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Iruña Cormenzana Lopez

 

Media vuelta.

Para no pensar.

Con la mirada fija en un director de orquesta que ha dejado de dirigir. Un director que adquiere tonalidades rojas, ese color del que tanto he hablado de un tiempo a ésta parte.

¿Y ahora que?

Vuelta a empezar.

Director, te pido ayuda para no perderme. Te pido ayuda para encontrar un buen camino que seguir, sin más obstáculos que los mínimos necesarios que tiene que haber. Director, estoy perdido frente a tus rojos; ya no veo los puntos, se nublaron ante mis propios ojos borrando el camino de baldosas amarillas.

¿Y ahora cómo?

¿Cómo levanto los pies con lo que me pesan?

¿Cuánta gravedad influye sobre ellos que me clavan en el suelo?

Director, toca una canción a ver si reaccionan con tu melodía y avanzan a caminar. Toca una vez mas y haz que se mueva. Comienza con notas que sirvan de inicio, de marcapasos para un corazón detenido, congelado en un instante. Ese instante en el que me di la vuelta en un día de calor de verano.

Y ahora de espaldas al mundo, hablo contigo, director. Y te cuento sin que se entere nadie que necesito tu música para volver a encontrar un camino que perdí. Ese que siempre me llevará a la ciudad de esmeralda.

 


El Renglón Torcido

 

Cuando los números no están a tu favor. Cuando las cosas no son como antes eran. Cuando una tontería se convierte en una piedra en el zapato que es imposible quitar, aunque a veces te acostumbres a llevarla. Cuando todo eso concurre en un mismo momento, ese mismo momento (valga la rebuznancia) es el idóneo para volver a torcerme.

Las cosas cambian a diario, a cada segundo, minutos, horas. Cada vez que nuestro corazón late, cada vez que respiramos aire nuevo. Contínuos cambios a los que tenemos que adaptarnos y no perder tiempo en pensar en por qués. Porque si lo hacemos, estamos perdiendo un tiempo maravilloso. Un tiempo que no vivimos, y ese tiempo se va…

¿Donde va? Imposible saberlo e imposible recuperarlo. Hay veces que es mejor no echar la vista atás para no añorar el tiempo que se nos fue de las manos sin darnos cuenta, mientras andábamos perdidos. Aunque hay veces que es recomendable mirar atrás para llegar a ver lo idiotas que hemos sido muchas veces.

Y así aprendemos a vivir mejor. A no malgastar el tiempo pensando en cosas pasadas. A no preocuparnos por números, nombres, letras que no deban importarnos. Y volvemos a la realidad de lo habitual. Hace un tiempo escribí el aumento de entradas en éste blog sin saber el por qué de las mismas. En cambio hoy escribo lo contrario. Las estadísticas vuelven a su rutina, a la normalidad, y aceptamos que lo real es lo que vivo todos los días y no lo que se pudo vivir el mes pasado. Números que sinceramente, a veces llegaban a presionar, por el hecho de pensar en qué escribir para poder llegar a gustar a toda la gente que podía entrar a mirar mis líneas en un solo día. Aunque sólo eran eso, números. Personas como yo que entraban a leer historias cotidianas y a veces no tanto. Y ante esa presión de gustar, el Renglón se llegó a bloquear. No había frases del día, no había historias bonitas. Ni feas, sólo había números. Sólo números, nada mas.

Pero cuando vuelve la realidad, cuando los números dejan de ser rimbombantes para ser los reales, te das cuenta de los pájaros que se tienen en la cabeza. Y pones los pies en la tierra para dejar de estar perdido en tu propio mundo. Para dejar de estar borroso en tu soledad, para ver con claridad la misión del Renglón Torcido.

Escribo para mí, independientemente de si es leído por una persona o por un millón. Y lo seguiré haciendo sea leído por una persona o por un millón. Y seguiré hablando de puntos rojos sea leído por una persona o por un millón.

Los cambios no me gustan, me estresan. No se adaptarme rápidamente a ellos y eso hace que muchas veces eche la vista atrás y me de cuenta de lo idiota que he sido en lugar de pensar en lo que vivo día a día. Hoy he hablado de los números, y he dado una explicación por ello. Tambien hablé al principio de una piedra en el zapato, de esas que parece que desaparecen y de vez en cuando te molestan de nuevo en el pie. De ella poco mas contaré, salvo que a veces es mejor parar, sacar el zapato, buscar bien dentro y encontrarla, que no mover el pie hasta que la piedra deja de hacer daño. Por que si hacemos eso, tarde o temprano volverá a salir. Y el tiempo que perdamos en llegar a quitarla de en medio cuanto antes será tiempo ganado en el futuro. Tiempo ganado para vivir. Vivir ganando tiempo al tiempo, y así cada día poder aunque sea dibujar un punto rojo a los que tenemos cerca.

Yo hoy dejo los números a un lado junto con la piedra en el zapato.

 

 


César Sancho

 

“Estoy plantando un árbol

Y lo llamaré:

Silencio.

Si lo veo crecer, lo llamaré

En Silencio.

Cuando coja sus hojas con mis manos,

Le diré:

Hola Silencio.

Si se le cae una hoja,

la guardaré en mi caja de sonrisas,

para que no esté triste.

Cuando le salga una nueva,

la miraré y guardaremos;

Nuestro silencio.

Quiero que tú;

Silencio.

Éches raices en mi vida,

y si estoy triste o alegre,

me dejes abrazarte, para sentir;

Tu Silencio.

Quiero ser un fruto de tus flores,

que para mí, será tu corazón,

y sentirlo con el mío,

solos Tú y Yo;

En Silencio.

Cada día te regaré con mi vida,

para que tú;

Silencio,

no te seintas sólo.

Y si no estoy,

Recuerda,

que te planté, te abracé

cogí tus hojas y las guardé…

Y sobre todo;

Silencio…”

C.S.


césar sancho

Óleo sobre cartón, 65x90cm. Autor: César Sancho

 

“Dos amantes pillados en su momento.

Un abrazo, su intimidad.

Miran, nos miran y demuestran su amor.

Uno rojo, otro no.

Abrazados, con una caricia en su cara.

Juntos con una mano en su piel.

Dos.

Queriéndo ser uno.

Una imagen, un respeto y juntos.

Tranquilidad.

No hay te quieros, no hacen falta.

Sus ojos no engañan.

Sus grandes ojos.

Uno diciendo te quiero con ellos, el otro con todo el cuerpo.

Amantes incondicionales.

Atemporales.

Acorpóreos.

Solo amantes.

Se quieren, lo demuestran.

¿Los ves?”

 

No, no os habéis equivocado de blog. Estás en el Renglón Torcido, no en el otro al que se me fugan las ideas de vez en cuando. Ese que enlazo aquí en alguna ocación y que comparto mi tiempo con él. Pero bueno, de vez en cuando, y como dije hace poco, no viene mal cambiar las costumbres y compartir algo bello con todo el mundo desde aquí, desde mis renglones.

Y es que tengo un nuevo cuadro en mi casa, mi Abrazo Rojo. ¿Y por qué eso título? Por que es lo que ví en él el primer día que mis ojos se posaron en él. Esa leyenda urbana que se suele oir de que los artistas son a veces demasiado exigentes con su obra, pues en éste caso se cumplió. Y yo salí a su rescate. Cuando no ve nada en él, cuando no trasnmite nada, cuando no dice nada mas que las líneas que están marcadas a óleo en el lienzo. Cuando no hay nada, lo rescato. Cuando se hace pequeño, lo agrando viendo el abrazo mas grande, mas bonito y mas rojo del mundo.

Tras mi insistencia del indulto, mis adulaciones, y mi insistencia de que decía mas de lo que los demás podían llegar a ver Mi abrazo rojo ha llegado a decorar las paredes de mi casa. Después claro, de la insistencia y del pequeño enchufe que tengo con aquí el Sr. Pintor.

Me vine a mi casita, observándolo. Y ahora vivo intentando buscarle un lugar perfecto entre mis cuatro paredes. Seguro que encuentro el lugar idóneo, no lo dudo. De todas formas y antes de colocarlo en su lugar definitivo, buscaré la aprobación del autor por si acaso no le gusta el nuevo entorno.

Muchas veces miramos obras, cuadros, fotografías, etc. que no nos llaman la atención. Esas que miras una vez y cuando en el minuto siguiente tu atención recáe sobre cualquier otra cosa, pasan a la historia. Sin embargo hay escenas que no se olvidan, por su color, por su significado, por su todo; porque conecta con algo que llevas dentro. Por cualquier razón. Lo importante es que conectó, y aquí lo traigo para compartirlo.


Hay días que casi es mejor no levantarse de la cama. De esos que ya pensaba superados que de repente vuelven y te recuerdan que estarán aquí para mucho tiempo. El síndrome de la mujer de rojo parecía desaparecido, pero no. Regresa y regresa.

Éste viernes vuelve a mi el teléfono rojo, y se nota en exceso. Y hace que cada día de la semana sea más duro de lo habitual. Circunstancias que confluyen en un mismo punto; cada paso que das en el día parece que tropieza con el anterior… En definitiva, esa mala leche que de vez en cuando me sale sin querer, pero que si te paras a analizarla punto por punto todo tiene su lógica. Sólo hay que prenguntar para averiguar el por qué de cada situación.

Si a todo ésto le añadimos que no duermo del todo bien debido a múltiples sueños variados que llegan a perturbar mi descanso, pues apaga y vamonos. Hoy he vuelto a soñar por no se cuánta vez  con mis examenes de la facultad. De esos que llegas a la clase y te das cuenta que no has estudiado nada del temario. Hoy por ejemplo no es que no hubiera estudiado nada, si no que ni siquiera había ido a clase en todo el año. Es más, no sabía ni cual era mi clase donde tenía que hacer el examen. Así que ya ves tú los nervios. Eso si, la clase estaba a la última. Muchas pantallas por todos los lados, proyectores estupendos y unas sillas comodisimas. Que yo recuerde, las clases no eran así en mis tiempos. Que esas si que las pisaba.

En fín, un día para meterse en la cama y olvidar. Aunque los que esperan los días posteriores no creo que vayan a ser mucho mejores. Paciencia y a seguir, que el síndrome pasará.


 

Escribo porque hace mucho que no lo hacía y debo hacerlo. Escribo no porque tenga algo interesantísimo que contar, ni todo lo contrario. Sino porque es una manera de desconectar del mundo en el que vivimos y me ayuda a encontrar cosas dentro de mi que ni siquiera yo se que están. Llevo días desconectado, desde que cambie la imagen de mi blog. No estoy acostumbrado a los cambios, y desde ese día he tenido que volver a adaptarme a la nueva situación para volver a ponerme delante del escritorio y lanzarme a sacar líneas de dentro de mi.

Quizá le doy demasiadas vueltas a las cosas. Quizá no debería esperar a que pase algo extremadamente importante en mi vida como para comentarla en unos renglones. Tal vez debería volver a mis rutinas, a mis frases del día. A mis tonterías… Aunque creo que de momento ese camino no lo encuentro. Todo será cosa de buscarlo de nuevo, ¿no? La mayoría de nuestras vidas son así, normales, rutinarias.  Muchos días pasan sin penas ni glorías. Con alegrías, con tristezas, con cabreos y sonrisas. Pero sin nada digno de mención.

¿Y si eso es lo que debo mencionar?

La cuestión es que ando unos días perdido y espero no volver a hacerlo. Porque está claro que pasan cosas y se me olvida escribirlas pensando en ese algo profundo que de vez en cuando se asoma a mis renglones y últimamente no aparece.

Pasan cosas como que hace unos días pegué un frenazo en mitad de la autopista cuando al ir a adelantar a un coche vi que el conductor llevaba un chaleco reflectante y a su lado de copiloto una linda maquinita de esas que multan si sobrepasas la velocidad. Glupsss… Que conste que como mucho iba a 130 km. hora, no mas.

Pasan cosas como que hace dos días en poco mas de 3 minutos pude ser multado por un municipal de Burlada, al que, sin darme cuenta y yo pensando en que sabe nadie, no hice ni caso a sus señales y acabé parado encima del paso de cebra que tenía que respetar. Y a partir de ahí casi me pegan dos coches, uno saliendo de un garaje, y otro cuando me disponía a aparcar, con la correspondiente señalización de la maniobra, y todo en poco más de 3 minutos. Como para mear y no echar gota.

Pasan cosas como que he viajado a Tudela a conocer a una gente estupenda, y a revisitar sitios hasta hace poco desconocidos, pero desde hace una temporada, mas familiares que nunca. Desde el sagrado corazón y la pelea de caballos en la que el sr. Arjona y yo ganamos por mucho al sr. Genio y su sra. Argentina… Desde luego, menudo jinete que en el último momento suelta a la dama y la deja caer en la miseria… Hasta una comida en el Babel, con paellas, mini magnun, tartas… E incluso con peleas del sr. Pintor contra una perrita que como defensa se metía debajo de la mesa. Eso si, sin dejar de gruñir en ningún momento.

Evidentemente siempre pasan cosas. Y puedo contarlas. Y seguiré haciéndolas. Es mas, ahora no dejan de fluir por mi cabeza, pero no tengo tiempo de mas porque ¡me tengo que ir a trabajar! Pero volveré.

Por cierto, me duele un ojo….

¡Eh! Marranos… No penséis mal…

¿O el mal pensado soy yo? Jajajaja…

La historia del ojo la cuento otro día.

Mientras tanto pensaremos en puntos rojos hasta que vuelva a asomarme por aqui. Sigo bien, sigo andando. Junto a alguien. Sigo.

El tiempo es ahora. The time is now.

 


Tanto tiempo esperando a que llegara y ya se fué… Joe, sin casi darme cuenta han pasado ya 10 días, pero hoy lo he vuelto a revivir con las fotografías. Bueno, recuerdos recuerdos, los tengo un poco borrosos, pero de cosas si que puedo hablar…

La alarma del reloj sonó antes que ningún otro día, a las siete de la mañana. Había que despertarse bien, darse una buena ducha para no oler mal ya de par de mañana y quitarse bien las legañas de los ojos. El día 6 hay que afrontarlo bien despierto. Después de pelearme con las 3 camisetas blancas que tenía para elegir y anudar el pañuelico a la muñeca, pongo rumbo al Cañaveral. A las 8.15 h. el almuerzo.

Como siempre, llegué el primero, ni Individuo 3, ni resto de invitados, ni Mati, ni muchisimo menos Individuo 2. Así que a dar vuelticas por el barrio a la espera de mi gente… Mientras, tuve que encontrarme con mi amigo pegaleches, pero eso es otra historia. La historia ésta sigue con alguna que otra jarra de cerveza, huevos fritos con patatas y de postre un Absolut con naranja. El día comenzó con fuerzas… Y mientras la espera, corriendo a un chino a comprar una camara de usar y tirar… Buena compra. Así tenemos fotos, y Mati una con Cruchaga, jejeje.

Llegó la hora de irnos a Pamplona, 10.45h. Así que rumbo a la parada de la villavesa. No podría haber mucho problema, nuestra parada era la segunda de la línea.

Sí, claro. Los cojones.

Una, dos…. Tres…. ¿Cuántas pasaron sin parar? Yo francamente no lo recuerdo. Pero siempre hay un Indiana Jones en algún lugar, para salvar la papeleta. Y ahí teníamos a Super María, que si no es porque abordó literalmente a una villavesa en la parada de enfrente… Se plantó delante del autobús, lo paró, y dijo que nos montabamos, sí o sí… Alguna resistencia por parte del conductor, porque no tienen permitido hacer esas cosas, pero como la abalancha de gente era incontenible, pues allí que fuímos. Después, por supuesto, cánticos a Super María, y al conductor…

Por fin pisábamos Pamplona, la Pamplona blanca y roja… Marea de gente feliz por que llegaran las doce, feliz desde la noche anterior y nerviosos por los largos días que empezaban…

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Plaza del Castillo, litronas, botellas de sidra… Champán, Kalimotxo en las camisetas. La espalda empapada… Y a partir de ahí, fiesta. El resto del día es bastante confuso debido a lo anteriormente mencionado… Eso sí, baile, mucho baile y más baile. San Nicolás, Cuesta del Labrit, Miss Kitty y SuperL…

Y Nicolette… ¡Sólo me subo a los bancos los 6 de Julios! Miradas que se escapan, tonteos con gente desconocida y conocida de noches anteriores. La lengua que se va sola y no controlas las palabras que llegas a decir, pero sobre todo, mucha diversión. Mis Individuos estaban cerca, alguno más cerca que otros.

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Uy, aqui huele a pollo quemado, jajaja… A Indiviudo 2 le gustaban las barbacoas, que se le va a hacer. Y el día 6 fué asi. Pasé de decir ‘hola que tal’ a decir simplemente ‘hjhjhjooooooooolllllllllllllllaaaaaaaaaaaaaaa’. Recorrímos todos los bares habídos y por haber. Me encontré con compañeros del instituto en los armarios para salir fuera.

Y por último Fangoria. Después de aguantar el tostón de Dj que pinchó antes del concierto, llegó Alaska y su voz  SanFerminera a hacernos bailar a toda la plaza de los Fueros. Fue genial, tardó en empezar pero merecío la pena.

Por supuesto hay mil cosas que no recuerdo, si os acordáis de más cosas que yo, que no dudo que sea asi, solo tenéis que dejar vuestros comentarios. Porque el día 6 fue de todos nosotros y esta entrada la tendríamos que escribir juntos. Mi memoria es como la de Dori en Buscando a Nemo, y más cuando lleva alcohol entre las sinapsis neuronales. Y más aún cuando después de este pedo sanferminero llegó otro extremeño muchísimo peor.

No tengo memoria, y el año que viene no se si tendré SanFermin, pero éste ha pasado y no lo olvidaré nunca.