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El Renglón Torcido

Creo que no debería hacerme nunca famoso.

Lo creo a pies juntillas.

Evidentemente tengo mis razón que para asegurar la afirmación que acabo de escribir, y hoy la voy a compartir con aquellos que tengáis el gusto de leer estas líneas.

Si me hiciera famoso, sería carne de prensa rosa, de programas de cotilleo, de realitys de esos que ahora gustan tanto. Estaría todo el día de acá para allá dando por saco en la televisión hasta que todo el mundo terminara odiándome. O bueno, quizá con un poco de suerte, en lugar de odiarme todo el mundo, terminaría queriéndome como a la Belén Esteban.

¿Quizá sea el nuevo principito del pueblo?

¡Y es que me he dado cuenta que lo largo todo!

Hace justo ahora una semana que la exposición del Sr. Pintor se inauguró y por suerte (y tambien por supuesto, por que nos movimos para ello) aparecieron por allí una serie de periodistas a hacer preguntas, la televisión, etc. Una de las periodistas, de Diario de Navarra, concretamente, disfrutó de la exposición así como nosotros de su compañia. Y mientras el Sr. Pintor atendía creo que a la televisión, yo me dediqué a hablar con la periodista para que no se le hiciera larga la espera.

Pobre mujer, no sabía lo que se le venía encima. ¡Tremenda chapa la que le dí! No es que le contara la obra del pintor, sino que le conté la obra, milagros, hechos y desechos, anécdotas, contratiempos, destiempos y tiempos. Lo puesto, lo dejado, lo de más allá y lo de más acá; la talla de pantalón, el portal donde vivimos, el color del sofá y hasta que me gusta para comer casi.

Horroroso.

Yo no parando de hablar mas que para respirar y no morir en el intento. Ella venga que te venga a escribir en un pedazo cuaderno que no hacía mas que llenar de una letra practicamente indescifrable. A veces cuando contaba anécdotas tontorronas que se me ocurrían relacionadas con algún cuadro, veía que seguía escribiendo. Yo le preguntaba si eso que le acababa de contar lo iba a publicar. Ella me decía que tal vez. Yo le decía que eso no lo contara. Ella se reía. Yo me ponía rojo del calor que tenía.

Así sucedió.

Una incontinencia verbal, un montón de cosas dichas y ella sin parar de escribir. 

Una situación desbordada. Compareciendo ante la prensa, hubiera estado mejor mas calladito o mas comedido. Pero que se le va a hacer. Al final terminas hablando con todo el mundo, contando las historias que han llevado a que esos cuadros estén colgados como están, y a que ese altar tenga un significado mas allá de lo bonito que pueda resultar lo que halla encima.

Después de nuestra charla, y cuando el protagonista ya se quedó libre, yo me liberé de la presión de dejar de contar historias.

Historias que son reales, que son del día a día de acompañar al artista mientras crea sus obras. De opinar, de saber lo que en ese momento le está pasando por la cabeza o por sus manos. De por qué ha usado un color o ha dejado de usarlo. O de dónde se encontró esa caja que ahora forma parte de ese altar, o de donde están usados los papeles quemados que cogió de una pared de Roma y ahora formando parte de un cuadro.

Sus historias, las que yo conté a la periodista.

Mejor compartirlo que no guardarlo.

¿No?


El Renglón Torcido

Nuestro pequeñin

No es el Don Quijote de la Mancha ni lo pretendo. Ni muchísimo menos es tan extenso.

Simplemente son veinte, ni mas ni menos. Aunque quizá en éste caso sobre la palabra simplemente, porque lo que dentro hay de simple no tiene nada.

Muchas tardes a solas con mis pensamientos. Muchas horas no dedicadas a los demás, para dedicarmelas a mi. Mucho tiempo conmigo restando de los que tengo alrededor. Restando a todos.

Y mientras tanto, mirando una obra perfecta de pintura, para sacar lo que se escondía detrás de toda esa oscuridad.

¿Cómo hilamos una historia sin volvernos locos?

Pues con paciencia, con mucha paciencia, y sin soltar el hilo conductor de toda ella. Lo que de verdad une a cada uno de los cuadros.

En efecto, el libro no es sólamente fruto de mis pensamientos. Sino que esos pensamientos son compañeros inseparables de imágenes creadas por el Sr. Pintor. Creadas hace tiempo en soledad, creadas después de tiempo quizá cuando volvímos a acompañarnos y mas tardes, por supuesto creadas de nuevo juntos.

Y esa es la historia que se cuenta. Relatos acompañadas de bonitos cuadros, retales de alma que se dispersan en papel.

Ese alma está ahora escrito. Y está entre mis manos.

Es una transducción: “es la transformación de la rabia en luz”.

Y por supuesto, el que lo quiera, que no dude en pedirlo.

Sigo caminando.


Silencio

 

 

Que se te caiga un cuadro que tienes colgado de la pared, en mitad de la noche (o madrugada), y de repente abrir los ojos y ver que son las 5:50h, pues crea un cierto desasosiego en el cuerpo, que evita que vuelvas a dormir placidamente hasta que suene tu despertador.

Y es que uno es un poco supersticioso, por no decir maniático y presunto candidato a padecer un TOC de mayor (trasntorno obsesivo compulsivo). Y que pasen éstas cosas, pues un menda empieza a achacarlas a explicaciones varias que sólo pueden aparecer en un cerebro transtornadamente torcido como el mío.

No es un cuadro cualquiera, es un cuadro que el Sr. Pintor me regaló por navidades. Un silencio, un punto rojo y un gato. Un cuadro especial, que después de llevar mucho tiempo apoyado encima de la cajonera de mi habitación, pasó a formar parte de la colección de colgados de mi casa. Un cuadro que cada noche cuando me acuesto en mi cama me observa desde las alturas. Este es el primer punto del acojone mañanero: vamos, que no es una lámina de un bebe de esos que les hacen fotos, no. Es un cuadro especial.

Punto dos, las 5:50h. ¿Y por qué esa hora? Pues porque desde hace un tiempo a ésta parte, de vez en cuando, por no decir habitualmente, duermo con una personilla pintora, que a las 5:50h. de la mañana, le suena su despertador para empezar su jornada de trabajo. Y de aquí el siguiente punto de acojone de la historia.

Pues además, le juntamos que hoy he dormido sólo en mi casa… ¡Para hacer una peli de Poltergeist de eso! Hoy he dormido solo, no sonaría un despertador a las 5:50 horas. En lugar de despertarme a mi hora habitual, lo hago sobresaltado por un ruido tremendo en mitad de la oscuridad, que no sabía si se me estaba cayendo el techo encima o si habia entrado alguien por el balcón a darme los buenos días. Acojonado hasta que enciendes la luz y ves que el cuadro ya no está en su sitio. Y respiras aliviado. ¡Ah, es sólo el cuadro!

Aliviado, hasta que miro el reloj, para volverme a dormir. ¡Las 5:50h. ! Coño… Justo la hora en la que el Sr. Pintor se estará levantando en su casa para ir a trabajar. Uy uy uy… Que coincidencias y que mal rollo. ¿Será alguna señal que se caiga su cuadro a la misma hora que se levanta? Ay madre que desasosiego interno que me llevo.

En esos momentos mi cabeza empieza a maquinar. ¿Le habrá pasado algo? ¿Le llamo? ¿Le mando un mensaje? Ainss que sinvivir. Hasta que me cabeza mas lógica se acuerda que el clavo donde estaba colgado no estaba demasiado bien sujeto, y eso explica que fuera al suelo. ¿Pero y lo de la hora?

Mira, yo no se si son coincidencias o no, pero la verdad que un ratico acojonado ya he pasado.

Adiós, buenos días.


 

 

Dudu

 

CESAR SANCHO

PROXIMA EXPOSICIÓN:

PAMPLONA, PZA. SAN NICOLAS

11 DE JUNIO DE 2011

“EL BARRIO DE LOS ARTISTAS”

De 10 de la mañana a 8 de la tarde

http://cesarsanchoprieto.wordpress.com/2011/05/30/dudu-564/


César Sancho

 

“Estoy plantando un árbol

Y lo llamaré:

Silencio.

Si lo veo crecer, lo llamaré

En Silencio.

Cuando coja sus hojas con mis manos,

Le diré:

Hola Silencio.

Si se le cae una hoja,

la guardaré en mi caja de sonrisas,

para que no esté triste.

Cuando le salga una nueva,

la miraré y guardaremos;

Nuestro silencio.

Quiero que tú;

Silencio.

Éches raices en mi vida,

y si estoy triste o alegre,

me dejes abrazarte, para sentir;

Tu Silencio.

Quiero ser un fruto de tus flores,

que para mí, será tu corazón,

y sentirlo con el mío,

solos Tú y Yo;

En Silencio.

Cada día te regaré con mi vida,

para que tú;

Silencio,

no te seintas sólo.

Y si no estoy,

Recuerda,

que te planté, te abracé

cogí tus hojas y las guardé…

Y sobre todo;

Silencio…”

C.S.


césar sancho

Óleo sobre cartón, 65x90cm. Autor: César Sancho

 

“Dos amantes pillados en su momento.

Un abrazo, su intimidad.

Miran, nos miran y demuestran su amor.

Uno rojo, otro no.

Abrazados, con una caricia en su cara.

Juntos con una mano en su piel.

Dos.

Queriéndo ser uno.

Una imagen, un respeto y juntos.

Tranquilidad.

No hay te quieros, no hacen falta.

Sus ojos no engañan.

Sus grandes ojos.

Uno diciendo te quiero con ellos, el otro con todo el cuerpo.

Amantes incondicionales.

Atemporales.

Acorpóreos.

Solo amantes.

Se quieren, lo demuestran.

¿Los ves?”

 

No, no os habéis equivocado de blog. Estás en el Renglón Torcido, no en el otro al que se me fugan las ideas de vez en cuando. Ese que enlazo aquí en alguna ocación y que comparto mi tiempo con él. Pero bueno, de vez en cuando, y como dije hace poco, no viene mal cambiar las costumbres y compartir algo bello con todo el mundo desde aquí, desde mis renglones.

Y es que tengo un nuevo cuadro en mi casa, mi Abrazo Rojo. ¿Y por qué eso título? Por que es lo que ví en él el primer día que mis ojos se posaron en él. Esa leyenda urbana que se suele oir de que los artistas son a veces demasiado exigentes con su obra, pues en éste caso se cumplió. Y yo salí a su rescate. Cuando no ve nada en él, cuando no trasnmite nada, cuando no dice nada mas que las líneas que están marcadas a óleo en el lienzo. Cuando no hay nada, lo rescato. Cuando se hace pequeño, lo agrando viendo el abrazo mas grande, mas bonito y mas rojo del mundo.

Tras mi insistencia del indulto, mis adulaciones, y mi insistencia de que decía mas de lo que los demás podían llegar a ver Mi abrazo rojo ha llegado a decorar las paredes de mi casa. Después claro, de la insistencia y del pequeño enchufe que tengo con aquí el Sr. Pintor.

Me vine a mi casita, observándolo. Y ahora vivo intentando buscarle un lugar perfecto entre mis cuatro paredes. Seguro que encuentro el lugar idóneo, no lo dudo. De todas formas y antes de colocarlo en su lugar definitivo, buscaré la aprobación del autor por si acaso no le gusta el nuevo entorno.

Muchas veces miramos obras, cuadros, fotografías, etc. que no nos llaman la atención. Esas que miras una vez y cuando en el minuto siguiente tu atención recáe sobre cualquier otra cosa, pasan a la historia. Sin embargo hay escenas que no se olvidan, por su color, por su significado, por su todo; porque conecta con algo que llevas dentro. Por cualquier razón. Lo importante es que conectó, y aquí lo traigo para compartirlo.


 

Muchas veces he pensado en dejar de escribir. Por falta de ideas, pensando que las historias que cuénto muchas veces no van a interesar a nadie. O sin más por el trabajo que hay que dedicar a mantener un blog en activo. Son esos días en los que no te encuentras con ánimo para hacer nada y en lo único que piensas es en tirar la toalla. ¡Cuántas veces he pensado en poner el título FIN a mis renglones torcidos!

Pero después de esos días en los que quieres acabar con todo, notas que algo está creciendo en tu interior. Y eso que crece es una nueva idea, o un nuevo sentimiento que plasmar en letras. Entonces es cuando vuelvo al ordenador, y vuelvo a los orígenes de por qué empezó todo ésto que hoy podéis/podemos leer.

¿Por qué?

Mis renglones torcidos son mi válvula de escape. La forma de liberar de pensamientos mi cabeza. Una vez que están escritos es como si ya no ocuparan parte de mis neuronas. Es mi forma de decir muchas cosas que no me atrevo a decir a la cara. Me comunico con el mundo así como conmigo mismo. Me leo. Leo mis paranoias para tratar de entenderlas mejor. Me ayuda a mi cabeza, y gracias a él, el camino de baldosas amarillas es mas bonito.

Y ese fué el origen. Y ahí es donde vuelvo cada vez.

Hoy miro el escritorio de mi blog, que es donde aparecen todas las entradas que escribo, los comentarios, etc. y veo que he superado las 51.000 visitas. Madre mia. Y se dicen pronto. ¿51.000? Y me pregunto  yo que es lo que tiene de especial o no lo que puedo llegar a contar. Francamente, no lo se.

Escribo con el corazón, la mayoria de las veces con él. Muchas otras veces vale mas mi corazón por lo que calla que por lo que cuenta. No siempre escribo todo, ni mucho menos. Pero sigo aquí, en el punto donde comencé. Necesitando escribir para desconectar del mundo mientras lo hago. Porque el tiempo mientras escribo parece que se detiene.

Sigo escribiendo, unas veces con mas soltura, otras veces bloqueado. Y seguiré haciéndolo. Últimamente casi lo hago por duplicado, dado que mi fuga de ideas se va tambien a parar a otro sitio virtual al que os invito a entrar, un nuevo blog donde dejo parte de mi alma: César Sancho. Que decir de él… Mejor no diré nada y pondré puntos suspensivos…….. Pero puntos suspensivos rojos, siempre rojos…..

Muchisimas gracias a todos los que día a día os perdéis entre las ideas locas de mi cerebro. Gracias a todos los que me dejáis mensajes diciéndo cosas estupendas sobre lo que leéis y tambien gracias a los que anónimamente me visitáis. Sóis muchos los que hasta a día de hoy habéis recorrido conmigo el camino que nos lleva a la ciudad de esmeralda. De corazón, gracias.

¡¡¡ 51.000 gracias !!!