Archivo mensual: octubre 2011

“Frungir es guirigay. Novio. Es gru fugar.”

Autor: individuo lilly.
Observaciones: la fiesta padre, k guay!

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El Renglón Torcido

 

Cuando la ausencia de unas palabras puede mas que la existencia de miles de felicidad, hasta llegar a eclipsarlas…

Cuando sucede eso, es el momento de parar, y darse cuenta de que no vamos por buen camino. Desde luego que no. ¿Que va mal? Piensa Javi, piensa… Reflexiona, investiga, adentrate en tus sentimientos, en tus pensamientos hasta encontrar la respuesta. Está dentro de mi, y de alguna manera tiene que salir.

Quizá a veces es necesario que un amigo te diga las cosas como son, sin ocultar nada. Para así abrir bien los ojos y saber lo que pasa en la realidad, no en mi realidad creada. A veces no, siempre es necesario tener ese amigo al lado para que en un momento determinado de una noche de celebración de cumpleaños, te mire, te escuche y te deje las cosas bien claritas.

El tiempo pasa y se tiende a idealizar situaciones pasadas que en su dia fueran desagradables. Y empiezan los “y si…”. Esos de “y si hubiera hecho ésto”, ” y si no lo hubiera hecho”… Hasta que te das cuenta que lo hecho, hecho está y que no hay marcha atrás. Y que ni ysis ni pollas, hablando claro. Que quien no tiene que estar junto a mi, no tiene que estar y punto.

¿Así que qué son unas palabras no dichas en un día especial comparado con todas y cada una de las dichas? Las dichas obtienen una victoria abrumadora frente a las no dichas, así que a tirar para adelante. Eso sí, mientras las dichas alegran el día y hacen que sonría cada vez que las recuerdo, las no dichas joden que te cagas.

Aunque, tal vez deba ser yo el que tenga que hacer que no jodan. ¿Tal vez yo o tal vez el tiempo? Tal vez los dos, y no dejarle todo el trabajo al tiempo. Habrá que poner de mi parte para que todo vuelva a la normalidad, y así aligerar la carga que hasta ahora había depositado en el transcurso de los días, semanas y meses.

Quizá el sábado yo fuí el niño que llora en mis fiestas. “It’s my party and I’ll cry if I want to”. Quizá los nervios me traicionaron, o quizá las palabras de última hora, o tal vez las no palabras. O quizá fue el alcohol que potenció los efectos de todos y cada uno de las razones. Sinceramente no lo se, pero bueno tambien sirve para desahogarte. Para limpiarte los ojos después, levantar la mirada y seguir caminando y riéndo como si no hubiese pasado nada. Eso si, aunque tengas los ojos como la bandera de japón, pero hay que disimular.

Muchas veces en algún que otro comentario he leído que mis escritos a veces no son del todo claros, que no se llegan a entender del todo bien. Tambien reconozco que aunque escriba lo que se me pasa por la cabeza y por el corazón, tambien eso de ser no del todo claros es una forma de esconderme debajo de muchas palabras. Pero hoy es sencillo, hoy es fácil de entender.

¿O no lo és? Sencillo: estoy jodido, por supuesto. Con 31 años, pero jodido. Eso sí, contento, por supuesto. Que seré puta pero no pago la cama. Es decir. Una mala racha la tiene cualquiera, ésta es la parte jodida; aunque los amigos están para hacer que las malas rachas (jodidas), sean alegres (contento). Cuando se pasa mal, se llora, y punto. Cuando se pasa mal, te dicen cosas como que tal o pascual ha sido visto comprando bakalaO y te da un respingo el corazón. Jode, si, pero contento claro.

Soy humano y aunque la cabeza quiera correr mas, el corazón es mas lento. Lloro, porque no hace mucho tiempo, aunque se que soy feliz tal y como estoy ahora. Lloro si me encuentro con gente del pasado en mitad de la plaza del castillo al decirme palabras bonitas. Y lloro porque me jode que tanto amor y tanta pollada termine sin una simple felicitación de cumpleaños.

“It’s my party and I’ll cry if I want to, you would cry too if it happened to you”

 

 


El Renglón Torcido

 

Bailemos hasta caer derrotados.

Vibremos al ritmo de la música hasta que nuestros pulmones agonicen por una partícula de aire.

Disfrutemos de los movimientos que nos permite nuestro cuerpo hasta sentir agujetas en el último músculo de nuestro de cuerpo.

Sin descanso, sin parar.

Bailemos al ritmo de la música. De nuestra música.

La que tu quieras.

No una noche, no unas horas, no un instante.

No.

Bailemos siempre, cada segundo de nuestra vida. Disfrutemosla hasta caer desfallecidos, cansados y sin aliento. 

No paremos ni un segundo, salvo para respirar y seguir moviéndonos al ritmo que marca nuestro cuerpo en cada momento.

No estamos en el mundo para pararnos, sin sentido y sin aliento.

No estamos para no sonreir. No estamos para no bailar.

Cada día que pasa es un día menos para que llegue el día en el que caigamos y nunca mas podamos levantarnos.

¿Que vas a hacer? ¿Esperar a que llegue ese día sin haberte movido?

Yo no. Yo me muevo. Y hoy bailo como si fuera el última día, porque nunca sabemos cuando será.

Aunque yo si se que hoy es el último día de mis 30, porque dentro de  tres horas exactas (son las 23.25h.), cumpliré 31. Y si algo tengo claro y he aprendido en el transcurso de éstos últimos 365 días es que no me voy a quedar quieto. No voy a estar esperando a que sucedan las cosas, sino que voy a ir en busca de ellas. Como he ido en busca de mis amigos, como he ido en busca del amor, como he ido en busca de la felicidad. Y aunque ésta muchas veces se resista, sólo hay que cambiar la banda sonora y bailar.

Siempre bailar.

 Porque si no te mueves estás muerto.

Porque si no te mueves, no vives.

Porque si no vives, se terminó.

Porque si bailas, la vida es mas bonita.

Así que todos a bailar, a disfrutar de éste próximo 21 de Octubre, conmigo.

Sonreír un segundo y pensar en lo que leéis.

Escuchad la canción y mover aunque sea el pie al ritmo de la música.

Vivir.

Ahora.

Es el momento de hacerlo.

Felicidades Javi, por el año que se termina. Lo hiciste lo mejor que supiste.

Hoy, bailo. Mañana más.

 


 

Censura

 

No se a que huele, puede que bien o mal, aunque depende de la nariz con la que sea olido…

No se a que sabe, puede que tenga buen sabor o malo. Dependerá de la capacidad de sentir gusto del que lo pruebe.

Vivimos en un país con libertad de expresión, por supuesto.

Tú, si tú, te has expresado, y yo lo he leído.

Si quieres dejar tu opinión y no ser censurado o censurada, hazlo de cara, no oculto en seudónimos del tipo “asquete” “huele mal” o sinónimos parecidos…

Te censuro, sí, lo hago.

Y no es que me enorgullezca de ello. Pero no creo que después de algo como lo que escribí ayer, se merezca unos comentarios como los que tu has querido dejar. Porque si tanto asco, tan mal huele y seguirá oliendo, pues chico, sinceramente, nadie te obliga a leerlo. Así que no leas. Es así de sencillo.

Y si quieres que algún dia deje un comentario tuyo, deja tu nombre como hacen muchas personas, porque de lo contrario, serán borrados sistemáticamente.

Gracias y perdón a los demás.


 

El Renglón Torcido

 

Si alguien me conoce, puede contestar a ésta pregunta perfectamente. Pero el caso es que hace poco, un día de ésta semana, probablemente el jueves o el viernes, una clienta me  lo preguntó en el trabajo. La cosa fue a raiz de que el sábado pasado, realicé un viaje a la ciudad del Ebro con dos individuos, Prada y Las Vegas. Habíamos quedado en que a mi salida del trabajo el sábado, nos montábamos en el coche y emprendíamos rumbo a fiestas del Pilar, porque indiviuo Ejea nos esperaba para comer. En el trabajo, después de aquella apoteósica salida el finde, al que siguió otra escapada más, pero esta vez yo sólo, dicha clienta me preguntó que qué tal por Zaragoza. Yo lo contesté que muy bien, que en fiestas uno siempre se lo pasa bien. Y después me preguntó, ¿pero tienes familia en familia en Zaragoza?

Lógicamente, lo primero que contesté es que no, sin pensarlo. Dije: “no, familia no, tengo amigos”… E inmediatamente lo segundo que le contesté a mi clienta fue, “sí, si tengo familia, ellos son mi familia”… Eso mismo le contesté.

¿Cuando alguien con quién no estás emparentado de manera directa pasa a formar parte de tu familia? Incluso hay veces que esas personas que comparten tu vida, comparte (y redundo) más que muchos de la familia. Y yo precisamente no me quejo de la mia en absoluto porque los tengo, se saben y me comparten muchos minutos de mi vida: familia os quiero. Pero y ellos… Ellos que aparecen de la nada, sin esperarlo, sin buscarlos. Se encuentran. Un día estas en un autobús, otro día en un pupitre, comienzas a hablar y ahí se quedan. Otro día estás esperando para entrar en una clase, y cuando la persona que está dentro de la clase te cruza su mirada, sonríe y ahí se queda. Otro día alguien en un momento dado de tu vida te invita a tomar café, un café de Prada, digamoslo así y el café viene con compañia, y ahí se queda.

Ellos están, ellos son, y espero, seguiran. Ni menciono, ni individualizo. Son ellos, mis amigos. Aquellos que han llorado conmigo la lista de amores escrita cuando cupido no tenía puntería. Esos que han reido junto a mi cuando nos ha tocado reír. Que sonríen, que escuchan, que te abrazan como si fuera la primera vez que te ven, cuando por sopresa apareces en un bar oscuro de Zaragoza un 11 de Octubre en mitad de la celebración de un cumpleaños.

Amigos que vuelven del pasado, para retomar algo que nunca debió perderse y que se ha retomado con mas fuerza que nunca. Que te cuidan haciendo brochetas de solomillo y te abrazan mientras duermes como dos niños pequeños.

Ellos, mi familia, que proximamente me reencontraré con muchos de ellos desvanecidos con el tiempo pero firmes en el corazón. La Y griega vasca se conecta en 13 días, en menos otra conexión. Esa otra mas individual, mas Individual,mas Las Vegas, mas Prada, mas Monty, mas Rubicop, Individuas Poli y Poquet (nuevo bautizo), mas Ejea y mas Renglona Torcida. Y después nuevas mas, aquellas a donde me lleve mi tiempo libre para poder disfrutar de todos y cada uno de ellos.

La distancia dicen que hace el olvido. Yo no lo creo. Yo diría que la distancia, si quieres, hace el olvido. El olvido de aquellas personas que algún dia formaron parte de esa familia que son los amigos, y que de repente comenzó a esfumarse. Yo no me olvido de nadie, nunca. Ni de los que están, ni de los que dejaron de estar por circunstancias de la vida. No olvido aquellas tardes de paseos por independencia, ni los cafés a las 3 de la tarde en la terraza de la facultad. No olvido los disfraces, no olvido el mendebaldea, ni las broncas que echo de vez en cuando. Cuantísima paciencia tiene aqui mi familia que sois vosotros.

Os recuerdo porque quiero recordaros que a pesar del tiempo, no me olvido de nadie. Si cierro los ojos puedo escuchar cada una de vuestras sonrisas dentro de mi cabeza. Todas y cada una. Unas sonrisas suenan mas cerca, otras mas lejanas, quizá separadas por océanos. Quizá ahora mismo hasta resuene alguna en la China, o próximamente.

Cuando hablaba de que cupido no había tenido puntería, no tenía razón. Porque la mas maravillosa punteria que ha podido tener es traer a cada uno de vosotros MIS AMIGOS, a mi lado. Porque el amor que da un amigo no se compara a ninguno de los demás. Porque es amor incondicional, no egoísta, con los defectos y las virtudes. Porque están cuando estas bien, enamorado, y estan cuando estás mal, dejado. Porque te acompañan, si, por ese camino de baldosas amarillas del que tanto hablo.

Alguna pena tengo, porque presiento que en éste último año algún buen amigo se quedó en el camino porque no nos dió tiempo a mas. Os pienso, mucho, aunque me duela a veces, pero os pienso. Los domingos ya no son como eran cuando los compartíamos. Pero la vida es así, y cupido se equivocó.

¿Tienes familia en Zaragoza? Si, por supuesto, la tengo… Dentro de mi corazón, y afortunadamente siento que tengo familia en muchos puntos de la geografía española. Y como en todas las familias, hay lazos mas cortos y lazos mas largos, con unos te llevas mejor y con otros peor. Pero son, y siempre lo serán.

Quizá éste sea el balance de mi año con 30 años. Que mejor manera de terminarlos que dedicándome a todos vosotros que estáis ahí. Uno és, según de quien se rodea. Si me pongo a mirar a cada de uno de vosotros, ojos, a los que me miro y ahora mismo pienso, y veo lo magníficos que sois, me doy cuenta de que debo ser un tio genial. Genial por tener a gente cerca como la que tengo.

Da igual estar solo, o en pareja. Da igual tener más o menos dinero a fin de mes en el banco cuando han pasado todas las facturas. Da igual que llueva, haga sol o estemos ahora mismo en un “Veroño”. Da igual como haya sido éste año porque termina con vosotros, los que siempre estáis.

Por todos vosotros. Sabéis quienes sóis.


“Mi cabeza no proCesar”


El Renglón Torcido

 

Conozco el amor. Desde hace tiempo. Hemos compartido muchas tardes juntos. Con sus alegrías y sus penas, pero con el señor amor siempre al lado. Y me he dado cuenta de que hemos crecido juntos, evolucionado, avanzado… Hemos vivido diferentes etapas. Hemos vivido en diferentes etapas. Distintas épocas, distintas edades. Hoy cuando estando en el trabajo he encontrado una carpeta, transparente, vacía, me he dado cuenta de que hay llegado el momento de empaquetar y cerrar la famosa caja que hace tiempo dejé a medio cerrar. Y la carpeta se ha venido conmigo a casa. Lo malo es que por el camino, uno tiene familia en el bloque, y me la he dejado en casa de mi tía. Pero a lo que vamos, que la he encontrado  y pronto servirá para guardar, de nuevo, grandes y bonitos recuerdos.

Y esa carpeta formará parte de esa pequeña biblioteca de momentos compartidos con ese, mi señor amor que tantas y tantas bonitas horas me ha hecho vivir. Porque al señor amor lo conozco desde hace ahora diez años. Cuando por primera vez me enamoré: detrás de la barra de un bar, una sonrisa y unas chapas de cerveza. Las horas, y el tiempo hicieron el resto. Un primer amor que me enseño lo que se tenía que sentir. Ese primer amor que siempre se recuerda con ternura, con alegría y ahora con la distancia de los años, con el sentimiento de la inocencia que se sentía en aquel entonces. Fue una noche de jueves, con Erkuden y ¿Juanfer? (no lo recuerdo), en el bar Urano de Zaragoza. El señor amor 1, camarero de profesión y el menda lerenda, estudiante de oficio. Sonrisas, lanzamientos de chapas de cerveza desde la barra hacia mi, y al final un número de teléfono escrito en un papel con una primera cita al dia siguiente en los cañones del corte ingles del paseo las Damas. A partir de ahí comenzó algo que no duró demasiado. Lo justo para que terminara en mitad de examenes de febrero, con la consiguiente catastrofe en los resultados de los examenes. Posteriormente hubo una reconciliación, que me llevó justamente hasta los examenes de junio, donde volvió a terminar, y ésta vez para siempre. El fin del primer amor me trajo horas y horas de lágrimas durante una noche bajo la canción de Rosana “Si tu no estás aqui”. Pero además me trajo amistades que a día de hoy comparten el tiempo conmigo. ¿Que aprendí de mi primer encuentro con el amor? Que cuando hay examenes es mejor no hablar con tu novio no vaya a ser que quiera dejarte… No, en serio. Aprender, no se, me dejé llevar por la primera vez en todo. Disfruté, reí, lloré. El final de la inocencia, y el comienzo de mi nueva vida entre hombres. Don Luis, gracias por aquellos momentos. Pocos recuerdos tengo guardados en la carpeta, mas bien ninguno. Quizá alguna foto escondida en algún libro, poco mas. Muchas mudanzas hubo de por medio, y pocas cosas llegaron hasta éstos días. Pero el recuerdo y la amistad siguen tan cerca que éste sábado se volveran a juntar.

Un segundo encuentro con el amor, me hizo aprender que las relaciones son cosas de dos. Que hay que aprender a confiar en el otro, y que cuando desconfías de algo al final va y tienes razón. Sinceramente pienso, y lo digo hoy aunque creo que la persona en cuestión lo sabe, creo que en mi segundo encuentro con el amor no se me trató de la manera correcta. No fue suficientemente justo conmigo. Plaza del Castillo, San Fermín, cienes y cienes de personas bailan en medio de la plaza cuando dos miradas se cruzan en la distancia. Se miran, se ven, se saben. Y de repente esa mirada se pierde en la distancia. Desaparece en una multitud roja y blanca. Y no se ve mas. Yo me lancé en su busqueda, ¿por qué? No lo se, pero fui detrás de aquellos ojos. Después de un tiempo de buscar y no encontrar, de repente encontré a una amiga de aquella mirada. Le paré, y le pregunté sin conocernos: “Oye, perdona, ¿tu amigo?” y ella me contestó “Sí, es gay.” Y tras éstas palabras apareció de entre la multitud y fué el comienzo de una historia de amor qur duró un año. Una historia de amor en la distancia, separados por cuatro horas de viaje. León – Pamplona – Zaragoza. Kilómetros y kilómetros. Y una nueva manera de entender el amor, con mas edad, con mas intereses, con mas necesidades, pero con problemas que al final hacen que la distancia que nos separaba fuera mas grande que el amor que nos unía. ¿Que aprendí? Que me encanta León y que tengo que volver. Que las cosas es mejor hablarlas claramente sin dejar lugar a malentendidos. Y que se puede estar enamorado en la distancia, tanto como en la cercanía. Don Leo, gracias por formar parte de la escuela de la vida. ¿Que hay en su carpeta? Fotos que aparecen, películas que lo recuerdan, anécdotas vividas. Un año juntos y muchos recuerdos.

El tercer encuentro con el amor, el mas duradero, el mas tormentoso. El mas instructivo y el que mas gente  conocío. Una tarde de compras, un H&M, unas camisetas que me gustaban puestas en el cuerpo de un dependiente. Ahí empezó todo. Miren e Irati fueron testigos del momento, del inico. Yo no me atreví a decir nada, solo a comprar dos camisetas y a que me atendiera él, nada mas. Al salir de la tienda hablamos los tres de lo guapo que era el dependiente, y les dije que si querían pedirle el teléfono por mi, que yo no me atrevía. Y allá fueron ellas. Pidieron su número y me lo trajeron fuera de la tienda. Conseguido, tenía el número. Y yo, tonto de mí, y por intercambiar aunque fueran dos palabras con él, me inventé la tontería de que había un número que no entendía en el papel que me entregó. “¿Éste número es un 9 ó un 4?” Esa fué la primera conversación que tuve con el nuevo episodio del amor. Aquella misma noche quedamos, dando la casualidad de que viviá al lado mia en Zaragoza. Al salir de trabajar, quedamos en un banco, en la plaza frente a la iglesia de San Antonio. Nos juntamos, era una noche fria de invierno. Comenzamos a hablar. Tonterias como siempre en la primera cita… Y a partir de ahí, volvió a surgir el amor, y ésta vez para tres años. Una historia de amor muy bonita, mucho. Pero tambien muy triste, por las continuas idas y venidas. Ahora estamos ahora no, hoy sí, mañana ¿quien sabe? Quizá sea de la que mas he aprendido, y no mientras la viví sino a posteriori. Porque no se puede tratar a la gente como lo hice yo. Porque nadie es quien para volver loco a nadie. Porque quizá con el tiempo me he dado cuenta de que lo que yo hice pasar a ésta persona yo no lo hubiera aguantado ni de coña. Relación tormentosa, enamorados hasta la médula, pero ni contigo ni sin tí. Aprendí a que las segundas partes pocas veces salen bien. Y mucho menos las terceras, cuartas, quintas, etc. De ésta relación guardo muchos recuerdos, escritos, manuscritos en libretras, libros. Fotos, recortes, dibujos, incluso camisetas. Todo guardado en su caja correspondiente. Don Diego, gracias por todo el tiempo que estuvimos juntos, y por supuesto, perdón por los malos momentos. La mas tormentosa y difícil de olvidar, aunque a día de hoy es cuando podemos sentarnos en una misma mesa y tomar una copa sin tensión. El tiempo pone todo en su sitio…

El amor ha dejado tres huellas… Tres que he contado hasta ahora… ¿La cuarta?

La cuarta es dura de contar porque aún escribo de ella de vez en cuando. Un amigo en común, conocidos de vista, un saludo en un bar un sanfermin txikito, y un comienzo hace justo ahora casi un año. Un beso en un bar, en la celebración de mi cumpleaños. Dentro de 16 días vuelvo a cumplir, no ha pasado ni un año y ya terminada. Buff… Dos personas, confundidas… El amigo de Óscar, el veterinario por un lado… Y el desconocido del barbacoa y del nicolette por el otro, que al final resulta que son la misma persona. A partir de ahí, una primera cita interrumpida por el teléfono rojo, que dió lugar a una segunda cita. Tendría que haber terminado ahí. Aunque como yo era el de Burlada, “como muy lejos, me quiero echar un novio de Burlada”, pues tuve que llegar yo para quedarme. Y a partir de entonces, casi once meses de amor y una canción inacabada. Meses, sí, nada mas. Pero los mas intensos que he vivido en mi vida. Tratando de no cometer errores hechos en el pasado, tratando de caminar dia a día sin causar daño, entregando todo sin esperar nada. Queriéndo como se, como he ido aprendiendo todos ésto años. Pero todo llega a su fín, y del fín de ésta última ya he hablado bastante. Los puntos rojos estallararon en mil pedazos, y la cuarta visita del amor a mi vida terminó dejando paso a mi singularidad. Don César, señor pintor, gracias por pintar mi vida de colores hasta ahora desconocidos para mi.

Hoy he traido una caja para cerrarla. Para cerrar el último capítulo. Por lo menos lo intentaré, quizá si están todos recogidos sea mas fácil no tropezar con ellos. De mi última visita del amor he aprendido que hay que ser valiente cuando realmente nos interesa lo que tenemos al lado. Que no tenemos que intentar cambiar a quien tenemos al lado sino vivir  juntos, respetando y siendo dos lineas paralelas que llevan el mismo camino. He aprendido a querer como no lo había hecho hasta entonces. Pero tambien he aprendido que cuando mas bonito y perfecto parece todo, mira al suelo no vaya a estar desapareciendo sin darte cuenta.

En su caja no cabe todo lo que tendría que guardar. Demasiados recuerdos, demasiadas notas, demasiado todo como para ser guardado. No hace ni dos meses que terminó. Aún no se ni como encajarlo todo para que no me encuentre puntos rojos por el camino. Pero como siempre ha sido, en unos casos mas, en otros menos: tiempo al tiempo.

 A ver si la próxima vez cupido tiene un poco mas de punteria…