Archivo mensual: agosto 2010

Ya no nos sentaremos en ese patio donde todos hemos crecido. Donde detrás de la cortina del cobertizo de debajo de la escalera se ocultaban unos cuantos bastones y baras con las que zurrarnos cuando nos portabamos mal. No volveremos a beber del grifo que hay al lado de la mesa, en la taza de metal que tan fresca sabía.

La casa del pueblo ya no será nuestra casa del pueblo, en la que hemos crecido los Algaba y donde hemos pasado largos veranos poniéndonos negros como el tizón. Una imagen como la anterior no volverá a repetirse, donde mi madre apenas tenía 35 años, donde mi hermana tenía 13 años y en la que hay una estrella del cielo… Esa estrella que se fué con los Reyes Magos y que nos cuida desde donde esté.

Recuerdo el tacto de las baldosas bajo mis pies como si andara ahora sobre ese mismo suelo.  El calor del brasero en esa mesa de madera en alguna Navidad vivida allí, y que los Reyes me dejaron por camino “El Imperio Cobra”. Familia, ya no habrá churros por la mañana en esas sillas que en cualquier momento podría romperse, y si se movía mucho se la cambiábamos al de al lado sin que se diera cuenta.

Hemos reído, llorado, saltado, dormido, jugado… Hemos vivido en esa casa, y eso es lo que ganamos. Nuestra vida en El Callejón del Lobo nos ha hecho como somos. Lo hicieron bien, y ahora nos toca seguir adelante sin el número 23.

Nos hemos bañado en el pilón donde se lavaba la ropa, ese chiquito que se ve a la derecha de la foto. Hemos estado todos metídos ahí dentro hasta bien mayorcitos, nos daba igual el color del agua… Hemos jugado con las ovejas, con los cabritillos. He guiado a las cabras cuando subían del arroyo, yo por delante, Rubén tambien, y los pastores por detrás, para después atravesar toda la casa hasta llegar a la puerta roja. 

Hemos compartido bañera, de pequeños, camas de mayores. ¡No os colguéis de la cortina! Algunos de vosotros, los mayores, vivísteis los gritos de la abuela para que no os colgárais de las cortinas. Otros, con menos suerte, no llegamos a oir esos, pero lo de no tocar la cortina pasó de generación en generación.

El armario verde de la cocina. El baúl del cuarto de los tíos, que era como una fortaleza inespugnable. El doblao. El famoso doblao era como el cuarto de los tesoros al que teníamos mas que prohibido entrar. Aunque al mas mínimo despiste nos colábamos en el interior.

No comerémos mas todos juntos allí. Ya no podrán amenazarnos con el famoso “si no comes todo, te vas a la escalera a comer”, con toda la solana en la cabeza. Pero todo esto quedará en nuestra memoria para siempre. Unos lo hemos vivido de mas jóvenes, otros de mas mayores. Pero por suerte lo hemos tenido todos y para siempre  lo guardaremos en nuestra cabecita.  

La casa de los abuelos ya no será  tal. Nos toca despedirla como se merece. Porque gracias a ella hemos sido niños, para ser como somos ahora.

Por suerte el año pasado y después de muchos años sin lograrlo, pudimos juntarnos todos de nuevo en ella. Todos menos mi estrella, aunque su voz sonara en nuestros oídos por cualquier rincón de la casa. Y no solo eso, sino que una nueva generación pudo conocerla. Aimar, Nadia, Pablo, Iván y Aitor conocieron la casa que originó que todos estemos hoy aquí. Unos puede que tengan el recuerdo algún día de como era la casa, al resto nos tocará a nosotros contarles que hubo una vez un sitio en Quintana de la Serena, Badajoz, donde pasámos cientos y cientos de horas, viviendo como sabemos, como nos han enseñado. Con nuestros más y nuestros menos, como todas las familias, pero siendo familia, siendo primos, tíos y sobrinos. Recordando a los abuelos, y algunos siéndolo de nuevo.

Casi 25 años separan alguna de las fotos de arriba, de hoy en día. Una vida que en éstos días pasa página para no olvidarla jamás.


 

 

“Y un día después de la tormenta, cuando menos piensas sale el sol. De tanto sumar, pierdes la cuenta, porque uno y uno no siempre son dos”

Lo mejor es no hacer planes, porque seguramente y la mayoría de las veces no saldrán como los esperas. Y no es por hacer planes, sino porque la vida discurre por caminos que no somo como  uno a priori imagina. Sino que los adorna con colores que a veces no nos sientan del todo bien, por ejemplo, con el color de nuestros ojos.

Si últimamente no escribo demasiado es porque hay cosas que no logro encontrar la manera de escribirlas. Si echara la vista atrás, volvería a una de las primeras canciones que escuché de una gran amiga mía, Naiara, que decía algo así como “no encuentro la manera de decirte lo que siento, que todos mis sentimientos ya no tienen solución…” No es que no sepa decir a alguien lo que siento por él, no es el caso. Pero si que hay momentos en los que no se explicar situaciones de una manera que no las exponga claramente. Si leéis de vez en cuando, os habréis dado cuenta de que la mayoría de las veces que cuento las cosas, no se hacen de forma directa. Bueno, hasta que se me hinchan las narices y entonces no queda otra que poner lo que surja y ya está.

He vivido últimamente Zaragoza de noche, Bilbao de noche y complicaciones añadidas a mis excesos con el alcohol. No os preocupéis, no tengo un problema, por lo menos de momento. Me he reencontrado con gente a la que no veía hacía tiempo y he compartido muchísimas risas.

Pero tambien últimamente he vivido situaciones tensas, en diferentes frentes, a los cuáles hay muchas veces que no me se enfrentar. Como dice la canción, siempre uno y uno no son dos, y así es. Mi intención siempre es hacer las cosas medianamente bien, aunque muchas veces no las consiga. Riñas con gente a la que quieres por tonterías, por malentendidos o por tratar de hacer las cosas bien (creo que de ésto hablé hace poco). Y esas riñas se vuelven a repetir en un periodo corto de tiempo, por razones parecidas a las primeras.

Y ahí no quedan la situaciones tensas, sino que se añaden nuevas. Escenas de un teatro en el que siendo el actor invitado piensas que tienes mas diálogo del que te correspondería por contrato. En éstos momentos tengo la cabeza en blanco. No se como seguir. Pero supongo que alguien lo leerá que lo entenderá, como muchas otras veces pasa.

“Abrazame, abrazame, y no me digas nada… Que esta tristeza no me abandona y este miedo duele mas”

Soy amigo de mis amigos, e intento ser el mejor en cada momento, o segun las circunstancias. Unas veces se me da bien y otras no estoy a la altura requerida. Muchas veces siento lo que sienten los demás, si alguien lo pasa mal, yo tambien. Cuando alguien está raro, yo tambien lo estoy. Os conozco, así como vosotros a mi. Y no vale negarlo, ni publicarlo, para después borrarlo. Solo quiero saberlo. Nada mas. Saber que todo va bien o que todo va mal, porque así entonces podremos arreglarlo para seguir caminando aunque los colores no nos peguen con el color de nuestros ojos como decía al principio. Odio ver cuando alguien es tratado mal sin causa aparante. Y mas cuando esa persona te importa. Pero tambien se que hay sitios donde desde muy pequeñito me enseñaron que era mejor no entrar por si salía el coco. Conozco a gente buena, que es capaz de pensar que todo fue mal por su culpa aún estando equivocado completamente. Y ahí es cuando olvido lo que me enseñaron de pequeño y meto el morro para poder poner un poquito de luz, abriendo los ojos a quién no quiera ver.

Dos no discuten si uno no quiere. No hubo egoísmo. Quizá hubo de todo, pero jamás egoísmo.

“Cuando menos piensas sale el sol…”

 

 


 

 

“mira

estar salido es un estado q se termina en pocos minutos

la curiosidad va apareciendo poco a poco

y tarda mucho mas en irse”

 


 

Siempre es bueno tener contestación para cualquier pregunta que te hagan. Tambien siempre es bueno saber poner una excusa en un determinado momento y tambien es interesante tener una explicación para cualquier acto que hagamos, independientemente de si la consecuencia es buena o mala. La cuestión es tener una explicación. Un “es que…”

Y para los “es que” tengo dos maestros como dos catedrales de grande. Uno no levanta mas allá de mi cintura, el otro aún ni eso. Uno con casi cinco años y el otro con poco mas de tres.

La verdad es que es una maravilla escuchar como ante cualquier situación tienen una explicación que defienden a capa y espada. Incluso hay veces que pienso que me van a convencer de lo que cuentan, hasta que me doy cuenta de que he caido en su trampa. ¿Y cuál es? Mirarles a esos ojazos grandes y marrones que tienen los dos y que  usan cual gato con botas de Shreck.

Sus “es que…” aún resuenan en mi cabecilla. Quizá porque desde el lunes llevo escuchándolos a diario. En el desayuno, en la comida, cuando vamos a correr el toro de fuego Nene y yo, cuando tengo que comerme el helado de Tatu porque no quiere el que primero ha elegido…

Siempre se pueden aprender cosas nuevas cada día, de cualquier situación y con cualquiera. Mis sobrinos me enseñan que hay que ser resueltos. Torear las situaciones conforme lleguen, responder con un “es que…” cuál excusa de niño y salir adelante ante cualquier situación diaria y cotidiana. Eso sí, cuando tengamos que callarnos, lo haremos conforme a la edad que ya ostentamos. Eso es lo que tendrán que aprender ellos dos con el paso del tiempo.

Aquí estaremos para enseñarselo, pero mientras tanto… Es que a mi no me gusta éste con trocitos de chocolate….


 

Hay veces que es mejor decir las cosas tal cuál son. De vez en cuando nos guardamos cosas bajo la manga, unas veces consciente y otras insconscientemente. Las que se hacen conscientemente hay que tener mucho cuidado de cuando, por qué, como y con quién se guardan para no meter la pata. Esas no me preocupan, porque no son habituales en mi.

Pero las incoscientes… Ay las incoscientes, esas si que hacen malas pasadas. ¿Y por qué? Porque sin darte cuenta puedes crear situaciones incómodas en la gente que te rodea. Y esas cosas pasan.

Cuando sienta algo, lo diré… Te lo diré… Cuando pase algo, lo diré… Te lo diré. Siempre serás la primera persona en saber que hay algo más… Te lo diré. No lo dudes, será así. Confía en quien tantas veces confiaste y salió bien. Confía en quien alguna vez confiaste y salió mal… Errar es humano, rectificar tambien lo es.

Ante circunstancias extrañas se comenten actos extraños. Sin pensarlos, pero se comenten. No están ni bien ni mal, sino hechos y punto. Si no digo cosas, no es porque no quiera decirlas. A veces es porque me cuesta que sean oídas por ciertas personas.

Pero sobre todo, si no digo mas cosas es porque no hay mas cosas que decir. Quien bien te quiere, te hará llorar. Yo no quiero llorar mas, no es el caso. No quiero que se me pongan los ojillos rojos como hace poco me han dicho, porque realmente no creo que tengamos motivos ninguno para hacerlo. Los tiempos malos quedaron atrás.

Así que es lo que cuento en éste renglón. Hay veces que las ideas que van a salir por la boca pasan por el filtro del corazón, haciendo que éstas se modifiquen y se adecúen al receptor de esos pensamientos. Reñiré al corazón para que no filtre tanto, porque hay veces que la filtración, siendo involuntaria, no es buen mecanismo.

Pero sobre todo, te lo diré…


 

¿Cuántas veces nos hemos planteado cientos de rompecabezas y terminabamos pensando que alguien nos había timado haciendo que una de las piezas no encajara nunca? Es curioso la de vueltas que pueden llegar a dar las cosas para que por fin puedas llegar a ver el puzzle completo en toda su dimensión.

Mientras vivimos, se nos van apareciendo delante piezas. Piezas de ese rompecabezas. Aunque cuando nos encontramos una suelta la mayoría de las veces no nos damos cuenta que en realidad forma parte  de un todo. En ese caso lo que hacemos en almacenarla, meterla en una caja de nuestro cerebro, y por supuesto seguir adelante pensando que hemos hecho todo bien.

Y seguimos caminando como si nada. Como si hubieramos resuelto el enigma y mas chulos que un ocho. Y de repente, ¡Zas! Otra pieza… Y volvemos a no mirar mas allá. Nos centramos en esa simple imagen y no nos percatamos de que si miramos hacia sus extremos, veremos que tiene formas redondeadas que encajaría con la anterior. Por el contrario, pensamos que vuelve a estar todo resuelto, y volvemos a seguir adelante de nuevo pensando que lo hicimos bien.

Cuando de repente aparecen dos piezas mas juntas, entonces es cuando la cosa empieza a cambiar. Tiras de la manta, abrimos los ojos, ampliamos horizontes y ahí esta la solución. De repente es cuando vemos la imagen del puzzle que tenemos que hacer, en el que encajaban todas y cada una de las piezas que desde hacía tiempo nos ibamos encontrando por el camino.

Hay veces que el resultado de encajar todas las piezas no es placentero, porque de repente descubres que las noticias que da el puzzle no son todo lo bonitas que te gustaría. La imagen que formaban todas juntas no era un bonito paisaje, ni un cuadro famoso, ni unos animalitos tiernos. En éste caso venía en forma de malas noticias que tenían que ser comunicadas a alguien.

Buenas noticias nos gusta dar a todos, para dar las malas hay que servir, y sobre todo saber. Muchas veces nos ponemos una coraza para no demostrar sentimientos, a veces esa coraza se llama caparazón. En éste caso sería profesionalidad. Pero hay veces que todo se aparca a un lado. Sobre todo cuando encuentras a gente que a pesar de que el resultado del puzzle no es hermoso, no borra la sonrisa de su cara, ni las carcajadas ni la alegria de su corazón. Que afrontan los problemas con simpatía y viendo el vaso medio lleno a pesar de quedar solo dos gotitas de agua.

Si en la vida se puede llegar a sentir envidia por tener mas dinero, por tener una casa mas grande, mas altura, mas pelo, mas abdominales, mas coche… Mas de lo que quieras… En éste caso sentí envidia por la forma de mirar las cosas de frente y no temblar ni un solo momento. Por lo menos de cara a la galería, la procesión iría por dentro. Pero una procesión con una sonrisa, es menos procesión.