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Sólo un loco que hace historias

Yes, I’m Just a fool…

Soy sólo un loco que sigue corriendo detrás de sueños. Intentando ver la parte divertida entre las tormentas. Tratando de poner el corazón en todo lo que hago, cuando creo que de verdad merece la pena.

Soy sólo un loco que intenta ver historias bonitas entre manchas preciosas. Buscando un hilo del que poder tirar para poder llegar a ver la luz dentro de lo indefinido. Indefinido aparentemente pero estudiado al milimetro.

Soy sólo un loco que se pierde en sus pensamientos sin acordarse que la más bonita manera de ordenarlos es plasmándolos donde quiera que sea. Bien en líneas, o entre líneas. Bien en dibujos, o por que no, en palabras. Y después de un tiempo sin pensar en escribir, hoy pienso que escribo.

Hoy pienso.

Soy sólo un loco que escucha a su corazón. Soy sólo un loco enamorado de lo que me rodea. De mi escritorio lleno de pinturas, dibujos inacabados. Bocetos acabados, hojas recortadas, cuerdas… De mi escritorio con una taza de café que cada mañana olvido recoger y se queda velando los dibujos que están por llegar.

Soy sólo un loco enamorado que escucha canciones de amor. No loco por estar enamorado, si no loco por no seguir las normas. Por proclamarlo a los vientos y a la tierra. Por ver mensajes cifrados en los jeroglíficos mas inesperados.

Por ver algo rojo y recordad, por ver una mancha y pensar. Por ver algo verde e imaginar. Soy un loco, sólo un loco por pensar que cuando voy caminado, a donde quiera que vaya, el camino de baldosas amarillas sigue debajo de mis pies.

Un loco que sabe lo afortunado que es por tener gente alrededor que le quiere (lo sé, gracias por lo que hacéis en los momentos delicados). Sólo un loco que es consciente del privilegio de meterme a la cama cada noche con la persona con la que quiero compartir mi vida, sabiendo que él tambien quiere compartirla conmigo.

Sólo un loco.

Que para.

Que respira.

Que cada día comienza a escribir una nueva página en blanco que sabe que, a priori, va a terminar llena de colores.

Soy sólo un loco afortunado por ver la sonrisa de dos niños, por sentir que tengo una familia. Familia grande, de sangre y no de sangre. Una familia loca, pero es mi familia.

Tengo 32 años, soy sólo un loco con un año mas. 


El Renglón Torcido

Siempre una sonrisa…

Sin mirar o mirando.

Con al mirada oculta tras unas gafas o descubierta para que se vea.

Sonriendo o a media sonrisa.

De frente o de espaldas.

Con la mirada perdida en el horizonte.

Hoy, simplemente sirve todo.

37 años, 7 años.

Y un día: 30 de Agosto.

Importante fecha para recordar que seguimos llegando a tiempo allá donde tengamos que ir.

Felicidades hermana.

Felicidades chiquitín Aimar.

Sigamos recorriendo nuestros caminos, pero sigamos.

Siempre es mejor caminar lento, aunque sea lento y con paso firme, que estar parados.

Si lo necesitas, yo te presto mi camino de baldosas amarillas.

Si lo quieres, te enseño donde está mi ciudad de las esmeraldas.

Si me lo pides, te cojo de la mano para no soltarla.

“Solo pueden contigo si te acabas rindiendo”

Bien firme, y sonriendo.

Bien alto para que se te oiga allá donde hoy tengan que llegar tus palabras para hacer feliz a quien no comparte hoy tus andares.

Pero piensa, ¿que es un día comparado con la vida entera?

¿Que es una gota de agua comparada con la grandiosidad del océano?

Brindaremos hoy.

Brindaremos mañana.

Y lo haremos en unos días.

¿Que son unas horas comparadas con la inmensidad del tiempo?

“Simplemente así, tal como eres”

Simplemente así, feliz cumpleaños mi hermana mayor.

Simplemente así te quiero.

Simplemente así, te quiero Aimar.

Que las mariposas que siempre me acompañan vuelen cerca de ti y te lo susurren al oído.


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Fue un 9 de marzo cuando por primera vez comenzamos a hablar. A mirarnos cara a cara y decirnos las cosas como son.
Fue el 2009 el inicio de nuestra relación, y a día de hoy continua. En lo bueno y en lo malo, pero continua.
Te he contado mis cosas, mis alegrías, las penas y los llantos desesperados. Las risas, mis fiestas y mis compañías. Por supuesto, mis amores y desamores.
Siempre todo, aunque seamos francos. Nunca llegué a contarte las cosas del todo claras. No podía dejar las cartas a la vista por quien pudiera usarlas en mi contra. Contando todo pero sin contar, explicando sin matizar, revelando sin revelar.
Siempre con dudas pero siempre sinceras.
Nunca has fallado. Ni en las noches mas oscuras y desesperadas dejaste de estar a mi lado. Recurrí a ti siempre que lo necesite, y muchas veces cuando ni siquiera sabia que me hacías falta.
Hoy lo celebramos, mi querido Renglón Torcido.
Felicidades.
¿Y que hacemos preguntandonos si seguir o no? ¿Quizá sea hoy?
Creo entonces que la respuesta esta clara. Habrá momentos mejores, y te aseguro que habrá peores. Sí, mi querido Renglón, los habrá. Pero puedo prometer y prometo que siempre que tenga la necesidad de contar algo, serás el primero en saberlo. Pase el tiempo que pase o llevemos el tiempo que llevemos sin hablarnos.
Siempre, volveré a tu lado.
Hemos crecido juntos. Yo voy a por los 32 años, tu hoy comenzaras la andadura de tu cuarto año de vida. ¡Y cuánto hemos aprendido! No podemos hacernos a la idea de lo mucho que hemos echado a nuestras espaldas en este tiempo.
Algún día, miraremos atrás, y como si de un libro se tratara, reviviremos nuestras historias día por día, mes a mes, año tras año. Y descubriremos lo feliz que he sido estando a tu lado.
A pesar de todo.
Gracias a todo.
Y por supuesto, gracias a todos.
Felicidades de nuevo, Renglón Torcido.


El Renglón Torcido

 

Uno piensa que el tiempo le hace fuerte. Que el pasar de los segundos, las horas, los días, los meses van poniendo las cosas en su lugar, para dejar paso a un nuevo amanecer. Evidentemente, lo hace, porque las cosas ya no se ven como el primer día. Pero la verdad es que me gustaría que el tiempo pasara mas rápido.

Una celebración de algo tan maravilloso como el pasar de este tiempo del que tanto hablo, como es un cumpleaños. Algo alegre, de reunión, de risas y cachondeo puede tornarse en una noche aguada en lágrimas de la manera mas sencilla. ¿Por qué? Me divertí, me reí muchísimo, y bebí, quizá demasiado para hacer frente con dignidad a los sucesos o a las situaciones. Quizá con un poco menos de alcohol en las venas hubiera podido estar con la cabeza bien alta y con la fortaleza que voy construyendo día tras día. Pero la cabeza no pudo mantenerse arriba, ni la mirada fijada. Y mucho menos la fortaleza aguantó la batalla, y encontró una vía para ser derribada.

No estoy orgulloso de ello, aunque tampoco hay arrepentimiento. Tal vez pueda pensar y lo pienso que no fue el momento adecuado para que pasaran las cosas que pasaron, pero a veces las cosas no se pueden controlar. Los encuentros fortuitos pasan, los sentimientos afloran en el momento menos pensado, y se desata el temporal.

Subí a Pamplona con el pensamiento de que iba a pasar. Lo sabía. No era la primera vez que me pasaba, y otras veces había acertado. Y mi pensamiento y mi creencia se convirtió en certeza reafirmada por un individuo que hoy celebra su cumpleaños y ayer lo festejábamos en las calles.

Soy visceral, y no me suelo controlar. Y mucho menos si hay alcohol de por medio. Sí, lo reconozco, lloré hasta no poder soltar una lágrima mas. Lloré por los recuerdos, por la situación, por el momento. Lloré por la rabia, por la compañía y por que sí. Lloré hasta el final. A ratos en soledad, otras en compañía. Gracias a los que me aguantaron,  y sobre todo perdón por tener que aguantarme. Pero hay veces que es difícil seguir adelante sabiendo lo que se ha dejado detrás.

Pensé que no volvería a hablar de ésto en el blog. Lo pensé porque me hice una promesa de no volver a hacerlo, pero hoy sinceramente me da lo mismo. Una promesa que me hice a mi y que hice a alguien, porque muchas veces no era sólo lo que yo podía llegar a escribir sino los efectos secundarios que tenían mis palabras a posteriori. Pero hoy, repito, rompo la promesa y me da igual.

Me da igual porque tengo un nudo en el estómago desde ayer por la noche y los nudos los desato aquí mientras escribo. Y ese nudo es rabia por ver que el paso del tiempo ayer no me sirvió de nada. Y no me gustó, en absoluto. No me gustó volver a verme así. No me gustó que me tuvieran que ver así. Y sobre todo, no me gustó porque sinceramente no se quien o cuántos pudieron verme “perder los papeles”. Pero principalmente me sienta mal pensar que después de cinco meses, algo tan tonto pueda hacer que termine como terminé ayer.

Lo que está claro es una cosa. Mi cabeza piensa que va a un ritmo mientras mi corazón va mucho mas despacio. Y ésto si me da rabia. Lo que yo pensaba mas o menos superado y cerrado en una carpeta a parte volvió a felicitarme el nuevo año. Ese que felicité hace exactamente 15 días con un silencio por respuesta.

Pero a la vista de lo sucedido ayer por la noche, parece que éste 2012 tambien va a ser movidito.

 


El Renglón Torcido

 

Bailemos hasta caer derrotados.

Vibremos al ritmo de la música hasta que nuestros pulmones agonicen por una partícula de aire.

Disfrutemos de los movimientos que nos permite nuestro cuerpo hasta sentir agujetas en el último músculo de nuestro de cuerpo.

Sin descanso, sin parar.

Bailemos al ritmo de la música. De nuestra música.

La que tu quieras.

No una noche, no unas horas, no un instante.

No.

Bailemos siempre, cada segundo de nuestra vida. Disfrutemosla hasta caer desfallecidos, cansados y sin aliento. 

No paremos ni un segundo, salvo para respirar y seguir moviéndonos al ritmo que marca nuestro cuerpo en cada momento.

No estamos en el mundo para pararnos, sin sentido y sin aliento.

No estamos para no sonreir. No estamos para no bailar.

Cada día que pasa es un día menos para que llegue el día en el que caigamos y nunca mas podamos levantarnos.

¿Que vas a hacer? ¿Esperar a que llegue ese día sin haberte movido?

Yo no. Yo me muevo. Y hoy bailo como si fuera el última día, porque nunca sabemos cuando será.

Aunque yo si se que hoy es el último día de mis 30, porque dentro de  tres horas exactas (son las 23.25h.), cumpliré 31. Y si algo tengo claro y he aprendido en el transcurso de éstos últimos 365 días es que no me voy a quedar quieto. No voy a estar esperando a que sucedan las cosas, sino que voy a ir en busca de ellas. Como he ido en busca de mis amigos, como he ido en busca del amor, como he ido en busca de la felicidad. Y aunque ésta muchas veces se resista, sólo hay que cambiar la banda sonora y bailar.

Siempre bailar.

 Porque si no te mueves estás muerto.

Porque si no te mueves, no vives.

Porque si no vives, se terminó.

Porque si bailas, la vida es mas bonita.

Así que todos a bailar, a disfrutar de éste próximo 21 de Octubre, conmigo.

Sonreír un segundo y pensar en lo que leéis.

Escuchad la canción y mover aunque sea el pie al ritmo de la música.

Vivir.

Ahora.

Es el momento de hacerlo.

Felicidades Javi, por el año que se termina. Lo hiciste lo mejor que supiste.

Hoy, bailo. Mañana más.

 


 

El Renglón Torcido

 

Si alguien me conoce, puede contestar a ésta pregunta perfectamente. Pero el caso es que hace poco, un día de ésta semana, probablemente el jueves o el viernes, una clienta me  lo preguntó en el trabajo. La cosa fue a raiz de que el sábado pasado, realicé un viaje a la ciudad del Ebro con dos individuos, Prada y Las Vegas. Habíamos quedado en que a mi salida del trabajo el sábado, nos montábamos en el coche y emprendíamos rumbo a fiestas del Pilar, porque indiviuo Ejea nos esperaba para comer. En el trabajo, después de aquella apoteósica salida el finde, al que siguió otra escapada más, pero esta vez yo sólo, dicha clienta me preguntó que qué tal por Zaragoza. Yo lo contesté que muy bien, que en fiestas uno siempre se lo pasa bien. Y después me preguntó, ¿pero tienes familia en familia en Zaragoza?

Lógicamente, lo primero que contesté es que no, sin pensarlo. Dije: “no, familia no, tengo amigos”… E inmediatamente lo segundo que le contesté a mi clienta fue, “sí, si tengo familia, ellos son mi familia”… Eso mismo le contesté.

¿Cuando alguien con quién no estás emparentado de manera directa pasa a formar parte de tu familia? Incluso hay veces que esas personas que comparten tu vida, comparte (y redundo) más que muchos de la familia. Y yo precisamente no me quejo de la mia en absoluto porque los tengo, se saben y me comparten muchos minutos de mi vida: familia os quiero. Pero y ellos… Ellos que aparecen de la nada, sin esperarlo, sin buscarlos. Se encuentran. Un día estas en un autobús, otro día en un pupitre, comienzas a hablar y ahí se quedan. Otro día estás esperando para entrar en una clase, y cuando la persona que está dentro de la clase te cruza su mirada, sonríe y ahí se queda. Otro día alguien en un momento dado de tu vida te invita a tomar café, un café de Prada, digamoslo así y el café viene con compañia, y ahí se queda.

Ellos están, ellos son, y espero, seguiran. Ni menciono, ni individualizo. Son ellos, mis amigos. Aquellos que han llorado conmigo la lista de amores escrita cuando cupido no tenía puntería. Esos que han reido junto a mi cuando nos ha tocado reír. Que sonríen, que escuchan, que te abrazan como si fuera la primera vez que te ven, cuando por sopresa apareces en un bar oscuro de Zaragoza un 11 de Octubre en mitad de la celebración de un cumpleaños.

Amigos que vuelven del pasado, para retomar algo que nunca debió perderse y que se ha retomado con mas fuerza que nunca. Que te cuidan haciendo brochetas de solomillo y te abrazan mientras duermes como dos niños pequeños.

Ellos, mi familia, que proximamente me reencontraré con muchos de ellos desvanecidos con el tiempo pero firmes en el corazón. La Y griega vasca se conecta en 13 días, en menos otra conexión. Esa otra mas individual, mas Individual,mas Las Vegas, mas Prada, mas Monty, mas Rubicop, Individuas Poli y Poquet (nuevo bautizo), mas Ejea y mas Renglona Torcida. Y después nuevas mas, aquellas a donde me lleve mi tiempo libre para poder disfrutar de todos y cada uno de ellos.

La distancia dicen que hace el olvido. Yo no lo creo. Yo diría que la distancia, si quieres, hace el olvido. El olvido de aquellas personas que algún dia formaron parte de esa familia que son los amigos, y que de repente comenzó a esfumarse. Yo no me olvido de nadie, nunca. Ni de los que están, ni de los que dejaron de estar por circunstancias de la vida. No olvido aquellas tardes de paseos por independencia, ni los cafés a las 3 de la tarde en la terraza de la facultad. No olvido los disfraces, no olvido el mendebaldea, ni las broncas que echo de vez en cuando. Cuantísima paciencia tiene aqui mi familia que sois vosotros.

Os recuerdo porque quiero recordaros que a pesar del tiempo, no me olvido de nadie. Si cierro los ojos puedo escuchar cada una de vuestras sonrisas dentro de mi cabeza. Todas y cada una. Unas sonrisas suenan mas cerca, otras mas lejanas, quizá separadas por océanos. Quizá ahora mismo hasta resuene alguna en la China, o próximamente.

Cuando hablaba de que cupido no había tenido puntería, no tenía razón. Porque la mas maravillosa punteria que ha podido tener es traer a cada uno de vosotros MIS AMIGOS, a mi lado. Porque el amor que da un amigo no se compara a ninguno de los demás. Porque es amor incondicional, no egoísta, con los defectos y las virtudes. Porque están cuando estas bien, enamorado, y estan cuando estás mal, dejado. Porque te acompañan, si, por ese camino de baldosas amarillas del que tanto hablo.

Alguna pena tengo, porque presiento que en éste último año algún buen amigo se quedó en el camino porque no nos dió tiempo a mas. Os pienso, mucho, aunque me duela a veces, pero os pienso. Los domingos ya no son como eran cuando los compartíamos. Pero la vida es así, y cupido se equivocó.

¿Tienes familia en Zaragoza? Si, por supuesto, la tengo… Dentro de mi corazón, y afortunadamente siento que tengo familia en muchos puntos de la geografía española. Y como en todas las familias, hay lazos mas cortos y lazos mas largos, con unos te llevas mejor y con otros peor. Pero son, y siempre lo serán.

Quizá éste sea el balance de mi año con 30 años. Que mejor manera de terminarlos que dedicándome a todos vosotros que estáis ahí. Uno és, según de quien se rodea. Si me pongo a mirar a cada de uno de vosotros, ojos, a los que me miro y ahora mismo pienso, y veo lo magníficos que sois, me doy cuenta de que debo ser un tio genial. Genial por tener a gente cerca como la que tengo.

Da igual estar solo, o en pareja. Da igual tener más o menos dinero a fin de mes en el banco cuando han pasado todas las facturas. Da igual que llueva, haga sol o estemos ahora mismo en un “Veroño”. Da igual como haya sido éste año porque termina con vosotros, los que siempre estáis.

Por todos vosotros. Sabéis quienes sóis.


 

Con una sonrisa y unas palabras de cordialidad y disculpa, se puede pasar de un ambiente cuanto menos tenso, a una velada mas que distendida. Lo que fué un enfado generalizado podría haberse quedado en una anécdota de una noche cualquiera de sabado en la vieja Pamplona.

Pero no siempre suceden dichas anécdotas y no todo el mundo sabe en un momento dado como actuar para solventar un problema. Y es que el trabajo en el que tratas con público es muy esclavo, y hay que tener muchos trajes y capotes en el armario para saber torear cualquier situación que se te ponga delante. Pero además del saber estar, lo que hay que tener, además de todo eso, es un poquito de educación. Y más que un poquito,  yo diría que bastante educación para no seguir metiendo la pata una y otra vez.

La cuestión es que un sábado noche, te dispones a cenar tranquilamente con los amigos en un restaurante de Pamplona. Una celebración de varios cumpleaños nos reúne en un restaurante en el centro. No voy a decir cuál era, porque no pondré mala fama de un restaurante sólo porque un camarero no haya sabido estar a la altura de la noche.

Te sientas a cenar, miras la carta. Risas por aqui, risas por allá. Y todo parece ir bien. Pedimos la bebida, muy bien. El sitio muy bonito, grande, decoración acertada. Perfecto. La noche pinta bien. Pero los problemillas empiezan cuando servimos el vino a todos en las copas y vaciamos las dos botellas que habíamos pedido de entrada. Entonces claro, pedimos dos botellas mas…

Dos botellas mas…

Dos…

Botellas…

¡Coño que queremos beber!

Tras unos 15 minutos esperando a que nos trajeran las botellas de vino a la mesa, y con todas las copas ya vacías y los platos de comida llenos, llega nuestro super héroe de la noche. Lo mejor fue cuando nos dice que no encuentran las botellas de vino. Para mas señas, diré que era un italiano el restaurante, y el vino, un lambrusco. Vamos, parece cachondeo. Mira que no encontrar botellas de lambrusco en un restaurante italiano, manda cojones. Es como entrar en una quesería y que te digan que no encuentran el queso.

Tras un pelín de mal genio generalizado, aparece nuestro amigo el camarero con dos botellitas de lambrusco, y para hacerse el gracioso nos dice que ha tenido que meterse en la cámara y bucear para encontrarlas. Juas juas, me parto y me troncho. Está bien, vino en la mesa, comida en los platos, ¡continúa la noche! Antes de que se vaya de nuestro lado, le decimos que nos saque una tercera botella pues debido a la tardanza para que así tengamos una de reserva. He de decir que ésta botella nunca fue sacada.

Continúa la cena. Comemos nuestros segundos platos a compartir. Dos fuentes o tres, no recuerdo de pasta, una pizza y un calzzone. Todo rico rico. Muy rico. Pero, resultó escaso para todos los comensales. Con lo que decidimos llamar al camarero avispado y pedirle dos nuevas pizzas porque nos habíamos quedado con hambre. Los llamamos, se pasea. Va, viene. Y por el camino, se entretiene… Y por fín, pedimos las pizzas nuevas. Vamos bien. Mientras tanto, el vino vuelve a terminarse y la tercera botella en discordia nunca llegó. Por lo que le decimos al camarero que nos saque otras dos botellas.

Y esperamos. Un ratillo. Vemos postres pasar, tenemos ganas de postre, de beber, de dejar al camarero ya en su trabajo y largarnos. Y aparecen las pizzas. ¡Sorpresa! No son las que hemos pedido si no que son las dos mismas que ya nos habíamos comido antes. Joe, a discutir de nuevo con el camarero. Él, que son las que hemos pedido, nosotros, que sí, que las habíamos pedido pero que ya nos las habíamos comido y que habíamos pedido dos nuevas. Él, cara de no creernos, nosotros enseñandole los platos de las pizzas con los restos que habíamos dejado. En fín, increíble. Él, apela a su resaca y su malestar por haber salido el día anterior, nosotros, riéndonos del cuénto que nos está contando. Comenzó ahí un debate que si había bebido mucho, no había follado el camarero, en fin, cosas del alcohol. Para no esperar más, decidimos comernos las dos pizzas repetidas en lugar de esperar a que nos sacaran las nuevas.

Comemos, bebemos y terminamos. Queremos los postres, pedimos los postres rápidos y el café a la vez  para que no tarden tanto. La copa decidimos tomarla en otro lado. Don’t cries for me Argentina pide un tiramisú, lo cuál parece no oir el camarero y le vuelve a repetir que quiere un tiramisú. ¿Cuál fue el resultado de ésto? El camarero trajo dos tiramisú… Le dice mi niña que sólo habíamos pedido uno, y el señor dice que no, que dos. En fin.

A todo ésto, los cafés no vienen. No vienen…. El camarero está desaparecido. Están recogiendo todo el restaurante. Cambiando mesas. El postre terminado, el café sin venir. Don’t cries for me Argentina se levanta y se va hasta la puerta de la cocina buscando al camarero, no aparece. Ni él, ni los cafés. Entonces decidimos pasar de los cafés y pedir la cuenta a otro camarero que pasaba por allí, y nos atiende una chica muy resuelta. Le decimos que llevamos como 20 minutos esperando los cafés, que nos los anulen de la cuenta, pero que nos las traigan ya. Aparece otro camarero que dice que va a ver que pasa con los cafés. Le decimos que tiene 2 minutos para solucinarlo o nos vamos. Los cafés aparecen por la escalera con nuestro nuevo camarero, mientras que el anterior no se digna ni a bajar y dar una explicación de la tardanza. Los nuevos camareros resuelven la papeleta del enfado. Inmediatamente, pedimos la cuenta y con unas risas generalizadas y el cachondeo del trato recibido, aparece nuestro camarero primero, el listo, y en lugar de pedir discúlpas o no se, decir algo educado a modo de solucionar el problema, el muy gracioso se pone chulito y no acepta sus errores de la noche. En fín, apaga y vamonos que nos vamos de fiesta.

Una noche estupenda. No diré el nombre del restaurante porque sus compañeros al final salvaron la situación medianamente. No lo diré porque es la primera vez que vamos a ese sitio, y no es justo juzgar un lugar entero por una mala noche de un camarero. Pero desde luego, ese sitio, entre los 11 que fuimos a cenar allí, desde luego no tiene buena publicidad por nuestras bocas. Habrá que esperar a segundas opiniones.