El Renglón Torcido

 

Si la desconexión auguraba un regreso fuerte y vigoroso, no lo será. Si el silencio era una señal de paz y reflexión, no ha conseguido el objetivo. Hoy si cabe vuelvo, mas torcido que nunca. Si es que un martes y trece, del doce, del once, no puede dar lugar a nada bueno.

Me da igual quien pueda o no llegar a leer ésto que escribo. Me refiero a la gente que se pueda dar por aludida o no respecto a las historias que puedo llegar a contar. Pero hoy vuelvo, después de muchos días sin escribir y afrontando la recta final de éste año, y sinceramente, voy a escribir lo que quiero pensando solo en mi.

Hoy he vuelto a ver mariposas. Mariposas de un principe. Esas de las que había odio hablar y tenía constancia de su existencia. Esas que comenzaron a volar hace cuatro meses tiñendo de tristeza nuestras vidas; esas que tornaron el color de sus alas de vivos colores a frios matices mientras revoloteaban a nuestro alrededor.

“Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

En la soledad de una galería, entre miradas, colores, olores. Una sonrisa que no se olvida, un momento de soledad. Y una reflexión. No me gustan las mariposas del principe. Son preciosas, si, pero para mi son lo mas triste del mundo. No por como son, sino por lo que significan. Por sus colores , por que no hay puntos rojos y si los hay no se ven. Por el tiempo en que fueron creadas. Cada una de ellas significa un tiempo pasado que es mejor olvidarlo.

Y ahi delante de ellas, mas tiempo del necesario para valorarlas, esperando o evitando la despedida. Busco entre los cuadernos, historias nuevas, borrosas, sucias y desordenadas.  Quizá como me siento yo en ese mismo momento mientras lo estoy mirando. Aparecen entre hojas, mundos vividos por mi. Dibujos de los que te puedo decir el lugar y el momento donde fueron creados. Una mano blanca que no sabiamos donde ubicarla encontro su lugar bajo una señora que se escondía. Unos cactus y una escalera recordaban tiempos de sol, cercanos al mar, en un tiempo en el que todo era perfecto.

Y después, la despedida. Un nuevo final: mi final.  

” Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

Las historias se solapan en el tiempo. Los sentimientos son difíciles de controlar y el amor o desamor está donde menos lo esperamos. Hoy el día no ha ido a mejor. Ni mucho menos. Cuando el corazón sufre una punzada, casi es mejor rematarlo para que deje de sufrir que permanecer en una agonía misera que no lleva a nada. La punzada era obvia, provocada y meditada. El remate era necesario, esperado e inesperado. Contradictorio, por supuesto, pero sobre todo necesario.

Que fácil parece todo cuando las ideas están en la cabeza, y que difícil es ponerlas en orden cuando tienen que salir por la boca. Son nulo para ello, se me da mejor escribir. Aunque hoy no es un gran día y casi están igual de desordenadas en mis escritos que en mi cabeza. Con lo fácil que es mirar a los ojos, mientras sonríes y lo difícil que es hacerlo cuando las noticias no son buenas. Siempre es bueno tener un escudo delante, como por ejemplo un pañuelo al cuello que sirva para bajar la mirada y enredar en él. Cuando te despojan de él, estás descubierto.

Ya no es tiempo de mariposas. Si las hay, ahí están. No hay sitio para mas, ni para que crezcan, ni para que surjan nuevas. No hay sitio ni razón para ellas. Y por éste motivo hay que evitar daños colaterales. Quizá ya causados, pero tal vez subsanados en cierto modo. El tiempo tiene que poner orden en éste caos. Hace un tiempo, y me repito, hable de que el tiempo y yo tenemos que hacer algo para resolver éstos problemas. Está claro que yo no, puedo, así que lo dejo en manos de las horas.

Me equivoco, y entro en un bucle en el que no me doy cuenta que ya he estado. Mientras que mi entorno sabe que estoy cayendo en el mismo error en el que una vez ya estuve. Vuelvo a tropezar, pero me vuelvo a levantar. Me duele, menos, o quizá mas. Eso lo diré mañana.

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