Archivo mensual: diciembre 2011

El Renglón Torcido

Último día del año. Último día para resumir éstos 365 días que hoy pasarán a la historia. Un 2011 que se despide con cierto aire de melancolía. ¿Un año bueno o malo? Seguramente habría que hacer un promedio de entradas escritas, y cuántas de aquellas fueron bonitas, y cuales fuero tristes. Aunque si resumimos sacaremos algo en claro.

He sido feliz, muy feliz. Los colores invadieron mi vida, que pasó a estar adornada de puntos rojos. Conocí el amor, en toda su plenitud. Viví historias, conocí sentimientos, alegrías, pasión, dulzura. El amor con todas las letras. Pero tal cuál llegó, se fué. Los miles de puntos rojos que decoraban mis paredes, esas paredes de mi vida, se destruyeron en miles de pedazos. Y a partir de ahí la nada. O mejor dicho, la desesperanza.

Hoy, 31, creo que todo está bien. Tengo la intuición de que toda agua turbulenta al final encuentra un remanso de paz donde poder descansar. En mi interior siento que nuestro de remanso de paz está cerca, nos aproximamos a él. Y digo “nuestro”, porque se que los dos estamos en ese camino. Gracias, por todos y cada uno de esos instantes de felicidad compartidos. Gracias por hacer que el 2011 tubiera colores, pintados con el corazón y borrados con el mismo. Gracias por enseñarme lo que es amar de verdad. Gracias, donde estés. Quizá al cobijo de ese león que te protege.

La felicidad continuada, no interrumpida sigue y se agranda cuando de individuos hablamos. Ellos siguen ahí, aunque alguno se pierda por el camino. Pero los demás hacen piña para que la ausencia no sea especialmente evidente. Ellos me dan la vida, ellos me entienden, me escuchan y me comprenden. Con un solo gesto de mis cejas saben si va a estallar una tempestad, o si voy a dar el abrazo mas grande del mundo. 2011 nos ha dejado grandes momentos, que guardaremos en nuestro cajón de los recuerdos. Y muchos de esos recuerdos adornan entre líneas los cuentos que escribo. A vosotros, Las Vegas, Prada, Ejea, Madonna Lilly, Araian… A los que desde la distancia siguen ahí, y lo comprobamos cuando volvímos a juntarnos en esa casa no rural cercana a Pamplona. A los que no estáis tan cerca, a los que hoy cumplen años. A los que un día paseásteis entre mis líneas para hacerme sonreir. Sois mi vida, mi día a día. Mi compañia, mi corazón y mi soledad. Gracias por dejarme ser un golpecillo de vuestro corazón cada uno de los días que abrimos los ojos para seguir caminando por encima de las baldosas amarillas.

Si de algo me he dado cuenta durante éste último año, es que cada vez que cumplimos un año mas, mi familia está mas unida si cabe que el año anterior. Y mientras escribo ésto, sonrío. Y lo hago porque estamos juntos, y seguiremos estando. A pesar de los baches, como familia nos apoyamos y seguimos caminando. Siempre juntos. Y siempre todos. Y sobre todo, nosotros. Hermanos, primos, tios, sobrinos, madres y padres, abuelos, nietos. Donde empezamos y donde terminamos. Sonrío porque estamos ahí, mientras vemos que criaturas nuevas agrandan nuestras vidas. Cuando vemos crecer a los que llegaron para hacer que nuestra vida tubiera nuevas sensaciones. Cuando comenzamos a ver definidas personalidades a través de la mirada de nuestros sobrinos. Ellos nos dan la vida, y por ellos tenemos y debemos sonreir todos y cada uno de los dias que estamos de pié en ésta Tierra. Por ellos, por los pequeños, seguiremos luchando para que nunca les falte de nada. Pero lo que no les va a faltar nunca y lo se, es el amor de todos y cada uno de esa gente, mi familia que está siempre. Siempre. Por todos, por seguir luchando. Por seguir juntos, y por seguir mejor… Os quiero mucho.

Es difícil escribir. Es difícil despedir éste año. Pasar página, empezar de nuevo. ¿Por qué brindamos? No lo se. Cerrar el 2011 es cerrar un ciclo. Un periodo, un año que estuvo adornado de puntos rojos, se cierra llevándose para siempre mi teléfono rojo. Ese que sonaba a horas intempestivas y hacía que muchas horas de mis dias fueran agridulces. No habrá llamadas de madrugada. No habrá plantones, ni dejar de hacer cosas por dormir junto a mi teléfono rojo. No estaré premenstrual. No tendré la regla. No hablaré mas. El año del rojo se termina. ¿Y ahora que?

Ahora toca seguir adelante. Sólo, y con todos a mi alrededor. En avalancha, en tropa, caminando o corriendo. Pero siempre seguros, y adelante. Y si hay dudas, miramos alrededor para no despirtarnos. Toca volver a dejar al corazón latir, por si sólo. Toca dejar de cuidarlo para que no le hagan daño de nuevo. Toca dejarlo latir por si sólo para que mis manos puedan volver a dar la mano. Toca empezar a romper barreras, a dejar de sentir rabia. A empezar a sentir por mi, sin pensar en lo que sienten por mí. A volver a ser un singular, sin pensar en que fuí un plural. A volver a saber que soy grande, y que mi corazón lo es mas grande aún. A volver a creer que cuando sonrío, hago feliz a mucha gente. Y que con una sola palabra, una sola caricia, o un simple gesto, puedo producir un instante de felicidad en el corazón de alguien que esté cerca de mi. Cerca físicamente, o cerca a través de una palabra escrita.

A tí, que lo lees… Sí, a ti… Mi corazón es igual que el tuyo. Siente igual que el tuyo. Vive igual que el tuyo y cuando llora y duele, llora y sufre como el tuyo. Somos iguales, yo lo escribo, tú lo lees. A tí que estás ahí, sentado en el ordenador o a través de tu móvil. A aquellos que dejáis un comentario, dando ánimo en los momentos delicados. Aquellos que manifestáis los nudos de vuestros estómagos al leer una palabra sincera. Aquellos que derramáis una lágrima, cristalina y salada que recorre vuestras mejillas como una caricia. Como las que ahora inundan mis ojos. Gracias por estar ahí, por acompañarme otro año mas. Éste que despedimos. Gracias por hacerme formar parte de vuestras vidas, por dejarme asomarme hasta vuestras miradas para así acompañaros. Espero que el año 2012 sea precioso para todos vosotros.

Y por supuesto gracias a todas aquellas personillas que llegasteis nuevas a mi vida, en éste año: a los chicos de la fiesta de la espuma, a los que aman cantar en karaokes, a las chicas accidentadas en moto que no me reconocieron con barba. A la comparsa de pintores, con acentos argentinos, escotes vertiginosos, chicos vivientes en áticos, y señores del sofá. A todos y cada uno de los que nombro, y por supuesto de los que no nombro. Sois. Eso es lo importante. Sois.

Hoy ya lo despido. No habrá mas hasta año nuevo. Ni mucho menos, ni mucho mas. Ahora toca olvidar lo malo, y quedarnos con lo bueno de éste que se depide. Es difícil poner el punto final. Difícil porque se lo que me gustaría poner y duro porque no se ni como ponerlo. Será mejor dejarlo en SILENCIO.

Feliz año 2012 a todos. Que paséis un fin de año perfecto y nos vemos en año nuevo.


“Si quisiera que me besaras, no tendrías mas remedio”


El Renglón Torcido

Tantas ideas en la cabeza y ninguna tiene pies por donde agarrarla. Sí, agarrarla y poder escribirla aquí. Os he dejado solos mientras me perdía en mi soledad. Y mientras estaba perdido, trataba de localizar algún pensamiento digno de mencionar. Pero volvía a perderme en ellos. En mi soledad. Lo primero de todo, Feliz Navidad.

Abotargado, lleno de palabras y vacío de ellas. Intranquilo, demostrable por el tic que vive en el párpado superior izquierdo de mi ojo, así como el orzulo persistente de mi párpado superior derecho de mi otro ojo. Un día mejor, otro día peor, pero siempre ahí. ¿Motivos? Los hay. Unos mas serios, otros menos, pero los hay. Y mientras tanto, ¿por que no estar sólo?

Todos los días trato de volver a juntarme con vosotros, pero no veo por donde empezar. Pienso en que hace tiempo que me fuí, y pienso a veces que quizá sea el momento de no volver. Pero después, se me va de la cabeza. No encuentro algo nuevo que contar, o quizá tenga tantas ideas a presión dentro de ella que no sea capaz de ordenarlas para poder escribirlas. Y sobre todo, odio volver a escribir de lo mismo de siempre. No quiero seguir dando pena. Quizá mi corazoncillo ese del que me ha dicho que desprende amor con cada latido esté en horas bajas y no me esté ayudando a teclear palabras. Seguro. Aunque pienso en parar, en dejar de escribir y se me pone un nudo en el estómago que no puedo con él.

Tengo cosas que contar, claro que las tengo, pero son difíciles de exteriorizar. ¿Por qué no estar solo? He perdido trenes, otros se fueron sin esperarme y de otros me echaron mientras estaba en marcha. Será porque pasó el revisor y no llevaba un ticket adecuado para ese trayecto. Y cuando se van trenes o de repente te encuentras en una estación vacía, siempre viene a la cabeza la pregunta de “¿sería ese el último tren?”. Pues sinceramente, no tengo la respuesta para ello. Pero las cosas son así. Tal cuál.

Aprendemos desde pequeños a que no tenemos que ser egoístas. A compartir y a pensar en los demás. A no hacer cosas al prójimo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos. Y parece que esas cosas que aprendemos, cuando somos mayores nos dedicamos a desaprenderlas. Y las desampredemos a una velocidad de vértigo. Compartir es lo mas bonito que podemos hacer en el mundo. Y si es con alguien a quién amamos mas aún. El amor, bendita palabra. ¿Y el desamor?

Del desamor mejor no hablar que creo que a éste paso haré un master. Eso si, yo si no es un Master de Universo, yo no hago ninguno. Aqui estamos, contando sin contar. Hablando sin decir, y escribiendo sin sustancia. ¿O tal vez la tenga? Última semana del año, día ya 28 de diciembre, los Santos Inocentes. Cuenta atrás para que comience un nuevo año, cuenta atrás para un buen resumen de éste que se despide.

Un año de renglones, quizá menos, tal vez mas. No lo se. Pero un resumen intenso que verá la luz en los próximos días. Gracias por mi soledad, perdón por la misma. Gracias por volver a leer, perdón por lo inexplicable de la lectura.


El Renglón Torcido

No soy un chico triste. No estoy todo el dia llorando ni mucho menos voy por la vida pensando que lo me sucede es lo peor del mundo, ni tan siquiera que lo que me pase a mi es algo que a nadie mas le pasa. Soy consciente de que en la última temporada, desde hace unos meses aqui, pocas entradas, o tal vez ninguna han sido alegres. No ha habido frases del día, o mas bien pocas. No ha habido episodios graciosos, dignos de carcajadas. Y sinceramente, si las ha habido, ni las recuerdo.

Aunque ahora mismo miento. Y miento porque si que ha habido frases del dia, si que ha habido sonrisas y muchas sonrisas. Carcajadas tambien y buenos momentos muchísimos. Pero la cuestión es que en un momento determinado de que llegas a casa, y de repente vuelves a estar solo con tu silencio, tus pensamientos y mis oscuridades, siempre es mas fácil contar lo que siento por dentro en ese momento, que lo que realmente me hizo reír ese día.

Me niego a ser el chico triste, algo que ya me llamaron hará cerca de un año, y que hizo que escribiera alguna linea por aqui. No, porque la mayor parte del día no lo soy aunque parezca lo contrario. No, porque a pesar de que no me guste mi sonrisa, muchas veces es bien recibida por los que están delante mía, siendo objeto de buenas críticas. Y no porque sería muy injusto para los que pasan los días junto a mí, haciendo pensar que todo son tristezas y penas.

Me río y mucho, cuando hacemos el ganso bailando “a lo loco” un sábado tonto no de borrachera con mis chicas preferidas. Sonrío cuando nos contamos chistes sobre pantalones de pana, Madia Luisa, “hola madia Luisa”, o sobre como sale volando un paráguas… Y sonrío mas cuando después de contar mil y uno de esos chistes de humor absurdo, nos da por mezclarlos todos en uno y es mas, vivirlos y tratarlos de incorporar a nuestras vidas.

Me río cuando de repente un día por la calle, nos vemos envueltos en mitad de otra cuadrilla de la cuál no nos conocemos y después de un rato caminando nos damos cuenta de que no nos conocemos ninguno de los que vamos caminando juntos. Soy feliz cuando veo a una individua Lilly sonreir como nunca antes la he visto sonreír mientras baila en un bar de Pamplona, y hasta aquí puedo leer.

Soy feliz con pequeños detalles que llenan el día a día. Cuando recibo mensajes a mi móvil, cuando veo fotos de mis sobrinos con Woody y Jessie de Toy Story. Cuando estoy con mi familia alrededor. Sonrío cuando puedo pasear por Pamplona un día laborable sabiendo que estoy de fiesta y puedo ver lo que no normalmente no veo.

Me divierto con mis individuos, con el grijander, con nuestras cervezas o cafés de rutina a las ocho de la tarde, sin los cuáles la vida no tendría los colores que tiene. Con nuestras tonterías, con la bebida interminable de Prada, con los calores habituales de Las Vegas y yo mismo. Ellos me hacen reir, siempre. Las Vegas, Prada, Ejea, ¿algún pueblo mas?

Vivo el día a día, y no hay día que no sonría. A pesar de que parezca lo contrario. No soy el chico triste que puedo llegar a aparentar. Y si alguien lo duda, sólo tiene que ponerme videos de Lina Morgan para demostrar que no es cierto. “Javier que son tus padres”. Y ya si la ves en 3D, te cagas por las patas.

Quizá es mas sencillo hablar de las mazmorras del alma que no de las chispas del corazón. Por lo menos para mi. Quizá sea mas fácil sacar las bajezas de mis sentimientos porque me libero de ellos, dado que las alegrias que me brindáis dia a día no quiero perderlas. ¡Que me gusta a mi un drama! Pues es lo que hay…

Pero que quede dicho, sonrío como el que más.


 

El Renglón Torcido

 

Si la desconexión auguraba un regreso fuerte y vigoroso, no lo será. Si el silencio era una señal de paz y reflexión, no ha conseguido el objetivo. Hoy si cabe vuelvo, mas torcido que nunca. Si es que un martes y trece, del doce, del once, no puede dar lugar a nada bueno.

Me da igual quien pueda o no llegar a leer ésto que escribo. Me refiero a la gente que se pueda dar por aludida o no respecto a las historias que puedo llegar a contar. Pero hoy vuelvo, después de muchos días sin escribir y afrontando la recta final de éste año, y sinceramente, voy a escribir lo que quiero pensando solo en mi.

Hoy he vuelto a ver mariposas. Mariposas de un principe. Esas de las que había odio hablar y tenía constancia de su existencia. Esas que comenzaron a volar hace cuatro meses tiñendo de tristeza nuestras vidas; esas que tornaron el color de sus alas de vivos colores a frios matices mientras revoloteaban a nuestro alrededor.

“Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

En la soledad de una galería, entre miradas, colores, olores. Una sonrisa que no se olvida, un momento de soledad. Y una reflexión. No me gustan las mariposas del principe. Son preciosas, si, pero para mi son lo mas triste del mundo. No por como son, sino por lo que significan. Por sus colores , por que no hay puntos rojos y si los hay no se ven. Por el tiempo en que fueron creadas. Cada una de ellas significa un tiempo pasado que es mejor olvidarlo.

Y ahi delante de ellas, mas tiempo del necesario para valorarlas, esperando o evitando la despedida. Busco entre los cuadernos, historias nuevas, borrosas, sucias y desordenadas.  Quizá como me siento yo en ese mismo momento mientras lo estoy mirando. Aparecen entre hojas, mundos vividos por mi. Dibujos de los que te puedo decir el lugar y el momento donde fueron creados. Una mano blanca que no sabiamos donde ubicarla encontro su lugar bajo una señora que se escondía. Unos cactus y una escalera recordaban tiempos de sol, cercanos al mar, en un tiempo en el que todo era perfecto.

Y después, la despedida. Un nuevo final: mi final.  

” Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

Las historias se solapan en el tiempo. Los sentimientos son difíciles de controlar y el amor o desamor está donde menos lo esperamos. Hoy el día no ha ido a mejor. Ni mucho menos. Cuando el corazón sufre una punzada, casi es mejor rematarlo para que deje de sufrir que permanecer en una agonía misera que no lleva a nada. La punzada era obvia, provocada y meditada. El remate era necesario, esperado e inesperado. Contradictorio, por supuesto, pero sobre todo necesario.

Que fácil parece todo cuando las ideas están en la cabeza, y que difícil es ponerlas en orden cuando tienen que salir por la boca. Son nulo para ello, se me da mejor escribir. Aunque hoy no es un gran día y casi están igual de desordenadas en mis escritos que en mi cabeza. Con lo fácil que es mirar a los ojos, mientras sonríes y lo difícil que es hacerlo cuando las noticias no son buenas. Siempre es bueno tener un escudo delante, como por ejemplo un pañuelo al cuello que sirva para bajar la mirada y enredar en él. Cuando te despojan de él, estás descubierto.

Ya no es tiempo de mariposas. Si las hay, ahí están. No hay sitio para mas, ni para que crezcan, ni para que surjan nuevas. No hay sitio ni razón para ellas. Y por éste motivo hay que evitar daños colaterales. Quizá ya causados, pero tal vez subsanados en cierto modo. El tiempo tiene que poner orden en éste caos. Hace un tiempo, y me repito, hable de que el tiempo y yo tenemos que hacer algo para resolver éstos problemas. Está claro que yo no, puedo, así que lo dejo en manos de las horas.

Me equivoco, y entro en un bucle en el que no me doy cuenta que ya he estado. Mientras que mi entorno sabe que estoy cayendo en el mismo error en el que una vez ya estuve. Vuelvo a tropezar, pero me vuelvo a levantar. Me duele, menos, o quizá mas. Eso lo diré mañana.


El Renglón Torcido

 

Por las dobles caras.

Por las explicaciones fuera de lugar.

De sitio.

Y a quien no se debe.

Porque hay cosas que es mejor guardar para uno mismo sin esparcir mierda a los demás.

Por las falsedades. Tremendas falsedades. Inoportunas historias salidas de mentes desconcertantes.

Mentes muy desconcertantes, que se esmeran en hacer las cosas no bien. Sino todo lo contrario. Es mas, sin exagerar, diría que todo lo opuesto.

No hay saber estar. No hay educación. Hay gente que ni la conoce.

Ni muchísimo menos el respeto.

RESPETO.

Con todas las letras, y en mayúsculas. Para el que no lo conozca, se lo presento.

Y sobre todo, falta de responsabilidad.

Hoy tengo rabia por dentro. Muchísima.

No puedo ni cuantificarla.

Quizá demasiada para escribirla aqui. Aunque la válvula de mi olla express son éstos renglones.

Impresentables modales de inexplicables realidades.

Con lo fácil que es conectar dos neuronas y pensar… Un poquito.

Sólo un poquito.

Sin ayudas externas. En soledad, contigo mismo. Cerrando los ojos, y pensar. ¿Qué es lo mejor?

Hay gente que ni siquiera le llega para ésto.