Archivo mensual: diciembre 2012

El Renglón Torcido

Se baja el telón.

2012 dejará paso al 2013.

¿Un año de mala suerte por su terminación?

No contemos con eso.

Miremos arriba deseando un próspero porvenir.

Soñemos con cosas bonitas que hagan que sonría nuestra mirada.

Pensemos que todo lo que deseémos se hará realidad.

Y si no, lo intentaremos.

Sin descansar hasta conseguirlo.

Aunque descansando para resistir éste mundo loco donde vivimos.

Me apoyaré en cuantos estén a mi lado para seguir.

Compartiré mi vida para hacer que esté llena de colores.

Pintaré.

O dejaré que me pinten.

De amarillo, o quizá de esmeralda.

O quizá de puntos rojos.

Escribiré.

Viviré.

Siempre viviré.

Bien o mal. Acertándome o equivocándome.

¿Quién tiene la certeza de que todo lo que hace es un acierto?

Aprenderé con cada paso que de.

Sobre el suelo firme construido éste año.

Y  soñaré con que vuelvo a encontrarme con todos vosotros a la vuelta de la esquina.

En las calles, en los parques.

Quizá en mis sueños. 

O tal vez en mi corazón. 

Recibir el año nuevo pensando en todas las cosas bonitas que os queda por hacer en ésta vida.

Tenéis todo un año por delante para conseguir que se haga realidad.

Brindad con los vuestros. 

Y pensar en los que no están. 

Porque en algún lugar de vuestro corazón, sentiréis que estáis acompañados.

Feliz año 2013.


El Renglón Torcido

¿Alguien sabe con certeza cuando dos personas son amigas o dejan de serlo? Repetiré la pregunta o la plantearé de otra manera mas adelante. Los amigos son personas que forman parte de tu vida, que junto a ti, han labrado un terrerno árduo y seco, y después de sembrar y cultivar de manera cuidadosa ese campo, la amistad florece y da sus frutos. Por supuesto, éste terreno debe ser cuidado todos los años, abonándo, regando, y volviendo a sembrar para que cada temporada nos de sus frutos.

Pero, y ahí va de nuevo la pregunta. ¿Nos damos cuenta realmente cuando ese cultivo empieza a estropearse? ¿Somos capaces de predecir una mala cosecha?

Sinceramente creo que no. Yo diría que a veces somos tan negados para la agricultura como yo lo fuí en mi época de la facultad estudiando los cereales de invierno, de verano, la bataca, batata, patata y tapioca.

Al principio todo es fácil. Apenas hace falta regar porque el cielo nos ayuda con su lluvia, y los brotes verdes salen rompiéndo la tierra haciéndose fuerte. El sol cumple su función llenándo de luz los tallos verdes y fortaleciendo de esa manera la amistad que juntos cultivamos. Sin esfuerzos, con ganas, pero sabiendo que tienes que hacerlo, todo florece y adorna nuestro terreno con colores agradables.

Y aquí llega el punto de mi pregunta inicial. ¿Sómos conscientes de cuando ese terreno que tanto nos ha costado, empieza a secarse y a resquebrajarse la tierra por la sequía? ¿No sómos capaces de ver que las lluvias de inicio fortuitas, dejaron de caer y por supuesto deberíamos regar para que no se secara la tierra? ¿Estamos tan ciegos como para no darnos cuenta que los tallos verdes que al inicio rebosaban nuestro terreno ahora apenas cubren una parte de la superficie? O simplemente, un día llegas a ese campo y lo encuentras vacio.

¿Por qué?

En que momento de la vida, alguien que ha sido tu complice dejó de serlo. ¿Se dió cuenta? ¿Me dí cuenta? ¿Por que circunstancias de nuestra rutina, pasamos de ser hermanos no cosanguíneos a completos desconocidos? Y lo que es incluso mas triste, o extraño tal vez. Existe un fenómeno curioso, más aún. Hay terrenos de amistad, que son cuidados por ambas partes, pero que no coinciden en el tiempo. Cuando yo cuido mi terreno, estoy sólo. Y cuando la otra  persona lo hace yo no estoy. Diríamos que es como una custodia compartida. Nuestra amistad la tenemos, sí, pero unos tiempos la tienes tú,  y luego ya si eso, me la pasas a mi y la cuido yo.

Son preguntas a las cuales no encuentro una respuesta adecuada para ellas. Es decir, no se si soy bueno agricultor o pésimo. Tal vez sea bueno en determinadas temporadadas y malísimo en otras. Tal vez sea bueno labrando un campo, en cambio otros no sea capaz de hacerlo tambien porque quizá debamos dejarlo en barbecho una temporada.

Amigos, millones de buenos momentos, y cientos de preguntas en mi cabeza. Por supuesto no me considero el mejor amigo del mundo. Ni mucho menos, tal vez, incluso sea bastante mediocre en ello por mi don de desastre y dejadez que tengo. Pero a veces pienso en muchos que han compartido mis días, seguramente como ellos lo hagan conmigo, y es cuando se me vienen a la cabeza éstas preguntas.

¿Seguimos regando, o dejamos en barbecho? ¿Sómos amigos, o eso ya pasó y no me di cuenta? Quizá volví a terreno tarde y lo encontré vacío.


La imagen del año, 25 años después. FELIZ NAVIDAD

La imagen del año, 25 años después. FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad:

A mi madre y a mi padre. A mi hermana y mis sobrinillos. Al Sr. Pintor. A tete. A mi familia la que está cerca de mi y la que está lejos tambien: los del bajo dcha, los del bajo izquierda, los que viven en la rochapea, los de sarriguren, los de Ansoain, los de Villava, los de arre, los que viven en la chantrea, los que viven en mi misma calle unos portales mas hacia abajo, los que viven en extremadura y hace un tiempo que no los veo, los que viven en zizur y en noáin, tambien en echavacoi y los que viven por el país vasco. Madre mía cuanta familia. ¿Me dejo alguien?

A mis amigos, a ver quien me dejo, jijiji. A Juanjo y a Camilo. A Naiara. A Erkuden, Erika, Leticia, Azucena, Vanesa, Irati, Miren, Miriam, JoseMiguel, Susana, Regina, Mercedes, Jesús, Ruth, Esther, Ainhoa, Vanesa, Ricardo, Juanfer y Ana. A Dieguito. A Luismi y Johan. ¡A la gentecilla! Pepo, Izas, Césares, Alejandra, mi medio cuñada M. Jose, mi medio cuñado Jesús. A Itzi.

A mi familia tudelana: cuñadicos, sobrinos, tíos y todos los de allí. Feliz Navidad a todos. Tengo ganas de bajar.

A mi medio familia de Ejea: Sergio, Ana, Susana, Nogue y Mena. Al chiquitín Iker. A mi otra media familia de Valareña: Ana, Ángela, Anita, Sua y Noa. ¡Que ganas de bajar a veros!

A la familia Grande, y ahora viene la frase fácil: una gran familia, jijiji.

A los que tengo lejos pero me acuerdo de ellos, ¡tenemos lo puesto!: Manolo y Pedro, Miguel, Luis, Fer, Noe, Medhi, Victor y quien se acuerde de mí a 2400 km.

A la gentecilla con la que hablo poco pero lo suficiente como para desearles feliz navidad: Juanrojo, Maite, Susana, Erik, Eduardo, Ainhoa y Rubén, AnaMati. A los malagueños, a los leoneses, al catalán Gasull.

A mis pintoras: Iruña Cormenzana, Blanca Abajo. A Cecilia y sus vecinos “salaos”.

A mis chicas currantes que llevan un mes trabajando sin mí: Ana y Patricia y a la loca de Coral y su tanguito. A la familia veterinaria, a Amaia.

A los perdidos de Bilbao, Javi y Jorge, y a Inma, Luis y su macaco, por extensión. Y a los que vinieron y mi accidente les chafó sus dias aquí. A Manu. Feliz Navidad.

A mi super compi de piso: Bego que gracias a su super hotel en Aínsa (bueno, de su hermano), en cuatro día que estuve allí, engordé 5 kilos los cuales aún no he perdido. A Ruth, Eva, Laura, Dani y Helena, tambien compañeros de piso en algún momento de nuestra aventura en Zaragoza. Bego, nos debemos una visita, ¿no?

A mis vecinillos: Edorta y Ricardo. A mi vecina de abajo que hace mucho que no la veo.

A mis compañeros de colegio que me alegran el día cuando nos encontramos y hablamos como si fuera ayer que jugábamos en el patio a darnos balonazos: María, Iñigo, Vanesa, Luis, Lorena, Lutxi, Alberto, Yoli… A Maite, Maritere o Teresa, como quieras que te llamemos, por haber hecho que éste año pudieramos volver a abrazarnos después de 25 años sin vernos. ¡Madre mía!

Y a la gente que me encuentro en mi rutina, a mis floristas de la acera de enfrente, a Loli que me lleva los papeles de mi seguro, a los chicos de la caja, a Idoya que aunque esté lejos aún me acuerdo de ella. A los clientes que se acuerdan de mi y pregunta en mi ausencia. A mi fisio que me trata muy bien.

A quién mas, a todos aquellos amigos del Facebook que aunque no tenga una relación directa con ellos, los veo, los leo y están. Lo mismo con toda la gente que lee mis paridas en Twitter. Feliz Navidad.

Y por último, sabiendo que me olvido a gente (que si lo hago, me disculpen por la omisión y espero que en un comentario os añadáis, por favor), el mejor deseo de Navidad es para todos aquellos que pasáis unos minutos de vuestra vida leyendo éstas palabras locas que un día decidí compartir con la inmensidad de las redes en lugar de guardarlas en mi cabeza.

Gracias por seguir ahí después de un año no tan prolífico como los anteriores. Vosotros sóis los que hacéis que siga escribiendo. A vosotros,

FELIZ NAVIDAD


Pero sonriendo

Pero sonriendo

Desde hacía días pensaba en volver a escribir, pero sin conseguir sentarme delante del ordenador. Un día por cosa, y otros días por otra, pero la cuestión es que no encontraba el momento oportuno. Quizá no encontraba la inspiración, o se perdió siguiendo una baldosa que parecía amarilla pero no lo era.

Hoy me siento de nuevo y resumo mi año. Siempre está bien mirar hacia atrás y ver el camino recorrido en todos éstos meses medio desconectado de toda la era internauta. Y que mejor día que el día del fin del mundo. Ahora mismo acabo de leer en google que según los mayas, esa fatídica hora llegará a las 19.12 horas (hora peninsular). Por lo que me quedan 42 minutos para escribir mi nueva entrada y publicarla. Contando por lo tanto que éstas palabras que hoy pronuncio, si se cumple la profecía, serán leídas por muy pocos.

Pero bueno, dejemos el fin del mudo a un lado, que cuando tenga que ser será. Y repasemos cosas significativas que quedan en mi memoria dignas de mención. Y como se suele decir, hablaremos de Salud, Dinero y Amor.

Salud: sinceramente, mi fin de año está siendo bastante movidito si de salud hablamos. Mi pobre coche ha recibido otra embestida por detrás, y está en laUCI desde hace 20 días. Ay, mi niño. El día que hacía dos años que me lo compré, un señor muy amable decidió llevarme por delante en la famosa NA-121 de la que alguna vez he hablado, y como consecuencia de ello, mi cuello y mi espalda sufren esguince y contracturas musculares múltiples. Termino el año entonces entre médicos de familia, médicos de la mutua, médicos de urgencias y médicos rehabilitadores. Además si a ésto le sumamos un hermoso flemón que me ha salido, con la consiguiente visita al dentista del día 28 de diciembre, pues estamos genial. Eso sin mencionar otra visita médica que tengo pendiente para empezar bien el año, pero esa me la guardo. ¿Que conlleva todo ésto? Pues os cuento. Conlleva un periodo de inactividad laboral, sedentarismo, dolores, apetito y los consiguientes engordes en mi cuerpo. Creo que no me voy a pesar hasta no se ni cuando. Sí, he  engordado. Y mucho. Pero la cuestión es que me gusta comer. Soy así.

Dinero: pues que se le va a hacer. No me puedo quejar. Dado que la fuente de ingreso, es decir, mi trabajo, se mantiene, no me quejo. Vivo bien, pago mis letras, mis facturas y mis cosas, caprichos, etc. Quiero decir, me encantaría que me tocara un pedazo de euromillón para dejar de pagar piso, coche y solucionar la vida a mucha de la gente que me rodea. Pero dado que eso no sucede a pesar de que lo intento, pues diré que no me voy a quejar de mi situación económica. Y mas como están las cosas en éste país de pandereta en el que vivimos. Que no me voy a poner a hablar de la economía de los  políticos, que se me hincha la vena y suelto la panfletada. Eso sí, un apunte. Hoy leí en twitter, creo que era ABC que escribía que el transporte sanitario a los enformos crónicos no iba a costar mas de 60 € al año o al mes. No recuerdo bien la cifra. Pero yo me pregunto. ¿Tenemos que pagar nosotros, los ciudadanos currantes ese dinero por nuestra sanidad? Está bien, ¿y cuanto pagan al mes o al año nuestros queridos políticos por usar el transporte… ese que dicen… los coches oficiales? Ah, no claro, que eso les sale gratis gratis. En fin, ahí lo dejo para que lo penséis. 

Y en el amor: pues como todos sabéis, estoy enamorado. Sí, lo se, pero no haré un pastelón de ello porque muchas veces ya he hablado de mi Sr. Pintor. Mi año 2012 en el amor ha sido perfecto. Perfecto en sus imperfecciones. Imperfecciones que conocemos en la rutina de compartir el tiempo y el día a día con la persona que deseas. Y desde el principio del año, hasta ahora el final, hemos seguido caminando juntos para lograr encontrar algún día la ciudad de las esmeraldas. Sí, soy feliz. Gracias Sr. Pintor.

Pero en el amor no sólo encuetro lugar para el amor en pareja. Sino para todas aquellas que han compartido conmigo éste año que hoy terminaría si los mayas hubieran acertado. Mi familia siempre pone colores en mi vida, con sonrisas, con conversaciones, y por que no, con gritos de disconformidad. Hemos cerrado un capítulo en ella, ahora todo saldrá bien, ya lo verás. Tú lo sabes, siempre adelante. Mis sobrinos siguen creciendo y cada vez sorprenden mas sus razonamientos y su manera diferente de pensar. El cabeza de familia dejó la vida laboral a un lado para dedicarse a descansar que ya ha trabajado como un jabato toda su puñetera vida. El descanso merecido del guerrero. El guerrero, mi padre. Y mi madre, siempre poniendo el punto de locura y desparpajo allí donde esté. La improvisación, y las risas la siguen como al famoso flautista. Ella si es una verdadera guerrera que es la que mantiene el navio con buen rumbo. Familia, sois grandes.

Y como no, aquellas personas que deciden compartir su tiempo conmigo. A gentes que se quedaron lejos, y a gente que está aquí bien cerca. A los individuos que aún continúan a mi lado. A todos aquellos que respondieron al teléfono, al mail, o a un simple mensaje cuando los necesité. A aquellos que con una mirada y sin palabras, y nada más, saben lo que quiero transmitir. Todos y cada uno de vosotros tenéis un hueco en el sonido del latido de mi corazón. Desde lejos, desde al lado, desde muy lejos o en la acera de enfrente. He tenido un año desconectado del mundo virtual. He olvidado muchísimos cumpleaños. Lo siento de corazón por no llamar, por no estar. Felicidades a todos. Juntos seguimos adelante. Quizá no hemos hablado, pero estoy. Siempre estoy, para cuando sea, para los que sabéis que estoy. Jueves de Rock ‘n roll. Por supuesto, tambien sóis familia.

Hace dos días subiendo a rehabilitación, cedí mi asiento en el autobús interurbano (villavesa para los de Pamplona), a una señora con una minusvalía. Después de que se sentara, comenzó a contarme su vida. Supongo que a muchos en determinadas circunstancias nos gusta que alguien nos escuche. Y hoy lo comparto con vosotros. Ésta señora iba camino del hospital de navarra, para recibir los resultados de su último análisis. Ella pensaba que iba a salir bien, y había comprado pastas para darle al médico. Dijo que si le daba malas noticias, le arrearía con la bolsa en la cabeza.  Tenía cancer. Era el sexto cáncer por el que pasaba en los últimos doce años. Su marido la dejó en el segundo cáncer, mientras estaba ingresada. Y todo ésto me lo contó con una sonrisa de oreja a oreja. Comenzó el 2012 comiendo doce cachitos de chocolate en lugar de comer uvas. Y como éste año le había ido de maravilla, el 2013 lo comenzaría de igua manera. Ahora le sonreía la vida, tan castigada por la enfermedad. Tenía fe en que análisis saldrían bien, y que volvería a casa contenta para compartir el tiempo con un novio nuevo que tenía y que le hacía muy feliz.  Así es la vida. No se ni su nombre, ni tan siquiera si el médico en el hospital le dió buenas o malas noticias. Pero me hizo pensar que cualquier cosa que padezcamos, tenemos que afrontarla de igual manera que aquella estupenda señora. Con una sonrisa de oreja a oreja y mirando siempre hacia adelante. Ella también buscaba al final su ciudad de esmeraldas.

No se como terminará el año, ni tan siquiera si en doce minutos que faltan paras las 19.12 se terminará el mundo. Sólo se que sigue siendo un placer asomarme a mi ventana privada. Esa que sólo veo yo cuando escribo, y descargar aquí todo lo que se acumula en mi cabeza. Éste año ha sido menos prolífico que el anterior. Veremos que nos deparará el 2013, porque para que quede claro, no me voy. No dejaré de escribir, ¿y sabéis qué? Que me encanta hacerlo.

Señores, señoras.

Parar.

Respirar un segundo.

Sientan los pies sobre la tierra y cierren los ojos.

Comiencen a ver lo que hay oculto dentro de ustedes.

Y vivir…

Pero sonriendo.