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El Renglón Torcido

Siempre mariposas…

¿Cuando vuelvo a escribir? ¿Sirve contar que hoy me voy a la exposición del Sr. Pintor o después de todo lo escrito en el blog, eso no tiene transcendencia? ¿Pero como no va a tener trasncendencia si es de lo que trata ahora mi vida? ¿Y por qué no contar que hoy comemos con la familia, porque ayer fue el cumpleaños de mi padre y justo ese mismo día comienza su etapa de jubilado? ¿O ésto último no le va a importar a nadie y no tengo que escribirlo? ¿O bueno, por que no contar que me río con la gente que me encuentro nueva en mis días, con las charlas de ayer en la Taska de Picasso con cuatro personas que tenía muchas cosas que compartir? ¿Pero eso es tan importante como para contarlo?

Así anda mi cabeza ahora, ¿escribo lo que me pasa o no lo escribo?

Y después de un rato pensando y debatiendo con mi propia persona, eso que tanto me gusta, pues decido que algo tengo que contar. Porque si allá por 2009 me servía contar y escribir una simple frase que me había hecho gracia en todo el día, y no le daba tantas vueltas a la hora de compartirla, ¿por qué lo hago ahora?

¿Me habré vuelto pudorosos? ¿O vago? ¿O vergonzoso?

¡Que se yo!

Creo que no debo de pensar tanto. Creo que cuando algo me pase en el día que sea digno de contar, debo volver a mi origen y escribir. Creo que si hoy me hizo feliz ver sonreír al Sr. Pintor porque se ve en el Diario de Noticias, promocionando su exposición, tengo que escribirlo. Y que si mi padre es feliz porque después de toda su vida trabajando, por fin puede descansar tranquilo, tambien debo contarlo.

¿Y que mas cosas? Pues todo lo que mi rutina por el camino de baldosas amarillas me traiga… Todo lo que me encuentre o me deje de encontrar. Todo lo que en un momento del día deje huella en mi desmemoriado cerebro.

No hay que darle tantas vueltas a qué contar o dejar de contar. Sólo hay que sentarse y escribir.

Sentarse y escribir.

Respirar.

Y dejar fluir.

 


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Te pones a pensar y de repente algo surge en tu interior. Se conectan neurona tras neurona y producen movimientos voluntarios que involuntariamente producen acciones.

Sensaciones.

Actos conscientes desde el inconsciente.

Y así nace un renglón, una flor, ¿que se yo?

El amor…

Una idea, una mancha.

Poseía entre tantas.

Entre lágrimas, y aleteos.

Mariposas siempre al vuelo.

Una línea bien formada, un pensamiento a través de palabras. A través de formas, dibujos, colores y cartones. Formados a través de sentimientos propios, desde el interior. Desde donde algo se mueve con el respiar de los segundos juntos. Desde donde nace la nostalgia, la inquietud y la inseguridad de si la próxima hoja se quedará en blanco.

Mientras, ando perdido entre escombros. Retazos de lo que te rodea, ruinas de lo que construye tu cabeza pero tus manos no pueden expresar.

Y un día descubres que la blancura de la hoja dejará paso a bellos trazos. Que algo comienza a moverse dentro de tí y busca una forma de encontrar su camino. Que se mueve una mano o late un corazón. O respira una emoción. Y surge la idea. Tu idea, formada en el fluir de los sentidos.

Ahí está. Se plasma, la ves tomar forma. Crece ante tí. Mediante líneas, a través de palabras. Formando melodías únicas que muchas veces sólo la propia persona entiende. Al fin y al cabo es tu música. Muchas veces la que canta tu corazón cuado a sólas por la noche se deja escuchar.

Mi melodía a través de mis dedos. Su melodía a través de sus manos.

Nuestras ideas. Nuestro corazón.

Y mis sentidos puestos desde dentro.

Cuesta mucho llegar a llenar una hoja en blanco. Sentado delante, con las manos deseando transmitir, y muchas veces nada. Cuesta poner un color, tal vez dos. Un recorte o quizá no. Cuesta empezar un escrito, sacar lo que dictan tus sentidos.

Pero cuando algo manda en tu interior, cuando la cabeza y el corazón deciden, la hoja deja de estar en blanco.

Cuesta empezar, cuesta ser original. Ser individual, no ser un ladrón de ideas. 

Porque mi individualidad hace que mis palabras no pueda decirlas nadie mas.


El Renglón Torcido

Una hoja, un pincel… y mientras tanto

 

Cuando el silencio se transforma en el latir de dos corazones, alternando o al unísono.

Juntos o separados.

Cuando las palabras, que saldrían a través de nuestros labios,

pueden ser palabras enmudecidas pronunciadas simplemente con una sola mirada.

Entonces no hace falta mas que la certeza de la sabiduría.

El descanso del alma.

La paz que conlleva el conocer lo que tienes a tu lado.

Y valorarlo como siempre lo hacemos.

Cuidarlo, conservarlo.

Sentirlo.

Y mientras tanto nuestras vidas se solapan formando sólo una en la que hay dos actores viviendo y pintando batallas a nuestro gusto y como los dos sabemos. Unas veces es uno el que tira, otras es el otro el que pinta.

Juntos desde que quisimos, juntos desde que pudimos.

Y con esa vida, juntos seguimos.

Hoy vivo con la tranquilidad de lo ganado con el paso de los dias, meses y ya años.

Seguro de los pasos dados, firme con los que doy e ilusionado y tal vez soñador con los que puedan llegar.

Veo marcos sin llenar, veo hojas por pintar.

Hojas por escribir.

Y caminos por recorrer.

Historias por contar, escritas en mi memoria. Momentos vividos, juntos, imborrables. Paredes de alabastro que muestras siluetas a la luz de la noche cerrada bajo nuestras estrellas. Rincones de paz a los que hemos accedido, juntos. Tu y yo.

Nuestros rincones de fuga.

Nuestra paz buscada. Lejos de miradas. Lejos de todo.

¿Cerca de nada?

No, cerca de nuestra alma.

Veo pinceles por usar y renglones por hacer.

Una vida que vivir como tu y yo sabemos hacerlo para así poder llegar algún día, recorriendo mi camino de baldosas amarillas, a nuestra ciudad de las esmeraldas.

Una esmeralda en mitad del camino es una señal de que seguimos caminando.

Una certeza de que los pasos que estamos dando nos llevarán a donde siempre hemos querido.

Sr. Pintor, ésto es para tí.

Porque tu decoras mi vida y cuidas mi corazón, haciendo que sonría y sienta mas fuerte cuando en cada momento del día me acuerdo de ti.

Te quiero, es así.

 


El Renglón Torcido

Nuestro pequeñin

No es el Don Quijote de la Mancha ni lo pretendo. Ni muchísimo menos es tan extenso.

Simplemente son veinte, ni mas ni menos. Aunque quizá en éste caso sobre la palabra simplemente, porque lo que dentro hay de simple no tiene nada.

Muchas tardes a solas con mis pensamientos. Muchas horas no dedicadas a los demás, para dedicarmelas a mi. Mucho tiempo conmigo restando de los que tengo alrededor. Restando a todos.

Y mientras tanto, mirando una obra perfecta de pintura, para sacar lo que se escondía detrás de toda esa oscuridad.

¿Cómo hilamos una historia sin volvernos locos?

Pues con paciencia, con mucha paciencia, y sin soltar el hilo conductor de toda ella. Lo que de verdad une a cada uno de los cuadros.

En efecto, el libro no es sólamente fruto de mis pensamientos. Sino que esos pensamientos son compañeros inseparables de imágenes creadas por el Sr. Pintor. Creadas hace tiempo en soledad, creadas después de tiempo quizá cuando volvímos a acompañarnos y mas tardes, por supuesto creadas de nuevo juntos.

Y esa es la historia que se cuenta. Relatos acompañadas de bonitos cuadros, retales de alma que se dispersan en papel.

Ese alma está ahora escrito. Y está entre mis manos.

Es una transducción: “es la transformación de la rabia en luz”.

Y por supuesto, el que lo quiera, que no dude en pedirlo.

Sigo caminando.


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Alejado de los escritos, de mis renglones. Perdido en otros, quizá mas oscuros, mas tenebrosos. En su origen mas dolorosos pero ahora simplemente un hecho del pasado.

Vuelve el calor y pauso mis otras tareas para recuperar mi lugar perdido. Ese al que siempre regresaré, antes o después. Pero nunca marcharme sin decir nada.

Muchas historias en el tintero, tal vez demasiadas para enumerarlas una a una. Aunque imposible pasarlas por alto y dejarlas en el olvido.

Caminaré a través de ellas casi de puntillas pero así, cuando decida releer mis pensamientos torcidos, pueda recordarlos.

Mi camino de baldosas amarillas me ha llevado a recuperar sobremesas largas y felices junto a quienes han compartido mi vida en la ciudad del Ebro. Como los que se ven todos los dias, como quienes se cuentan las penas a la hora que se necesite. Como si la distancia que nos separa no fuera. No hubiera. Los amigos son aquellos que te reciben, te quieren, te gritan, te aconsejan y no te dicen lo que quieres ni necesitas oír, sino lo que tienen que decir en cada momento. Yo me he dado cuenta que los sigo teniendo, a distancia, pero están. Zaragoza, sois grandes.

Esa misma ciudad, en la que en una noche especial conocí también a alguien grande. Y en su grandeza, un abrazo sincero e intenso y una sonrisa que iluminaba la oscuridad de aquel teatro. Sencilla, maravillosa y cercana. Especial, con ángel y una belleza serena. Abrazos pintorescos, risas con sabor a carnicero que pinta cuadros en francés. Y un trozo de atún rojo a la plancha en su recuerdo. Genuina. Gracias Verónica, espero repetirlo.

La primavera nos envuelve, el sol nos calienta. Hoy en especial, nos guarda desde las alturas y hace que mi camino amarillento hoy brille especialmente. Y lo hace, porque anoche mientras cenaba con mi Sr. Pintor nos dimos cuenta de una cosa.

Muchas veces nos dicen que “cuanto lo vas a hacer sufrir, pobrecito” o ” lo mal que lo va a pasar”. Opiniones a veces a modo de guasa, seguro que la mayoría de ellas en mitad de una conversación chistosa y sin querer ir mas allá. Pero que vienen bien porque surgen en mitad de una conversación en medio de una cena que da lugar a que podamos reflexionar sobre ello.

Nosotros, el y yo, por suerte o por desgracia, hemos estado separados. Y gracias a eso, hoy puedo decir que cualquier sufrimiento que podamos vivir estando juntos no es en absoluto comparable al sufrimiento por estar separados.

Moñas, sí, mucho. Sincero más. Es así.

Mis caminos están llenos de puntos rojos. De historias paralelas que contar y de multitud de planes por hacer. Comienza una etapa fascinante y espero no perderme en mi mundo para poder llegar a torcerme en mis renglones.

Besos de vuelta. Y perdón por la ausencia.


Silencio

 

 

Que se te caiga un cuadro que tienes colgado de la pared, en mitad de la noche (o madrugada), y de repente abrir los ojos y ver que son las 5:50h, pues crea un cierto desasosiego en el cuerpo, que evita que vuelvas a dormir placidamente hasta que suene tu despertador.

Y es que uno es un poco supersticioso, por no decir maniático y presunto candidato a padecer un TOC de mayor (trasntorno obsesivo compulsivo). Y que pasen éstas cosas, pues un menda empieza a achacarlas a explicaciones varias que sólo pueden aparecer en un cerebro transtornadamente torcido como el mío.

No es un cuadro cualquiera, es un cuadro que el Sr. Pintor me regaló por navidades. Un silencio, un punto rojo y un gato. Un cuadro especial, que después de llevar mucho tiempo apoyado encima de la cajonera de mi habitación, pasó a formar parte de la colección de colgados de mi casa. Un cuadro que cada noche cuando me acuesto en mi cama me observa desde las alturas. Este es el primer punto del acojone mañanero: vamos, que no es una lámina de un bebe de esos que les hacen fotos, no. Es un cuadro especial.

Punto dos, las 5:50h. ¿Y por qué esa hora? Pues porque desde hace un tiempo a ésta parte, de vez en cuando, por no decir habitualmente, duermo con una personilla pintora, que a las 5:50h. de la mañana, le suena su despertador para empezar su jornada de trabajo. Y de aquí el siguiente punto de acojone de la historia.

Pues además, le juntamos que hoy he dormido sólo en mi casa… ¡Para hacer una peli de Poltergeist de eso! Hoy he dormido solo, no sonaría un despertador a las 5:50 horas. En lugar de despertarme a mi hora habitual, lo hago sobresaltado por un ruido tremendo en mitad de la oscuridad, que no sabía si se me estaba cayendo el techo encima o si habia entrado alguien por el balcón a darme los buenos días. Acojonado hasta que enciendes la luz y ves que el cuadro ya no está en su sitio. Y respiras aliviado. ¡Ah, es sólo el cuadro!

Aliviado, hasta que miro el reloj, para volverme a dormir. ¡Las 5:50h. ! Coño… Justo la hora en la que el Sr. Pintor se estará levantando en su casa para ir a trabajar. Uy uy uy… Que coincidencias y que mal rollo. ¿Será alguna señal que se caiga su cuadro a la misma hora que se levanta? Ay madre que desasosiego interno que me llevo.

En esos momentos mi cabeza empieza a maquinar. ¿Le habrá pasado algo? ¿Le llamo? ¿Le mando un mensaje? Ainss que sinvivir. Hasta que me cabeza mas lógica se acuerda que el clavo donde estaba colgado no estaba demasiado bien sujeto, y eso explica que fuera al suelo. ¿Pero y lo de la hora?

Mira, yo no se si son coincidencias o no, pero la verdad que un ratico acojonado ya he pasado.

Adiós, buenos días.


Ducha

 

Muchas veces no hace falta un lugar maravilloso para que suceda algo perfecto. No es necesario un marco incomparable para que un determinado momento se convierta en algo bonito y no te lo puedas quitar de la cabeza. Quizás a veces pecamos de perfeccionistas tratando de buscar marcos incomparables para llegar a decir algo bonito, o sin mas para que ese marco pase a nuestro archivo de momentos perfectos. Y de repente sucede algo en el lugar mas inesperado que hace que te des cuenta que la dichosa búsqueda del marco incomparable a priori queda en un segundo plano.

¿Por que buscar, si lo mas bonito puede pasar a la vuelta de la esquina?

No es necesario adornos, decoraciones ni aspavientos. No son necesarias preparaciones, ni esperas. Sólo sucede de repente y ya está. Se alían los sentidos, el agua, la música, y los momentos. Y con una perfecta alianza surge algo precioso que no logras quitar de la cabeza. Ni lo logras ni quieres.

Sólo es necesario un cuarto de baño, un día de mucho calor, y una ducha reconfortante tras el mismo. Sólo es necesario que mientras sucede ésta ducha suene de fondo una música que has elegido porque te gusta en el iPhone. Sólo es necesario que después de esa ducha cuando te dispones a salir de la misma no llegues a la toalla. Sólo es necesario que en ese mismo momento, alguien que pinta sus horas a tu lado, pase por la puerta y se de cuenta que no tienes la toalla.

Sólo es necesario. Sólo, sin hablar. Nada más. Las miradas se cruzan como muchas otras veces durante el día, mientras la música llena el baño. Pero en ese momento las miradas no se apartan. Se mantienen. Unidas, sin apartarse la una de la otra. Azul verdoso frente a marrón.  Durante un tiempo, no se cuanto. Ni lo sé ni me importa. Tiempo, simplemente tiempo. Juntos. Los dos sólos, en el baño, sin nada más que una gran voz cantando el momento.  Y como no, surgen las sonrisas. Sonrisas que ponen el punto final, un punto rojo, perfecto.

Nada mas. Un instante, diez segundos, quizá menos, o quizá mas. Pero son diez segundos grabados en mi memoria, con su banda sonora incluída. A veces la vida te sorprende y te hace vivir situaciones que hace que las mariposas vuelvan a revolotear por toda la estancia.

Y que siga sorprendiendo por muchos años.