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El Renglón Torcido

 

Siempre cuando alguien cuenta una historia, es de manera subjetiva. Así es como yo cuento las mías. No pretenden ser dogmas de fe, ni renglones indiscutibles bajo la palabra del torcido. En absoluto. Ni lo pretendo ni es la mas mínima intención de lo que escribo.

Pero aún así, sigo escribiendo porque es mi válvula de escape. Últimamente lo hago además desde un punto de vista visceral. Las palabras no salen de la cabeza, si no que salen del corazón. Y esas palabras generalmente son cualquier cosa menos objetivas. Y ahí viene el punto de la reflexión, y el inicio de éste escrito.

No prentedo convencer a nadie de lo que  me sucede. No lo hago para emitir juicios de los actos que envuelven mi rutina. Aunque muchas veces mis propias palabras generan ese juicio paralelo en cada uno de vosotros que os acercáis hasta aqui. Entonces aqui es donde puede venir, si cabe el problema.

Yo cuento mi historia, mis historias, esas que tanto conocéis. Subjetivas, siempre. La objetividad se deja aparte cuando hablo de mi vida. ¿Pero y si cuando hablo de mis historias de amor o desamor apareciera aquí la otra versión de los hechos? Siempre cuénto la mía, ¿cuál si no? Subjetivo, Javier, yo, ¿quién si no?

Y por esa razón habrá veces que las cosas que cuento sean como son y otras veces sean como yo las veo. Pero siempre será mi opinión, no la de nadie mas. Hay veces que me dicen que me expongo demasiado, que hablo de mas aquí, que me desnudo mas de lo que debiera. Y yo muchas veces termino diciendo que la mayoria de las veces no pongo a la vista de los demás claramente ni la mitad de las cosas que pasan por mi cabeza.

Sería mucho mas fácil para mi contar las cosas tal cuál. Fulanito me cae mal o bien, menganito me ha gritado y yo le he mandado a la mierda, y pepito me ha dejado o yo he dejado al pedrito porque no lo aguanto. Historias quizá mas simples, pero que yo trato de adornar con lo que en ese momento dicta mi corazón.

Y como mi corazón últimamente anda rabioso, pues escribo desde esa rabia saliendo palabras quizá envenenadas que generan por vuestra parte mensajes de apoyo que evidentemente son agradecidos hasta el infinito y mas. Pero tambien es licito pensar en que solo se conoce mi historia, y no la otra parte.

Luego pienso que ésto es así, que en los juegos de pareja, uno tendrá una versión de los hechos, siempre, mientras el otro tendrá otra quizá totalmente opuesta. Puede ser. Y puede ser que en éste caso que me atañe últimamente, o en otros que mencioné anteriormente cuando hablaba de que cupido no tenía puntería, si conociérais la otra versión de los hechos, cambiaríais de opinión. ¿Quién sabe?

Lo que si se, evidentemente, es que llevo tres años y ocho meses contando mis historias, mi vida, mis subjetividad. Que por supuesto, hay gente cercana y que entra en mi blog, que conoce ambas partes de las historias y ellos tienen un juicio completo y que se aproxime mas a la realidad. Pero que mas por supuesto aún, muchos que entráis a perderos entre mis miserias, sólo me tenéis a mi, y no a nadie mas que cuente otra realidad. Y esas miserias que cuento yo, mis miserias, generan en vosotros opiniones de las que me enorgullezco tremendamente el hecho de que las compartáis conmigo, y que os lo agradezco hasta el infinito y mas allá, como diría mi sobrino.

Una subjetividad que muchas veces crea victimismos que tal vez no lo sean, o que otras veces genere verdugos que tampoco lo sean. Y viceversa. Pero nunca hay que olvidar que son mis historias, las que yo cuento, las que yo vivo y las que yo sueño. Mi vida, mi dolor, mi alegria y mi tristeza.  Siempre yo, egocéntrico, subjetivo, en primera persona. Y las que seguiré contando hasta que sienta la necesidad de hacerlo.

Mi realidad, mi subjetiva realidad.

 


 

El Renglón Torcido

No me alegro de los sufrimientos de los demás, ni lo mas mínimo.

No he pensado en ningún momento que nadie sufra excepto yo.

Y realmente, me jode que se pueda llegar a pensar que un hecho así pueda hacerme gracia.

Ésta es una de esas historias que poca gente podrá llegar a entender, muy poca. Así que lo siento por los que me decís muchas veces que no se me entiende, pero no creo que deba ser mas claro en los hechos.

Hay veces que es mejor callar que decir lo que realmente se piensa. Y yo he callado dos veces: la primera por no saber que decir, sinceramente, y la segunda por no decir lo que la rabia por dentro gritaba, mientras yo trataba de ahogar su grito desde afuera.

Perfecto, no lo soy. Ni de coña. Quien me lea desde hace tiempo dará fe de que es cierto. Me equivoco, como el que mas. O tal vez más que el que mas. Soy orgulloso, y cuando lo hago, me cuesta reconocer mis fallos. Pero ésta vez no se trata de mi.

Las decisiones son difíciles de tomar, y hay que pensar mucho antes de tomarlas. No tienen que ser fruto de un calentón de un momento. Meditar, reflexionar, pros y contras, todas esas cosas que se hacen. Y después de analizar todo, decides.

Eso es una decisión, madurada, pensada. Tranquila. Con todas sus consecuencias, para bien o para mal pero tranquila.

Lo que sucede por el contrario cuando la tomas sin pensar es que los daños colaterales suelen ser bastantes. Y por supuesto, suelen tener efectos impredecibles. Decisiones equivocadas, casi siempre. Pero tomadas en un momento malo.

Yo no tomé la decisión pero sufrí las consecuencias. Primero por saltar mi punto rojo en pedazos; segundo por pensar que fué fruto de un calentón y que se solucionaría; tercero por ser inocente y pensar que se iba a solucionar; y cuarto por tener que asimilar que lo que hasta entonces había sido el proyecto de vida mas seguro y claro que había tenido hasta entonces, saltaba en pedazos.

Sufrí las consecuencias, además, porque si es duro que tu corazón estalle en pedazos, mas aún es ver que el origen de todo se resquebraja y que de repente te quedas, con tu corazón roto mientras que las piezas del puzzle vuelven a encajar debajo de ti. ¿Que se hace cuando te rompen en corazón y después te piden perdón?

Si, soy claro, por supuesto. Y lo siento, pero al que no le guste, que no lo lea. Hace casi tres meses que lloro día si y día tambien por una decisión, antes pensada y meditada, ahora mal tomada y equivocada. Hace tres meses que mi futuro organizado, tranquilo, sereno y lleno de pinturas y colores estalló por los aires para quedarme sumido en la mas absoluta de las “nadas”, para que ahora intenten reflotarme de ese pozo.

Cuando se toma una decisión, es fácil después echarse atrás y decir me he equivocado. O quizá no sea fácil, no lo se. Pero ¿y yo? ¿Y todas las malas tardes pasadas? ¿Y todas las lágrimas caídas desde entonces? ¿Que pasa con todo eso?

Por supuesto no contesté a los mensajes de nuevas oportunidades. No por no tener nada que decir, porque está claro que con éste mensaje hay material para muchas contestaciones. Si no porque me jode, si, me jode y mucho que siendo todo como era, siendo “perfecto”, se fuera todo a la mierda para siempre por una tontería. Porque me jode que se den pasos reculando a toro pasado. Porque ¿que se hace con un corazón cuando está roto en mil pedazos?

No hay odio, desde luego que no. Solo rabia y mucha por que lo teníamos todo para ser felices, tal vez no para siempre, o tal vez sí, quien sabe. Y de tenerlo todo se fue todo a la mierda por un día malo. Un día malo. Y tal vez sea yo ahora el egoísta, por pensar en lo que será mejor para mi sin pensar en los demás. Pero se una cosa, y es que cuando me acuesto, me acuesto conmigo, y es en mí en quien tengo que pensar. Y cuando lo hago, pienso en que ahora, sí, estoy jodido, y mucho. Quizá mas de lo que muchos se piensen. Pero luego estaré mejor. Porque desde luego uno no deja de querer a las personas de un día para otro, ojalá fuera tan fácil. Pero sí, luego estaré mejor.

En unas jornadas de reflexión, la mente da para mucho. Para eso quizá han servido las vacaciones. O tal vez no. Pero una cosa está clara, la decisión que se tomó yo no la decidí y yo no haré nada por cambiarla. Si se tomó tomada está. Si me callé y no dije nada fue por no cagarla. Si no odio es porque aún quiero. Si no me alegro es porque aún duele. Pero si no reculo es porque creo que mañana estaré mejor, aunque hoy, y después de todo, sigue doliento. Pero eso sí, seguro que será Mejor mañana…

 

 


 

El Renglón Torcido

 

Si alguien me conoce, puede contestar a ésta pregunta perfectamente. Pero el caso es que hace poco, un día de ésta semana, probablemente el jueves o el viernes, una clienta me  lo preguntó en el trabajo. La cosa fue a raiz de que el sábado pasado, realicé un viaje a la ciudad del Ebro con dos individuos, Prada y Las Vegas. Habíamos quedado en que a mi salida del trabajo el sábado, nos montábamos en el coche y emprendíamos rumbo a fiestas del Pilar, porque indiviuo Ejea nos esperaba para comer. En el trabajo, después de aquella apoteósica salida el finde, al que siguió otra escapada más, pero esta vez yo sólo, dicha clienta me preguntó que qué tal por Zaragoza. Yo lo contesté que muy bien, que en fiestas uno siempre se lo pasa bien. Y después me preguntó, ¿pero tienes familia en familia en Zaragoza?

Lógicamente, lo primero que contesté es que no, sin pensarlo. Dije: “no, familia no, tengo amigos”… E inmediatamente lo segundo que le contesté a mi clienta fue, “sí, si tengo familia, ellos son mi familia”… Eso mismo le contesté.

¿Cuando alguien con quién no estás emparentado de manera directa pasa a formar parte de tu familia? Incluso hay veces que esas personas que comparten tu vida, comparte (y redundo) más que muchos de la familia. Y yo precisamente no me quejo de la mia en absoluto porque los tengo, se saben y me comparten muchos minutos de mi vida: familia os quiero. Pero y ellos… Ellos que aparecen de la nada, sin esperarlo, sin buscarlos. Se encuentran. Un día estas en un autobús, otro día en un pupitre, comienzas a hablar y ahí se quedan. Otro día estás esperando para entrar en una clase, y cuando la persona que está dentro de la clase te cruza su mirada, sonríe y ahí se queda. Otro día alguien en un momento dado de tu vida te invita a tomar café, un café de Prada, digamoslo así y el café viene con compañia, y ahí se queda.

Ellos están, ellos son, y espero, seguiran. Ni menciono, ni individualizo. Son ellos, mis amigos. Aquellos que han llorado conmigo la lista de amores escrita cuando cupido no tenía puntería. Esos que han reido junto a mi cuando nos ha tocado reír. Que sonríen, que escuchan, que te abrazan como si fuera la primera vez que te ven, cuando por sopresa apareces en un bar oscuro de Zaragoza un 11 de Octubre en mitad de la celebración de un cumpleaños.

Amigos que vuelven del pasado, para retomar algo que nunca debió perderse y que se ha retomado con mas fuerza que nunca. Que te cuidan haciendo brochetas de solomillo y te abrazan mientras duermes como dos niños pequeños.

Ellos, mi familia, que proximamente me reencontraré con muchos de ellos desvanecidos con el tiempo pero firmes en el corazón. La Y griega vasca se conecta en 13 días, en menos otra conexión. Esa otra mas individual, mas Individual,mas Las Vegas, mas Prada, mas Monty, mas Rubicop, Individuas Poli y Poquet (nuevo bautizo), mas Ejea y mas Renglona Torcida. Y después nuevas mas, aquellas a donde me lleve mi tiempo libre para poder disfrutar de todos y cada uno de ellos.

La distancia dicen que hace el olvido. Yo no lo creo. Yo diría que la distancia, si quieres, hace el olvido. El olvido de aquellas personas que algún dia formaron parte de esa familia que son los amigos, y que de repente comenzó a esfumarse. Yo no me olvido de nadie, nunca. Ni de los que están, ni de los que dejaron de estar por circunstancias de la vida. No olvido aquellas tardes de paseos por independencia, ni los cafés a las 3 de la tarde en la terraza de la facultad. No olvido los disfraces, no olvido el mendebaldea, ni las broncas que echo de vez en cuando. Cuantísima paciencia tiene aqui mi familia que sois vosotros.

Os recuerdo porque quiero recordaros que a pesar del tiempo, no me olvido de nadie. Si cierro los ojos puedo escuchar cada una de vuestras sonrisas dentro de mi cabeza. Todas y cada una. Unas sonrisas suenan mas cerca, otras mas lejanas, quizá separadas por océanos. Quizá ahora mismo hasta resuene alguna en la China, o próximamente.

Cuando hablaba de que cupido no había tenido puntería, no tenía razón. Porque la mas maravillosa punteria que ha podido tener es traer a cada uno de vosotros MIS AMIGOS, a mi lado. Porque el amor que da un amigo no se compara a ninguno de los demás. Porque es amor incondicional, no egoísta, con los defectos y las virtudes. Porque están cuando estas bien, enamorado, y estan cuando estás mal, dejado. Porque te acompañan, si, por ese camino de baldosas amarillas del que tanto hablo.

Alguna pena tengo, porque presiento que en éste último año algún buen amigo se quedó en el camino porque no nos dió tiempo a mas. Os pienso, mucho, aunque me duela a veces, pero os pienso. Los domingos ya no son como eran cuando los compartíamos. Pero la vida es así, y cupido se equivocó.

¿Tienes familia en Zaragoza? Si, por supuesto, la tengo… Dentro de mi corazón, y afortunadamente siento que tengo familia en muchos puntos de la geografía española. Y como en todas las familias, hay lazos mas cortos y lazos mas largos, con unos te llevas mejor y con otros peor. Pero son, y siempre lo serán.

Quizá éste sea el balance de mi año con 30 años. Que mejor manera de terminarlos que dedicándome a todos vosotros que estáis ahí. Uno és, según de quien se rodea. Si me pongo a mirar a cada de uno de vosotros, ojos, a los que me miro y ahora mismo pienso, y veo lo magníficos que sois, me doy cuenta de que debo ser un tio genial. Genial por tener a gente cerca como la que tengo.

Da igual estar solo, o en pareja. Da igual tener más o menos dinero a fin de mes en el banco cuando han pasado todas las facturas. Da igual que llueva, haga sol o estemos ahora mismo en un “Veroño”. Da igual como haya sido éste año porque termina con vosotros, los que siempre estáis.

Por todos vosotros. Sabéis quienes sóis.


El Renglón Torcido

 

“Busco las miradas de antes mi vida, tu sonrisa tu amor tu alegría.

Todo aquello que nos junto a los dos.

Dime, no te encuentro en mis sueños de noche. Te quiero encontrar.

¿Donde estas mi vida? Yo quiero estar contigo.

¿Donde vas? Me daña tu verdad.

Recuerda que yo fuí la que nunca que te falló. Que me cuesta ver tu vida en la mia, que transformas la verdades en mentiras sin mas.

Mentiras sin mas.

Solo, ahora busco encontrarme de nuevo. Ya lo noto yo puedo con ésto. Ya comprendo toda tu falsedad. Cariño, siento que mundo se derrumba…

Y el mio brillará.

Donde estés ya no lo quiero saber, mi vida. Donde éstes espero te vaya bien. Y donde estés verás que siempre me pensarás. POrque un mundo tan hermoso está en mi vida.

Porque yo no siento pena ya en mi vida, sin tí.

Mi vida sin ti.

Donde estés ya no lo quiero saber. Donde estés, que todo te vaya bien. Y donde estés verás, mi nombre aparecerá. Porque yo no te recuerdo ya mi vida…

Por que ahora lo que siento es mucha pena en tu vida, sin mi.

Tu vida sin mi.

Tu vida sin mi…”

 

 

Diecisiete dias, y un resumen. Un resumen a través de una canción. Hoy leyendo lo que escribí hace casi un año, cuando cumplí 30, no he podido dejar de pensar en cuanto pueden cambiar las cosas de un año para otro. O mas aún, en como en el transcurso del año que he vivido he podido estar montado en una montaña rusa que me ha llevado al día de hoy como estoy.

Donde estés, verás, mi nombre aparecera. Buena forma de definir gran parte de éste año. No haré balance de momento, aún tengo muchas cosas que vivir con treinta como para resumirlas hoy. Pero de momento Chenoa me ayuda a poner melodía a una parte de él.

Últimamente no ando demasiado inspirado, por eso no escribo mucho. Tan solo de vez en cuando con mi iphone justo antes de dormir, aparece alguna idea que merece ser escrita. De ahí surgen los poemas de medianoche. Pero por lo demás, no hay ganas.

Porque cuando me siento delante del ordenador a estas horas, son las horas en las que estoy solo en casa.

Porque cuando me siento delante del ordenador en mi casa a estas horas, son las horas en las que no deberia estar solo en casa.

Porque cuando me siento delante de mi ordenador, solo, surgen pensamientos que no deberían salir.

Por eso últimamente no me siento.

Y no lo hago porque no quiero volver a escribir de lo mismo.

Y sin embargo aparecen. Y después de varios dias rondando en la cabeza, creo que lo mejor es sacarlos para que dejen de atormentar.

Añoro tiempos pasados. Por supuesto. ¿Quién no lo haría? Pero no retrocedería en el tiempo. Viviría lo que he vivido el tiempo que lo he hecho, pero no lo alargaría mas. Posiblemente si pudiera echar marcha atrás, cambiaría cosas para intentar que el futuro fuera de otra manera. Aunque la cuestión es que yo siempre he creído en el destino. Y si las cosas suceden, es porque tenía que ser de esa manera y no de otra. Toda historia tiene un principio y un fín. Unas terminan después de muchísimos años, siendo ancianos… Otras terminan pronto, casi sin empezar. Sin tiempo a nada. Pero cuando terminan es porque así tiene que ser.

El tiempo borra los recuerdos. De una manera muy lenta pero los hace desaparecer. Lo primero que desaparece es el tacto de su piel. Después desaparece su olor… Sus gestos… Y después, después… Después comienza la difícil tarea para el tiempo de hacer desaparecer la mirada, su forma de hablar, su forma de andar. Su forma de domir…

Que contrariedades tiene nuestra cabeza. Que difícil es pensar en singular cuando lo has hecho en plural. Y a pesar de que los días siguen y siguen pasando, hay determinados momentos en el día que el plural vuelve a salir a la luz. Cuando algo te recuerda los tiempos vividos, cuando ves algo que compartiste.

Afortunadamente, el tiempo del plural cada día ocupa menos espacio, cediéndoselo al singular. Afortunadamente cada día es un paso adelante, nunca hacia atrás. Aunque es inevitable en algún punto del camino, el pararse, y mirar hacia atrás. Solo mirar, nada mas. Mirar, recordar, bajar la mirada, respirar. Mirar de nuevo al frente y volver a caminar.

Caminar solo.

 


 

El Renglón Torcidon

 

En mis fiestas son niños los que lloran, no niñas.

Es mas, incluso en mis fiestas soy yo muchas veces el que llora.

No es difícil encontrarlos, mas bien todo lo contrario.

No hace falta buscar, aparecen.

Llantos de bebé, desconsolados.

De los que acaban con congoja, papel del baño ya que los pañuelos de papel no son suficientes, y posterior hipo y rojeces en los ojos para terminar el cuadro. Lágrimas por ese cuadro rojo que se rompió.

Por otra parte, llantos en sueños.

Sin lágrimas, secos.

Perturbando un descanso de un guerrero de la noche. Se estremece, grita, hablar, se retuerce, sin descansar. Sobre las sábanas de la cama, bajo el edredón. Inquieto, nervioso, intranquilo… Morfeo ésta vez no le echa una mano meciéndolo en sus brazos. Simplemente tormentas sacuden sus pensamietos, convirtiéndolo en otro niño que llora en mis fiestas.

Aunque si los buscas, siempre aparecen mas donde menos lo imaginas.

Y éstos que aparecen, son los peores. 

Ya verás.

Son aquellos niños que rabian cuando lo pasas bien, aquellos que les gusta llamar la atención a la mínima de cambio. Aquellos que sintiéndose de menos quieren hacerse de mas de cualquier forma, aunque sea llorando en las fiestas de los demás.

¿Los conocéis? Seguro que todos conocemos a algún niño que llora en nuestas fiestas.

Si, no hay niñas que lloran en fiestas porque en mis fiestas casi siempre se llora por o con niños. Es lo que tiene ésta vida caprichosa. La cuestión es que hay que tratarlos como eso, como niños. Rabietas como las que tienen mis sobrinos hoy en día, perdonables en elllos con seis y cuatro años; pero inexcusables en adultos con oficio y beneficio. Pues si la actitud es de niños, ejerzamos como con los niños.

Si hay una rabieta, indiferencia.

Si hay dos, adiós.

Si hay tres… ¿Te la meto del revés?

No…

No hay que permitir mas alla. Porque como nos capte la atención haremos niños malcriados de los que te montan el pollo en cualquier ocasión.

¿Se les pone un chupete para que dejen de llorar?

Mejor una patada en el culo y que aprendan que en la vida, se llora, por supuesto, como el que mas. Lloras, te desahogas, respiras, te miras… Y un abrazo para compersar las pérdidas de líquidos. Un abrazo grande, de los que me gustan. Pero aparte de éstos lloros, ninguno mas está permitido.

Ningún niño llorón.

Ninguno.

(Por cierto, el de la foto es mi sobrino, el de cuatro años. Guapo, eh…)


3

El Renglón Torcido

1, 2, 3… Viene un mensaje

1 Se va

2 Se vuelve

y 3 Regresa.

1, 2 y 3… Te lo cuento del revés: primero a la ducha, y después a correr.

1 Corriendo

2 Bajando

y 3 Volviendo a subir.

1, 2 y 3… Y empezando de nuevo otra vez.

1 Uno aqui.

2 Dos allí.

y 3 ¿Dónde pues?

1, 2 y 3 Yodo ésta vez.

1 Yodo para el pie.

2 Yodo para ti tambien.

y 3 ¿Empezamos otra vez?

1, 2 y 3 Yo no se donde poner… ¿Me lo cuentas otra vez?

1 Yo.

2 ¿Quién?

y 3 ¿Cómo que tres?

Comencemos ésta vez.

Sí 1, yo estoy bien.

y 2, duermes tambien.

¿que hace un 3?

1, 2 y 3 ¿De donde vino pues?

1 De cerca

2 Muy cerca

3 De esa casa vino pues.

1, 2 y 3 Un vecino será, ¡lo ves!

Ultimamente pongo mucha antención a las canciones que oigo durante mi día. Les busco un algo, les encuentro cosas que antes no oía. Las analizo. Porque me apetece, y porque mientras las oigo, tampoco tengo otra cosa mas interesante que pensar mas que disfrutarla. Y de vez en cuando aparece alguna que hacía tiempo que no escuchabas, y que al empezar a escuchar con atención, encuentras párrafos que vienen que ni pintados a tu jornada. Si, lo se, a veces se me va la cabeza y tambien lo escribo por aqui. Porque no todo son penas y lamentos, y pensamientos profundos que toquen el corazón, y rompan miradas mientras me leen. Hoy un amigo twittero me decia que le encantaban los gritos de mis dedos mientras escribia. Tambien mis dedos ríen a carcajadas, aunque últimamente cuesta mas que salgan. Hoy casualmente me ha dado por ahí, por no escribir penas y reirme de mi mismo. Como hace poco me decían 1 ó 2 pajarillos, es muy friki exponer mi vida delante de los que leéis. ¿Me expongo? Pues si, lo hago, aunque censuro mucho mas de lo que podéis llegar a leer.

Perfectamente se, que mi escrito de hoy es practicamente indescifrable. Me acusaréis de no entender nada del 1 al 3, ¡pues leerlo del revés! No, en serio. Lo escribo porque me divierte, porque hoy me lo pasé bien mientras oía la canción y porque ahora mismo intentando hacer rimas tontas con el número 3 hace que no recuerde la fecha en la que estamos hoy.

Así que ¡Campana y se acabó!

1, 2 y 3 ¿Te la meto del revés?

Tanto un, dos y tres, y que si meto o no meto, del derecho o del revés… Creo que me voy a correr.

Pero a correr de hacer deporte, eh, que ahora le he cogido ya el tranquillo y hasta aguanto y todo.

Adiós buenas noches.


 

Círculo de bellas artes

Las tardes de invierno por Madrid

 

¿Donde se fueron “las tardes de invierno por Madrid” y “las noches enteras sin dormir”?

¿Presiento que se acerca el final?

“Estoy cansado ya de inventar excusas que no saben ni andar.

Y hoy solo quiero creer…”

¿Que creemos?

Hay veces que es mejor no creer, sino vivir con las certezas de lo que sabemos. Aunque a veces esas certezas sepan a café con sal y den ganas de llorar.

La vida no se trata de ganar o perder, que mas da eso cuando lo que la realidad nos dice es que perdemos cosas por nuestro camino. Cosas que se quedan atrás mientras los días pasan sin más.

Sin mirar atrás.

¿Y las noches de invierno por Madrid? ¿Puedes contar conmigo?

Hay veces que una determinada letra de una canción que has podido llegar a oir mil veces, de repente un día la escuchas de manera diferente. Y encaja en la banda sonora de tu camino. Donde encuentras señales de las que hablé recientemente.

Señales que hablan de recuerdos, de noches sin dormir, de morir de amor. De verte esperando en mi portal.

La vida pasaba.

“La vida se pasa y yo me muero, me muero por ti.”

Esa vida que guionizamos en una dirección y ella se empeña en llevarnos por donde le de la gana. Tratamos de hacer películas bonitas, aunque muchas veces se tornan tristes llenas de dulces locuras que hacen que paguemos condenas.

“Vendo dos entradas caducadas que eran de segunda fila y que en la vida romperé.” 

“Vendo dos butacas reservadas hace siglos que ahora creo que en la vida me senté.”

  

 

Las ganas de llorar tal como vienen se van, dejando  un rastro rojo a lo largo de las mejillas que el tiempo hace desaparecer para no dejar una nueva huella de la desgracia.

Los momentos se distancian en el tiempo, llegando a tornarse recuerdos amargos que aparecen en la memoria en el momento mas inesperado. No hay sueños, no hay realidades. No hay nada. No hay un mundo a nuestros pies. No hay baldosas amarillas por donde caminar que sean estables. Todas se mueven.

Pero hay música.

El director comenzó a tocar, y los pies empezaron a moverse. Notas que nos llevan a canciones que recuerdan historias. Canciones que decoran un día tras otro. Y a cada momento te hacen pensar que eres afortunado, no porque lo que suceda pueda llegar a ser bueno o malo. No.

Afortunado porque suceden.

Y si siguan sucediendo es que sigues estando vivo.