pero la cuestión es que me gusta comer. Soy así.

Dinero: pues que se le va a hacer. No me puedo quejar. Dado que la fuente de ingreso, es decir, mi trabajo, se mantiene, no me quejo. Vivo bien, pago mis letras, mis facturas y mis cosas, caprichos, etc. Quiero decir, me encantaría que me tocara un pedazo de euromillón para dejar de pagar piso, coche y solucionar la vida a mucha de la gente que me rodea. Pero dado que eso no sucede a pesar de que lo intento, pues diré que no me voy a quejar de mi situación económica. Y mas como están las cosas en éste país de pandereta en el que vivimos. Que no me voy a poner a hablar de la economía de los  políticos, que se me hincha la vena y suelto la panfletada. Eso sí, un apunte. Hoy leí en twitter, creo que era ABC que escribía que el transporte sanitario a los enformos crónicos no iba a costar mas de 60 € al año o al mes. No recuerdo bien la cifra. Pero yo me pregunto. ¿Tenemos que pagar nosotros, los ciudadanos currantes ese dinero por nuestra sanidad? Está bien, ¿y cuanto pagan al mes o al año nuestros queridos políticos por usar el transporte… ese que dicen… los coches oficiales? Ah, no claro, que eso les sale gratis gratis. En fin, ahí lo dejo para que lo penséis. 

Y en el amor: pues como todos sabéis, estoy enamorado. Sí, lo se, pero no haré un pastelón de ello porque muchas veces ya he hablado de mi Sr. Pintor. Mi año 2012 en el amor ha sido perfecto. Perfecto en sus imperfecciones. Imperfecciones que conocemos en la rutina de compartir el tiempo y el día a día con la persona que deseas. Y desde el principio del año, hasta ahora el final, hemos seguido caminando juntos para lograr encontrar algún día la ciudad de las esmeraldas. Sí, soy feliz. Gracias Sr. Pintor.

Pero en el amor no sólo encuetro lugar para el amor en pareja. Sino para todas aquellas que han compartido conmigo éste año que hoy terminaría si los mayas hubieran acertado. Mi familia siempre pone colores en mi vida, con sonrisas, con conversaciones, y por que no, con gritos de disconformidad. Hemos cerrado un capítulo en ella, ahora todo saldrá bien, ya lo verás. Tú lo sabes, siempre adelante. Mis sobrinos siguen creciendo y cada vez sorprenden mas sus razonamientos y su manera diferente de pensar. El cabeza de familia dejó la vida laboral a un lado para dedicarse a descansar que ya ha trabajado como un jabato toda su puñetera vida. El descanso merecido del guerrero. El guerrero, mi padre. Y mi madre, siempre poniendo el punto de locura y desparpajo allí donde esté. La improvisación, y las risas la siguen como al famoso flautista. Ella si es una verdadera guerrera que es la que mantiene el navio con buen rumbo. Familia, sois grandes.

Y como no, aquellas personas que deciden compartir su tiempo conmigo. A gentes que se quedaron lejos, y a gente que está aquí bien cerca. A los individuos que aún continúan a mi lado. A todos aquellos que respondieron al teléfono, al mail, o a un simple mensaje cuando los necesité. A aquellos que con una mirada y sin palabras, y nada más, saben lo que quiero transmitir. Todos y cada uno de vosotros tenéis un hueco en el sonido del latido de mi corazón. Desde lejos, desde al lado, desde muy lejos o en la acera de enfrente. He tenido un año desconectado del mundo virtual. He olvidado muchísimos cumpleaños. Lo siento de corazón por no llamar, por no estar. Felicidades a todos. Juntos seguimos adelante. Quizá no hemos hablado, pero estoy. Siempre estoy, para cuando sea, para los que sabéis que estoy. Jueves de Rock ‘n roll. Por supuesto, tambien sóis familia.

Hace dos días subiendo a rehabilitación, cedí mi asiento en el autobús interurbano (villavesa para los de Pamplona), a una señora con una minusvalía. Después de que se sentara, comenzó a contarme su vida. Supongo que a muchos en determinadas circunstancias nos gusta que alguien nos escuche. Y hoy lo comparto con vosotros. Ésta señora iba camino del hospital de navarra, para recibir los resultados de su último análisis. Ella pensaba que iba a salir bien, y había comprado pastas para darle al médico. Dijo que si le daba malas noticias, le arrearía con la bolsa en la cabeza.  Tenía cancer. Era el sexto cáncer por el que pasaba en los últimos doce años. Su marido la dejó en el segundo cáncer, mientras estaba ingresada. Y todo ésto me lo contó con una sonrisa de oreja a oreja. Comenzó el 2012 comiendo doce cachitos de chocolate en lugar de comer uvas. Y como éste año le había ido de maravilla, el 2013 lo comenzaría de igua manera. Ahora le sonreía la vida, tan castigada por la enfermedad. Tenía fe en que análisis saldrían bien, y que volvería a casa contenta para compartir el tiempo con un novio nuevo que tenía y que le hacía muy feliz.  Así es la vida. No se ni su nombre, ni tan siquiera si el médico en el hospital le dió buenas o malas noticias. Pero me hizo pensar que cualquier cosa que padezcamos, tenemos que afrontarla de igual manera que aquella estupenda señora. Con una sonrisa de oreja a oreja y mirando siempre hacia adelante. Ella también buscaba al final su ciudad de esmeraldas.

No se como terminará el año, ni tan siquiera si en doce minutos que faltan paras las 19.12 se terminará el mundo. Sólo se que sigue siendo un placer asomarme a mi ventana privada. Esa que sólo veo yo cuando escribo, y descargar aquí todo lo que se acumula en mi cabeza. Éste año ha sido menos prolífico que el anterior. Veremos que nos deparará el 2013, porque para que quede claro, no me voy. No dejaré de escribir, ¿y sabéis qué? Que me encanta hacerlo.

Señores, señoras.

Parar.

Respirar un segundo.

Sientan los pies sobre la tierra y cierren los ojos.

Comiencen a ver lo que hay oculto dentro de ustedes.

Y vivir…

Pero sonriendo.


El Renglón Torcido

“… tu sonrisa para sonreir…”

Hay cosas que no se pueden explicar al detalle.

Porque no vienen a cuento, o porque entran dentro de lo mas profundo de uno mismo. Aunque si nos ponemos a buscar metáforas y simbolismos, seguro que hay manera de escribirlo entre renglones torcidos.

Hoy mientras conducía para ir a trabajar he sonreido. Es mas, y lo explico mejor. Me he descubierto a mi mismo de repente, sonriendo mientras esperaba a que el semáforo que estaba en rojo se cambiara a verde.

¿Y por que sonreía?

Si, pensaréis, ¡ay, un tonto enamorado!

Pues algo tiene que ver, por supuesto. Y es que mientras uno disfruta del placer de la conducción, que es mi caso, la mente va por derroteros que a veces son difíciles de controlar. Ya no son sueños que aparecen de noche. Éstos por supuesto, son incontrolables. Sino que son sueños de día, pensamientos que aparecen delante de ti, sin darte cuenta de que tu mente estaba con ellos.

Y sonreía porque sí, soy feliz.

Y sonreía por los momentos compartidos con esa persona que, redundando, comparte sus momentos conmigo. Por los momentos tontos, que todo el mundo tiene cuando nadie los ve. Esos espacios de tiempo en los que piensas que si en ese mismo momento te estuvieran grabando, la extorsión que podrían llevar a cabo con esas cintas.

Porque sí, porque todos en un momento dado hacemos el imbécil y mas con la persona con la que te muestras como eres. Sin complejos y sin miedos, aunque quizá a veces con cierta vergüenza. Pero son esos momentos  los que te provocan carcajadas sin sentido, que te desvelan de una noche avanzada y que hacen que mientras estés en un semáforo, te descubras sonriendo.

¿Que fué lo que hizo sonreir?

Eso, por supuesto, me lo guardo para mí.

Supongo que muchos de los que os perdéis entre mis líneas, sabéis de lo que hablo.

Conocéis esa sensación.

Pero ahí lo dejo, porque ahí lo siento.

Quizá esa sensación sean las mariposas que revolotean en el estómago. Esas que nacieron una vez y que es bueno recordar, cada cierto tiempo, que siguen estando bien vivas y bien fuertes en mi interior.


El Renglón Torcido

 

Efectivamente, lo sufro en silencio. Un sufrimiento conocido, que estremece cada centímetro de mi cuerpo, de mi piel, de mis manos… Hasta sufre mi alma. Pensé que nunca volvería a sentirlo, pensé que me acostumbraría a ello y al volver a tenerlo frente a frente, el dolor fuera menos intenso. Pensamientos estúpidos evidentemente, porque con la frente, y de frente, me golpea en la cara.

¡Y que pedazo del golpe! ¡Me duele hasta el corazón!

No puede ser. Me niego a pasar por ésto otra vez. Pero mi inconstancia, mi falta de seguridad, mi dejadez,… Esos pequeños defectillos que me gusta tanto hablar de ellos, en lugar de mirar mis virtudes… Esos hacen que periódicamente tenga que volver a poner en marcha mis nociceptores (receptores del dolor para los no entendidos) y que transmitan señales de nuevo a mi cerebro.

Quizá deberia haberlo puesto en mis propósitos de año nuevo. Propósito número 5, por ejemplo (tras libertad, belleza, verdad y amor): no volveré a tropezar con la misma piedra por nosecuantáva vez. Pero es que el camino de baldosas amarillas a veces es tan disimulado, que un día sin querer dejas de prestar atención al suelo porque te parecen que todas las baldosas están en su sitio. Al día siguiente te dedicas a mirar los árboles que hay a ambos lados del camino, que te parece que cada día están mas hermosos. Al tercer día en lugar de mirar los árboles, lo que haces es mirar a todo bicho viviente, a poder ser del género masculino, que camina por sus caminos de baldosas amarillas… Y entonces es cuando te preguntas, ¿y ellos también iran a la ciudad esmeralda? ¿Y si van a otra ciudad, podré ir yo con ellos? ¿Y si alguno de ellos quiere venir a mi ciudad esmeralda? ¿Y a ese, que bien le queda la camiseta, no? Y…

Y ya me he ido del tema… Si es que uno empieza, y se le va. ¿Que iba yo diciendo? Ah si… Que tropiezo y tropiezo, y vuelvo a tropezar. Y eso duele, ¡que si duele! (Ni un carta, ni un mensaje, nada: ésto para mis individuos de Praga, jejejeje)

Hoy estoy que no me centro y me voy por las ramas. Que sí, que he tropezado. He tropezado de nuevo con la dejadez de empezar a hacer ejercicio y dejarlo por millonésima vez.

¡Quién cojones dijo que hacer deporte es sano!

¡Duele! ¡Y mucho!

Y sí, lo sufro en silencio, porque lo mandaría todo a la mierda. Y cada vez que empiezo a volver a tratar de cuidarme, sufro dolores en músculos de los cuáles vivo mas feliz en ausencia de su existencia. Sufro porque me ahogo, porque todo el mundo dice que “a que te encuentras mejor después de hacer deporte”, porque, porque, porque…

Y mas porques, porque la culpa es mía. No soy capaz de ser constante para evitar la aparición de los dolores de la muerte. Porque cuando mi cuerpecillo chiquitillo empieza a acostumbrarse al ejercicio y a los dolores habituales que después ya son como de la familia, comienza a entrarme la vagueza y dejo de hacerlo. Con lo que lo ganado, se esfuma en cuestión de una semana. (Sí, los que os aún estéis pensando en que los dolores no pueden ser como de la familia, yo os digo que sí. Yo tengo cuatro, Dolor de brazo, el mayor, Dolor de cuello, el segundo, Dolor de cadera, el tercero, y Dolor de piernas el cuarto. Mira si son familia que me hacen descuento en el bonobús por familia numerosa).

Madre como estoy hoy. A lo que iba, que cuando me he acostumbrado al ejercicio, de repente lo dejo. Y después de dejarlo un tiempo, me entran remordimientos de conciencia. Y tras esos remordimientos, comienzo de nuevo a plantearme que tengo que hacer ejercicio. Pero en éste punto ya es tarde, y no  hay marcha atrás. Entonces comienzo sabiendo que mi familia de dolores vendrá de nuevo con un pan debajo del brazo, sólo para darme de leches con ella hasta que me duela todo.

¿Y mi pregunta es: conseguiré ésta vez no dejar de hacer deporte y así aprender a vivir con ellos? ¿O volveré a ser vago y dejarlo de nuevo? ¿Alguien hace apuestas?


El Renglón Torcido

Tantas ideas en la cabeza y ninguna tiene pies por donde agarrarla. Sí, agarrarla y poder escribirla aquí. Os he dejado solos mientras me perdía en mi soledad. Y mientras estaba perdido, trataba de localizar algún pensamiento digno de mencionar. Pero volvía a perderme en ellos. En mi soledad. Lo primero de todo, Feliz Navidad.

Abotargado, lleno de palabras y vacío de ellas. Intranquilo, demostrable por el tic que vive en el párpado superior izquierdo de mi ojo, así como el orzulo persistente de mi párpado superior derecho de mi otro ojo. Un día mejor, otro día peor, pero siempre ahí. ¿Motivos? Los hay. Unos mas serios, otros menos, pero los hay. Y mientras tanto, ¿por que no estar sólo?

Todos los días trato de volver a juntarme con vosotros, pero no veo por donde empezar. Pienso en que hace tiempo que me fuí, y pienso a veces que quizá sea el momento de no volver. Pero después, se me va de la cabeza. No encuentro algo nuevo que contar, o quizá tenga tantas ideas a presión dentro de ella que no sea capaz de ordenarlas para poder escribirlas. Y sobre todo, odio volver a escribir de lo mismo de siempre. No quiero seguir dando pena. Quizá mi corazoncillo ese del que me ha dicho que desprende amor con cada latido esté en horas bajas y no me esté ayudando a teclear palabras. Seguro. Aunque pienso en parar, en dejar de escribir y se me pone un nudo en el estómago que no puedo con él.

Tengo cosas que contar, claro que las tengo, pero son difíciles de exteriorizar. ¿Por qué no estar solo? He perdido trenes, otros se fueron sin esperarme y de otros me echaron mientras estaba en marcha. Será porque pasó el revisor y no llevaba un ticket adecuado para ese trayecto. Y cuando se van trenes o de repente te encuentras en una estación vacía, siempre viene a la cabeza la pregunta de “¿sería ese el último tren?”. Pues sinceramente, no tengo la respuesta para ello. Pero las cosas son así. Tal cuál.

Aprendemos desde pequeños a que no tenemos que ser egoístas. A compartir y a pensar en los demás. A no hacer cosas al prójimo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos. Y parece que esas cosas que aprendemos, cuando somos mayores nos dedicamos a desaprenderlas. Y las desampredemos a una velocidad de vértigo. Compartir es lo mas bonito que podemos hacer en el mundo. Y si es con alguien a quién amamos mas aún. El amor, bendita palabra. ¿Y el desamor?

Del desamor mejor no hablar que creo que a éste paso haré un master. Eso si, yo si no es un Master de Universo, yo no hago ninguno. Aqui estamos, contando sin contar. Hablando sin decir, y escribiendo sin sustancia. ¿O tal vez la tenga? Última semana del año, día ya 28 de diciembre, los Santos Inocentes. Cuenta atrás para que comience un nuevo año, cuenta atrás para un buen resumen de éste que se despide.

Un año de renglones, quizá menos, tal vez mas. No lo se. Pero un resumen intenso que verá la luz en los próximos días. Gracias por mi soledad, perdón por la misma. Gracias por volver a leer, perdón por lo inexplicable de la lectura.


El Renglón Torcido

¿O morir de ésta manera?

 

“Anyplace is better
Starting from zero got nothing to lose
Maybe we’ll make something
But me myself I got nothing to prove”

Quizá seamos muy cobardes. Demasiadas veces en la vida.

No somos capaces de arriesgarnos, de coger un coche y pisar el acelerador hasta el fondo. Y largarnos. Lejos, de todo. Como dice la canción, cualquier lugar es mejor, empezar de cero. Sin nada que perder, quizá podamos hacer algo, porque yo no tengo nada que probar.

¿Pero y si ese paso no llega? ¿Si no arriesgas?

Uno tiene la sensación de que las oportunidades pasan por delante, y depende de nosotros o no cogerlas o dejarlas pasar de largo. Pero sobre todo, se ven. Y se sienten. Y de la misma manera que las ves, y las reconoces y decides tomarlas, ves como por otro lado se esfuman. Se disipan y vuelves a estar parado.

Quieto.

Inmóvil.  

Te paran, te inmovilizan.

¿Por qué no correr cuando algo no funciona? ¿Por que no salir conduciendo un coche a gran velocidad cuando algo no te hace feliz? ¿Cuando no se ilumina tu cara con una sonrisa? El miedo al fracaso muchas veces hace que no seamos capaces de dar un paso adelante. Pero, ¿y realmente queremos seguir así?

“You got a fast car
But is it fast enough so we can fly away
We gotta make a decision
We leave tonight or live and die this way”

Quizá podamos volar para evadirnos. Quizá se nos de mejor que caminar. Quizá mientras volamos por el cielo el tomar decisiones sea mas sencillo, por la libertad del aire alrededor. Quizá sea mejor huir ésta noche a morir de ésta manera.

Una noche.

O quizá dos.

O morir de ésta manera.

Pero no es justo. Los caminos que nos guían no lo son. Porque crean desencuentros, mas que encuentros. Porque cuando uno ha ido el otro ya no está. Y cuando el otro ésta, el uno ya se ha ido. Porque somos cuadriculados y dentro de esa geometría perfecta es difícil escapar.

Rectitud. Ángulos de 90 grados.

Pero sin salida.

Un cuadrado.

Y nada más.

Si tú tienes un coche, ¿por que no huyes?

No tienes nada que demostrar a nadie.

Solo hay que acelerar y el placer que da pisar ese pedal hace que la sonrisa aparezca de nuevo.

¿Por que no empezar de cero?

¿Por que no decidir vivir?

¿Sólo?

Anyplace is better.

Cualquier lugar es mejor.

“Y yo tenía el sentimiento de que pertenecía… Y yo tenía el sentimiento de que podría llegar a ser alguien…”

 

 


César Sancho Prieto

 

No es lo mismo las once de la noche que las ocho de la mañana.

No es lo mismo la luz de un bar, la música de ambiente, del ambiente, que el silencio de la oscuridad.

No es lo mismo la valentía del alcohol en la sangre, que la resaca del despertar.

No es lo mismo trasnochar que no dormir.

No es lo mismo la compañia, acompañado, el compañerismo y la amistad, que la soledad.

No se siente lo mismo cuando los actos son separados por horas.

Cuando de repente algo que te parece perfecto y apropiado, y unas horas después te parece irrespetuoso e incluso osado.

Cuando un mismo acto adquiere bises heróicas para después pasar a ser una tragedia griega.

Unas palabras escritas en un teléfono que vuelan.

Desaparecen.

De mi vista.

A su vista.

Para después la nada.

Y tranquilidad. Seguridad. Firmeza. Y a olvidar.

Para después…

Después todo se ve diferente. Cuando en confidencias vienen las lamentaciones. El que dirá, el que pensará. Pero sobre todo, el qué no dirá. El que no pensará.

Porque no hay más. No hay diálogos válidos porque así tiene que ser. No mas intercambios de opiniones para no molestar. No mas “yo te dije y tu me dijiste”. Solo palabras que van al viento sabiendo que en algún lugar serán leídas.

Y cuando te das cuenta de que realmente no hay un mas allá, cuando repasas la historia para verla en su conjunto, descubres que has puesto el punto final. Y aparece el abismo delante de tus pies.

El abismo.

Al que te empujan, al que no quieres caer.

Y te encuentras ahí, en el borde. Con las puntas de los pies al aire, sin nada debajo. Mientras tanto, sientes la presión tras de ti, de la que quieres escapar.Pero el vacío, delante, acecha con tragarte entero y llegar hasta el fondo. 

Comienza la lucha. Después de ese punto final.

Comienza el camino que bordea el abismo, al que te pueden empujar en cualquier momento. Pero te aferras al borde, a ese camino que lo circunscribe, para no caer.

Es difícil comportarse en el después. Mantener la compostura, el saber estar, la educación. La cordura, sobre todo la cordura.

Es difícil estar atinado, y tremendamente fácil ser desatinado.

Muy fácil.

Pero nadie nos enseña como seguir el camino cuando todo se derrumba. Cuando abres lo ojos de madrugada, cuando te pregunta “¿como estás?” y las cuatro paredes que te rodean se vienen abajo como hasta ese instante no lo habían hecho. Y se inundan los ojos para desdibujar la mirada. Quizá ayudando para no dejarte ver bien la dificultad del camino.

Se hacen las cosas, bien.

Se hacen las cosas, generalmente mal.

Pero se hacen.

¿Y sabéis que?

Que yo tenía un tiesto roto que no supe que hacer con él. Si tirarlo, pegarlo, guardarlo o llevarlo al trastero. Pero lo peor de todo es que en éste tiempo de luto, el tiesto ha seguido estando ahí, roto, con sus pedazos por el suelo. Tal cual.

Y ahora se que lo que tengo que hacer es coger todos y cada uno de los pedacitos de ese tiesto, y meterlos en una caja. Con cuidado, con cariño, y con paciencia. Para guardarlos, sin que se rompa mas. Para conservarlos todos juntos, lo que queda del tiesto y sus miles de cachitos. Recogerlos para no tropezarme con ellos mientras camino, porque cada tropiezo significa un nuevo dolor, una nueva herida.

Y cuando estén todos en esa caja, mirarlos y ver que en algún tiempo, todos esos pedazos fueron un tiesto maravilloso en el que crecía un flor que daba flores en forma de puntos rojos. Y recordarla así, como fue entonces, y no como es ahora. Algo roto.

Los pedazos se están guardando dentro de la caja.  

Despacio.

Uno por uno.

Pero yo me pregunto,

¿cuándo seré capaz de cerrarla?

“You know I’d do anything for ya
See I would go through all this pain
Take a bullet straight through my brain
Yes I would die for ya baby, but you won’t do the same…”