Archivo mensual: enero 2016

  

  

¿Cuánto hace que no os miráis directamente a los ojos y os perdéis en ellos durante un ratito? 

Quizá alguien no lo haya hecho nunca o quizá haya otros que lo hacen a diario.

Yo hoy lo he hecho y hacía demasiado que no me encontraba con ese par que siempre me acompaña. Ha sido por casualidad. Después de entrenar en el gimnasio, al llegar a casa y descubrir toda mi cara roja intensa por el esfuerzo. Entonces,he empezado a mirar. 

Y a observar. 

Y tras recorrer mi rostro me he encontrado con esos viejos conocidos. Esos ojos que nos abren a la belleza del mundo. 

Y ahí estaban. 

Redondos, perfectos, llenos de color. Un color casi indescriptible. 

Y mirando descubres un tono nuevo; y explorando aparecen señales y marcas que son lugares ya visitados; y curioseando descubres el perfecto círculo negro que preside,central, la mirada. 

Belleza extraña la de los ojos, cómo a través de ellos vemos lo que nos rodea y cuando los cerramos todo se almacena en las cajas de nuestros recuerdos. 

Oscura la circunferencia exterior; marrón-verde-miel sigue el caminito hacia el centro; marrón otoñal envuelven el negro central. Y entre ellos, pequeñas motas de color negro semejantes a siluetas de personajes vistos desde el aire, hablando, contándose historias, rodeados de un paisaje extraño. 

Mirando comienzas a pensar en todos los amaneceres y atardeceres vividos. En aquello que vieron cuando ni siquiera tenía conciencia de que veía siendo bebe. En todo lo que día a día atraviesa esa mirada para provocar, reaccionar, almacenar o tal vez, simplemente, olvidar al instante siguiente. 

Ojos, mis ojos, que día a día ven.  Valorados quizá más porque por desgracia en mi familia hay personas que perdieron ese placer del que disfrutamos al despertar. 

Mi mirada, a veces conocida, a veces perdida.

Pero siempre, es un deseando reencontrarme con ella. 


IMG_9096

 

¿Sabéis esa sensación de impotencia?

¿Conocéis esa extraña mirada de alguien que sabes que no te está siendo del todo sincero?

Es curioso como con los años, aprendes a saber, leer y comprender lo que el lenguaje corporal del que tenemos en frente nos transmite. Hay veces que es imposible controlar determinadas actitudes, o tan siquiera un simple gesto, una caída de párpados. O sencillamente, una mirada. Una de esas que van mas allá de la pupila central y negra que nos lleva al abismo de los pensamientos de nuestro interlocutor. 

Y sabéis mas cosas…

Nunca me he considerado el mas listo de mi generación ni mucho menos. Ni me he creído ni he alardeado de serlo, a pesar de que mis compañeros de colegio me llamaran “el empollón” porque siempre sacaba sobresalientes sin tan siquiera estudiar. Tampoco a pesar de que mi hermana crea, piense y afirme que son inteligentísimo (algo de razón llevará, creo yo). Al fin y al cabo la vida es mas que eso. Va mas allá de una simple nota en Ciencias Sociales o Literatura; es mas que un título, dos, tres másters o ninguno.

Pero no me gusta que me tomen por tonto y hoy lo han hecho. Soy muy consecuente con lo que firmo o dejo de firmar; con lo que asumo y acepto como mío, y con lo que dejo de lado porque creo que no me conviene. Creo que hay determinadas épocas en la vida en la que se realizan actos presionados por las circunstancias que nos rodean. Que hacen que, lo único que quieres, es que podamos tener una salida a una situación injusta para la persona que la esta viviendo.

Pero sinceramente, creo que es mas injusto aún que existan terceras personas que se aprovechen de estas situaciones para sacar beneficio propio.

Injusto, ruin y lleno de maldad.

Como decía, no soy tonto o por lo menos no considero que lo sea (siempre puede haber opiniones dispares en este punto). Cuando una tercera persona me habla de cosas que no son de mi campo de trabajo o se escapa de mis conocimientos, trato de poner la máxima atención en lo que me dicen para comprender y no meter la pata. Si hay que firmar papeles, documentos, etc. pongo los cinco sentidos en ello para saber qué firmo y por qué. Pero también como he dicho antes, muchas veces las circunstancias de la vida hace que sólo quieras una salida a una situación y olvides un poco lo demás.

Pero no fue así. A día de hoy, sinceramente casi no puedo acordarme de lo que hablé ayer, como para acordarme lo que hablé hace 3 años, o 6 cuando me compré mi coche, o 9 cuando me compré mi casa. Casi no me acuerdo ni de lo que dijo el señor juez de paz cuando me casé hace 7 meses, como para ir mas allá. Lo que si tengo claro es que sí se lo que no se dijo. Eso tengo certeza absoluta que se lo que no se habló. Mi mano en el fuego, o lo que sea que haga falta. Se lo que no se dijo. 

Y ahí es donde me reitero en que no soy tonto. Porque si me lo dices una vez igual no me entero del todo; si me lo dices dos, igual me quedo un poco mosca y vuelvo a que me lo repitas; pero si me lo dices tres veces, pues me habría dado cuenta que las cosas no eran como se estaban vendiendo. 

Y aquí es donde entra el lenguaje corporal, los gestos, la forma de hablar y la manera de mirar. Se que lo que me cuentan no es cierto; que todo lo que aseguran una y otra vez que nos contaron, no fue así. Que pasó algo o acordaron que no teníamos que enterarnos de la jugada magistral que ponía punto final a sus problemas y capítulo nuevo a los nuestros. 

La jugada salió redonda, pero yo se que no fue como tratan de venderla ahora. No recuerdo lo hablado, pero recuerdo lo no hablado. Y esto no se habló. 

No soy tonto, lo sé.

Cuatro personas perfectamente capacitadas, no sordas, ni mudas, y con plenas facultades no pueden estar equivocadas. Y sabéis que creo… Que saben perfectamente que yo sé que las cosas fueron como yo cuento. 

Pero eso es otra historia, porque lo que yo cuente o no, da igual. 

Sólo me queda mi derecho a la pataleta. 

Y sabéis que…

Pero, tonto o no…

Sigo siendo el rey….

(¿De los tontos?)


Una noche como la de hoy te marchaste para no volver. Soy malo con las fechas, quizás sean diez años ya, quizá más, o tal vez menos. Pero mucho tiempo ya. 
Inocente, siempre niño, siempre adulto. 

Siempre único. 

Puede que muchas veces no lográramos entenderte. Y sé que muchas otras te entendíamos con solo mirarte. Recuerdo el tacto de tus manos de hombre de campo. Recuerdo tu olor, el roce de tu barba cuando nos abrazabas. 

Fuiste duro, hasta el final. Fuerte como una encina y valiente como los guerreros. Pocas veces te vimos quejarte de dolor, salvo cuando las luces se apagaban, la casa se quedaba vacía y te sentabas, derrotado, bajo la luz tenue del hogar. 

Qué difícil fue verte marchar, pero que paz nos dejó verte por fin descansar. 

Recuerdo la última vez que te vi. 

Tus palabras, tu mirada y mi última promesa aún sin cumplir. Creo que sabías que te ibas, pero nos demostrabas lo contrario.

Y al despertar, una mañana de Reyes, ya no estabas aquí.

Por la noche vinieron a buscarte, y quizá hoy aún sigas a su lado repartiendo regalos y sonrisas a todos los niños del mundo. 

Porque un alma tan pura, sincera y bella como la tuya no puede perderse en la nada para siempre.

Porque siempre estarás en nosotros que tuvimos el privilegio de sentir tu amor. 

Porque siempre te recordaré en el campo entre cabras, como corrías hacia mí y mi hermana para abrazarnos después de un tiempo sin vernos. 

Porque fuiste, eres y serás siempre nuestro tío Kiko.

Porque fuiste, eres y serás siempre mi padrino. 

Porque fuiste, eres y serás siempre mi ángel de la guarda. 

Vuela feliz y libre tío. 

Descansa tranquilo.