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El Renglón Torcido

“… tu sonrisa para sonreir…”

Hay cosas que no se pueden explicar al detalle.

Porque no vienen a cuento, o porque entran dentro de lo mas profundo de uno mismo. Aunque si nos ponemos a buscar metáforas y simbolismos, seguro que hay manera de escribirlo entre renglones torcidos.

Hoy mientras conducía para ir a trabajar he sonreido. Es mas, y lo explico mejor. Me he descubierto a mi mismo de repente, sonriendo mientras esperaba a que el semáforo que estaba en rojo se cambiara a verde.

¿Y por que sonreía?

Si, pensaréis, ¡ay, un tonto enamorado!

Pues algo tiene que ver, por supuesto. Y es que mientras uno disfruta del placer de la conducción, que es mi caso, la mente va por derroteros que a veces son difíciles de controlar. Ya no son sueños que aparecen de noche. Éstos por supuesto, son incontrolables. Sino que son sueños de día, pensamientos que aparecen delante de ti, sin darte cuenta de que tu mente estaba con ellos.

Y sonreía porque sí, soy feliz.

Y sonreía por los momentos compartidos con esa persona que, redundando, comparte sus momentos conmigo. Por los momentos tontos, que todo el mundo tiene cuando nadie los ve. Esos espacios de tiempo en los que piensas que si en ese mismo momento te estuvieran grabando, la extorsión que podrían llevar a cabo con esas cintas.

Porque sí, porque todos en un momento dado hacemos el imbécil y mas con la persona con la que te muestras como eres. Sin complejos y sin miedos, aunque quizá a veces con cierta vergüenza. Pero son esos momentos  los que te provocan carcajadas sin sentido, que te desvelan de una noche avanzada y que hacen que mientras estés en un semáforo, te descubras sonriendo.

¿Que fué lo que hizo sonreir?

Eso, por supuesto, me lo guardo para mí.

Supongo que muchos de los que os perdéis entre mis líneas, sabéis de lo que hablo.

Conocéis esa sensación.

Pero ahí lo dejo, porque ahí lo siento.

Quizá esa sensación sean las mariposas que revolotean en el estómago. Esas que nacieron una vez y que es bueno recordar, cada cierto tiempo, que siguen estando bien vivas y bien fuertes en mi interior.


El Renglón Torcido

De repente la vida te sorprende.

Y un día por la mañana cuando te despiertas, con legañas aún en los ojos, te encuentras cosas así en el suelo de la cocina.

No hay una nota, no unas palabras bonitas, no puntos rojos, ni deseos de cosas infinitas. Simplemente dos artículos, una casquillo para una bombilla con adaptador para enchufe, y a su lado, delgadito, un pito, silbato o como quieran llamarlo.

Desde luego la cara de sorpresa es grande, la de extrañeza aún mas, y la de no dar crédito hace que las legañas, el sueño y todo lo demás, desaparezcan de inmediato. Y lo mejor de todo, es que esas caras de circunstancia, dan lugar a una sonrisa de oreja a oreja, comenzando así un día estupendo. Sonriendo como tiene que ser.

A partir de ahí, empiezan las elucubraciones, mientras la jornada comienza a preparase. Es decir, mientras te lavas la cara un poquillo, preparas el desayuno, etc. la cabeza sigue pensando en qué sería lo que querrían decir esos dos muñequitos que han aparecido en el suelo de mi cocina. ¿Que querrían decir? ¿Que significado habrá querido darle el Sr. Pintor a esas dos cosillas?

Y mientras sigues sonriendo por el hecho de sortearlos con los pies mientras vas de lado a lado de la cocina cogiendo la leche, el zumo, las galletas y tal y cual, me doy cuenta de que eso era realmente lo que tenía que pasar. Que sonriéra de par de mañana, que pensara en que las cosas están bien, pero fundamentalmente en eso. Sonreír a la ocho de la mañana. Misión cumplida.

Uno negro, otro rosa. Uno delgadito, el otro mas ancho. Con dos protuberancias cerca de su cabecita el negro, ¿que me recuerda ésto? Ahí solos, quietos, inmóviles, pareciendo que en cualquier momento echarían a andar para acompañarme en el desayuno.

Y mientras sonrío.

Como he dicho, de repente la vida te provoca sonrísas, haciendo que termines riéndote hasta de ti mismo. Siendo ésto último lo mas maravilloso que podemos hacer como terápia. Nuestra risa. Porque quién me iba a decir a mi que iba a estar haciendo hoy la comida a las nueve menos cuarto de la mañana. En efecto la vida sorprende con actos en los que no nos habíamos visto nunca, como preparar la comida porque quizá la persona que llegue a casa no tenga ganas de prepararsela, o quién sabe. Pero ahí estaba, cocinando, como hasta ahora no lo había hecho. Y mientras tanto volviéndo a sonreir.

Sí, en efecto, soy feliz. Bastantes desgracias he escrito en éstos últimos meses como para no escribir ahora que cada mañana me levanto con una sonrisa de oreja a oreja. Y mas encontrándome sorpresas a mis pasos que hacen que los días comiencen mas cerca de la ciudad de esmeraldas.


El Renglón Torcido

 

Bailemos hasta caer derrotados.

Vibremos al ritmo de la música hasta que nuestros pulmones agonicen por una partícula de aire.

Disfrutemos de los movimientos que nos permite nuestro cuerpo hasta sentir agujetas en el último músculo de nuestro de cuerpo.

Sin descanso, sin parar.

Bailemos al ritmo de la música. De nuestra música.

La que tu quieras.

No una noche, no unas horas, no un instante.

No.

Bailemos siempre, cada segundo de nuestra vida. Disfrutemosla hasta caer desfallecidos, cansados y sin aliento. 

No paremos ni un segundo, salvo para respirar y seguir moviéndonos al ritmo que marca nuestro cuerpo en cada momento.

No estamos en el mundo para pararnos, sin sentido y sin aliento.

No estamos para no sonreir. No estamos para no bailar.

Cada día que pasa es un día menos para que llegue el día en el que caigamos y nunca mas podamos levantarnos.

¿Que vas a hacer? ¿Esperar a que llegue ese día sin haberte movido?

Yo no. Yo me muevo. Y hoy bailo como si fuera el última día, porque nunca sabemos cuando será.

Aunque yo si se que hoy es el último día de mis 30, porque dentro de  tres horas exactas (son las 23.25h.), cumpliré 31. Y si algo tengo claro y he aprendido en el transcurso de éstos últimos 365 días es que no me voy a quedar quieto. No voy a estar esperando a que sucedan las cosas, sino que voy a ir en busca de ellas. Como he ido en busca de mis amigos, como he ido en busca del amor, como he ido en busca de la felicidad. Y aunque ésta muchas veces se resista, sólo hay que cambiar la banda sonora y bailar.

Siempre bailar.

 Porque si no te mueves estás muerto.

Porque si no te mueves, no vives.

Porque si no vives, se terminó.

Porque si bailas, la vida es mas bonita.

Así que todos a bailar, a disfrutar de éste próximo 21 de Octubre, conmigo.

Sonreír un segundo y pensar en lo que leéis.

Escuchad la canción y mover aunque sea el pie al ritmo de la música.

Vivir.

Ahora.

Es el momento de hacerlo.

Felicidades Javi, por el año que se termina. Lo hiciste lo mejor que supiste.

Hoy, bailo. Mañana más.

 


3

El Renglón Torcido

1, 2, 3… Viene un mensaje

1 Se va

2 Se vuelve

y 3 Regresa.

1, 2 y 3… Te lo cuento del revés: primero a la ducha, y después a correr.

1 Corriendo

2 Bajando

y 3 Volviendo a subir.

1, 2 y 3… Y empezando de nuevo otra vez.

1 Uno aqui.

2 Dos allí.

y 3 ¿Dónde pues?

1, 2 y 3 Yodo ésta vez.

1 Yodo para el pie.

2 Yodo para ti tambien.

y 3 ¿Empezamos otra vez?

1, 2 y 3 Yo no se donde poner… ¿Me lo cuentas otra vez?

1 Yo.

2 ¿Quién?

y 3 ¿Cómo que tres?

Comencemos ésta vez.

Sí 1, yo estoy bien.

y 2, duermes tambien.

¿que hace un 3?

1, 2 y 3 ¿De donde vino pues?

1 De cerca

2 Muy cerca

3 De esa casa vino pues.

1, 2 y 3 Un vecino será, ¡lo ves!

Ultimamente pongo mucha antención a las canciones que oigo durante mi día. Les busco un algo, les encuentro cosas que antes no oía. Las analizo. Porque me apetece, y porque mientras las oigo, tampoco tengo otra cosa mas interesante que pensar mas que disfrutarla. Y de vez en cuando aparece alguna que hacía tiempo que no escuchabas, y que al empezar a escuchar con atención, encuentras párrafos que vienen que ni pintados a tu jornada. Si, lo se, a veces se me va la cabeza y tambien lo escribo por aqui. Porque no todo son penas y lamentos, y pensamientos profundos que toquen el corazón, y rompan miradas mientras me leen. Hoy un amigo twittero me decia que le encantaban los gritos de mis dedos mientras escribia. Tambien mis dedos ríen a carcajadas, aunque últimamente cuesta mas que salgan. Hoy casualmente me ha dado por ahí, por no escribir penas y reirme de mi mismo. Como hace poco me decían 1 ó 2 pajarillos, es muy friki exponer mi vida delante de los que leéis. ¿Me expongo? Pues si, lo hago, aunque censuro mucho mas de lo que podéis llegar a leer.

Perfectamente se, que mi escrito de hoy es practicamente indescifrable. Me acusaréis de no entender nada del 1 al 3, ¡pues leerlo del revés! No, en serio. Lo escribo porque me divierte, porque hoy me lo pasé bien mientras oía la canción y porque ahora mismo intentando hacer rimas tontas con el número 3 hace que no recuerde la fecha en la que estamos hoy.

Así que ¡Campana y se acabó!

1, 2 y 3 ¿Te la meto del revés?

Tanto un, dos y tres, y que si meto o no meto, del derecho o del revés… Creo que me voy a correr.

Pero a correr de hacer deporte, eh, que ahora le he cogido ya el tranquillo y hasta aguanto y todo.

Adiós buenas noches.


 

De repente un día la vida comienza a dar sorpresas. Pero sorpresas de las buenas. Sin darte cuenta, de la manera mas silenciosa y poquito a poco, algo empieza a moverse dentro de tí y cuando menos te lo esperas ya no hay marcha atrás. Es curioso como un día, pensando en tu casa en esos ratos en los que dejamos la mente en blanco, hacemos balance de lo pasado, o de los enunciados dichos tiempo atrás, y decimos eso de “para qué hablaré”. Pero ésta vez, ese “para qué hablaré” no es para mal, sino para bien.

Y entonces es cuando comienzas con ilusión una nueva etapa, ésta vez de forma mas madura, y sensata. Pero con los mismos nervios e inquietudes que podía tener hace un año cuando hablaba de mariposas o tortugas. Sí, los mismos nervios. Los mismos miedos. Pero con cordura, ésta vez con mucha cordura, para que esos miedos y ese nerviosismo no haga perder el norte de lo que realmente es importante y de lo que merece la pena.

No se por qué pero ésta vez me está costando mas escribir sobre mis mariposas, muchísimo mas que cuando las he mencionado anteriormente. Quizá tengo miedo de que si hablo de ellas todo vuelva a salir mal. Aunque sinceramente creo que no será así.

Ya no tengo ni 23, ni 24, ni 25, ni 26… Voy por los 30. A la caza de los 31… Y voy directo, sin miedos,  y contento de ésta etapa que me está tocando vivir. Mi fiesta de cumpleaños de éste año vino con un regalo que con el tiempo se ha hecho mas grande de lo que yo podía imaginar por aquel entonces. Aquella noche de Hallowen en la que lo celebramos.

No se que traerá el futuro. Y aunque me ponga a imaginarlo, nuestro futuro es hoy. Es dentro de un minuto, es dentro de una hora. Es qué haré hoy a mediodía, que haré hoy a la noche. Es cada paso que damos adelante. Y yo quiero seguir dando pasos de la manera que los estoy dando ahora, y con quien los estoy dando: bien con mi gente, pero tambien y bien con quien corresponda.

Desde hace un tiempo pinto las horas del día con sonrisas, con silencios y con hombrecillos a bolígrafo. Saludo los minutos diciendo Hola… y hay veces que creo que me voy a saludar cuando me miro en un espejo. Desde hace un tiempo no se como escribir las cosas en renglones pero escribo sin saber bien que decir. Aunque las cosas estén dichas o miradas a quien sea que haya que decirlas o mirarlas.

Escribo porque siento, y siento porque vivo. Y si dejara de vivir mañana, no me iría con la pena de no haber dicho todo lo que quisiera decir. Ayer, mientras las llamadas de mi teléfono rojo interrumpían una y otra vez mi cena pintoresca, dejando que mi acompañante cenara en soledad, o con mi compañia a través de un cristal, pudimos hablar de ésto.  Si tienes algo que decir, si es bueno, hazlo. No lo guardes. Dí a las personas que te rodean todo lo bueno que quieras decirles y no te atrevas por comodidad o porque piensas que ya lo saben. Siente y exprésalo. Habla. Y sonríe mientras lo haces. Sonríe cuando estés con tu gente. Sonríe. Porque no hay nada mas bonito en éste mundo que sentir cosas buenas por los demás y compartirlas. Pero con una sonrisa la vida es más bonita.


Hoy no escribo donde siempre. Hoy mi silla ha cambiado y estoy en un salón familiar, pero no el mío. Hay sonidos familiares, olores familiares, todo es conocido, menos el teclado desde el que vuelvo a torcerme. Pero de ésta circunstancia no hablaré más.

No voy a competir. No porque creo que no me merezco entrar en una lucha de la cuál seguro saldría perdiendo. Hace poco, el finde pasado, alguien que no veía hacía bastante tiempo se acercó a mi, me dio un par de besos y se dirigió a mi diciendo “Hombre, Javi, el chico triste”… Y realmente pensé, ¿esa es la imagen que proyecto de mi con los renglones? Curiosamente, al día siguiente, o a las horas de aquella frase, otra persona se señalándome, dijo “tu no has parado de reírte en todo el tiempo que te he estado viendo”…

El chico triste o el que se ríe. Se me da mejor expresar las tristezas que las alegrías, y quizá por eso pueda dar la impresión ¿equivocada?

Tal vez no sea tan equivocada. Me preguntan que cuente que me pasa o por lo menos que lo explique, pero no lo haré. Hay cosas que es mejor guardarse para uno mismo para no entrar en competencias como he dicho al principio. Y si algún día me pillan pedo, quizá se me vaya la lengua, pero de momento creo que estoy mas guapo callado. Triste igual, pero callado.

No hay indirectas, no hay mensajes subliminales. Aunque quizá alguien pueda leer entre líneas algo. De eso se trata, no hay que darlo todo masticado para dejar abierto el corazón o los sentimientos de par en par. Aunque penséis lo contrario, me cuesta explicarlos. Así que las interpretaciones quedan para gusto del lector, ya que yo no explicaré mucho mas de lo que he hecho hasta ahora.

De vez en cuando leo un blog, Gay a los 30… Quizá en breve cambie el título al mío y pase a llamarlo un Renglon sigue Torcido a los 30… Bonito nombre, porque éste Renglón no tiene pinta de enderezarse próximamente. Incluso diría que cada vez andamos mas torcidos. Igual el día que llegue ese bonito número 30, lo vea todo de otra manera.

Igual ese día dejo de ser el chico triste.


 

¿Y cuál es ese placer?

El placer de saber algo que nadie mas sabe. Hablar de algo con alguien y reirte por dentro sabiendo que no dices toda la verdad. Contar historias guardantode lo mejor para tí mismo. En lo que callamos está el verdadero valor. ¿Como decían algunos? Vale mas por lo que calla que por lo qeu habla, ¿no es así?

Realmente lo que callo y no hablo sólo tiene valor para mí. Eso sí, un valor que no puedo valorar valga la redundancia. Esos secretos que guardamos, que no queremos desvelar ni a nuestro mejor amigo. Son pequeñas chispillas que hacen que se te alegre una mirada, o un segundo en el día duro de trabajo.  

Como todo el mundo en ésta vida, y como todos los que lean esto, yo tambien tengo secretos. Muchos de ellos son compartidos con personas cercanas, otros con nadie.

Y me encanta tenerlos.

Lo malo de un blog, es que los secretos no desvelados son los que mas jugo podrían dar a la hora de ser plasmados en una entrada. Pero evidentemente puestos aquí dejarían  de tener todo el encanto que tienen.

Ahora mismo sonrío. Uno de ellos me lo provoca. 

Pero en ello está el placer de la omisión. 

El renglón torcido, 17 a. C.