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El Renglón Torcido

 

¿Y por que no sonreir y terminar bailando hasta que duelan las rodillas?

Como dice la canción, soñaré que puedo volar para alcanzar el cielo… ¿Y si puedo volar, donde iré? Pues lejos de aqui, y cerca de todos. De todos aquellos que ésta canción trae a mi mente, y que provocan una sonrisa mientras las letras salen a traves de mis dedos.

Hay veces que nosotros mismos nos metemos en un bucle del cual no podemos salir si no nos paramos en seco y cambiamos de dirección.

¿Y si cambio de dirección?

O simplemente, me pregunto, ¿y si ya la he cambiado y tan siquiera me he dado cuenta?

Hoy he elegido una canción diferente a las que solía poner. Tal vez sea un espejismo, o simplemente sea que hoy tengo un buen día. Quizá mañana vuelve a los melodramas, a las comedias negras y los fados tristes con canciones desesperadas.

Pero sinceramente, hoy, no. Porque no, y punto.

Y el punto tiene explicación.

Llevo el teléfono rojo (para los de la LOGSE, estoy de guardia). Y bastante coñazo tengo ya encima como para llegar ahora y divagar deprimido entre los pensamientos oscuros de mi cerebro.

No toca.

Bailo al ritmo de la música, mi música. La que decido poner cuando el silencio se adueña de mi casa. Cuando mi voz no se oye mas que dentro de mi, y morfeo se aproxima  para llevarme en sus brazos a tener lindos sueños.

Y por supuesto sonrío.

Porque ésta canción siempre me trae buenos recuerdos, de gente que ahora no veo y que en su dia me compartieron. Y por eso hoy viene aquí. Por todas aquellas risas que un día sonaron al unísono y que hoy hace que me vaya a dormir con su recuerdo brillando en mi cabeza.

Comienzo una semana tal vez dura, es seguro un si.  

Tal vez triste o tal vez triste.

 Porque mañana es martes y trece, y prefiero no recordar que el tiempo pasa volando, y que hace un mes algo cambio para bien o para mal. Prefiero no recordarlo pero lo recuerdo quizá con la esperanza de que afrontando las cosas, mirándolas a la cara, el problema sea menos problema.

Un dia tras otro.

Y yo sigo caminando.

Ese caminar traerá un fin de semana donde probablemente las nieblas que se ciernen sobre mi cabeza desaparezcan.

Aunque…

¿Sabéis lo malo?

Que quizá esas nieblas…

Se tornen en nubes de tormenta…

En truenos…

Relámpagos…

Que sonaran, si, en mi cabeza.

¿Pero por una resaca?

 

 

Buena semana.


 

No se en que dia vivo. Bueno vale, sí lo se. He mentido. Pero vamos, que a día de hoy que es martes me parece que este sea el quinto martes de la misma semana. Y es lo que tiene estar de guardia, que si te toca un fin de semana tranquilo y no te toca trabajar, pues te das cuenta de que es finde aunque tengas que estar con el teléfono rojo  hasta en la taza del baño. Pero como te toque un turno de guardia movidito, pues ni eso.

Trabajar viernes por la noche, sábado por la mañana como es habitual, sábado por la tarde varias veces, domingo por la mañana, lunes por el mediodia… Bufff, que paliza. Y mientras tanto el teléfono rojo sonando además de todas las veces que toca ir a currar.

En fin. Que estoy en martes como si fuera sábado ya. Y aún faltan tres días mas de trabajo. Sí, tres días, porque éste sábado  no trabajo porque me voy de bodorrio… Un familiar que se nos casa, mi primilla, aquella con la que me llevo un día, dos horas y veinte minutos. Una cuenta que hemos hecho miles de veces cuando eramos chiquillos. Cuando jugábamos a mamás y a papás, con los clics, con las muñecas. Siempre me acuerdo del cuarto de San Jorge donde dormía la que el sábado se vestirá de novia.

Seguro que hay muchas risas, mucha diversión, y seguro que habrá llantos, pero de felicidad. Un día con la familia, con los viejos amigos del colegio. Un día en el que el Sr. Pintor se sentará a mi lado.

Día especial aunque quizá un poco nublado por ciertas cosillas que no me terminan de cuadrar del todo. Pero bueno, cada uno tiene sus pensamientos y sus opciones igual de respetables que todas. El espíritu de Gabriel y Galán nº 23, aquel que traje a éstas líneas hace un tiempo anda un poco disperso. Una pena porque ocasiones para celebrar como la que se presenta el sábado hay bien pocas. Yo si sirve de algo, hago un llamamiento al ese espíritu. A esa fiesta que fué volver a juntarnos todos en aquella casa. Y cuando digo todos, digo TODOS. Aquella casa de los abuelos, que ya nunca volveremos a pisar ni todos juntos ni por separado. Y ahora que ya no está, parece que hay algo que nos desune. Yo no quiero que así sea. Aquí queda escrito. Pero el sábado disfrutaremos como nunca. Todo por los novios y por su familia. Enhorabuena.

En fin, opiniones. Divagaciones. Conjeturas. O quizá pensamientos demasiado atrevidos para ser expuestos entre renglones. Pero al fin y al cabo, son mis opioniones y me creo libre hablara poder decirlas.

“Buenas noches, principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.”


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Cuando un día las cosas se complican, parece que ese día no va a terminar nunca. Todo parece amontonarse cada vez mas y parece que el final no llega…
Pero llega. No como muchas veces nos gustaría. Lo bueno es que mientras esperas y desesperas, aprendes cosas nuevas, como que se pueden publicar entradas desde el iPhone, con fotos y todo.
Aunque eso al fin y al cabo no es lo importante… Os dejo que llega mi paciente.
Buenas noches.


 

Nunca lo había hecho, pero como dijo hace poco la Princesa Letizia, las reglas están para romperse. Y cuento el por qué de la ruptura de reglas. Con éste año, van tres contando historias a través de mis renglones. Comencé en marzo de 2009, así que a estas alturas, ya es el tercer abril que me asomo a vuestros pensamientos a través de mis líneas. Y cuando todo ésto empezó, y vi que la cosa iba hacia adelante, pues establecí una serie de reglas. Una de ellas era que sólo podía cambiar el formato del blog una vez al año, y a poder ser en los aniversarios. Cosa que hasta ahora he hecho y cumplido. El 2009 fué de una manera, que cambió con el 2010. Y el 2011 fue de nuevo una renovación en el estilo del Renglón Torcido. Así mismo, me propuse que año tras año, cambiaría la fotografía que acompaña la cabecera del título. La cambiaría una vez con el estilo del formato, y punto.

Pues esa es la regla que rompo. Y la he roto hoy día 28 de Abril de 2011. Para romperalas dijimos, ¿no Letizia? Pues ya está. Hoy no tengo un día especialmente alegre, sino mas bien tristón, mimosón y muchas cosas terminadas en “ón”, y he decidido que por que sí, iba a cambiar la foto que me anunciaba. Pues que mejor que poner una foto de mis vacaciones, hecha con amor por un señor pintor sin otros chicos del montón, en calidad de reportero gráfico de los días de descanso.

Una foto sin saber que estaba haciendo, sipupongo que perdido en algún bosque encantado de los recorridos, pensando en cuentos de hadas rodeados de puntos rojos que adornan los vestidos de los duendes de dichos bosques.

Una nueva foto en un día rojo. Rojo marcado por el teléfono rojo de nuevo. Influyente en exceso en los estados de ánimo de quien viste y calza. Pero sobre todo un día feliz porque sigo siéndolo como nunca lo he sido. Que no se lancen las alarmas. Estoy bien, un día triste, un día nublado no implica una tempestad ni mucho menos. Sigo siendo yo, feliz y contento por lo que tengo a mi lado. Ni duda cabe al respecto. Pero bueno, son días. Como hace poco escribía Vega, en su twitter después de sufrir un robo en su casa de Los Angeles: “mejor mañana, mejor sin más”.

Aunque sabes, siempre el día mejora cuando menos te los esperas. Cuando de repente comienza a sonar el teléfono y te hacen sonreir cuando al otro lado de la línea unas sencillas palabras hacen que los silencios del corazón rían de oreja a oreja mientras sigue latiendo.

Late fuerte, siempre. A golpes rojos, a puntos del corazón.

 

 


Hay días que casi es mejor no levantarse de la cama. De esos que ya pensaba superados que de repente vuelven y te recuerdan que estarán aquí para mucho tiempo. El síndrome de la mujer de rojo parecía desaparecido, pero no. Regresa y regresa.

Éste viernes vuelve a mi el teléfono rojo, y se nota en exceso. Y hace que cada día de la semana sea más duro de lo habitual. Circunstancias que confluyen en un mismo punto; cada paso que das en el día parece que tropieza con el anterior… En definitiva, esa mala leche que de vez en cuando me sale sin querer, pero que si te paras a analizarla punto por punto todo tiene su lógica. Sólo hay que prenguntar para averiguar el por qué de cada situación.

Si a todo ésto le añadimos que no duermo del todo bien debido a múltiples sueños variados que llegan a perturbar mi descanso, pues apaga y vamonos. Hoy he vuelto a soñar por no se cuánta vez  con mis examenes de la facultad. De esos que llegas a la clase y te das cuenta que no has estudiado nada del temario. Hoy por ejemplo no es que no hubiera estudiado nada, si no que ni siquiera había ido a clase en todo el año. Es más, no sabía ni cual era mi clase donde tenía que hacer el examen. Así que ya ves tú los nervios. Eso si, la clase estaba a la última. Muchas pantallas por todos los lados, proyectores estupendos y unas sillas comodisimas. Que yo recuerde, las clases no eran así en mis tiempos. Que esas si que las pisaba.

En fín, un día para meterse en la cama y olvidar. Aunque los que esperan los días posteriores no creo que vayan a ser mucho mejores. Paciencia y a seguir, que el síndrome pasará.


 

No es que me haya quedado sin ideas no. Sino que éste fin de semana he sido, por decirlo de alguna manera, infiel a mis renglones. Y no prometo no volver a hacerlo, porque no puedo hacerlo. Pero siempre vuelvo aquí, aunque con ideas fugadas en otros lugares.

Hay una buena razón. Y es que cuando se ayuda a alguien a crear algo nuevo e interesante, siempre está bien prestar las ideas para que el poyecto quede más bonito si cabe. Así que bueno, con un pequeño granito de arena se puede conseguir acompañar imágenes preciosas. El Sr. Pintor es el culpable (que culpabilidad tan bonita) de la infidelidad a mi blog, y si buceáis en mis lineas, en mis “me gusta…” o si sin más, me seguís en facebook, sabréis donde han ido a parar mis ideas torcidas. Y si no lo encontráis, no tenéis mas que preguntar.

Todo ésto en un fin de semana tranquilo. Sin sobresaltos ni aventurillas especialmente interesantes. Con los dolores cicatriciales propios de una variación de temperatura de 15ºC en 24 horas, y con la tranquilidad del descanso previo a la próxima llegada del teléfono rojo. Sí, eso es. El próximo finde puede que no esté de muy buen humor para escribir. O tal vez las movidas propiciadas por el mísmo, hagan que me de por volver a expresarme a través de éstas líneas.

Así son las cosas, y así es como las cuento. No hay novedades, no hay excursiones. Ni cines ni teatros. Sólo películas en casa, tranquilidad absoluta, algún ronquido que otro mientras tanto y cervezas en compañia de gente querida. Conciertos de rock & roll junto a El Portal de Jade, siempre acompañando a los buenos amigos. Unos días normales, de los que me gustan a mi.

Días de besos, “eso no es un beso de amor”. Días normales.

Días, una vida…

Para muestra, un botón:

http://cesarsanchoprieto.wordpress.com/2011/04/10/nosotros-por-ser-asi/

cesarsanchoprieto.wordpress.com

A la sombra de un árbol con el cantar de un pajaro, o a la sombra de alguien a su lado, con el calor de una soledad olvidada.”

Pues hay días que ni yo mismo me soporto, asi que como para que me aguanten los demás. Esos días en los que pasan las horas, y la jornada no depara nada bueno sino que encima no hacen mas que complicarse las cosas. Esos días en los que aparentemente las cosas no tienen que sufrir demasiados altercados, pero que con una simple llamada, los planes se ponen patas arriba. Días en los que un simple cambio de tercio pone encima tuya una nube negra de esas que me acompañaban no hace demasiado tiempo, y te impiden ver el sol.

Son días para olvidar, para encerrarse en casa porque lo único que puedes hacer es pagarlo con quien no se lo merece. Son días, sobre todo en los que el teléfono rojo juega malas pasadas. Mi famoso teléfono rojo del que hace tanto no hablaba. Parece ser que hay cosas que no cambian, aunque lo intente superar, aunque lo intente llevar mejor. Me cambia el carácter, me cambia la cara, “me vuelvo feo” como últimamemte me repite un Sr. Pintor. Me enfado, gruño, grito por tonterias, grito por no tonterias, grito…

Y vuelvo a empezar. Y vuelvo a los mismo errores de antaño. De los que nos prometemos no volver a caer. De los que cuando los detectas a lo lejos, en el camino de baldosas amarillas, vas corriendo para arreglar esa baldosa que te hará tropezar. Después de arreglarla, vuelves al camino en el punto en que lo dejaste, pero cuando llegas a la baldosa arreglada, te tropiezas con el cemento que usaste para colocarla y vuelves a caer.

Son días que no ves luz al final del tunel. En los que las luces que iluminan el camino, van fundiéndose conforme avanza la jornada, para llegar al final de ella sin ningún punto en el cuál guiarte. Y cuando te encuentras en esa oscuridad, es cuando te das cuenta de que vuelves a estar en una nube negra. Esa que antiguamente solía acompañarme y de la que ya no me acordaba. La que no te deja mirar un centímetro mas allá de tus narices. Una nube negra densa, que a la oscuridad de la noche, es peor.

En ese momento es cuando debería aprender a valorar mis silencios. A cerrar la boca para no soltar nada irreverente ni que pueda molestar. A callar para seguir andando con la cabeza alta. Un silencio vale mas que mil palabras. Pero no lo hago. Al igual que una olla a presión empieza a soltar vapor que quema para no explotar, yo lleno los silencios con palabras y actos que pueden llegar a quemar de la misma manera.

Lo malo es cuando al día siguiente, ves que comienza a salir el sol. El camino por el que fuiste andando el día anterior en el que se fueron fundiendo luces conforme caminabas, ahora empieza a iluminarse por si solo. Vas viendo claridad a tu alrededor. Lo que otrora fueron problemas, ahora son sonrisas. Y ahí es cuando me doy cuenta de que la he vuelto a liar. Porque la oscuridad que vino por si sola, los cambios que sucedieron sin previo aviso, se soluciónan de la misma manera, y está bien. Pero la oscuridad que provoqué yo con mis actos, ¿esa qué? La nube negra que envolvía todo de repente, se esfuma. Y te das cuenta de que lo único realmente importante, es lo que mas duele de todo. La nube negra sigue, pero ahora solo en el corazón.

No hay excusas como “eres así”, “los que te conocemos sabemos que haces esas cosas”, como una voz amiga me decía por teléfono. No las hay. Ni eres así, ni leches. No debo hacer pagar a justos por pecadores. Los problemas hay que enfrentarlos cada uno en su escenario, y por supuesto no mezclarlos. Y si un problema te trae por la calle de la amargura, lo aparcas en ese escenario y ya lo afrontarás cuando vuelvas a él. Si te lo metes en la mochila y lo llevas a tu vida personal, entonces es cuando comienzas a fundir bombillas que deben estar siempre encencidas con puntos rojos.

Así no, Javi.

Una nueva autocrítica. De esas que trato de cumplir a rajatabla, y que mas o menos se hacerlo, pero que de vez en cuando se me escapan de las manos, normalmente por influencias externas tipo mi teléfono rojo. Una nueva misión que hacer. Conozco mis problemas, se identificarlos, ponerles nombre y verlos con claridad. Cosa que antes me costaba realizar. Sé en que baldosas amarillas de mi camino puedo tropezar. Y prometo que a partir de ahora andaré con la vista bien al frente para mientras camine por él, pueda divisarlas a lo lejos para ir corriendo y arreglarla bien. Y si puedo, iré corriendo dos veces hasta ella, para asegurarme que esté bien arreglada. Así, para cuando llegue a su altura mientras camino, no pueda tropezarme con ella.

Voy a Oz, a la ciudad de esmeraldas. Y no dejaré que nada me impida llegar a ella.