Archivo mensual: enero 2010

 

Tenía 19 años.

Viajaba en un tren del que ahora mismo no recuerdo la dirección, pero sí el trayecto: Pamplona – Zaragoza. Un trayecto recorrido, memorizado, grabado a fuego en mi cerebro durante los años y años que separaban mi hogar de mi vida. El tren probablemente y dadas las circusntancias que me vienen hoy a la memoria, posiblemente fuera dirección a la ciudad del Ebro.

Las dificultades de recordarlo bien se debe a la distancia temporal transcurrida desde éste hecho. Hace unos once años que ocurrió que yo iba en ese tren. Iba sentado en uno de esos asientos de cuatro, yo solo, sin molestar a nadie, al lado de la ventana que es donde mas me gustaba sentarme. Poca gente mas viajaba en él, salvo dos chicos que viajaban al otro lado del pasillo, en otros asientos para cuatro. Justo los que quedaban de cara a los míos.

Como el trayecto me lo sabia de memoria, aprovechaba el viaje para repasar un poco mis cuadernos naranjas de Anatomia. Supongo que el examen estaría próximo y por eso andaba mirando o haciendo como que estudiaba. Tambien mientras recuerdo el cuaderno naranja, se me viene a la cabeza una imagen de rayos de sol entrando a través de la ventana del tren, y el calorcito de un día próximo al verano.

Los cuadernos de Anatomía no debieron llamarme demasiado la atención cuando mi afán cotilla me dió por tratar de escuchar que tipo de conversación podrían tener mis acompañantes al otro lado del pasillo. Cosa que no tuvo demasiado éxito debido al movimiento del tren y los sonidos própios de su transcurrir por las vías. No tuvo éxito hasta que lo tuvo, porque los sonidos del tren superaban los de las voces hasta que las voces superaron al tren.

Una discusión. Era una discusión. Pero no una cualquiera. Una discusión que hizo que mi atención en los cuadernos naranjas pasara al olvido y tratara de poner los cinco sentidos en aquella pareja de chicos. El aire acondicionado estaba demasiado alto, era de lo que se quejaba uno de los dos. Mientras, el otro chico lo calmaba y le decía que era él, que siempre era muy friolero. Mi curiosidad cada vez mayor. Recuerdo su forma de tratarse, su forma de hablarse, su forma de tranquilizarse y de reirse. No recuerdo palabras, ni muchas frases en concreto, solo el aura que rodeaba aquella conversación. Una discusión de dos personas mas que amigos, y que tanta curiosidad despertaba en mí, porque eran dos chicos.

No recuerdo en que momento ni por qué, pasé a formar parte de aquella conversación. Supongo que se me debió notar demasiado que estaba atónito escuchandoles, y pasaron a hacerme partícipes de sus opiniones. Que si fulanito ha sido siempre muy friolero, que si siempre se queja en todos los viajes… Eso me decían a mí. Mientras, reían. Yo, nervioso, avergonzado y con cosquillas en el estómago. Y  la conversación prosiguió.

Al final el tren llegó a su destino. Yo bajé, o se bajaron ellos, eso es lo de menos. Pero una frase hizo que algo comenzara a cambiar en mi vida. Uno de los dos chicos me dijo: “si alguna vez bajas a Madrid, pasate por COGAM y seguimos hablando, que organizamos muchas actividades, etc.”

Yo con mis 19 años… ¿COGAM? ¿Qué era eso? Tras averiguarlo, mis ojos empezaron a ver una nueva luz. Y mi cabeza comenzó a entender la vergüenza, el nervisismo y las cosquillas en el estómago. COGAM es una asociación de Madrid  de Gays y Lesbianas.

Ese día algo cambió en mi, y fue el principio de lo que a día de hoy soy. Una historia en un tren, pocas veces contada. Dos chicos, dos personas anónimas de las cuales no recuerdo ni un nombre ni una cara. Sólo una situación. Dos personas que solo podría agradecerles aquella conversación que tuvimos en el trayecto a mi futuro.


 

¡Que bonito es Navarra! ¡Cúanto verde tiene y que paisajes tan bellos! Pues efectivamente lo és, y mucho. Pero los navarros vivimos los efectos secundarios de tan bonita estampa como podemos. Y es que para que todo sea tan bonito y tan verde, los inviernos, anteriormente otoños y futuras primaveras, pues son como tienen que ser. ¡Como Dios manda! Bien de frío y bien de agua. Y así, tras jornadas y jornadas de una lluvia imparable, ha vuelto a llegar una nueva ola polar… Está claro que éstas ultimas las viene sufriendo toda la península, pero yo digo una cosa: ¿donde vivo yo? En Pamplona; ¿que tiempo sufro yo? El de Pamplona… ¿Y de que me puedo quejar? Pues de lo que me toca…

Así uno despierta una bonita mañana de enero, con pocas ganas de levantarse y arrastrando aún secuelas y antibióticos de mi gripe anginosa pasada. Levanta la persianica y ¡oh!, gran sol de invierno (ese que se ríe si no te lavas las legañas). Pero no… El sol es una engañufla para que salgas a la calle cuál loco sin sentido sin abrigarte. Así que hay que saber cuando ponerse el uniforme de invierno que uno ya no está para andar con catarros cada 15 días por no ponerse un gorro o por el qué dirán. Y uno sale de casa con esas pintas. Que entre la barba y lo negro, es la mejor forma de pasar inadvertido.

Y mientras camino por la calle tratando que el gorrito de lana regalo de Los Reyes Magos de Oriente, no se despegue demasiado de mis orejillas, recuerdo mi conexión “webcam” canaria, y al individuo Bearvogue diciendo “si aquí vamos en manga corta, si aquí hace 20 grados”… Maldita sea con el clima de las islas y que envidia dan ¡coño! Esa conexión canaria viene a la mente cada vez que hay que salir cada helante mañana a la calle.

Luego durante el día, parece que el frío se olvida. O mas bien es el cuerpo el que se va aclimantado a las temperaturas bajas. Entonces es cuando vas y la cagas. Porque a mediodía, te envalentonas. Ves que el sol calienta un poquito mas, o por lo menos luce mas alto (lógico). Érras al fiarte de lo que pueda o no llevar la gente por la calle y la cagas decideiendo cambiar tu gorrito de lana gordito, por tu gorrita fashion, que la calva te la tapa, pero las orejillas van a la intemperie.

 

 

Sales a las calles con éstas pintas, la calvica tapada, con el mismo pañuelico, pero ahí está el fallo. Orejillas vistas. De lo que no te acuerdas cuando sales, es que llegarás a casa cuando el sol ya no brille, y el reloj marque una temperatura de -2ºC. Con todo ésto, llegas a las ocho y media de la noche a tu casita, con la cabeza caliente, el cuello protegido, el cuerpito abrigado… ¡Y las orejas para hacerte 7 millones de piercings, que no te enteras de ni uno!

Y al llegar, pienso… Que bonito es Navarra, que verde, que campos que todo… Pero que agusto me iba a las Canarias a ponerme en manga corta ahora mismo. ¡Bearvogue, que voy!


 

Fama 3 ha terminado y ya tiene ganador: Jonathan Anzalone, el niño italiano.

Por supuesto la cosa viene con polémica. Y es que el chico no ha pasado desapercibido por el programa, ya que es tipo fenómeno Belén Esteban, o te cae muy bien o te cae muy mal. Eso es lo que ha debido pasar. A mi, sinceramente, el chico, no me cae mal. De todo tiene que haber en la viña del señor. Hay unos que no pueden ni mirarse al espejo y el muchacho “se pone ” a sí mismo haciéndolo. Es lo que hay. Además ha sido autor de muchísimos videos del programa con los que  me he partido de reír. Eso se agradece después de ver telediarios, y sus múltiples desgracias. Un showman en todo su esplendor, guapo, con un cuerpazo esculpido cual estatua romana, y hablando iltaliano.

¿Qué mas se puede pedir?

Pues ahí va lo que se puede pedir. Dejemos a un lado que el muchacho me caiga bien para valorar su paso por Fama 3. Nadie niega que sea un Bboy estupendo, que haga cosas con las piernas que pocos o ninguno hacían dentro. Presencia en el escenario le sobra. Y la cámara lo quiere. Pero sinceramente, bailarín completo, pues no lo és. Y no solo no és el mejor bailarín que hay, o había ahí dentro. Su carácter muchísimas veces le ha pasado malas jugadas, las cuáles, de no haber sido él el autor de las mismas, hubieran sido motivo de expulsión inmediata, o de nominación automática. Pero a él, no se lo han hecho. ¿Por qué? Ha faltado al respeto a muchos de los profesores dentro de la escuela y ha dicho barbaridades del programa.  Y por ser él, no ha pasado nada.  Un programa que le ha dado de comer durante cinco meses y ahora le mantendrá con una beca de 30.000 euros en Los Angeles. Un programa que lo ha llevado de la manita a las puestas de una agencia de representación de artistas en Londres, y a rodar un anuncio en dicho país. El niño mimado de Fama ha ganado el programa gracias al público, que por supuesto, y se respeta, es el que lo ha elegido. Pero ha sido la escuela la que lo ha llevado hasta la final. Ellos han sido los que han hecho la vista gorda ante comportamientos que en otros fueron castigados, como las nominaciones automáticas de Kiko y Susana en ediciones pasadas. Han pensado, “pobre chico, que carácter tiene” y ahora miro para otro lado y no veo lo que sigue haciendo.

Bailar, baila. Eso sin duda. Show da, innegable. Pero ganar, tengo muchos candidatos a ganar antes de que se llevara el premio él: Lourdes, Albert, Yaima, Javier, Keko, Sandra, Yohara, Juan… ¿Sigo?

Jonathan se une a los ganadores de ediciones anteriores. Se juntaron en la gala Final: Vicky Gomez de Fama 1, Sergi Orduña de Fama 2 y un desconocido para mi hasta la final, Alexis Ortega de Fama School. La coreografía resultante, impresionante. Los bailarines, ganadores absolutos.

¿Y Jonathan? Para gustos… Un botón.


 

 

” Limpiate las legañas, que si no el sol se reirá en/de tu cara”

 

Autor: Ricitos de Oro

Dicho Popular. No da lugar a mas comentarios.


 

 

Un completo para hoy. Se puede tomar de muchas maneras: sexualmente, culinariamente, etc. Mi completo es diferente y ha ido progresando en el transcurso de horas… Y él mismo es la causa de mi desconexión involuntaria durante tanto tiempo de mis queridos renglones.

Mi completo empezó con un simple malestar general, al que se le fue uniendo dolores varios de articulaciones, cuello, espalda, rodilla y por supuesto y sin faltar la cabeza. Lo extraño de todo era que no se aliviaban con mi habitual Ibuprofeno. Bueno, podría deberse al estrés y esfuerzo físico de una jornada agotadora laboralmente. Pero no fue así. Posteriormente a la no desaparición de los dolores, empezaron los calores. Y precisamente no de los buenos que emanan de la fábrica de calores, sino de los que te hacen tener calor y a la vez sentir escalofríos por todo el cuerpo. Sumados calor y dolor, Celso se acerca. Y esa noche empezó a dormir conmigo. Bueno si a dormir se le puede llamar despertarse cada hora intentando huir de dinosauiros que sólo me atacaban e importaban a mi, mientras que mis acompañantes en el sueño ni se inmutaban.

Cuando se hizo la mañana, empecé a sentir el tumor (NO, ¡tranquilos!, NO ES TUMOR COMO TAL, sino como sinónimo de inflamación, NO quiero alarmar a nadie). Y lo noté con lo meramente sencillo que es tragar saliva. Glups… ¡Como duele!  Ahí estaba el tercer signo, mis anginas pujaban por a ver cuál de las dos era mas grande y fuera capaz de abarcar mas espacio dentro de mi garganta sin matar a mi pobre campanilla. Después de ésto, ya solo me quedaba el rubor, que fue confirmado a simple vista mirando en el espejo.

Estaba claro, mi cuerpillo luchando contra una gripe y mis anginas tratando de evitar que el virus llevara mas abajo de lo debido. Han hecho su trabajo bien ya que el virus ha sido mas o menos controlado. Pero las pobre están aún que ni campanilla aún se siente vigilada cual David con sus Goliats respectivos a cada lado. La cabeza aún duele, y lo más interesante de todo… ¡MIS MORRERAS HAN VUELTO! Y mejor que una, ¡dos!

Al ataque: Ibuprofeno + Amoxicilina + Zovirax crema.

Conclusión: guapísimo… Estoy guapísimo… Palidez cadavérica, anginas ruborizadas, morreras a las doce y a las tres en mis labios, sin afeitar, desgreñado y debilucho… ¿Alguien da algo por mí?

¡Yo quiero un novio! ¡Yo quiero un novio que me lleve a la bahía, que me diga vida mía y que me quite éste caló! Ay que caló, que caló que tengo…

¿Calor? ¡Toma antibiótico!


 
 
Espero que haya alguien que cuíde de mi cuando muera, cuando me vaya.

Espero que haya alguien que libere mi corazón, que le guste sostenerlo cuando esté cansado. 

Hay un fantasma en el horizonte cuando me voy a la cama. ¿Cómo podré dormir al llegar la noche? ¿Cómo descansará mi cabeza?

Tengo miedo del lugar que está justo entre la luz y ninguna parte. No quiero ser el elegido, allí abandonado, allí abandonado.

Hay un hombre en el horizonte que desea que me acueste. Si sucumbo a sus pies esta noche permitirá que descanse mi cabeza. 

Así que hay una esperanza de que no me caiga o quede paralizado por la luz

Y como un regalo enviado por Dios no iré a esa línea, al horizonte.  

Espero que haya alguien que cuide de mí cuando yo muera, cuando yo parta. 

Espero que haya alguien que libere mi corazón y que me abrace cuando esté cansado…

 

Pocas cosas se pueden decir después de una canción tan impresionante. Recientemente leí una entrada en la que alguien cercano a mi recordaba a su padre, ausente en su vida, omnipresente en su corazón. ¿Quién no tiene miedo a la muerte? ¿Quién no ha pensado que en cuestión de segundos puede cambiar tu vida radicalmente? Yo lo hago, aunque sea torturarse a base de pensamientos inadecuados. Muchas veces me voy a la cama y pienso que algo puede pasar que haga que no vuelva a oir la voz de un ser querido, ni a sentir su olor, ni el tacto de su pelo. Muchas veces también pienso en todo lo que diría a tantísima gente si supiera que no voy a volver a hablar. Incluso ahora mismo tengo miedo de escribir éstas líneas porque lo que a veces mostramos que nos inquieta, nos hace mas débiles. Aunque la muerte al fin y cabo hace débil a cualquiera.

Antony and the Jhonsons, Hope there’s someone. Una canción que llevo en la cabeza desde hace mucho tiempo, pero un nuevo escrito que a pesar de lo poco original que hay en él, sin contar la traducción de la letra, guarda mas en sus espacios en blanco que en las letras que se leen.

 


 

 

” Es como un pokémon, pequeñito y marica”

 

Autor: Individuo Las Vegas

Lugar: C. C. Itaroa

¿Por qué?: A ratos el hombrico está inspirado, y ve duendecillos pequeños que le recuerdan

pues por ejemplo a un pokémon.