Archivo mensual: mayo 2010

 

 

Llevo 15 días mas torcido de lo normal. Unas veces me voy para la derecha y otras para la izquierda, pero lo de la línea recta en mi camino es una utopía. Hubiera sido mas fácil que unos duendecillos rechonchos y con vivos colores me dijeran el día que aterricé: “sigue el camino de baldosas amarillas…” Así por lo menos tendría una misión por delante. Pero tambien me he dado cuenta de que los zapatos de rubíes no me llevarían a la ciudad de Esmeralda como en el Mago de Oz. Además creo que el color rubí no va con mis ojos.

Hoy me animo a volver a escribir mas de cinco lineas. Será el comienzo de dejar de dar tumbos lo que hace que pueda volver a sentarme delante del ordenador y no tener que pensar en ver que escribo. Hoy lo hago porque lo necesito.

Nunca pensé en la famosa depresión postvacacional. No la había padecido nunca en mis anteriores viajes, así que menos pensé en padecerla después del último. Pero en efecto llegó, y tardo bastante en irse. De hecho, yo creo que por las noches sigue durmiendo a mi lado, pero yo me agarro a Triana y me doy la vuelta para no hacerle demasiado caso.

Hay momentos en los que parece que la vida te pone a prueba. Prueba tu fuerza, tu determinación, tu carisma, carácter, y principios. Cris cras, los esquemicas rotos… Volví de Javier en el país de las maravillas cegado por una realidad que en realidad no sería tal. Y me tope con la cruda realidad de mi rutina. Una rutina de la que salí por un tiempo y en la cuál mas o menos me desemvolvía dignamente, y a la cuál regresé como si me hubieran calzado un 36 en lugar de un 40 de pié que suelo usar.

Con la vuelta a mi rutina, a mi vida, poco a poco el zapato del 36 se fue dando de sí, y hoy digamos que estamos por un 39. Unas veces se camina mejor con él, pero otras aprieta y aprieta como el que mas.

Cuando por fin logras asimilar el escenario que te corresponde y no sentía extraños los nuevos decorados, toca volver a buscar los motivos que hacen que piense que Pamplona es una de las mejores ciudades para vivir. Busqué a mi familia y me empapé de las sonrisas de mi gente. Busqué a mis individuos y recuperé aquellos amigos que siempre están. Y poco a poco el entorno empieza a girar de nuevo y el camino de baldosas amarillas empieza a verse mas claro.

A todo ésto, de repente, sin venir a cuento y en mitad del camino, aparece una mariposa. Me costó reconocerla, identificarla, porque hacía mucho que no veía ninguna desde el último exterminio producido por el ibuprofeno. Pero decidí llevarmela a casa… Aunque parece ser que no vivo en un entorno adecuado para criarlas,  y no se si saldrá adelante o no. De momento un poco de molestias gástricas me ha producido, y es mas, irritación ocular, algún dolor de cabeza e insomnio. Pero bueno, esperaremos un periodo prudencial de cuarentena para ver si consigue sobrevivir o por el contrario, muere.

Creo que he llegado a una conclusión, las mariposas cuando rondas los 30 no se crían de la misma manera. Creo que microclima que genera ésta edad en mi hogar no es el adecuado para su fortaleza. O quizá sea que necesitan un periodo de adaptación para poder desarrollarse del todo, ¿no? Puede ser, yo lo contaré.

En Renglón hoy camina mas derecho, con la cabeza bien alta, aunque cuando estoy solo y miro dentro de mí aún veo las baldosas amarillas borrosas… Y hoy incluso mas, porque hay un teléfono rojo de por medio. He dejado atrás las disculpas egoístas, las conversaciones trascendentales y los pensamientos de 3 líneas para soltar un rollo de mil pares de narices… Ahora solo queda que se entienda. Que cada cuál interprete lo que quiera.


 

 

En un hipermercado en una isla lejana…

2400 dice:

 “Javi, ¿donde estaba la crema de verduras que compramos? Es que no encuentro el pasillo… Me he perdido”

Renglón dice:

“Estaba… Al fondo, en el pasillo de la izquierda.”

2400 dice:

“¿Sí? No lo recuerdo…”

“¿En el que estaban las salchichas? Necesito tu ayuda… Jejeje.”

Renglón dice:

“No, perdón. Al fondo, en el pasillo de la derecha. Tiene que tener una columna en mitad del pasillo que impide ver parte de las estanterias.”

“La crema de verdura está justo detrás de esa columna…”

(…)

“Ah, pues sí, tenías razón. Muchas gracias.”

 

Ayudas a distancia, los kilómetros y el océano no las impiden.

Para todo lo demás, Mastercard. Jejeje.

 


 

No, no voy a hablar de Eurovisión. De eso tocará proximamente… No, tampoco de Perdidos. Cuando analice muy muy bien el final igual me animo a escribir mi teoría. Y no, tampoco hablaré de temas sexuales para aquellos que piensen que voy a hacer una declaración en toda regla.

¡Nos ha tocado el Euromillón!

Ehhhhhhhhhhh, quietos parados. No vengáis a hacer cola en la puerta de mi casa para pedirme dinero, porque no es para tanto. Si es que ya lo he dicho, algo pequeñito. Eso es lo que nos ha tocado. Oye, pero con la misma emoción, ilusión y sopresa que si hubieran sido millones. No quiero  ni imaginar lo que hubieramos hecho Las Vegas y yo si en ese momento, la pantalla de la administración en lugar de marcar 51.90€ hubiese marcado mil, o diez mil, o… Bueno, para que pensar en mas si con lo que tenemos ya estamos contentos, ¿no?

Conformarse es lo que nos queda. Ya tenemos gastado el premio, no físicamente, pero si mentalmente, y ahora lo que toca es esperar a que dentro de una semana, la cifra del monitor nos de otra sorpresa. Yo creo que la lotera aún está riéndose de la cara que se nos ha quedado a los dos de imbéciles.

Pero bueno, sí, imbéciles, pero el pedo del sábado nos sale gratis gratis.


 

 

Odio esperar sin saber el por qué de la espera.

No cuesta nada mandar un mensaje.

¿Plantón? ¿Por qué?

Una razón ya me dará, ¿no?

Todo el día esperando para quedarme en casa.

¿O habrá pasado algo?

Mira que las carreteras…

RIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNGGGGGGGGGGG

¡Uy, el teléfono!

(…)

Ah, menos mal, no hay plantón.

Mierda.

¡No tengo tiempo!

¡Dios, a la ducha de cabeza!

 


Que sencillo es meter la pata sin querer. Es tan secillo como criticar al prójimo sin darte cuenta que lo mismo que aquello por lo que criticas a los demás es lo mismo que haces tú. Queriendo o no, siendo consciente o no, pero al fin y al cabo lo haces.

No hará mucho  salió de mis labios una palabra: egoísta. Sin maldad, sin querer ofender. Simplemente como característica de alguien al que le pueda gustar destacar. No en sentido de desprecio ni con ánimo de crear desazón. Gran error por mi parte. Porque lo que trajo esa palabra fué todo lo contrario a lo deseado. Trajo un silencio tenso, grave y doloroso, para una noche que lo único que merecía era amor, calidez y tranquilidad por ser la noche que era.

Desde entonces no hay momento que no recuerde aquel instante como uno de los errores mas “tontolaba” que he podido cometer. Más que nada por el contexto en el que se creó la situación. Y sobre todo más a partir de hoy. Siempre es sabio el refranero español. Sobretodo cuando habla de que no hay mas ciego que el que no quiere ver.

He estado ciego durante unos días y no he querido ver. No he querido ver que no puedo llamar egoísta a alguien cuando el primer egoísta soy yo. Por suerte para mi, hay alguien en mi vida que con determinadas palabras es capaz de hacerme abrir los ojos de tal manera que pueda darme cuenta de que las cosas no son como yo me las imagino o las veo. Sino que detrás de cada acción que yo pueda realizar, hay consecuencias en mi alrededor que a veces no son buenas. Esas consecuencias cuando fueron producidas no fueron vistas por mí, porque no hacía mas que mirar a mi propio centro. Egoísta fuí yo por no ver que alguien al que quiero mas de lo que muchos pueden imaginar podría estar pasándolo mal, por no mirar alrededor.

La mariposa movió sus alas y creó un huracán… Ésta vez no lo creo al otro lado del mundo, sino a mi lado. ¿Y por que no ví ese huracán? Exacto, porque no fuí capaz de mirar un segundo a los ojos de alguien y darme cuenta de que tenía que dejar de pensar en mi sólo y pensar en los demás.

Ahora ya no puedo hacer nada, salvo aprender de mis errores. Supongo que como el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, me volverá a pasar. O igual ya me pasó tiempo atrás y no lo recuerde. 

Siempre es bueno pedir perdón, y yo cuando me equivoco, lo hago.

Perdón si grité, si enfaticé, si erré, si lloré y si perdí los papeles. Perdón por no tener empatía y ponerme en tu lugar. 

Y sobre todo gracias por aguantar algo que friamente y pensándolo hoy, yo no hubiera sido capaz de aguantarlo con la dignidad con la que lo aguantaste. Porque si realmente en un momento dado la situación se me fué un poco de las manos y salió una cara mía que no conocías, de haber estado los papeles intercabiados, yo no hubiera aguantado ni la tercera parte de lo que tuviste que aguantar.

Perdón y gracías.

A quien tenga que ir… A mis individuos, a mis amigos… A todos…