Archivo mensual: marzo 2012

El Renglón Torcido

"Entre doctores"

Pásan los años y allá queda en la distancia aquel septiembre de 1998 cuando por primera vez nos vimos las caras, sentados y nerviosos en los pupitres de la facultad.

Ayer volví a recorrer aquellos pasillos que nos juntaron, hace ya casi catorce años.

Y lo hice con vosotros, señores doctores.

Las dos veces me he emocionado de compartir ese momento con vosotros.

Dr. Ozé con sus josadas.

Dr. Moola con erikadas.

Dos personas y dos momentos.

Y detrás de ese momento que compartí con vosotros en el aula de grados, quedan atrás muchísimos años de trabajo, esfuerzo, tesón y paciencia.

Pero sobre todo trabajo.

Muy duro, durísimo.

Pero con la recompensa de haber llegado a ese final.

Y ese final hizo posible que pudiera volver a veros y a abrazaros.

¡Cuánto hemos crecido chiquillos!

Ya no somos aquellos chicos con dieciocho años que se juntaban en la cafeteria de la facultad. Ni los que se volvían locos para cuadrar prácticas, exámenes ni historias de estudiantes.

La vida nos ha regalado a los tres 14 años más de vida. 

Y aquí estamos, con 32 años y los que la vida quiera regalarnos más por delante.

Hemos crecido, hemos madurado. Hemos aprendido y hemos trabajado, duro para llegar a donde estamos. Yo no soy doctor,ni aspiro a serlo. Admiro y mucho el trabajo que habéis realizado. Sois fuertes, personales y  constantes. Sois cerebritos, sois importantes. Sois geniales. Divertidos, locos y afables.

Sois amigos. Y sobre todo y a pesar de los años, seguís estando ahí. Cada vez que volvemos a vernos es como si el tiempo que compartimos se detuviera en el momento en el que dejamos de vernos y se reanudara cuando nuestros ojos vuelve a cruzarse.

Mis chicos se hacen grandes.

Sois doctores.

Sois grandes.

Mi admiración y mi respeto.

Os quiero mucho.

 


El Renglón Torcido

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Prometí que no escribiría sobre él porque me causaba mas dolor del que en esos momentos podía aguantar. Me lo prometí y lo cumplí a rajatabla. Era una noche fría de invierno, mitad de diciembre, y los meses parecía que habían pasado en balde. Y yo, entre la gente, entre un montón de gente, sentía soledad. Y nosotros mientras tanto, conectados una vez mas a través de un triste teléfono. Triste porque no hacía mas que sembrar nuestra vida de amarguras y desasosiegos. Aquella noche entre tanta gente me habláste de un león, aquél que siempre te tranquilizaba y te hacía sentir una especial calma interior.

Pero aquella noche acabamos sintiendo de todo menos calma. Y fué esa misma noche, esa que acabó cubierta por una fina capa de nieve bajo nuestros pies, cuando pensé en crear una historia con el famoso león.

A la mañana siguiente, con la mente mas calmada y un poco mas de sensatez, fue cuando hice mi promesa. ¿Para que escribir sobre algo que lo único que va a conseguir remover lo que apenas termina de posarse? Y desde entonces la historia del león se aparco.

Hoy la retomo. Y lo hago porque ese león ya no se ve de la misma manera. Porque lo que en su día era un símbolo de la huída hacia lo no tan doloroso, se convirtió en un paseo bajo una mañana soleada de Bilbao, en el margen de la ría mientras las traineras dejaban su sonar característico sobre el agua.

Y en ese paseo, estabamos los dos. Juntos, de la mano. Los dos. Y frente a frente, bajo su majestuosidad, descubrimos que lo que en su día significó, tanto para él como para mí, había desaparecido. Los malos momentos pasados fruto de las circunstancias quedaron aparcados en ese momento por el sol que nos iluminaba en ese mismo momento. ¿Para que seguir recordando entonces lo olvidado?

Lo miramos, observamos su belleza. Lo inmortalizamos y proseguimos nuestro camino. Un camino con un león a nuestras espaldas, ese que de vez en cuando al volver la cabeza seguía estando allí. Y que seguirá estando, pero ya no lo veremos ninguno de los dos como hasta entonces lo hacíamos.

Ahora el león pasa a formar parte de una historia de dos. Antes era mi versión de león, y la suya. Ahora es nuestra historia del león. Curiosamente, ese mismo día y sin darnos cuenta, nuestros pasos nos llevaron caminando hasta un lugar de baldosas amarillas. Mis baldosas amarillas. Nuestras.

Entonces supimos que el camino que habíamos tomado estaba bien. Tranquilo, seguro, firme y bien. Con la tranquilidad de enterrar viejos fantasmas del pasado, para que dejaran de atormentar el presente. Con la alegria de conocer nuevas personas que con su simpatía te hacen ver que muchas veces nuestro subconsciente nos traiciona. Y de que manera, sobre todo sabiendo los malos momentos que dicho subconsciente nos ha hecho vivir.

Pero todos juntos, bajo el sol que se tornó lluvia, caminamos, sabiendo que el camino que ahora estaba bajo nuestros pies era el correcto. Porque en cualquier lugar puedes encontrar la vía para llegar a la ciudad de las esmeraldas.

El Renglón Torcido

"Y encontré baldosas amarillas..."


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Fue un 9 de marzo cuando por primera vez comenzamos a hablar. A mirarnos cara a cara y decirnos las cosas como son.
Fue el 2009 el inicio de nuestra relación, y a día de hoy continua. En lo bueno y en lo malo, pero continua.
Te he contado mis cosas, mis alegrías, las penas y los llantos desesperados. Las risas, mis fiestas y mis compañías. Por supuesto, mis amores y desamores.
Siempre todo, aunque seamos francos. Nunca llegué a contarte las cosas del todo claras. No podía dejar las cartas a la vista por quien pudiera usarlas en mi contra. Contando todo pero sin contar, explicando sin matizar, revelando sin revelar.
Siempre con dudas pero siempre sinceras.
Nunca has fallado. Ni en las noches mas oscuras y desesperadas dejaste de estar a mi lado. Recurrí a ti siempre que lo necesite, y muchas veces cuando ni siquiera sabia que me hacías falta.
Hoy lo celebramos, mi querido Renglón Torcido.
Felicidades.
¿Y que hacemos preguntandonos si seguir o no? ¿Quizá sea hoy?
Creo entonces que la respuesta esta clara. Habrá momentos mejores, y te aseguro que habrá peores. Sí, mi querido Renglón, los habrá. Pero puedo prometer y prometo que siempre que tenga la necesidad de contar algo, serás el primero en saberlo. Pase el tiempo que pase o llevemos el tiempo que llevemos sin hablarnos.
Siempre, volveré a tu lado.
Hemos crecido juntos. Yo voy a por los 32 años, tu hoy comenzaras la andadura de tu cuarto año de vida. ¡Y cuánto hemos aprendido! No podemos hacernos a la idea de lo mucho que hemos echado a nuestras espaldas en este tiempo.
Algún día, miraremos atrás, y como si de un libro se tratara, reviviremos nuestras historias día por día, mes a mes, año tras año. Y descubriremos lo feliz que he sido estando a tu lado.
A pesar de todo.
Gracias a todo.
Y por supuesto, gracias a todos.
Felicidades de nuevo, Renglón Torcido.


El Renglón Torcido

Quizá sea hoy el momento de terminar.

De poner un punto y final a todas las historias que a lo largo de éstos años he estado contando.

O simplemente, quizá no. Sinceramente, no lo se.

Llevo unos días pensando, dándole vueltas y volviendo a pensar. Y lo peor de todo es que no encuentro una respuesta.

¿Qué voy a contar de nuevo que no haya contado ya a lo largo de éstos años escribiendo?

Tengo la sensación de que ya nada nuevo podría compartir con mi mundo. Que las historias que hoy me tocan vivir han sido ya vividas con anterioridad y volvería a reescribir lo escrito. Sí, por supuesto, vuelvo a ser feliz. Por supuesto vuelvo a caminar por el camino de baldosas amarillas hacia la ciudad de esmeraldas. Y gracias a Dios, o a quien tenga que dar las gracias el Sr. Pintor pinta mis decorados haciendo que sea feliz.

Pasadas las tormentas, las entradas desesperadas, las grandes noches sin dormir y los días sin sentido, todo vuelve a funcionar en perfecto estado. Y es ahí cuando tendo la sensación de decir… ¿ésto no lo he contado ya?

Y dándole vueltas a la cabeza, no se si habrá llegado el momento de poner el punto final. Que El Renglón Torcido concluya, sin mas. Con su inicio, y su final. Hoy lo pienso porque dentro de dos días hará justo cuatro años que comencé mi aventura. Pero aún no he tomado una decisión, porque sinceramente es difícil dejar de escribir cuando llevo tanto tiempo haciéndolo. Porque cuando me siento delante del ordenador y dejo que fluyan las ideas es como mi válvula de escape de una olla a presión.

Me pierdo entre mis pensamientos. Los busco, indago y encuentro. Tiro de los hilos hasta que comprendo la raiz de mis preocupaciones internas, las exploro y las comparto. Para mi, para mis ojos, y para los que se pierdan entre mis líneas.

Y es en éste punto donde me vuelvo loco y entonces no se que hacer. Porque entro de nuevo en mi blog, en mis estadísticas, en mis comentarios que dejáis los que os asomáis a hacerme una visita, y me encuentro que, después de llevar un tiempo razonable sin asomarme a vosotros, sin compartir nada nuevo, El Renglón Torcido ha seguido teniendo vida más alla de mi.

Las visitas no han parado a pesar de mi escasez de pensamientos. Ha seguido caminando sólo, sin apenas yo hacer nada.

No hay nada decidido. Ultimamente no escribo frases del día, ni chorradas varias. Puede que sea por el simple hecho de que ya no me conformo con escribir sin mas. Ahora quiero contar cosas que me parezcan realmente dignas de contar. Y por eso tanto tiempo en silencio. Puede que haya llegado el momento además de llegar a contar algo mas, pero de otra manera. No lo se.

Sinceramente no lo se.

Pero cualquier cosa, pase lo que pase, lo contaré.