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¿Por qué no hablar de cosas bonitas? ¿Por qué no contar las bellas historias que nos suceden a diario en lugar de esperar que suceda algo transcendental para venir a plasmarlo entre líneas de colores? ¿Por que esperar cuando la vida se pasa con cada latido, con cada respiración, al parpadear?

Cada segundo.

¿Por que no mirar que el camino de baldosas amarillas sigue bajo nuestros piés y no ha desaparecido en ningún momento? Pues entonces le haremos caso. Porque si te acercas a él, si desciendes y posas tus orejas sobre el suelo encantado, te susurra que lo estás haciendo bien. A través de suaves voces, te cuenta que tu destino de la ciudad esmeralda sigue allí, donde una vez lo pusiste. Donde una vez lo anhelaste. Donde una vez lo soñaste.

Mi camino ahora es más fácil. Mas hermoso. Mas colorido. Pintado con colores, en baldosas, el papeles, en momentos vividos junto a quién una noche fantasmal se cruzó en mi camino. Un Sr. Pintor sigue adornando con manchas soñadas las baldosas por donde piso. Enamorado, compartiendo y viviendo. Así es mi día a día.

¿Por que no contarlo?

Cuando hecho la vista atrás, cuando cojo mis renglones pasados. Cuando veo las tristezas escritas, sufridas y compartidas. ¿Acaso no merecen las cosas bellas ser fijadas en el tiempo? En un lugar, en un momento. En un hoy.

Y hoy es el día, donde no se si vengo o me voy. Pero aquí estoy. Hoy sigo aquí como un ángel gris. Descubriendo que hay mas verdad a través de los años que en todas las verdades juntas que te puedan contar en un momento. Sabiendo que lo forjado durante los años pasados da sus frutos a diario sin estar esperando bajo el árbol a que caigan.

Que no hay que buscar o correr, hasta desesperar. Simplemente estar, guardar y consevar lo que un día la vida puso a nuestro lado. La amistad se teje con hilos de cristal, siendo los lazos mas perfectos y hermosos que podemos llegar a imaginar. 

Hoy sigo aquí, con 33 años. Unos cuántos mas que cuando comencé mi andadura por los renglones torcidos. Con mas historias a mi espalda, pero con historias que hasta ahora quizá no sentía que debía contar. Sinceramente, no se si ésto será un hola que tal, vengo a quedarme. Eso lo veré conforme pasen los días. Pero sí es un “hola, estoy bien”.

A veces da miedo decir a viva voz esas palabras. Decir que soy feliz, que estoy bien puede dar por pensar que algo malo tiene que pasar. Pero tambien pienso que demasiadas cosas malas he compartido entre mis líneas para esperar a que pase algo malo y contarlo. Porque si miro al suelo, al final es el mismo camino que me ha acompañado siempre. Unas veces mas manchado que me impedía ver los colores. Otras veces mas claro deslumbrándome con su intensa claridad.

El destino es el mismo.

Sigo soñando.

Sigo volando junto a mis mariposas.

Acompañado.

Sigo rumbo al mundo de Oz.

Pero no en soledad.

 


El Renglón Torcido

Siempre una sonrisa…

Sin mirar o mirando.

Con al mirada oculta tras unas gafas o descubierta para que se vea.

Sonriendo o a media sonrisa.

De frente o de espaldas.

Con la mirada perdida en el horizonte.

Hoy, simplemente sirve todo.

37 años, 7 años.

Y un día: 30 de Agosto.

Importante fecha para recordar que seguimos llegando a tiempo allá donde tengamos que ir.

Felicidades hermana.

Felicidades chiquitín Aimar.

Sigamos recorriendo nuestros caminos, pero sigamos.

Siempre es mejor caminar lento, aunque sea lento y con paso firme, que estar parados.

Si lo necesitas, yo te presto mi camino de baldosas amarillas.

Si lo quieres, te enseño donde está mi ciudad de las esmeraldas.

Si me lo pides, te cojo de la mano para no soltarla.

“Solo pueden contigo si te acabas rindiendo”

Bien firme, y sonriendo.

Bien alto para que se te oiga allá donde hoy tengan que llegar tus palabras para hacer feliz a quien no comparte hoy tus andares.

Pero piensa, ¿que es un día comparado con la vida entera?

¿Que es una gota de agua comparada con la grandiosidad del océano?

Brindaremos hoy.

Brindaremos mañana.

Y lo haremos en unos días.

¿Que son unas horas comparadas con la inmensidad del tiempo?

“Simplemente así, tal como eres”

Simplemente así, feliz cumpleaños mi hermana mayor.

Simplemente así te quiero.

Simplemente así, te quiero Aimar.

Que las mariposas que siempre me acompañan vuelen cerca de ti y te lo susurren al oído.


El Renglón Torcido

Quizá sea hoy el momento de terminar.

De poner un punto y final a todas las historias que a lo largo de éstos años he estado contando.

O simplemente, quizá no. Sinceramente, no lo se.

Llevo unos días pensando, dándole vueltas y volviendo a pensar. Y lo peor de todo es que no encuentro una respuesta.

¿Qué voy a contar de nuevo que no haya contado ya a lo largo de éstos años escribiendo?

Tengo la sensación de que ya nada nuevo podría compartir con mi mundo. Que las historias que hoy me tocan vivir han sido ya vividas con anterioridad y volvería a reescribir lo escrito. Sí, por supuesto, vuelvo a ser feliz. Por supuesto vuelvo a caminar por el camino de baldosas amarillas hacia la ciudad de esmeraldas. Y gracias a Dios, o a quien tenga que dar las gracias el Sr. Pintor pinta mis decorados haciendo que sea feliz.

Pasadas las tormentas, las entradas desesperadas, las grandes noches sin dormir y los días sin sentido, todo vuelve a funcionar en perfecto estado. Y es ahí cuando tendo la sensación de decir… ¿ésto no lo he contado ya?

Y dándole vueltas a la cabeza, no se si habrá llegado el momento de poner el punto final. Que El Renglón Torcido concluya, sin mas. Con su inicio, y su final. Hoy lo pienso porque dentro de dos días hará justo cuatro años que comencé mi aventura. Pero aún no he tomado una decisión, porque sinceramente es difícil dejar de escribir cuando llevo tanto tiempo haciéndolo. Porque cuando me siento delante del ordenador y dejo que fluyan las ideas es como mi válvula de escape de una olla a presión.

Me pierdo entre mis pensamientos. Los busco, indago y encuentro. Tiro de los hilos hasta que comprendo la raiz de mis preocupaciones internas, las exploro y las comparto. Para mi, para mis ojos, y para los que se pierdan entre mis líneas.

Y es en éste punto donde me vuelvo loco y entonces no se que hacer. Porque entro de nuevo en mi blog, en mis estadísticas, en mis comentarios que dejáis los que os asomáis a hacerme una visita, y me encuentro que, después de llevar un tiempo razonable sin asomarme a vosotros, sin compartir nada nuevo, El Renglón Torcido ha seguido teniendo vida más alla de mi.

Las visitas no han parado a pesar de mi escasez de pensamientos. Ha seguido caminando sólo, sin apenas yo hacer nada.

No hay nada decidido. Ultimamente no escribo frases del día, ni chorradas varias. Puede que sea por el simple hecho de que ya no me conformo con escribir sin mas. Ahora quiero contar cosas que me parezcan realmente dignas de contar. Y por eso tanto tiempo en silencio. Puede que haya llegado el momento además de llegar a contar algo mas, pero de otra manera. No lo se.

Sinceramente no lo se.

Pero cualquier cosa, pase lo que pase, lo contaré.


El Renglón Torcido

De repente la vida te sorprende.

Y un día por la mañana cuando te despiertas, con legañas aún en los ojos, te encuentras cosas así en el suelo de la cocina.

No hay una nota, no unas palabras bonitas, no puntos rojos, ni deseos de cosas infinitas. Simplemente dos artículos, una casquillo para una bombilla con adaptador para enchufe, y a su lado, delgadito, un pito, silbato o como quieran llamarlo.

Desde luego la cara de sorpresa es grande, la de extrañeza aún mas, y la de no dar crédito hace que las legañas, el sueño y todo lo demás, desaparezcan de inmediato. Y lo mejor de todo, es que esas caras de circunstancia, dan lugar a una sonrisa de oreja a oreja, comenzando así un día estupendo. Sonriendo como tiene que ser.

A partir de ahí, empiezan las elucubraciones, mientras la jornada comienza a preparase. Es decir, mientras te lavas la cara un poquillo, preparas el desayuno, etc. la cabeza sigue pensando en qué sería lo que querrían decir esos dos muñequitos que han aparecido en el suelo de mi cocina. ¿Que querrían decir? ¿Que significado habrá querido darle el Sr. Pintor a esas dos cosillas?

Y mientras sigues sonriendo por el hecho de sortearlos con los pies mientras vas de lado a lado de la cocina cogiendo la leche, el zumo, las galletas y tal y cual, me doy cuenta de que eso era realmente lo que tenía que pasar. Que sonriéra de par de mañana, que pensara en que las cosas están bien, pero fundamentalmente en eso. Sonreír a la ocho de la mañana. Misión cumplida.

Uno negro, otro rosa. Uno delgadito, el otro mas ancho. Con dos protuberancias cerca de su cabecita el negro, ¿que me recuerda ésto? Ahí solos, quietos, inmóviles, pareciendo que en cualquier momento echarían a andar para acompañarme en el desayuno.

Y mientras sonrío.

Como he dicho, de repente la vida te provoca sonrísas, haciendo que termines riéndote hasta de ti mismo. Siendo ésto último lo mas maravilloso que podemos hacer como terápia. Nuestra risa. Porque quién me iba a decir a mi que iba a estar haciendo hoy la comida a las nueve menos cuarto de la mañana. En efecto la vida sorprende con actos en los que no nos habíamos visto nunca, como preparar la comida porque quizá la persona que llegue a casa no tenga ganas de prepararsela, o quién sabe. Pero ahí estaba, cocinando, como hasta ahora no lo había hecho. Y mientras tanto volviéndo a sonreir.

Sí, en efecto, soy feliz. Bastantes desgracias he escrito en éstos últimos meses como para no escribir ahora que cada mañana me levanto con una sonrisa de oreja a oreja. Y mas encontrándome sorpresas a mis pasos que hacen que los días comiencen mas cerca de la ciudad de esmeraldas.


El Renglón Torcido

No soy un chico triste. No estoy todo el dia llorando ni mucho menos voy por la vida pensando que lo me sucede es lo peor del mundo, ni tan siquiera que lo que me pase a mi es algo que a nadie mas le pasa. Soy consciente de que en la última temporada, desde hace unos meses aqui, pocas entradas, o tal vez ninguna han sido alegres. No ha habido frases del día, o mas bien pocas. No ha habido episodios graciosos, dignos de carcajadas. Y sinceramente, si las ha habido, ni las recuerdo.

Aunque ahora mismo miento. Y miento porque si que ha habido frases del dia, si que ha habido sonrisas y muchas sonrisas. Carcajadas tambien y buenos momentos muchísimos. Pero la cuestión es que en un momento determinado de que llegas a casa, y de repente vuelves a estar solo con tu silencio, tus pensamientos y mis oscuridades, siempre es mas fácil contar lo que siento por dentro en ese momento, que lo que realmente me hizo reír ese día.

Me niego a ser el chico triste, algo que ya me llamaron hará cerca de un año, y que hizo que escribiera alguna linea por aqui. No, porque la mayor parte del día no lo soy aunque parezca lo contrario. No, porque a pesar de que no me guste mi sonrisa, muchas veces es bien recibida por los que están delante mía, siendo objeto de buenas críticas. Y no porque sería muy injusto para los que pasan los días junto a mí, haciendo pensar que todo son tristezas y penas.

Me río y mucho, cuando hacemos el ganso bailando “a lo loco” un sábado tonto no de borrachera con mis chicas preferidas. Sonrío cuando nos contamos chistes sobre pantalones de pana, Madia Luisa, “hola madia Luisa”, o sobre como sale volando un paráguas… Y sonrío mas cuando después de contar mil y uno de esos chistes de humor absurdo, nos da por mezclarlos todos en uno y es mas, vivirlos y tratarlos de incorporar a nuestras vidas.

Me río cuando de repente un día por la calle, nos vemos envueltos en mitad de otra cuadrilla de la cuál no nos conocemos y después de un rato caminando nos damos cuenta de que no nos conocemos ninguno de los que vamos caminando juntos. Soy feliz cuando veo a una individua Lilly sonreir como nunca antes la he visto sonreír mientras baila en un bar de Pamplona, y hasta aquí puedo leer.

Soy feliz con pequeños detalles que llenan el día a día. Cuando recibo mensajes a mi móvil, cuando veo fotos de mis sobrinos con Woody y Jessie de Toy Story. Cuando estoy con mi familia alrededor. Sonrío cuando puedo pasear por Pamplona un día laborable sabiendo que estoy de fiesta y puedo ver lo que no normalmente no veo.

Me divierto con mis individuos, con el grijander, con nuestras cervezas o cafés de rutina a las ocho de la tarde, sin los cuáles la vida no tendría los colores que tiene. Con nuestras tonterías, con la bebida interminable de Prada, con los calores habituales de Las Vegas y yo mismo. Ellos me hacen reir, siempre. Las Vegas, Prada, Ejea, ¿algún pueblo mas?

Vivo el día a día, y no hay día que no sonría. A pesar de que parezca lo contrario. No soy el chico triste que puedo llegar a aparentar. Y si alguien lo duda, sólo tiene que ponerme videos de Lina Morgan para demostrar que no es cierto. “Javier que son tus padres”. Y ya si la ves en 3D, te cagas por las patas.

Quizá es mas sencillo hablar de las mazmorras del alma que no de las chispas del corazón. Por lo menos para mi. Quizá sea mas fácil sacar las bajezas de mis sentimientos porque me libero de ellos, dado que las alegrias que me brindáis dia a día no quiero perderlas. ¡Que me gusta a mi un drama! Pues es lo que hay…

Pero que quede dicho, sonrío como el que más.


3

El Renglón Torcido

1, 2, 3… Viene un mensaje

1 Se va

2 Se vuelve

y 3 Regresa.

1, 2 y 3… Te lo cuento del revés: primero a la ducha, y después a correr.

1 Corriendo

2 Bajando

y 3 Volviendo a subir.

1, 2 y 3… Y empezando de nuevo otra vez.

1 Uno aqui.

2 Dos allí.

y 3 ¿Dónde pues?

1, 2 y 3 Yodo ésta vez.

1 Yodo para el pie.

2 Yodo para ti tambien.

y 3 ¿Empezamos otra vez?

1, 2 y 3 Yo no se donde poner… ¿Me lo cuentas otra vez?

1 Yo.

2 ¿Quién?

y 3 ¿Cómo que tres?

Comencemos ésta vez.

Sí 1, yo estoy bien.

y 2, duermes tambien.

¿que hace un 3?

1, 2 y 3 ¿De donde vino pues?

1 De cerca

2 Muy cerca

3 De esa casa vino pues.

1, 2 y 3 Un vecino será, ¡lo ves!

Ultimamente pongo mucha antención a las canciones que oigo durante mi día. Les busco un algo, les encuentro cosas que antes no oía. Las analizo. Porque me apetece, y porque mientras las oigo, tampoco tengo otra cosa mas interesante que pensar mas que disfrutarla. Y de vez en cuando aparece alguna que hacía tiempo que no escuchabas, y que al empezar a escuchar con atención, encuentras párrafos que vienen que ni pintados a tu jornada. Si, lo se, a veces se me va la cabeza y tambien lo escribo por aqui. Porque no todo son penas y lamentos, y pensamientos profundos que toquen el corazón, y rompan miradas mientras me leen. Hoy un amigo twittero me decia que le encantaban los gritos de mis dedos mientras escribia. Tambien mis dedos ríen a carcajadas, aunque últimamente cuesta mas que salgan. Hoy casualmente me ha dado por ahí, por no escribir penas y reirme de mi mismo. Como hace poco me decían 1 ó 2 pajarillos, es muy friki exponer mi vida delante de los que leéis. ¿Me expongo? Pues si, lo hago, aunque censuro mucho mas de lo que podéis llegar a leer.

Perfectamente se, que mi escrito de hoy es practicamente indescifrable. Me acusaréis de no entender nada del 1 al 3, ¡pues leerlo del revés! No, en serio. Lo escribo porque me divierte, porque hoy me lo pasé bien mientras oía la canción y porque ahora mismo intentando hacer rimas tontas con el número 3 hace que no recuerde la fecha en la que estamos hoy.

Así que ¡Campana y se acabó!

1, 2 y 3 ¿Te la meto del revés?

Tanto un, dos y tres, y que si meto o no meto, del derecho o del revés… Creo que me voy a correr.

Pero a correr de hacer deporte, eh, que ahora le he cogido ya el tranquillo y hasta aguanto y todo.

Adiós buenas noches.


 

” Dos manos que se juntan, son un punto rojo.

Dos puntos rojos hacen un gato que sonríe al despertar…”

 

 

No es frase del día.

No está dicha por nadie salvo por mis pensamientos.

No produce risas como muchas otras que escribo por aquí…

Aunque produce sonrisas en mi corazón,

que al fin y al cabo,

es lo que interesa.  

No la entenderéis, y no la voy a explicar.

Cada uno tiene que ver mas allá de unas simples palabras unidas formando una frase,

para poder llegar a ver mas allá de las letras.

Y si podéis llegar a hacerlo,

significará que dentro de vosotros hay muchas cosas bonitas

que hacen que cada día tengáis motivos suficientes para ser felices.