Archivo de la etiqueta: vacaciones

Yo

El Renglón Torcido

Hoy soy yo.

El que viene a contar historia a través de mis dedos helados. Siempre helados, como mis pies que siempre firmes y congelados me mantienen dando pasos junto al resto del mundo. Hoy hablo de mi, de mis cosas. Hoy me vuelvo a presentar, hablando en primera persona. En singular.

El de la foto que arruga el ceño cuando algo le preocupa, o que pone morritos cuando se concentra en algo. Quizá ahora mientras estoy escribiendo, esos morritos estén solo siendo vistos por la pantalla de mi ordenador. Escucho música, siempre. Es imprescindible poner banda sonora a nuestra vida, y yo lo hago a menudo. Y esa musica hoy me hace llorar mientras vuelvo a escribir.

Sí, soy llorón. Lo sabéis muchos, otros no. Llorón, y gruñon. Risueño y divertido tambien. Amigo, creo que buen amigo, aunque eso no me toca a mi juzgarlo. Flaquito, con mucho pelo, menos en la cabeza, el cuál a mis 31 años está decidiendo independizarse y dejar mis ideas un poco al aire.

Siento. Mucho. Y vivo, más. Sonrío mucho, pero me cuesta hacerlo en las fotos, por eso es difícil que ponga una en la que sonrío. Y últimamente me gusta compartir mi tiempo libre con mis individuos. Los de antes y los de ahora. Esos que siempre están. Me distráen, hacen que me olvide de las tormentas pasajeras. De esas de las que no quiero acordarme.

Estoy enamorado. Si, como se lee. Lo estoy de dos criaturas que cada día me sorprenden con historias diferentes, con palabras nuevas y ellos son los que nada mas verlos hacen que una sonrisa florezca en mi cara. Mis sobrinos, ellos lo son todo.

Soy vago, demasiado.

Me cuesta expresar mis sentimientos en persona, aunque luego sea capaz de dictarlos a través de mis dedos (los cuáles siguen congelados). Y quizá por eso me cueste tanto decir a la gente que tengo cerca que los quiero con toda mi alma. Gente, os quiero.

Siempre tengo presente el tacto del cabello de mi madre cuando le peino, aunque ahora mi sobrino pequeño me haya cogido el relevo.

Vivo con la pena de que mi abuela se marchara de éste mundo sabiendo que estaba enfadada conmigo. Y mas aún con el hecho de que el día que se murió no pude ni darle un beso. Y vivo con la pena de no haber cumplido de momento la promesa que le hice a mi estrella antes de morir y espero llevarla a cabo algún dia. Ambos están en mi espalda.

Soy friki. Si, y mis amigos tambien. Somos raros cuando salimos los sábados. No tenemos vergüenza al que dirán, ni queremos tenerla. Salimos a divertirnos, a reirnos, bailando, cantando, haciendo el tonto. Sin meternos con nadie, por supuesto. Y hay veces que eso no es bien visto por los demás. Individuos, ¿y que mas nos da, no?

“My Milkshake brings all the boys to the yard”

Me gusta conducir, y mas con mi coche nuevo. Me gusta viajar, mucho, y a nada que puedo me escapo y si es conduciendo mejor. Eso sí, tengo pánico a volar. Aunque el año pasado gracias a mis dos viajes al 2400, ese pánico irracional se convirtió en un miedo racional.

Me gusta comer, quizá demasiado, lo que me hace tener que cuidarme un poquillo para no engordar. Mi “cuato” (tripa) es muy dada a llegar primero a los eventos si le doy cuartelillo. Aunque muchos digan que estoy mejor con esos kilillos de mas. Sería capaz de comerme una barra de pan entera de una sentada, sin nada dentro. Aunque mi padre y mi madre lo sepan, cada vez que me ven comer pan solo me dicen eso de “métele algo dentro hombre, no comas el pan solo”, sabiendo que no lo haré.

Me gustan las conversaciones chorras que tenemos mi hermana y yo y de las cuáles parece que sólo entendemos ella y yo. ¿Hablamos en otro idioma? ¿O somos tan tontos en ese momento que sólo los tontos nos entendemos? Pues si es así que vivan los tontos.

Conozco el amor, conozco el sexo, conozco la amistad. Conozco el odio, conozco el rencor, conozco el dolor. Tambien conozco el perdón y el olvido. Cuando hay que pasar página, se hacerlo.

He vivido historias maravillosas, con todas y cada una de las personas que me rodean. Historias que hacen que sea feliz con la vida que tengo. Todas y cada una de esas historias forman la felicidad.

Soy celoso, aunque con los años voy mejorando. Quizá aprendiendo de los errores.

Soy imperfecto. Perfecta imperfección.

Subjetiva imperfección.

Así soy yo, o por lo menos parte de lo que hoy se me ha ocurrido plasmar. Hoy no quería historias tristes, a pesar de seguir con los ojos rojos. Mi presentación, yo mismo. El que siempre os cuenta historias. El que sigue con los dedos de las manos y los pies congelados dentro de las botas.

Me vuelvo a presentar. ¿Y tú? Tú que entras y lees, ¿quién eres? ¿Cómo estás? ¿Eres felíz a instantes como yo? ¿Lloras como yo?

Tu que compartes mis experiencias dedicame un segundo y deja de ser anónimo diciendome una palabra, dejando un comentario con una sóla palabra. La primera que se te ocurra al pensar en mí.

De ésta manera, cuando entre en mi blog, no sólo seréis un número que aparece en mi pantalla. Seréis algo mas.

Buenas noches principes.

Buenos días reyes.

¡Deja tu huella!


El renglón torcido

Pocos miedos quedan ya en la recámara, han empezado a salir uno tras otro. Es mejor sacarlos todos de golpe, en el ahora, porque después se acomodan, se hacen fuertes y duele mas el tener que perderlos de vista. Y la herida que produce el sacarlos, es grande cuando se van todos juntos, pero luego cicatrizará solita.

Eso siempre será mejor que sacar uno, doliendo.

Y esperar un momento.

Y sacar otro más, volviendo a doler…

Y esperar otro momento.

Y para después sacar uno que nos dejamos en una esquina, doliendo de nuevo sobre una herida vieja que no dejamos cicatrizar.

Y esperar, de nuevo, otro momento.

Hay que buscar bien en esa recámara, revisarla, investigarla, escrudiñar cara rincón. Memorizarla como si fuera la última vez que vamos a mirar dentro de ella, para que no se pueda esconder ninguno entre las sombras. Los miedos son así. Adquieren formas, colores y apariencias engañosas que les hacen pasar desapercibidos.

Y cuando empiezan a salir, uno detrás de otro, comienzas a encontrar las baldosas mas estables bajo tus pies.

Hoy podría hablar, bajarme hasta las miserias del fondo de un organismo vivo que crea sentimientos a partir de moléculas químicas que nos conforman. Sensaciones que se crean a partir de transmisiones nerviosas que recorren nuestro cuerpo. E investigar y contar que es lo que hay en la recámara que habita dentro de mi. Esa de la que están saliendo los miedos. Pero no lo voy a hacer.

Quizá sera porque muchos de ellos ya han sido plasmados a modo de renglones expuestos hace días. Con señales, planes, tiestos rotos y pudiendo contar dulces locuras conmigo. Hoy simplemente digo “Espera un momento”. Me lo digo a mi. Se lo digo a aquel Señor Director al que le pedía que comenzara a guiar mis pasos, porque la música se había detenido. Yo soy el que dirijo, yo soy el que me pongo mi música. Yo soy el Señor Director, al que hablaba, al que me refería. Al que le pedía ayuda porque no sabía que baldosa pisar sin caerme. Sin hacerme daño. Y hoy le pido a aquel Señor Director que cambie de música, porque la que comenzó ha sido demasiado triste, y ya no me apetece que así sea. Hoy aparece delante de mi como antes no lo hizo. Entero, nítido con su batuta en la mano, poniendo orden en una orquesta desordenada.

Quiero marcar el ritmo.

Quiero marcar MI ritmo.

Quiero escuchar melodías que recorran mi cuerpo a tal velocidad que no pueda ni identificar en que parte está. Caminar firme aligerando el paso que de primeras fue titubeante y ahora es mas seguro. Ahora he vuelto a coger la batuta, para tratar de que no vuelva a quedarse quieta, inmóvil, sin un ritmo que marcar. Y mientras tanto, y cambiando de música, vuelvo a configurar mi orquesta. En la que los individuos vuelven a tocar junto a mi: Las Vegas, Prada y Castro, Madonna Lilly, una Sra. de Salamanca, Sra. Muela; en la que viejos amigos regresan para recuperar posiciones perdidas a lo largo de los años, como el nuevo individuo Se(ño)rCHO, y otros chicos del MOMOntón, de aqui de allá. Que se yo. Junto a ellos en éste tiempo he dirigido nuevas canciones, y por eso hoy cambio de tercio y tocamos algo nuevo.

Espera un momento, ¿o no?


 

Hacía varios días que no escribía, y no por no tener motivos para hacerlo. En mi cabeza revolotéan varios temas de los cuáles no sabía cual usar primero. Bueno, primero o último. Muchas veces pasa que el cerebro tiene muchos pensamientos que luego a la hora de plasmarlos en los renglones, pues no quedan como realmente quieres. Así que muchas veces, sólo se quedan en eso, pensamientos.

Pero hoy me ha dado el punto y me voy a indignar tambien. Ahora que ya ha pasado un poco la polvareda levantada por las protestas y que la situación está empezando a ser ya común en los informativos, ahora hablaré yo. No es que haya pasado ya el tema y sea algo obsoleto, sino que con el tema de los pepinos alemanes, con la champions del Barcelona y con la espantada de la Chacón para dejar a Rubalcaba, los “indignados” pasan a ser algo habitual ya en el telediario pasando a segunda plana.

Y hablo del tema porque está claro que los políticos miran para otro lado descaradamente. Cuando estaban en precampaña alguno quiso apuntarse al carro de las reivindicaciones para poder ganar algún voto de los que aún estaban indecisos. Mientras que ahora que ya ha habido elecciones, parece que desaparecieran del mapa. ¿Alguien se ha acercado a oir que tienen que decir?

¿Algún politico ha entrado en facebook y ha visto la cantidad de grupos y los miles de personas que están en esos grupos? Desde los de democracia real ya, hasta los del fin de la pensión vitalicia de la clase política. ¿Alguien escucha al pueblo que se supone que gobiernan? ¿O simplemente se escuchan entre ellos?

Y es que está claro que la clase política vive en otro mundo. Con sus sueldos estupendos, sus coches oficiales, sus dietas maravillosas. Esos trabajos de parlamentarios, elegidos por todos los españoles, que luego vemos en la tele las sesiones medio vacías. ¿Donde están? ¿Para que les pagamos? ¿Quién defiende los intereses de un pueblo que está hasta el cuello con la crisis que ELLOS han creado, mientras que el pueblo es quien la sufre?

Ninguno ha planteado medidas que el pueblo vea efectivas. Ninguno, de ningún político. Piden sobriedad en los presupuestos cuando no hacen mas que llegarnos a la clase trabajadora, mails con estractos del BOE en las que vemos millonadas de euros, MILLONADAS destinadas a charlas, conferencias, etc. etc. etc. mientras que niegan el subsidio por desempleo a una familia con todos sus miembros en el paro.

Vemos como la clase trabajadora deberá jubilarse a los 67 años porque tiene que cotizar 35 años para tener una pensión digna para llevar sus últimos años con dignidad, y redundo en ello. Dignidad. Mientras que los políticos, y no se exactamente la cifra, creo que son con 7 o 10 años de parlamentario ya tienen su sueldo ganado. Que esfuerzo.

¿A cuántos políticos con pensión vitalicia estamos manteniendo hoy en dia, mientras ellos trabajan en empresas privadas?

Dicen que estamos en crisis, ellos lo dicen. Los que sufrimos somos los demás. Vemos como el EURIBOR vuelve a subir encareciendo las hipotécas de todos los españoles. Las de todos, las de los que trabajamos por suerte y las de los 5 millones de parados. Los alimentos suben, la gasolina sube, el paro sube, ¿los sueldos? Los sueldos están igual que estaban cuando empezó la crisis, porque el empresario, EL PEQUEÑO EMPRESARIO, que es el que mas empleo ofrece y el que menos se cuida, ve como los impuestos que tiene que pagar cada vez son mas y mas. Eso es, estrechando el nudo de la soga para tener mas desempleo.

¿Y que se hace? Mirar para otro lado y no hacer nada con sus privilegios. Recorten de su bolsillo para poder vivir mejor todos y no presionen al pueblo que al final la presión no se puede aguantar. Hagan algo señores, pero con dignidad. Miren a sus conciencias si es que aún tienen algo de eso, miren sus sueldos, su patrimonio, sus coches, sus cuentas, sus gastos mensuales, sus ayudas por partido, por escaño elegido, por parlamentario. Sus subvenciones que salen de todos los españoles, y hagan algo al respecto. Pero no envenenen al pueblo que es el que sostiene la nación.

El pueblo está hablando y no le hacen caso. NO LO HACEN. Sólo escuchan a otros políticos. A nuestra querida amiga Merckel, que debería preocuparse mas de callar las bocas de sus colegas alemanes y no echar la culpa de sus males a las hortalizas españolas, produciendo las perdidas que ha producido en el sector. Y ahora España, como es la Merckel, la que manda, pues le chuparemos el culo y punto. Mientras tanto ella se mete tambien con nuestras vacaciones, que son muchas. Que me den el sueldo de un alemán y yo disfrutaré de las vacaciones de un alemán. Eso sí, comiendo pepinos de mi tierra. Por supuesto.

Y me callo, que me pierdo. Adiós, buenos días.


 

Nunca lo había hecho, pero como dijo hace poco la Princesa Letizia, las reglas están para romperse. Y cuento el por qué de la ruptura de reglas. Con éste año, van tres contando historias a través de mis renglones. Comencé en marzo de 2009, así que a estas alturas, ya es el tercer abril que me asomo a vuestros pensamientos a través de mis líneas. Y cuando todo ésto empezó, y vi que la cosa iba hacia adelante, pues establecí una serie de reglas. Una de ellas era que sólo podía cambiar el formato del blog una vez al año, y a poder ser en los aniversarios. Cosa que hasta ahora he hecho y cumplido. El 2009 fué de una manera, que cambió con el 2010. Y el 2011 fue de nuevo una renovación en el estilo del Renglón Torcido. Así mismo, me propuse que año tras año, cambiaría la fotografía que acompaña la cabecera del título. La cambiaría una vez con el estilo del formato, y punto.

Pues esa es la regla que rompo. Y la he roto hoy día 28 de Abril de 2011. Para romperalas dijimos, ¿no Letizia? Pues ya está. Hoy no tengo un día especialmente alegre, sino mas bien tristón, mimosón y muchas cosas terminadas en “ón”, y he decidido que por que sí, iba a cambiar la foto que me anunciaba. Pues que mejor que poner una foto de mis vacaciones, hecha con amor por un señor pintor sin otros chicos del montón, en calidad de reportero gráfico de los días de descanso.

Una foto sin saber que estaba haciendo, sipupongo que perdido en algún bosque encantado de los recorridos, pensando en cuentos de hadas rodeados de puntos rojos que adornan los vestidos de los duendes de dichos bosques.

Una nueva foto en un día rojo. Rojo marcado por el teléfono rojo de nuevo. Influyente en exceso en los estados de ánimo de quien viste y calza. Pero sobre todo un día feliz porque sigo siéndolo como nunca lo he sido. Que no se lancen las alarmas. Estoy bien, un día triste, un día nublado no implica una tempestad ni mucho menos. Sigo siendo yo, feliz y contento por lo que tengo a mi lado. Ni duda cabe al respecto. Pero bueno, son días. Como hace poco escribía Vega, en su twitter después de sufrir un robo en su casa de Los Angeles: “mejor mañana, mejor sin más”.

Aunque sabes, siempre el día mejora cuando menos te los esperas. Cuando de repente comienza a sonar el teléfono y te hacen sonreir cuando al otro lado de la línea unas sencillas palabras hacen que los silencios del corazón rían de oreja a oreja mientras sigue latiendo.

Late fuerte, siempre. A golpes rojos, a puntos del corazón.

 

 


 

No es necesario grandes cantidades de dinero para disfrutar de unas vacaciones perfectas. Ni viajar al otro lado del mundo, ni ver monumentos con renombre. Ni esperar largas colas en aeropuertos mientras facturas tu equipaje o esperas un tren con destino el paraíso.

No. Sólo hay que imaginar, descubrir y disfrutar de lo que tenemos alrededor. Y de ahí sale un viaje a donde tu mente quiera transportarte.

Al sol de un paraje maravilloso, sin necesidad de hacer nada más. En el porche de una casa llena de historias que ya no pueden ser contadas. Esperando volver a poner en marcha esa autocaravana con el destino que sólo él y yo conocemos. Que mejor sitio para respirar un aire completamente puro. En silencio. Rodeados de miles y miles de margaritas que se ponen a nuestros pies a modo de alfombra.

Y alrededor, la nada. Así deberían ser las vacaciones siempre. Sin nada en la cabeza mas que disfrutar. Y así han sido. Unas veces solos y otras acompañados. Pero vacaciones que es de lo que se trataba. Ordenadores abandonados, móviles casi igual. Sin coberturas, sin muchas llamadas. Sólo él y yo, y la autocaravana.

Partimos de nuestra casa, cerrando bien las puertas no fuera a entrar alguien desconocido. Y  de ahí rumbo a rozar las nubes, entre verdes muy verdes y bosques encantados que hacían aparecer rinocerontes en sus árboles. Paseando entre puentes colgantes y sonidos de manantiales a nuestros pies. Y en ellos, en nuestros pies, barros de mil y una aventura, lavados en aguas de charcos caídos del cielo.

Aparcando nuestra caravana allí donde nos dijera algo el camino. En un pueblo, en un río, en una iglesia, donde fuera. Siempre sin un rumbo fijo.

Parece algo así como un sueño, ¿no? Como una de esas historias que de vez en cuando me invento que no tienen ni pies ni cabeza. Pero no es así. Han sido unas vacaciones verdes, muy verdes. Llegando a lugares extraños, rodeados siempre de aire limpio que entraba en nuestros pulmones, incluso a veces faltando haciendo que las fuerzas flaquearan. Descubriendo pueblos fantasmas, imaginando historias vividas en cada una de esas casas que hemos pisado sin dueño. Lugares perfectos a los que probablemente yo sólo nunca hubiera llegado, pero que gracias a mi compañero de viaje hemos descubierto, juntos.

La autocaravana ya está con nosotros, preparada para próximos viajes. Sólo hay que tener  un poco de imaginación y echar a volar.


 

Regreso a mi lugar, del que nunca me he ido y siempre he tenido en la cabeza. Pero no he encontrado el momento de sentarme en todo éste tiempo para narrar la abalancha de cosas que han pasado desde la última vez que pasé por aqui. Primero debí hacer una crónica de mi viaje de nuevo a 2400. Después tuve una idea que se ha quedado a medias, y que va desde…

“El cariño con el que me abrazaste cuando me viste por primera vez”

“Me alegré al verte”

”Pero ésta mañana me he partido de risa recordándote por la mañana con las babuchas de flores recién levantado”

” El reencuentro en el muelle, con muy buen rollo enseguida. El final de la subida al Teide que nos quedamos solos tu y yo, y estabamos reventadicos. Y la noche de chistes.”

“Transmites mucho cariño, me siento muy a gusto contigo, el poco tiempo que nos conocemos como si fuera toda la vida. Me hizo mucha gracia verte con ropa de trabajo y haciendo repostería. Tienes una sonrisa y una mirada muy cálida.”

“Me gustó verte en persona y ver que eres mas guapo que en las fotos. Y sobre todo, que ya sé situar Pamplona en el mapa.”

“Yo me acuerdo del helado que me estampé en la cara, tenía ganas de comermelo.”

“Risas, risas y mas risas. Como me gustó verte reir con mis chistes.”

“Las miradas cruzadas en la cubierta del barco mientras volvíamos a la isla.”

“La tranquilidad de Roque Nublo.”

Hasta…

“Mejor tú que eres quién vino a vivir la experiencia.”

 

Se me ocurrió preguntar a todas y cada una de las personas que conocí en mi viaje que me dijeran en unas líneas que recuerdo tenían del tiempo que pasamos juntos. Y esos son algunos fragmentos de las contestaciones recibidas. No están todas íntegras, pero si se representan. Pero ésta idea tampoco me dió el valor de sentarme delante del ordenador a escribir, aunque hoy quede plasmada.

Viajé de nuevo recorriendo una distancia ya conocida. Y de ahí surqué los mares para conocer a una gente maravillosa en la isla de la cima de España. Me hicieron reír, disfrutar de mi cumpleaños, sorprenderme con casi sin respiración a 3718 m. sobre el nivel del mar para ver una de las vistas mas maravillosas que puedas imaginar. Os conocí y no os olvidaré nunca. A ninguno de vosotros, os llevo en el corazón y en mi recuerdo.

Me abristeis un hueco en vuestro tiempo, para compartir mi aventura, y por eso gracias a todos.

Pero las cosas no siempre son bonitas, y a veces llegan nubarrones que tapan las maravillosas vistas. No voy a explicar mas mi viaje. Porque con ésta entrada paso página para volver a escribir. No lo hacía por el acúmulo de cosas que tenía que contar y no sabía como, asi que hoy diré que no las contaré tal cual sucedieron, si no que los renglones darán paso a nuevas historias desde hoy sin anclarme en el pasado.

La vida está llena de sorpresas y nunca sabes cuando te vas a llevar una. Yo doy las gracias a todos los que hicieron que sonriera en estos últimos 26 días, que fué cuando escribí la última vez. Gracias a los que compartieron conmigo una mirada sincera, una conversación, una caricia o unas palabras de ánimo. Siempre es dificil levantarse después de una caída, y mas cuando el tropiezo es en el mismo sitio en el que ya tropezaste antes. En ese caso no es sólo el dolor lo que hace que no quieras seguir caminando, sino que se une el orgullo y la rabia por saber que volvíste a caer en el mismo sitio.

Pero es más fácil analizarlo una vez en frío. Sólo hay que levantar la mirada, ver el camino, y echar a andar. Sin orgullo, ni rabias. El dolor con el tiempo se va disipando. Y caminamos…

Me he ilusionado, he querido. He volado. He navegado. He caminado. He ascendido para después bajar. He besado. He flirteado. He bebido. He… Me he despedido, he vivido. No he llorado. He discutido, me he callado. He hablado y dialogado. No me han entendido. Y me he vuelto a callar. He reido, he soñado. Me han “Knockeado”. Y me he callado para no volver a hablar. Nunca mas.

Suelen decir que no hay que decir nunca… Pero ahora es lo que pienso y lo que siento. Desde aquel ESTOY EXPUESTO muchas cosas han cambiado. La mayoría para mal, alguna otra para bien. Sigo expuesto, pero ahora abrigado porque hace frío y no quiero que se me enfríe el corazón.

Pero ya no diré mas, por miedo a exponerme mas de lo que ya me he expuesto. Vuelvo, por supuesto que vuelvo. Vuelvo con mis historias de siempre. Mis rutinas, mis guaridas, mis orkos. Mis individuos, por supuesto, que haría sin ellos… Que grande es lo que uno tiene a su lado, y que poco lo aprecia en la vida diaria. Y cuanto se echa de menos con el cielo se encapota y se ollen los truenos a los lejos anunciando tormenta.

Estoy en mi hogar, en Pamplona. Con “Los Renglones Torcidos de Dios” en la mesilla de noche, como señalando el nuevo inicio, o anunciando que pasamos página para volver a escribir una nueva. Una nueva que comienza hoy, domingo de resaca.

Domingo de resaca, de indiviuos y de una tarde con Belén Rueda y sus ojos de Julia. Un domingo en el que despedí a Mr. LP y D. George rumbo a su casa, y que compartieron un fin de semana con mi gente. Un día en el que volví a decir “no bebo nunca más” consciente de que volveré a hacerlo. Con gente nueva en el entorno. Con niebla por el Portal de Francia, nieve en los montes, frío en los huesos y ColaCaos con whisky .Y con mi gente de siempre alrededor. Los que no se van nunca ni se irán. Los que quiero con locura aunque no se lo diga todos los días. Mas bien nunca.

Y a los que se fueron, el destino ya dirá. Punto y a parte.

El Renglón Torcido vuelve, sin kilómetros de distancia, con las pilas cargadas y con ganas de contar sus días normales. 

Y un día después de la tormenta, cuando menos piensas sale el sol… “

Pues sí, salío el sol después de las 2400 tormentas vividas. Y hoy el sol brilla con mas fuerza que nunca. Y aqui lo contaré.

Vuelvo…


1 mes.

Es el tiempo que resta para que todo esté de nuevo como hoy cuando me acerco al ordenador. Para que el pañuelico con el escudo de Pamplona vuelva dentro de la maleta a recorrer una distancia ya conocida.  En éste tiempo todo habrá vuelto a mi normalidad, a esa a la que poco a poco me voy acostumbrando. Una realidad normal a la que hoy he afrontado con muchas sonrisas, chistes malos dignos de frases del día, y mas sonrisas si cabe.

¿Y tanta sonrisa por qué?

Y respondo con otra pregunta, ¿por qué no? Así es. La tristeza con la que se inicia éste relato termina aquí. De aquí en adelante sonreiré por todo lo bueno que está por llegar, y todo lo nuevo que está por venir. Llegarán desde la isla dos aventureros dignos de un desayuno inglés para tomar el pulso a una ciudad desconocida, en medio de una multitud que quintuplica su vida normal. Vendrán a vivir un escenario nuevo en sus vidas, un escenario que son mis cuatro paredes.

Mi hogar.

Ese al que tantas y tantas veces se asomaron a través de un ordenador. Ahora el viaje es a la inversa. Se cuentan los días como el reloj que los marca en la calle Estafeta esperando el gran momento.

Aquí nada es igual a lo que se vive a 2400 km. de distancia.  Parecido puede, pero igual no. Distintos colores con distinta luz. Olores inconfundibles (y más a partir del día 6). Un acento completamente diferente aunque el mío fluctúe en función de la persona que tenga a mi lado. Calles, adoquines. Colores. Rojo y blanco omnipresente. Fiesta y música.

Vendrán a mi vida así como yo fuí a la de ellos.

Sinceramente, estoy nervioso porque quiero y deseo que todo vaya bien. Sobre todo porque el listón de mi estancia quedó demasiado alto como para superarlo, pero como buen navarro y cabezón, se intentará hasta no poder mas. Aquí pondremos todos de nuestra parte. La nueva familia navarra espera: hoy viendo fotos en el ordenador les decía a mis sobrinos con ayuda de mi hermana “mira, el tío Manolo, mira, el tío Pedro, los que viven en la isla”. Así por lo menos algo van aprendiendo. Los individuos esperan para divertirse con la gente que viene del sur. Triana habla con Maya y piensan si cabremos todos en casa temiendo por su posición acomodada que obstentan en la actualidad.

Pero cualquier pequeño incoveniente queda atrás cuando pienso en que llegue el día que tenga que conducir hasta el aeropuerto de Pamplona, a 7 minutos de mi casa exactamente, y ésta vez estar al otro lado de la puerta. Ahora seré yo el que espere, pero con la ventaja de saber lo que viene. 2400 ya tiene una imagen real, ya se como anda, como se ríe y como habla cuando está cansado y tiene que tomar neobrufen porque le duele la cabeza mientras se acurruca en el sofá. De doctor 2400… se como y donde se pone colonia por las mañana antes de ir a trabajar, como habitualmente pierde cosas, jejeje y como canta en el coche cuando le gusta una canción.

Todo eso ya está en la maleta. Ahora hay que llenarla con nuevos momentos. Como alguien me dijo una vez, de 2400 a 0 no era el epílogo de nada, sino que era el prólogo de muchas historias que nos quedaban por vivir. Y dentro de poco vendrá una nueva.