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Te pones a pensar y de repente algo surge en tu interior. Se conectan neurona tras neurona y producen movimientos voluntarios que involuntariamente producen acciones.

Sensaciones.

Actos conscientes desde el inconsciente.

Y así nace un renglón, una flor, ¿que se yo?

El amor…

Una idea, una mancha.

Poseía entre tantas.

Entre lágrimas, y aleteos.

Mariposas siempre al vuelo.

Una línea bien formada, un pensamiento a través de palabras. A través de formas, dibujos, colores y cartones. Formados a través de sentimientos propios, desde el interior. Desde donde algo se mueve con el respiar de los segundos juntos. Desde donde nace la nostalgia, la inquietud y la inseguridad de si la próxima hoja se quedará en blanco.

Mientras, ando perdido entre escombros. Retazos de lo que te rodea, ruinas de lo que construye tu cabeza pero tus manos no pueden expresar.

Y un día descubres que la blancura de la hoja dejará paso a bellos trazos. Que algo comienza a moverse dentro de tí y busca una forma de encontrar su camino. Que se mueve una mano o late un corazón. O respira una emoción. Y surge la idea. Tu idea, formada en el fluir de los sentidos.

Ahí está. Se plasma, la ves tomar forma. Crece ante tí. Mediante líneas, a través de palabras. Formando melodías únicas que muchas veces sólo la propia persona entiende. Al fin y al cabo es tu música. Muchas veces la que canta tu corazón cuado a sólas por la noche se deja escuchar.

Mi melodía a través de mis dedos. Su melodía a través de sus manos.

Nuestras ideas. Nuestro corazón.

Y mis sentidos puestos desde dentro.

Cuesta mucho llegar a llenar una hoja en blanco. Sentado delante, con las manos deseando transmitir, y muchas veces nada. Cuesta poner un color, tal vez dos. Un recorte o quizá no. Cuesta empezar un escrito, sacar lo que dictan tus sentidos.

Pero cuando algo manda en tu interior, cuando la cabeza y el corazón deciden, la hoja deja de estar en blanco.

Cuesta empezar, cuesta ser original. Ser individual, no ser un ladrón de ideas. 

Porque mi individualidad hace que mis palabras no pueda decirlas nadie mas.


El Renglón Torcido

“… tu sonrisa para sonreir…”

Hay cosas que no se pueden explicar al detalle.

Porque no vienen a cuento, o porque entran dentro de lo mas profundo de uno mismo. Aunque si nos ponemos a buscar metáforas y simbolismos, seguro que hay manera de escribirlo entre renglones torcidos.

Hoy mientras conducía para ir a trabajar he sonreido. Es mas, y lo explico mejor. Me he descubierto a mi mismo de repente, sonriendo mientras esperaba a que el semáforo que estaba en rojo se cambiara a verde.

¿Y por que sonreía?

Si, pensaréis, ¡ay, un tonto enamorado!

Pues algo tiene que ver, por supuesto. Y es que mientras uno disfruta del placer de la conducción, que es mi caso, la mente va por derroteros que a veces son difíciles de controlar. Ya no son sueños que aparecen de noche. Éstos por supuesto, son incontrolables. Sino que son sueños de día, pensamientos que aparecen delante de ti, sin darte cuenta de que tu mente estaba con ellos.

Y sonreía porque sí, soy feliz.

Y sonreía por los momentos compartidos con esa persona que, redundando, comparte sus momentos conmigo. Por los momentos tontos, que todo el mundo tiene cuando nadie los ve. Esos espacios de tiempo en los que piensas que si en ese mismo momento te estuvieran grabando, la extorsión que podrían llevar a cabo con esas cintas.

Porque sí, porque todos en un momento dado hacemos el imbécil y mas con la persona con la que te muestras como eres. Sin complejos y sin miedos, aunque quizá a veces con cierta vergüenza. Pero son esos momentos  los que te provocan carcajadas sin sentido, que te desvelan de una noche avanzada y que hacen que mientras estés en un semáforo, te descubras sonriendo.

¿Que fué lo que hizo sonreir?

Eso, por supuesto, me lo guardo para mí.

Supongo que muchos de los que os perdéis entre mis líneas, sabéis de lo que hablo.

Conocéis esa sensación.

Pero ahí lo dejo, porque ahí lo siento.

Quizá esa sensación sean las mariposas que revolotean en el estómago. Esas que nacieron una vez y que es bueno recordar, cada cierto tiempo, que siguen estando bien vivas y bien fuertes en mi interior.


El Renglón Torcido

Siempre mariposas…

 

Sigo mirando a las nubes en busca de las mariposas que vuelan a mi alrededor.

No me he perdido, aunque lo parezca.

No despegué para no volver.

Y hoy estoy de regreso. Por cuanto tiempo eso no lo se, pero hoy vuelvo a escribir porque mis dedos me lo exigen.

Un tiempo apartado de mi interior, de mis renglones torcidos, de mis pensamientos públicos desde lo mas privado. Pero no un tiempo sin escribir. Han pasado muchas cosas desde que me asomé a ésta ventana por última vez, y muchos de los momentos vividos desde entonces ya estarán incluso olvidados en mi cabeza.

Pero hay algo que no está olvidado ya que ha quedado plasmado en hojas de papel.

Los renglones torcidos que envuelven mi vida han pasado a formar parte de algo precioso. Han tomado forma en un libro. Un libro de pensamientos asociado a pinturas del Sr. Pintor. Un camino que hemos recorrido juntos, incluso cuando no lo estábamos físicamente. Sus ideas en forma de cuadro, su rabia, su desconsuelo… Junto con mis pensamientos, quizá transportados desde el pasado para cuadrar los cuadros.

He sido transducido, y el resultado ha sido transducción. El librillo.

Y mientras todo eso iba tomando forma, mis renglones pasaron a un segundo plano. Aunque las palabras seguían saliendo de mis dedos, lo hacían de otra manera, en otro medio y con otro fin.

Pero aquel cuento ya terminó, y ahora toca volver a caminar por mis baldosas amarillas. Cerrando el capítulo de transducción, para que nuevas ideas broten de mi cabeza. 

Quizá volveré a escuchar a mis mariposas y entender lo que susurran para volver a contar canciones desde el cielo.

Quizá miraré a través de los ojos del Sr. Pintor y sus dibujos para inventarme nuevas historias que compartir.

Quizá escucharé canciones de amor y alguna que otra desesperada para volver a ponerme melancólico.

Quizá.

¡Cuántos quizá!

He vuelto, y creo que ahora no me iré.

Han pasado muchas cosas en éste tiempo dignas de ser mencionadas. Y las mencionaré.

Sigo bien, sigo contento.

Sigo con mi gente, sigo con vosotros.

Sigo con los que a pesar de no tener noticias mías desde hace muchísimo tiempo, veo que día a día encontráis un hueco para perderos en mis renglones. Por supuesto, gracias a vosotros por seguir ahí.

Y lo mejor de todo. Sigo enamorado, cada día mas, de alguien que me hace mi camino hacia la ciudad de las esmeraldas mas sencillo. Sonrío a su lado, vivo a su lado y siento a su lado. Los puntos rojos brotan desde donde nace el rojo… Desde el corazón.

Y así son las cosas. Regreso para compartir mis historias. Con un librillo bajo el brazo, cortito, intenso, diferente y precioso. Ah, y por supuesto, si alguien lo quiere, por un módico precio anticrisis se lo mando “onde haga farta, mi arma”.

Tras estar transducido, vuelvo a mis orígenes.

A estar torcido.

Un beso a todos.

 

 


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Cuando las historias toman forma y se convierten en realidades, es el momento de mirar, observar, y ver lo que estamos viviendo.
Para no perdernos un ápice de aquello que nos rodea. Para no dejar escapar un segundo de esa realidad en la que estamos inmersos.
Como si encerrados en una caja, viviéramos el día a día. En la que las mariposas pueden vivir libremente, volar sin miedo a ser dañadas por el exterior. Y una sola puede dar lugar a cientos y cientos de ellas, porque ellas viven dentro de mi.

Dos principitos, con el corazón en sus manos.

Dos puntos rojos, los enseñan sin miedo, para así saber bien lo que sienten cada uno. Se encuentran de nuevo, viven de nuevo, respiran juntos, en su caja de cristal. Tranquilos, calmados, acompañados del aleteo de su fiel amiga, su mariposa, entonando con sus alas historias que a ellos se le antojan conocidas.

Descansan serenos, hasta que la oportunidad de pasear sobre las baldosas amarillas llama a su puerta. Cuando cae la noche, en la oscuridad, en el silencio que tanto cuenta. Mientras duermen los reales, los príncipes abandonan su habitación de cristal…

Corretean, saltan, vuelan, viven…

Flotan en el aire junto a sus puntos rojos, en el silencio de la noche. Cuando nadie les ve toman vida. Su vida. Aquella que comenzó a raíz de un punto rojo, una nota de papel en la mesilla de noche, un dibujo, una mariposa de un príncipe.

Ahora ellos viven su vida, sin que nadie los moleste.

En su silencio.


El Renglón Torcido

Hubo mariposas, que volaron hasta separase tanto del camino de baldosas amarillas, que nunca supieron encontrar el camino de vuelta a su lugar. Mariposas de un príncipe que se desvanecieron en un atardecer de tinieblas y tempestades. Perdieron sus colores vivos, se tornaron grises y melancólicas. Apáticas mariposas, solitarias voladoras.

Revolotearon allá donde fueron, intentando dejar su alegría posándose donde quiera que estuvieran. Pero su halo de desesperanza hacía que nunca consiguieran ser felices si no era en su camino. En el que un día dejaron sin saber como y al que siempre anhelaron regresar.

Pero llegó un día en el que, en la distancia, esas mariposas del príncipe comenzaron a oir voces, a notar olores conocidos, a conocer como cercano los lugares por los que volaban. Y conforme eso les iba sucediendo, mas agitaban sus alas. Ellas notaban que su camino del que una vez partieron sin un rumbo fijo, estaba cada vez más cerca.

Mientras tanto, caminando por las baldosas amarillas, tropezando, levantando y andando, el principe proseguía su andar. La ciudad de las esmeraldas se antojaba en el infinito. Tiempo atrás la vislumbró, anclada y guarecida bajo centenares de puntos rojos. Y en su caminar, añorando aquellas mariposas que una vez le abandonaron, comenzó a sentir que algo cambiaba.

El cielo comenzó a tornarse colorido, en la lejanía oía la melodía que una vez dejó de escuchar. Esa melodía era el sonido de las alas de sus mariposas que aquella tarde de verano se desvanecieron. Cada vez mas cercanas, cada vez mas colores. Y de repente volvío a verlas. Justo delante de él. Miles de pequeñas alas llenas de colores, frente a él, en su camino.

Y se acercó hasta ellas, para hablarles, y saber si ésta vez volverían para seguir acompañandole en su camino. Las mariposas envolvieron con su amor, su belleza y su paz de nuevo al jóven principe, mientras él cerraba los ojos para sentirlas de nuevo, otra vez.

Cuando el príncipe volvió a abrir los ojos, vió de nuevo claramente la ciudad de esmeraldas que una vez perdió de vista. Y seguía tal cuál la recordaba, adornada de miles de puntos rojos que una vez pensó rotos para siempre.

El principito feliz, comenzó de nuevo a caminar. Y cuando miró a su lado, vió que de nuevo, en su caminar no estaba sólo. El Sr. Pintor volvió para decorar de nuevo sus pasos sobre las baldosas amarillas.

 


 

El Renglón Torcido

 

Si la desconexión auguraba un regreso fuerte y vigoroso, no lo será. Si el silencio era una señal de paz y reflexión, no ha conseguido el objetivo. Hoy si cabe vuelvo, mas torcido que nunca. Si es que un martes y trece, del doce, del once, no puede dar lugar a nada bueno.

Me da igual quien pueda o no llegar a leer ésto que escribo. Me refiero a la gente que se pueda dar por aludida o no respecto a las historias que puedo llegar a contar. Pero hoy vuelvo, después de muchos días sin escribir y afrontando la recta final de éste año, y sinceramente, voy a escribir lo que quiero pensando solo en mi.

Hoy he vuelto a ver mariposas. Mariposas de un principe. Esas de las que había odio hablar y tenía constancia de su existencia. Esas que comenzaron a volar hace cuatro meses tiñendo de tristeza nuestras vidas; esas que tornaron el color de sus alas de vivos colores a frios matices mientras revoloteaban a nuestro alrededor.

“Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

En la soledad de una galería, entre miradas, colores, olores. Una sonrisa que no se olvida, un momento de soledad. Y una reflexión. No me gustan las mariposas del principe. Son preciosas, si, pero para mi son lo mas triste del mundo. No por como son, sino por lo que significan. Por sus colores , por que no hay puntos rojos y si los hay no se ven. Por el tiempo en que fueron creadas. Cada una de ellas significa un tiempo pasado que es mejor olvidarlo.

Y ahi delante de ellas, mas tiempo del necesario para valorarlas, esperando o evitando la despedida. Busco entre los cuadernos, historias nuevas, borrosas, sucias y desordenadas.  Quizá como me siento yo en ese mismo momento mientras lo estoy mirando. Aparecen entre hojas, mundos vividos por mi. Dibujos de los que te puedo decir el lugar y el momento donde fueron creados. Una mano blanca que no sabiamos donde ubicarla encontro su lugar bajo una señora que se escondía. Unos cactus y una escalera recordaban tiempos de sol, cercanos al mar, en un tiempo en el que todo era perfecto.

Y después, la despedida. Un nuevo final: mi final.  

” Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

Las historias se solapan en el tiempo. Los sentimientos son difíciles de controlar y el amor o desamor está donde menos lo esperamos. Hoy el día no ha ido a mejor. Ni mucho menos. Cuando el corazón sufre una punzada, casi es mejor rematarlo para que deje de sufrir que permanecer en una agonía misera que no lleva a nada. La punzada era obvia, provocada y meditada. El remate era necesario, esperado e inesperado. Contradictorio, por supuesto, pero sobre todo necesario.

Que fácil parece todo cuando las ideas están en la cabeza, y que difícil es ponerlas en orden cuando tienen que salir por la boca. Son nulo para ello, se me da mejor escribir. Aunque hoy no es un gran día y casi están igual de desordenadas en mis escritos que en mi cabeza. Con lo fácil que es mirar a los ojos, mientras sonríes y lo difícil que es hacerlo cuando las noticias no son buenas. Siempre es bueno tener un escudo delante, como por ejemplo un pañuelo al cuello que sirva para bajar la mirada y enredar en él. Cuando te despojan de él, estás descubierto.

Ya no es tiempo de mariposas. Si las hay, ahí están. No hay sitio para mas, ni para que crezcan, ni para que surjan nuevas. No hay sitio ni razón para ellas. Y por éste motivo hay que evitar daños colaterales. Quizá ya causados, pero tal vez subsanados en cierto modo. El tiempo tiene que poner orden en éste caos. Hace un tiempo, y me repito, hable de que el tiempo y yo tenemos que hacer algo para resolver éstos problemas. Está claro que yo no, puedo, así que lo dejo en manos de las horas.

Me equivoco, y entro en un bucle en el que no me doy cuenta que ya he estado. Mientras que mi entorno sabe que estoy cayendo en el mismo error en el que una vez ya estuve. Vuelvo a tropezar, pero me vuelvo a levantar. Me duele, menos, o quizá mas. Eso lo diré mañana.


Iruña Cormenzana Lopez

 

Media vuelta.

Para no pensar.

Con la mirada fija en un director de orquesta que ha dejado de dirigir. Un director que adquiere tonalidades rojas, ese color del que tanto he hablado de un tiempo a ésta parte.

¿Y ahora que?

Vuelta a empezar.

Director, te pido ayuda para no perderme. Te pido ayuda para encontrar un buen camino que seguir, sin más obstáculos que los mínimos necesarios que tiene que haber. Director, estoy perdido frente a tus rojos; ya no veo los puntos, se nublaron ante mis propios ojos borrando el camino de baldosas amarillas.

¿Y ahora cómo?

¿Cómo levanto los pies con lo que me pesan?

¿Cuánta gravedad influye sobre ellos que me clavan en el suelo?

Director, toca una canción a ver si reaccionan con tu melodía y avanzan a caminar. Toca una vez mas y haz que se mueva. Comienza con notas que sirvan de inicio, de marcapasos para un corazón detenido, congelado en un instante. Ese instante en el que me di la vuelta en un día de calor de verano.

Y ahora de espaldas al mundo, hablo contigo, director. Y te cuento sin que se entere nadie que necesito tu música para volver a encontrar un camino que perdí. Ese que siempre me llevará a la ciudad de esmeralda.