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El Renglón Torcido

Después de un año distinto, desconectao y casi olvidado, no puedo despedirlo sin hacer llegar alguno de mis renglones a quien los quiera leer. Sobre todo después de ver, que tras éste año mas bien improductivo de escritos y memorias, vuelvo a entrar y veo que hay personas que siguen asomándose a ver que se cuece dentro de mi cabeza.

Mi cabeza que últimamente está dispersa preparando nuevas historias. Al final los renglones no sólo se plasman aquí, si no que llevan a explorar nuevas formas, convirtiéndose en mariposas que reposan en sillas de madera dispuestas a emprender su vuelo. O escritos que intentan encontrar un sentido a algo creado con objetos guardados, esperando su final.

Éste último año que pasado, éste último día que hoy brinda su escena final me ha llevado mas allá. Descubriendo historias nuevas a través de la lectura. He leído mas que nunca, robándo tiempo a mis pensamientos para inmiscuirme en los de los demás. He dedicado el tiempo a mirar mas allá, sin preocuparme tanto de mirar dentro de mí.

Pero hay una buena razón para no haberlo hecho. Y la razón es que estoy en paz. Siempre dije que es más fácil sentarse a escribir en frente de ordenador cuando los fantasmas atormentan tu memoria, y buscas de cualquier manera sacarlos para que esa noche puedas dormir bien. Y quizá esa época sea la mas productiva en lo que lleva de historial el renglón torcido. Hoy mi mente no atormentada muchas veces no encuentra otro sentido de escritura que no sea contaros que estoy bien. Que estoy tranquilo. Que soy feliz.

Hace un tiempo tambien pensaba que escribir de las bondades de la vida podía ser la antesala de tiempos tormentosos venideros. Decir que estaba bien podía suponer el inicio de alguna tristeza, y mis supersticiones llevaban a que no escribiera de ello. Pero a día de hoy todos esos pensamientos se esfumaron. No es que no escriba por superstición a decir que estoy bien esperando que algo vaya mal después. No, por eso no.

No escribo tanto por que estoy bien, y punto. Porque pinto, porque hago, porque escribo, porque hago videos. Y la mayoría de las veces más porque prefiero estar en la cama junto a mi Sr. Pintor mientras el duerme y yo leo algo, que no estar sólo delante del ordenador diciendo que estoy bien.

Dos cosas nuevas deja éste 2013 en mi vida, que roban mi tiempo, o por que no, lo enriquecen de otra manera. Una playstation que me engancha con sus juegos estando horas, cuando puedo, delante de ella. Y por otro lado, una vieja afición que 15 años después ha regresado a mi vida. Detrás mía ahora mismo hay un teclado cochambroso, que al tocar sus teclas parece que yo mismo me hago un remix de lo que estoy tocando. La música vuelve a mi vida de manera activa. Hasta ahora me acompañaba siempre, mis familia musical sigue estando cerca, siempre muy cerca. Pero ahora  me incorporo a ella pero no desde la barrera. Tengo una profesora de piano, pacience y risueña, que me dice que toco bien aunque yo piense que tengo dos patas de hipopótamo en lugar de dedos.

Y así despido éste año. El último año que mi padre ha dedicado a trabajar para afrontar a partir del año que viene el gran regalo merecido, el descanso de guerrero. Enhorabuena papá. Donde mi sobrinos se hacen grandes a pasos agigantados, donde la estabilidad y la cercanía es lo que gobierna ahora en mi casa. Todos cerca, todos bien, todos mejor. El 2014 será nuestro de nuevo familia.

Amigos, siempre estáis en mis pensamientos. Nos espera un 2014 con nuevas aventuras para compartir. De fiestas, de exposiciones. De comidas, en blanco, en negro, y de cuantos colores quieras pensar. De fiestas de las cosas pequeñitas y de veladas musicales. Éste año nuevo empieza bien, pronto y con una gran fiesta allí por Marzo. Seguro que es un momento que en la despedida del 2014 no pasa inadvertido. Sois grandes, vosotros que sabéis quién sois. Gracias.

Un año mas, y sigo acompañado. Por alguien que me quiere, me respeta, y que está dispuesto a compartir el mismo techo que yo sin reproches, sin vacilaciones y con el mismo corazón día tras días. Donde quiera que vayas, en ésta casa hay puntos rojos. Lo mismo un día está en la ducha como mirando a través del espejo del baño. Está aqui, en mi vida. Somos felices, lo se. Lo siento al mirar a sus ojos. Reímos. Porque mi vida hacia la ciudad de las esmeraldas sigue discurriendo sobre baldosas amarillas, pero si las miras bien, verás que en cada una de ellas hay un punto rojo.

Familia, habitantes del mundo.

El 2013 se va.

Feliz 2014.

Gracias.


Whitney Houston

 

 Otra estrella brilla desde el cielo.

Otra que se fue demasiado pronto. O quizá ella quiso marcharse justamente ahora.

Quién lo sabe.

Nadie.

En el cielo está Amy. Después llegó Etta.

Ahora Whitney.

Si se pudiera ver por un agujerito los conciertos tan espectaculares que habrá ahora mismo en el cielo, millones de personas pagarían por verlos.

Una diva se ha despedido de nosotros, dejando un legado de canciones maravillosas en su portentosa voz.

Y se despide dejándonos su belleza en aquellas películas, apariciones y fotografías espectaculares.

Se fué dejando una película terminada que será su legado póstumo.

Se fué la mítica interprete de la canción que mas veces se ha entonado en un casting, “I will always love you”.

Rachel y su guardaespaldas.

Whitney.

Se feliz allá donde estés.

1963-2012

I didn’t Know my on Strength

“No conocía mi propia fuerza: perdí el contacto con mi propia alma, no tenía donde volver, no tenía donde ir. Perdí de vista mis sueños, pensé que había llegado mi final. Pensé que nunca saldría adelante, no tenía nada a lo que aferrarme. Creía que sucumbiría.

No conocía mi propia fuerza. Y me tropecé, y caí, pero no me dí por vencida. Sobreviví a mi etapa mas oscura, mi fe me mantuvo viva. Decidí levantarme y mantener la cabeza bien alta.

Yo no nací para el fracaso.”

http://www.youtube.com/watch?v=9THMBLE1t6M


El Renglón Torcido

 

 

“Pero déjalo volar, déjalo marchar…

 El halcón que vive en mi cabeza sigue atado a tí.

Corta la cadena, que lo ata a tí, y deja que se canse sobre el mar. “

¿Marchar a donde?

¿Volar lejos?

¿O tal vez descansar en las proximidades?

Cerca, mejor cerca. Sin huir del camino marcado.

No vaya a ser que luego me pierda del sendero habitual y no sepa reencontrar mis pasos.

¿Un halcón?

¿Tal vez mejor un pez?

Sí, un pez.

Desmemoriado.

De esos que a los dos segundos no recuendan el tercer segundo que viene.

Como Dori, pero sin su Nemo que le recuerde quién es ni donde va.

Así sería fácil olvidar lo que nos hace daño.

Siendo todo nuevo.

¿O tal vez no?

Por supuesto que no. Mejor recordar todos y cada uno de los momentos vividos para aprender de ellos.

Aprendemos.

¿Desaprendemos?

En absoluto.

Si desaprendemos volveremos a meter la pata donde antes lo hicimos.

A darnos golpes en las heridas cicatrizadas.

A tropezar sobre la misma baldosa desequilibrada, fuera de la horizontalidad perfecta.

¿Cadenas?

¿Cortamos las cadenas?

¿Quién nos ata? ¿A quién nos atamos?

Yo ya no las siento. Ni las he sentido.

Si se sentían lazos, cuerdas.

Series de puntos rojos formaban caminos que unían personas.

Amores.

Pero esos lazos desaparecen, el tiempo se encargan de ello.

Pero nunca cadenas, porque ellas pesan.

Y un amor, no puede pesar. Si lo hace, entonces no es amor.

Como la frase del día. No  es perfecto.

Sólo, es amor.

Sólo.

Hoy, a destiempo.

Quien quiere no puede, y quien puede no quiere.

Alguien lee mis líneas, quizá seas tu que estás ahora al otro lado.

Y comienza a descubrir que quizá haya algo en éste mundo raro, superficial, extraño y absurdo quizá, que merezca la pena.

Siempre hay algo que merezca la pena.

Sólo hay que esperar a que el halcón vuele hasta donde tenga que hacerlo.

Apa.

 

 


El Renglón Torcido

 

Siempre cuando alguien cuenta una historia, es de manera subjetiva. Así es como yo cuento las mías. No pretenden ser dogmas de fe, ni renglones indiscutibles bajo la palabra del torcido. En absoluto. Ni lo pretendo ni es la mas mínima intención de lo que escribo.

Pero aún así, sigo escribiendo porque es mi válvula de escape. Últimamente lo hago además desde un punto de vista visceral. Las palabras no salen de la cabeza, si no que salen del corazón. Y esas palabras generalmente son cualquier cosa menos objetivas. Y ahí viene el punto de la reflexión, y el inicio de éste escrito.

No prentedo convencer a nadie de lo que  me sucede. No lo hago para emitir juicios de los actos que envuelven mi rutina. Aunque muchas veces mis propias palabras generan ese juicio paralelo en cada uno de vosotros que os acercáis hasta aqui. Entonces aqui es donde puede venir, si cabe el problema.

Yo cuento mi historia, mis historias, esas que tanto conocéis. Subjetivas, siempre. La objetividad se deja aparte cuando hablo de mi vida. ¿Pero y si cuando hablo de mis historias de amor o desamor apareciera aquí la otra versión de los hechos? Siempre cuénto la mía, ¿cuál si no? Subjetivo, Javier, yo, ¿quién si no?

Y por esa razón habrá veces que las cosas que cuento sean como son y otras veces sean como yo las veo. Pero siempre será mi opinión, no la de nadie mas. Hay veces que me dicen que me expongo demasiado, que hablo de mas aquí, que me desnudo mas de lo que debiera. Y yo muchas veces termino diciendo que la mayoria de las veces no pongo a la vista de los demás claramente ni la mitad de las cosas que pasan por mi cabeza.

Sería mucho mas fácil para mi contar las cosas tal cuál. Fulanito me cae mal o bien, menganito me ha gritado y yo le he mandado a la mierda, y pepito me ha dejado o yo he dejado al pedrito porque no lo aguanto. Historias quizá mas simples, pero que yo trato de adornar con lo que en ese momento dicta mi corazón.

Y como mi corazón últimamente anda rabioso, pues escribo desde esa rabia saliendo palabras quizá envenenadas que generan por vuestra parte mensajes de apoyo que evidentemente son agradecidos hasta el infinito y mas. Pero tambien es licito pensar en que solo se conoce mi historia, y no la otra parte.

Luego pienso que ésto es así, que en los juegos de pareja, uno tendrá una versión de los hechos, siempre, mientras el otro tendrá otra quizá totalmente opuesta. Puede ser. Y puede ser que en éste caso que me atañe últimamente, o en otros que mencioné anteriormente cuando hablaba de que cupido no tenía puntería, si conociérais la otra versión de los hechos, cambiaríais de opinión. ¿Quién sabe?

Lo que si se, evidentemente, es que llevo tres años y ocho meses contando mis historias, mi vida, mis subjetividad. Que por supuesto, hay gente cercana y que entra en mi blog, que conoce ambas partes de las historias y ellos tienen un juicio completo y que se aproxime mas a la realidad. Pero que mas por supuesto aún, muchos que entráis a perderos entre mis miserias, sólo me tenéis a mi, y no a nadie mas que cuente otra realidad. Y esas miserias que cuento yo, mis miserias, generan en vosotros opiniones de las que me enorgullezco tremendamente el hecho de que las compartáis conmigo, y que os lo agradezco hasta el infinito y mas allá, como diría mi sobrino.

Una subjetividad que muchas veces crea victimismos que tal vez no lo sean, o que otras veces genere verdugos que tampoco lo sean. Y viceversa. Pero nunca hay que olvidar que son mis historias, las que yo cuento, las que yo vivo y las que yo sueño. Mi vida, mi dolor, mi alegria y mi tristeza.  Siempre yo, egocéntrico, subjetivo, en primera persona. Y las que seguiré contando hasta que sienta la necesidad de hacerlo.

Mi realidad, mi subjetiva realidad.

 


 

El Renglón Torcido

No me alegro de los sufrimientos de los demás, ni lo mas mínimo.

No he pensado en ningún momento que nadie sufra excepto yo.

Y realmente, me jode que se pueda llegar a pensar que un hecho así pueda hacerme gracia.

Ésta es una de esas historias que poca gente podrá llegar a entender, muy poca. Así que lo siento por los que me decís muchas veces que no se me entiende, pero no creo que deba ser mas claro en los hechos.

Hay veces que es mejor callar que decir lo que realmente se piensa. Y yo he callado dos veces: la primera por no saber que decir, sinceramente, y la segunda por no decir lo que la rabia por dentro gritaba, mientras yo trataba de ahogar su grito desde afuera.

Perfecto, no lo soy. Ni de coña. Quien me lea desde hace tiempo dará fe de que es cierto. Me equivoco, como el que mas. O tal vez más que el que mas. Soy orgulloso, y cuando lo hago, me cuesta reconocer mis fallos. Pero ésta vez no se trata de mi.

Las decisiones son difíciles de tomar, y hay que pensar mucho antes de tomarlas. No tienen que ser fruto de un calentón de un momento. Meditar, reflexionar, pros y contras, todas esas cosas que se hacen. Y después de analizar todo, decides.

Eso es una decisión, madurada, pensada. Tranquila. Con todas sus consecuencias, para bien o para mal pero tranquila.

Lo que sucede por el contrario cuando la tomas sin pensar es que los daños colaterales suelen ser bastantes. Y por supuesto, suelen tener efectos impredecibles. Decisiones equivocadas, casi siempre. Pero tomadas en un momento malo.

Yo no tomé la decisión pero sufrí las consecuencias. Primero por saltar mi punto rojo en pedazos; segundo por pensar que fué fruto de un calentón y que se solucionaría; tercero por ser inocente y pensar que se iba a solucionar; y cuarto por tener que asimilar que lo que hasta entonces había sido el proyecto de vida mas seguro y claro que había tenido hasta entonces, saltaba en pedazos.

Sufrí las consecuencias, además, porque si es duro que tu corazón estalle en pedazos, mas aún es ver que el origen de todo se resquebraja y que de repente te quedas, con tu corazón roto mientras que las piezas del puzzle vuelven a encajar debajo de ti. ¿Que se hace cuando te rompen en corazón y después te piden perdón?

Si, soy claro, por supuesto. Y lo siento, pero al que no le guste, que no lo lea. Hace casi tres meses que lloro día si y día tambien por una decisión, antes pensada y meditada, ahora mal tomada y equivocada. Hace tres meses que mi futuro organizado, tranquilo, sereno y lleno de pinturas y colores estalló por los aires para quedarme sumido en la mas absoluta de las “nadas”, para que ahora intenten reflotarme de ese pozo.

Cuando se toma una decisión, es fácil después echarse atrás y decir me he equivocado. O quizá no sea fácil, no lo se. Pero ¿y yo? ¿Y todas las malas tardes pasadas? ¿Y todas las lágrimas caídas desde entonces? ¿Que pasa con todo eso?

Por supuesto no contesté a los mensajes de nuevas oportunidades. No por no tener nada que decir, porque está claro que con éste mensaje hay material para muchas contestaciones. Si no porque me jode, si, me jode y mucho que siendo todo como era, siendo “perfecto”, se fuera todo a la mierda para siempre por una tontería. Porque me jode que se den pasos reculando a toro pasado. Porque ¿que se hace con un corazón cuando está roto en mil pedazos?

No hay odio, desde luego que no. Solo rabia y mucha por que lo teníamos todo para ser felices, tal vez no para siempre, o tal vez sí, quien sabe. Y de tenerlo todo se fue todo a la mierda por un día malo. Un día malo. Y tal vez sea yo ahora el egoísta, por pensar en lo que será mejor para mi sin pensar en los demás. Pero se una cosa, y es que cuando me acuesto, me acuesto conmigo, y es en mí en quien tengo que pensar. Y cuando lo hago, pienso en que ahora, sí, estoy jodido, y mucho. Quizá mas de lo que muchos se piensen. Pero luego estaré mejor. Porque desde luego uno no deja de querer a las personas de un día para otro, ojalá fuera tan fácil. Pero sí, luego estaré mejor.

En unas jornadas de reflexión, la mente da para mucho. Para eso quizá han servido las vacaciones. O tal vez no. Pero una cosa está clara, la decisión que se tomó yo no la decidí y yo no haré nada por cambiarla. Si se tomó tomada está. Si me callé y no dije nada fue por no cagarla. Si no odio es porque aún quiero. Si no me alegro es porque aún duele. Pero si no reculo es porque creo que mañana estaré mejor, aunque hoy, y después de todo, sigue doliento. Pero eso sí, seguro que será Mejor mañana…

 

 


El Renglón Torcido

 

Bailemos hasta caer derrotados.

Vibremos al ritmo de la música hasta que nuestros pulmones agonicen por una partícula de aire.

Disfrutemos de los movimientos que nos permite nuestro cuerpo hasta sentir agujetas en el último músculo de nuestro de cuerpo.

Sin descanso, sin parar.

Bailemos al ritmo de la música. De nuestra música.

La que tu quieras.

No una noche, no unas horas, no un instante.

No.

Bailemos siempre, cada segundo de nuestra vida. Disfrutemosla hasta caer desfallecidos, cansados y sin aliento. 

No paremos ni un segundo, salvo para respirar y seguir moviéndonos al ritmo que marca nuestro cuerpo en cada momento.

No estamos en el mundo para pararnos, sin sentido y sin aliento.

No estamos para no sonreir. No estamos para no bailar.

Cada día que pasa es un día menos para que llegue el día en el que caigamos y nunca mas podamos levantarnos.

¿Que vas a hacer? ¿Esperar a que llegue ese día sin haberte movido?

Yo no. Yo me muevo. Y hoy bailo como si fuera el última día, porque nunca sabemos cuando será.

Aunque yo si se que hoy es el último día de mis 30, porque dentro de  tres horas exactas (son las 23.25h.), cumpliré 31. Y si algo tengo claro y he aprendido en el transcurso de éstos últimos 365 días es que no me voy a quedar quieto. No voy a estar esperando a que sucedan las cosas, sino que voy a ir en busca de ellas. Como he ido en busca de mis amigos, como he ido en busca del amor, como he ido en busca de la felicidad. Y aunque ésta muchas veces se resista, sólo hay que cambiar la banda sonora y bailar.

Siempre bailar.

 Porque si no te mueves estás muerto.

Porque si no te mueves, no vives.

Porque si no vives, se terminó.

Porque si bailas, la vida es mas bonita.

Así que todos a bailar, a disfrutar de éste próximo 21 de Octubre, conmigo.

Sonreír un segundo y pensar en lo que leéis.

Escuchad la canción y mover aunque sea el pie al ritmo de la música.

Vivir.

Ahora.

Es el momento de hacerlo.

Felicidades Javi, por el año que se termina. Lo hiciste lo mejor que supiste.

Hoy, bailo. Mañana más.

 


El Renglón Torcido

 

“Busco las miradas de antes mi vida, tu sonrisa tu amor tu alegría.

Todo aquello que nos junto a los dos.

Dime, no te encuentro en mis sueños de noche. Te quiero encontrar.

¿Donde estas mi vida? Yo quiero estar contigo.

¿Donde vas? Me daña tu verdad.

Recuerda que yo fuí la que nunca que te falló. Que me cuesta ver tu vida en la mia, que transformas la verdades en mentiras sin mas.

Mentiras sin mas.

Solo, ahora busco encontrarme de nuevo. Ya lo noto yo puedo con ésto. Ya comprendo toda tu falsedad. Cariño, siento que mundo se derrumba…

Y el mio brillará.

Donde estés ya no lo quiero saber, mi vida. Donde éstes espero te vaya bien. Y donde estés verás que siempre me pensarás. POrque un mundo tan hermoso está en mi vida.

Porque yo no siento pena ya en mi vida, sin tí.

Mi vida sin ti.

Donde estés ya no lo quiero saber. Donde estés, que todo te vaya bien. Y donde estés verás, mi nombre aparecerá. Porque yo no te recuerdo ya mi vida…

Por que ahora lo que siento es mucha pena en tu vida, sin mi.

Tu vida sin mi.

Tu vida sin mi…”

 

 

Diecisiete dias, y un resumen. Un resumen a través de una canción. Hoy leyendo lo que escribí hace casi un año, cuando cumplí 30, no he podido dejar de pensar en cuanto pueden cambiar las cosas de un año para otro. O mas aún, en como en el transcurso del año que he vivido he podido estar montado en una montaña rusa que me ha llevado al día de hoy como estoy.

Donde estés, verás, mi nombre aparecera. Buena forma de definir gran parte de éste año. No haré balance de momento, aún tengo muchas cosas que vivir con treinta como para resumirlas hoy. Pero de momento Chenoa me ayuda a poner melodía a una parte de él.

Últimamente no ando demasiado inspirado, por eso no escribo mucho. Tan solo de vez en cuando con mi iphone justo antes de dormir, aparece alguna idea que merece ser escrita. De ahí surgen los poemas de medianoche. Pero por lo demás, no hay ganas.

Porque cuando me siento delante del ordenador a estas horas, son las horas en las que estoy solo en casa.

Porque cuando me siento delante del ordenador en mi casa a estas horas, son las horas en las que no deberia estar solo en casa.

Porque cuando me siento delante de mi ordenador, solo, surgen pensamientos que no deberían salir.

Por eso últimamente no me siento.

Y no lo hago porque no quiero volver a escribir de lo mismo.

Y sin embargo aparecen. Y después de varios dias rondando en la cabeza, creo que lo mejor es sacarlos para que dejen de atormentar.

Añoro tiempos pasados. Por supuesto. ¿Quién no lo haría? Pero no retrocedería en el tiempo. Viviría lo que he vivido el tiempo que lo he hecho, pero no lo alargaría mas. Posiblemente si pudiera echar marcha atrás, cambiaría cosas para intentar que el futuro fuera de otra manera. Aunque la cuestión es que yo siempre he creído en el destino. Y si las cosas suceden, es porque tenía que ser de esa manera y no de otra. Toda historia tiene un principio y un fín. Unas terminan después de muchísimos años, siendo ancianos… Otras terminan pronto, casi sin empezar. Sin tiempo a nada. Pero cuando terminan es porque así tiene que ser.

El tiempo borra los recuerdos. De una manera muy lenta pero los hace desaparecer. Lo primero que desaparece es el tacto de su piel. Después desaparece su olor… Sus gestos… Y después, después… Después comienza la difícil tarea para el tiempo de hacer desaparecer la mirada, su forma de hablar, su forma de andar. Su forma de domir…

Que contrariedades tiene nuestra cabeza. Que difícil es pensar en singular cuando lo has hecho en plural. Y a pesar de que los días siguen y siguen pasando, hay determinados momentos en el día que el plural vuelve a salir a la luz. Cuando algo te recuerda los tiempos vividos, cuando ves algo que compartiste.

Afortunadamente, el tiempo del plural cada día ocupa menos espacio, cediéndoselo al singular. Afortunadamente cada día es un paso adelante, nunca hacia atrás. Aunque es inevitable en algún punto del camino, el pararse, y mirar hacia atrás. Solo mirar, nada mas. Mirar, recordar, bajar la mirada, respirar. Mirar de nuevo al frente y volver a caminar.

Caminar solo.