El Renglón Torcido

No me alegro de los sufrimientos de los demás, ni lo mas mínimo.

No he pensado en ningún momento que nadie sufra excepto yo.

Y realmente, me jode que se pueda llegar a pensar que un hecho así pueda hacerme gracia.

Ésta es una de esas historias que poca gente podrá llegar a entender, muy poca. Así que lo siento por los que me decís muchas veces que no se me entiende, pero no creo que deba ser mas claro en los hechos.

Hay veces que es mejor callar que decir lo que realmente se piensa. Y yo he callado dos veces: la primera por no saber que decir, sinceramente, y la segunda por no decir lo que la rabia por dentro gritaba, mientras yo trataba de ahogar su grito desde afuera.

Perfecto, no lo soy. Ni de coña. Quien me lea desde hace tiempo dará fe de que es cierto. Me equivoco, como el que mas. O tal vez más que el que mas. Soy orgulloso, y cuando lo hago, me cuesta reconocer mis fallos. Pero ésta vez no se trata de mi.

Las decisiones son difíciles de tomar, y hay que pensar mucho antes de tomarlas. No tienen que ser fruto de un calentón de un momento. Meditar, reflexionar, pros y contras, todas esas cosas que se hacen. Y después de analizar todo, decides.

Eso es una decisión, madurada, pensada. Tranquila. Con todas sus consecuencias, para bien o para mal pero tranquila.

Lo que sucede por el contrario cuando la tomas sin pensar es que los daños colaterales suelen ser bastantes. Y por supuesto, suelen tener efectos impredecibles. Decisiones equivocadas, casi siempre. Pero tomadas en un momento malo.

Yo no tomé la decisión pero sufrí las consecuencias. Primero por saltar mi punto rojo en pedazos; segundo por pensar que fué fruto de un calentón y que se solucionaría; tercero por ser inocente y pensar que se iba a solucionar; y cuarto por tener que asimilar que lo que hasta entonces había sido el proyecto de vida mas seguro y claro que había tenido hasta entonces, saltaba en pedazos.

Sufrí las consecuencias, además, porque si es duro que tu corazón estalle en pedazos, mas aún es ver que el origen de todo se resquebraja y que de repente te quedas, con tu corazón roto mientras que las piezas del puzzle vuelven a encajar debajo de ti. ¿Que se hace cuando te rompen en corazón y después te piden perdón?

Si, soy claro, por supuesto. Y lo siento, pero al que no le guste, que no lo lea. Hace casi tres meses que lloro día si y día tambien por una decisión, antes pensada y meditada, ahora mal tomada y equivocada. Hace tres meses que mi futuro organizado, tranquilo, sereno y lleno de pinturas y colores estalló por los aires para quedarme sumido en la mas absoluta de las “nadas”, para que ahora intenten reflotarme de ese pozo.

Cuando se toma una decisión, es fácil después echarse atrás y decir me he equivocado. O quizá no sea fácil, no lo se. Pero ¿y yo? ¿Y todas las malas tardes pasadas? ¿Y todas las lágrimas caídas desde entonces? ¿Que pasa con todo eso?

Por supuesto no contesté a los mensajes de nuevas oportunidades. No por no tener nada que decir, porque está claro que con éste mensaje hay material para muchas contestaciones. Si no porque me jode, si, me jode y mucho que siendo todo como era, siendo “perfecto”, se fuera todo a la mierda para siempre por una tontería. Porque me jode que se den pasos reculando a toro pasado. Porque ¿que se hace con un corazón cuando está roto en mil pedazos?

No hay odio, desde luego que no. Solo rabia y mucha por que lo teníamos todo para ser felices, tal vez no para siempre, o tal vez sí, quien sabe. Y de tenerlo todo se fue todo a la mierda por un día malo. Un día malo. Y tal vez sea yo ahora el egoísta, por pensar en lo que será mejor para mi sin pensar en los demás. Pero se una cosa, y es que cuando me acuesto, me acuesto conmigo, y es en mí en quien tengo que pensar. Y cuando lo hago, pienso en que ahora, sí, estoy jodido, y mucho. Quizá mas de lo que muchos se piensen. Pero luego estaré mejor. Porque desde luego uno no deja de querer a las personas de un día para otro, ojalá fuera tan fácil. Pero sí, luego estaré mejor.

En unas jornadas de reflexión, la mente da para mucho. Para eso quizá han servido las vacaciones. O tal vez no. Pero una cosa está clara, la decisión que se tomó yo no la decidí y yo no haré nada por cambiarla. Si se tomó tomada está. Si me callé y no dije nada fue por no cagarla. Si no odio es porque aún quiero. Si no me alegro es porque aún duele. Pero si no reculo es porque creo que mañana estaré mejor, aunque hoy, y después de todo, sigue doliento. Pero eso sí, seguro que será Mejor mañana…

 

 

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