Archivo mensual: octubre 2014

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Poco a poco las cosas se van asentando, ¿lo ves?

Cuando parece que la vida se planta delante de ti como diciendo “a ver ahora por donde tiras…”, es en ese momento cuando siempre, no pueden fallar, las baldosas amarillas comienzan a brillar para que sigas el camino que ellas marcan.

Eso por si alguna vez las perdiste de vista. 

Casi ocho meses después me vuelvo a sentar para contar algo, aunque mi taburete ha intentado evitar que me sentara doblando sus patitas de metal haciendo que terminara con el culo en el suelo de par de mañana. Algo sencillamente reemplazable, cojo una silla y vuelvo tener mis dedos sobre éste teclado que tantas historias ha compartido conmigo. 

Hace poco, una semana en concreto, de charla tras una inauguración del Sr. Pintor, una personita Chechi-Liana recordó el tiempo en el que cada mañana en el trabajo miraban pendientes de si el renglón torcido seguía torcido y lo publicaba o si por el contrario seguía en silencio. Recordó tiempos pasados, casi prehistóricos, donde los sentimientos y las palabras no dichas sino leídas transformaban y dictaban los nuevos pasos a dar. El renglón torcido servía para transmitir entonces cosas que era incapaz de poder llegar a decirlas ante una mirada. Y al recordar aquello, me dí cuenta que nunca he dejado de ser un Renglón Torcido.

Recordé que me gusta escribir aunque no lo haga tanto, que me gusta plasmar lo que pienso y lo que siento aunque no lo haga a diario. Que tengo ganas de seguir contando historias aunque no siempre sean escritas. Durante todo este tiempo quizá mis historias volaran por otros cielos de diferentes colores, haciendo que ocuparan parte del tiempo que antes dedicaba a escribir. Quizá tenga que parar, mirar al suelo, volver a sentir el color amarillo que me lleva a la ciudad de las esmeraldas y comenzar de nuevo. O simplemente y quizá, ésta vuelva a ser una entrada aislada y no vuelva a escribir en otros ocho meses.

Sencillamente, no lo sé. 

Sólo se que hoy quiero escribir. Y lo hago porque como he escrito al inicio, poco a poco los caminos se despejan. Un camino cansado, difícil e indeciso. De no saber si encontraríamos nuestro lugar o si nos quedaríamos sí el. Si las circunstancias de la vida harían que nuestro anhelo de buscar nuestro rincón estaría al alcance de nuestros bolsillos o por el contrario tendríamos que dejarlo pasar. Días raros, en los que por la mañana teníamos una alegría y por la noche esa alegría caía de golpe al fondo del pozo. Días mezclados, de bajeras, pisos, reuniones, preparaciones y traslados. Días cansados, de amontonamiento de quehaceres y casi sin tiempo para respirar. 

Pero vemos la luz…

Y brilla fuerte, porque todo esfuerzo tiene su recompensa. Porque todo lo conseguido es merecido, y se merecería mucho mas. Porque cuando algo se lleva dentro no hay otra manera de que puedan ir las cosas.

Creo y siento que vienen años color esmeralda. Veo en el horizonte caminos que me gustan. Me gusta su luz especial, su fresco aroma y la dirección que toman. Y todo fruto de la dedicación, del respeto y de saber sonreír siempre ante las situaciones extrañas que la vida nos pone. Sabiendo siempre que tengo a mi lado a quien hace que esas sonrisas en los días nublados sean mas fáciles. 

Hemos conseguido mucho, más conseguiremos en el futuro.

Por ti.

Una vida entera.