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No se en que dia vivo. Bueno vale, sí lo se. He mentido. Pero vamos, que a día de hoy que es martes me parece que este sea el quinto martes de la misma semana. Y es lo que tiene estar de guardia, que si te toca un fin de semana tranquilo y no te toca trabajar, pues te das cuenta de que es finde aunque tengas que estar con el teléfono rojo  hasta en la taza del baño. Pero como te toque un turno de guardia movidito, pues ni eso.

Trabajar viernes por la noche, sábado por la mañana como es habitual, sábado por la tarde varias veces, domingo por la mañana, lunes por el mediodia… Bufff, que paliza. Y mientras tanto el teléfono rojo sonando además de todas las veces que toca ir a currar.

En fin. Que estoy en martes como si fuera sábado ya. Y aún faltan tres días mas de trabajo. Sí, tres días, porque éste sábado  no trabajo porque me voy de bodorrio… Un familiar que se nos casa, mi primilla, aquella con la que me llevo un día, dos horas y veinte minutos. Una cuenta que hemos hecho miles de veces cuando eramos chiquillos. Cuando jugábamos a mamás y a papás, con los clics, con las muñecas. Siempre me acuerdo del cuarto de San Jorge donde dormía la que el sábado se vestirá de novia.

Seguro que hay muchas risas, mucha diversión, y seguro que habrá llantos, pero de felicidad. Un día con la familia, con los viejos amigos del colegio. Un día en el que el Sr. Pintor se sentará a mi lado.

Día especial aunque quizá un poco nublado por ciertas cosillas que no me terminan de cuadrar del todo. Pero bueno, cada uno tiene sus pensamientos y sus opciones igual de respetables que todas. El espíritu de Gabriel y Galán nº 23, aquel que traje a éstas líneas hace un tiempo anda un poco disperso. Una pena porque ocasiones para celebrar como la que se presenta el sábado hay bien pocas. Yo si sirve de algo, hago un llamamiento al ese espíritu. A esa fiesta que fué volver a juntarnos todos en aquella casa. Y cuando digo todos, digo TODOS. Aquella casa de los abuelos, que ya nunca volveremos a pisar ni todos juntos ni por separado. Y ahora que ya no está, parece que hay algo que nos desune. Yo no quiero que así sea. Aquí queda escrito. Pero el sábado disfrutaremos como nunca. Todo por los novios y por su familia. Enhorabuena.

En fin, opiniones. Divagaciones. Conjeturas. O quizá pensamientos demasiado atrevidos para ser expuestos entre renglones. Pero al fin y al cabo, son mis opioniones y me creo libre hablara poder decirlas.

“Buenas noches, principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.”


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Cuando un día las cosas se complican, parece que ese día no va a terminar nunca. Todo parece amontonarse cada vez mas y parece que el final no llega…
Pero llega. No como muchas veces nos gustaría. Lo bueno es que mientras esperas y desesperas, aprendes cosas nuevas, como que se pueden publicar entradas desde el iPhone, con fotos y todo.
Aunque eso al fin y al cabo no es lo importante… Os dejo que llega mi paciente.
Buenas noches.


 

Escribo porque hace mucho que no lo hacía y debo hacerlo. Escribo no porque tenga algo interesantísimo que contar, ni todo lo contrario. Sino porque es una manera de desconectar del mundo en el que vivimos y me ayuda a encontrar cosas dentro de mi que ni siquiera yo se que están. Llevo días desconectado, desde que cambie la imagen de mi blog. No estoy acostumbrado a los cambios, y desde ese día he tenido que volver a adaptarme a la nueva situación para volver a ponerme delante del escritorio y lanzarme a sacar líneas de dentro de mi.

Quizá le doy demasiadas vueltas a las cosas. Quizá no debería esperar a que pase algo extremadamente importante en mi vida como para comentarla en unos renglones. Tal vez debería volver a mis rutinas, a mis frases del día. A mis tonterías… Aunque creo que de momento ese camino no lo encuentro. Todo será cosa de buscarlo de nuevo, ¿no? La mayoría de nuestras vidas son así, normales, rutinarias.  Muchos días pasan sin penas ni glorías. Con alegrías, con tristezas, con cabreos y sonrisas. Pero sin nada digno de mención.

¿Y si eso es lo que debo mencionar?

La cuestión es que ando unos días perdido y espero no volver a hacerlo. Porque está claro que pasan cosas y se me olvida escribirlas pensando en ese algo profundo que de vez en cuando se asoma a mis renglones y últimamente no aparece.

Pasan cosas como que hace unos días pegué un frenazo en mitad de la autopista cuando al ir a adelantar a un coche vi que el conductor llevaba un chaleco reflectante y a su lado de copiloto una linda maquinita de esas que multan si sobrepasas la velocidad. Glupsss… Que conste que como mucho iba a 130 km. hora, no mas.

Pasan cosas como que hace dos días en poco mas de 3 minutos pude ser multado por un municipal de Burlada, al que, sin darme cuenta y yo pensando en que sabe nadie, no hice ni caso a sus señales y acabé parado encima del paso de cebra que tenía que respetar. Y a partir de ahí casi me pegan dos coches, uno saliendo de un garaje, y otro cuando me disponía a aparcar, con la correspondiente señalización de la maniobra, y todo en poco más de 3 minutos. Como para mear y no echar gota.

Pasan cosas como que he viajado a Tudela a conocer a una gente estupenda, y a revisitar sitios hasta hace poco desconocidos, pero desde hace una temporada, mas familiares que nunca. Desde el sagrado corazón y la pelea de caballos en la que el sr. Arjona y yo ganamos por mucho al sr. Genio y su sra. Argentina… Desde luego, menudo jinete que en el último momento suelta a la dama y la deja caer en la miseria… Hasta una comida en el Babel, con paellas, mini magnun, tartas… E incluso con peleas del sr. Pintor contra una perrita que como defensa se metía debajo de la mesa. Eso si, sin dejar de gruñir en ningún momento.

Evidentemente siempre pasan cosas. Y puedo contarlas. Y seguiré haciéndolas. Es mas, ahora no dejan de fluir por mi cabeza, pero no tengo tiempo de mas porque ¡me tengo que ir a trabajar! Pero volveré.

Por cierto, me duele un ojo….

¡Eh! Marranos… No penséis mal…

¿O el mal pensado soy yo? Jajajaja…

La historia del ojo la cuento otro día.

Mientras tanto pensaremos en puntos rojos hasta que vuelva a asomarme por aqui. Sigo bien, sigo andando. Junto a alguien. Sigo.

El tiempo es ahora. The time is now.

 


Off

 

Al final del día, llegas a casa y tienes esos momentos de soledad en los que te apetece aislarte del mundo. Entonces es cuando entro en éste blog y veo que durante el día de hoy en cierto modo he estado acompañado por aquellos que entran a visitar mi renglones. Y no veo sólo que me visitan, sino que personas a las que hace mucho tiempo no “veía” o no “sabía” se dejan caer por aqui y dejan su pequeña huellita.

Y viene bien darse cuenta de todo eso, porque después de un día duro como hoy, reconforta el saberte querido por decirlo de alguna manera. Conocer que muchas de las historias que compartes, a la vez son compartidas y vividas por muchos otros. Esas situaciones hacen que te des cuenta que al final, los problemas cotidianos que a veces te parecen un mundo, son mas comunes de lo que nos puedan parecer.

Hoy no he parado  un sólo momento. Día Lunes, aparentemente tranquilo en la agenda, y misteriosamente ajetreado laboralmente. Tanto que ni un sólo segundo de las horas “lectivas” he tenido para sentarme y respirar. Mientras tanto y en mitad de la tensión laboral, tensión médico- familiar. “Mañana al quirófano”… Y a pensar como me monto el día de mañana para conciliar mis obligaciones laborales con las familiares. Todo ésto no hacía mas hacer que las conexiones de mis neuronas estubieran a punto de entrar en cortocircuito temporal.

Sal de trabajo tarde, salvando vidas. Atraviesa Pamplona para llegar al hospital, y vuelve a casa a las diez de la noche para seguir recogiendo la ropa para planchar, del tenderete, tal, cual, pascual… ¡Y una mierda! Me voy al sofá. Mañana será otro día, pero yo no puedo hoy mover un sólo músculo mas. ¿Guarro? ¿Desordenado? Sinceramente hoy me da lo mismo cualquier adjetivo calificativo que podáis decir.

“Francamente querida, no me importa”

 

 


 

He llegado tarde a trabajar, y no por culpa del tráfico, ni de la lluvia intermitente y ni tan siquiera por que hubiera salido tarde de mi casa. Iba feliz, conduciendo mi coche, al cual le faltaba agua en el depósito de los limpiaparabrisas, y como consecuencia de ir detrás de un camión y de las lluvias que hacen que Pamplona sea como Mordor (Jaollo, va por tí), mi luna delantera había engordado unos dos centímetros con una capica de barro. Pero como la felicidad era mi copiloto, e iba con tiempo a mi curro, pues pensaba en parar enfrente en doble fila, entrar tranquilamente a por una botella de agua, y llenar el depósito. Después, limpiar mi luna, y aparcar. Buen plan.

Pues no.

LLego a una rotonda a 2 minutos de mi trabajo, 16.45h. Control de Policía, los de azul. Glupps… Yo pensando, ¿y a mí por que me van a parar? Pues ale, a parar. Por circunstancias de la vida, o por tener mas neuronas activas hoy en mi cerebro que en otras fechas, tras una serie de circunstancias y agilidad mental, hoy puedo escribir esta historia y no haber pasado unas horas en comisaría o dentro de la furgona.

Un señor educado, de azul, me pide papeles del coche y DNI. En éste punto hacemos un Flashback….

Flashback: Día 18 de Febrero, cita para hacer mi DNI nuevo, caducado desde noviembre de 2009 y extraviado en nochevieja por circunstancias ajenas a mi sobriedad… Desde ese día, hasta el 18 de Febrero, sin DNI. Y lo renové por la proximidad a volar en el futuro próximo…

– DNI y documentación del coche.

– Ahora mismo. (Menos mal que tengo mi DNI desde hace 7 días, sino, multa)

Se van a la furgona, con mis documentos. Me piden que me baje del coche, y me pregunta si llevo algo en los bolsillos. Inocente de mi, digo que nada, pero con los nervios, y al notar algo chiquito en el bolsillo pequeño de mi pantalón, le digo “Ay, espera, que aquí hay algo…  A no, que es solo un papel billete de la villavesa (autobús urbano para los no pamploneses)”

¡Como coño se me ocurre decirle al Sr. Azul que espere que he encontrado algo en los bolsillos!  En fin… El Sr. Azul me pide mi bolso, lo registra. El Sr. Azul me dice que me aparte del coche y lo empieza a registrar. Basurilla por todos los lados, un “taperguare” en el asiento de atrás con la cena para hoy que me había hecho mi hermanica con un trozo de pan tambien, y poco mas sospechoso en el coche… Y de repente el Sr. Azul me pide que le abra el maletero… Flashback

Flashback: 9.40 a.m. Suena mi móvil, número desconocido, al otro lado de la línea Sra. Brown llorando porque su perrita tenía una hemorrágia por la vulva. Voy con mi coche a recogerla a su casa para ir al trabajo. La perra un charco de sangre, la acera igual que la matanza de Texas. Cojo una toalla de mi coche y con una sábana que traía Sra. Brown hago una especie de pañal y perra, sábana y toalla al maletero. Al llegar al trabajo, solo bajan perra y Sra. Brown. Toalla llena, llena, pero llena de sangre, junto con sábana, más llena aún, quedan en el maletero, así como manchas de sangre diversas por la tapicería.

– ¡Abra el maletero! –  exclamó el Sr. Azul…

Glups… Cuando por fin consigo abrir el maletero del coche, doy gracias a mis estupendas neuronas que hoy han trabajado estupendamente y a media mañana me acordé de volver al coche para quitar los restos de sangre de mi maletero. Porque imagináos que el Sr. Azul de repente abre ese maletero y aparece una toalla y una sábana llenas, llenas, llenas y llenas de sangre. Lo menos las manos sobre el coche y a pasar mas mal rato todavía.

Todo ha terminado bien. Yo con mi DNI nuevo (volare, oh, oh) y mi maletero sin rastros de sangre para los señores polícias. De vez en cuando agradezco a mi cerebro que se acuerde de las cosas, y no haga que por ejemplo bolsas de ropa y otras cosas estén en mi coche como tiempo mínimo 2 semanas. Hoy me ha venido muy pero que muy bien. Porque está claro, todo tenía una explicación lógica y comprobable 100%, pero hasta que hubiera dado mi versión de la sangre en las toallas del maletero de haber estado aún alli, ¿que hubiera pasado mientras tanto?

En fin, puede que la relajación de mi tercio distal corporal “forzada” haga que toda la concentración esté en el tercio superior de mi cuerpillo. Vamos en la cabeza.

Un día especial. Buenas noches.


niñoEstoy agotado. Hoy es un día de esos en los que las neuronas ya no hacen sinapsis entre ellas, y las motoneuronas están bajo la influencia de Morfeo. Mi cabeza está cansada y mi cuerpo casi tanto o incluso más que ella.

Llevo el teléfono rojo, y anoche me fuí a dormir tarde porque cuando está a mi lado, no me gusta ir  pronto a la cama no vaya a ser que me levanten cuando llevo una hora durmiendo. Con todo esto, entré mis piececitos entre mi edredón morado hacia  la una de la mañana.

El problema ha sido cuando no es que hayan despertado nada más dormirme, si no que a las seis de la mañana estaba en el trabajo. Vamos, apenas cinco horas después de echarme a “descansar”. Uno sabe cuando entra a trabajar, pero nunca cuando va a salir. Me han dado las tres de la tarde en el trabajo, con el tiempo justo para salir, comer un poquillo y volver a las cinco de nuevo a mis obligaciones laborales. Y de ahí, a las ocho a casita. Un día duro, por lo largo y por las circunstancias de la jornada. Las cosas no siempre nos gusta como salen. Buenas noticias las daríamos todos, todos los días. Pero las malas cuesta decirlas y son más frecuentes de lo que nos gustaría.

Entonces uno mientras pasan las horas y las horas y no se termina el día, se va dando cuenta que su comportamiento a medida que avanza el día es inversamente proporcional a la edad que uno tiene. Comienzan  los despistes, los pensamientos en la nada, la risa tonta y pegadiza… Y los lloriqueos. Los lloriqueos sobre todo. Lloriquear por querer irse a casa a descansar. Lloriquear cuando tienes que escribir cinco veces el protocolo de un tratamiento porque no te aclaras ni tu mismo. Lloriquear cuando por fin consigues salir del trabajo y al montarte en el coche todo el mundo conduce horrorosamente mal mientras tu eres el puto (niño) amo.

Cuando por fin llego a casa, solo pienso en tumbarme en el sofá por no meterme ya en la cama y cerrar los ojos para no despertar hasta el día siguiente. Acurrucarme como un niño chiquito y si hay que seguir lloriqueando se sigue. Y dormir tranquilo.

Lástima que la realidad no sea tan bonita, ya que el teléfono rojo sigue activo y puede despertarme de éste sueño en cualquier momento.


adrenalina

Llevo dos días sientiendo los efectos de la adrenalina en mi cuerpo con cierta frecuencia. Más o menos unas cuatro veces al día, ayer incluso más. Y he llegado a una conclusión… ¡Estoy agotado!

En éste mismo momento creo que mi organismo está haciendo desaparecer de mi sangre los restos que queden de ella, porque hará unos 40 minutos que he vuelto a usarla. Y sinceramente, estoy como si me hubieran dado una paliza. Además, no es bueno liberar tanta adrenalina y luego quedarte con ese subidón en el cuerpo. Si es que de aquí y con esa concentración en mi cuerpo me iría a hacer puenting o que se yo. Bueno igual quizás no tanto, pero a dar mil vueltas en una montaña rusa seguro. Total, para montaña rusa mi organismo en las últimas 48 horas. Pues ya de perdidos al Arga.

Empieza la taquicardia, sudor frio en la frente, calor en la cara, aumenta la frecuencia respiratoria, temblores inintencionados de extremidades superiores e inferiores. Mi pupila no consigo vermela en ese momento claro, pero también olvido que tengo que hacer pis. Así me gusta, un cuerpillo coordinado.

En éstas últimas 48 horas me ha servido para enfrentarme a un individuo de unos 10 kg. el cuál ha hecho sacar la bestia que llevo dentro y a la vez asustar a cualquiera que pasara por la puerta debido a los gritos que ha conseguido sacar de mi interior. Eso sí, tambien ha conseguido hacer que mi dedo pulgar de la mano derecha parezca un colador. Pero como diría alguien, eso son daños colaterales.

En fin, por hoy descanso para acumular más, no vaya a ser que se termine dado el uso excesivo de éstas horas. Mañana probablemente tenga que volver a usarla.