Archivo mensual: enero 2011

 

” Dos manos que se juntan, son un punto rojo.

Dos puntos rojos hacen un gato que sonríe al despertar…”

 

 

No es frase del día.

No está dicha por nadie salvo por mis pensamientos.

No produce risas como muchas otras que escribo por aquí…

Aunque produce sonrisas en mi corazón,

que al fin y al cabo,

es lo que interesa.  

No la entenderéis, y no la voy a explicar.

Cada uno tiene que ver mas allá de unas simples palabras unidas formando una frase,

para poder llegar a ver mas allá de las letras.

Y si podéis llegar a hacerlo,

significará que dentro de vosotros hay muchas cosas bonitas

que hacen que cada día tengáis motivos suficientes para ser felices.


 

¿Actuámos igual cuando estámos sólos a cuando estamos acompañados? De entrada la pregunta tiene y una fácil respuesta y evidentemente sería un no. No es lo mismo lo que hacemos cuando sabemos que nadie nos mira, a nuestro modo de actuar cuando hay unos ojos que nos miran.

Pero yo voy más allá. Hace poco hablé de silencios que ya no son sólo mis silencios. Y ahora ampliaré mis escrituras entre líneas para ir mas allá. Cuando uno está en su casa, sin nadie a su alrededor, es libre de hacer, deshacer, dejar, coger, ensuciar, limpiar o no limpiar… En definitiva. Está en su casa y hace lo que le viene en gana, que para eso es su casa y no hay nadie más para decir que tiene que hacer o que no. Pero la cuestión, y de ahí la pregunta del principio, es qué pasa cuando de repente, esas cosas que antes hacías son supervisadas por alguien que tú mismo decídes que supervise.

Pues lo que pasa es que lo que a priori, parece naturalidad, a posteriori no lo es tanto. Y me explico. Por ejemplo, todos estámos acostumbrados a hacer la cena de una determinada manera. Seguimos un protocólo que llevamos en nuestra mente aunque no nos demos cuenta del mismo. Y ese protocólo es perfectamente válido hasta que deja de serlo. Y el momento en el que deja de serlo es justo cuando el silencio empieza a ser compartido. Y los pasos que antes nos parecían adecuados y pefectamente estipulados, se rompen… Cris cras, los esquemicas rotos

Y se el por qué. Claro está que hablo en primera persona y es mi opinión personal del tema, del que podéis estar de acuerdo, o por supuesto, no. Pero sigo adelante. Cuando de repente alguien se introduce en tu vida, alguien que te importa, alguien que quieres que se quede… Cuando ese alguien mira a tu lado como haces las cosas… Justo en ese momento entra el pudor de mi intimidad. ¿Haré las cosas bien o pensaré que soy un auténtico desastre? En éste caso he puesto el ejemplo de una cena, pero se traslada la pregunta a cualquier otro ámbito.

¿Pensará que soy un desastre? Y la cuestión es que tiene que descubrir las cosas tal cual son. Si soy un desastre en la cocina, pues lo seré. No hay que disimular las cosas por miedo a lo que pueda pensar, porque si alguien decide que quiere compartir silencios contigo es porque quiere compartirlos, independientemente de si mancho mucho la encimera de aceite o aliño mal la ensalada.

Y todo ésto, sin que la otra persona haya abierto la boca en éste sentido. Todo ésto lo ha maquinado mi cabecita solito. Todo por no valorar lo que uno puede o no llegar a hacer independientemente de ser observado o no por alguien que si está a tu lado es porque quiere estar.

Así que conclusión: pensar menos y querer mas.

” Y es que a veces no puedo evitar que se escapen volando…

Mis mil mariposas que sueñan contigo a diario…”


 

Parece mentira lo que puede cambiar la forma de pensar, relacionarse y sentir, con el paso de los años. Uno no se da cuenta de que las cosas ya no son como antes, hasta que te das cuenta. No nos paramos a analizarlo todos los días. No hacemos memoria de lo vivido cada día que nos acostamos. No pensamos en si hoy actué así, cómo lo hice hace varios años atrás. No nos damos cuenta que crecemos mientras crecemos. No nos damos cuenta de que vamos madurando hasta que nos caemos del árbol.

A uno siempre le llegan preguntas a la cabeza, con miedo a no tener una respuesta o que la respuesta que tenga no sea la adecuada. Hace mas de cuatro años que vivo sin pareja. Y uno se acostumbra a la soledad del solitario. Solitario con gente, con amigos, con individuos, con familia. Con todos, pero solitario. Esa soledad a la que tantos nos hemos enfrentado cuando llegas a casa después de un largo día de trabajo. O la misma soledad cuando llegas a casa después de echar la tarde con tu gente. Y detrás de tu puerta, nadie.

Y de eso, hacemos una rutina. Y esa rutina se prolonga en el tiempo, sin saber cuando se volverá a romper. Mientras, cuando los años pasan y la soledad sigue acompañandote, las dichosas preguntas siguen en la mente. Y te plantéas cosas como si después de tanto tiempo sólo, seré capaz de poder llenar mis silencios con otros silencios. Si mi casa individual estará preparada para ser una casa en plural. Preguntas como si después de tantos años caminando, volveré a cometer los errores que cometí en el pasado o habrá quedado allí, en el pasado.

Y así transcurren los días. Entre preguntas y mas preguntas. Entre miedos y esperanzas… Entre dilemas mentales.

Transcurren así hasta que un día de repente dejan de trasncurrir así. Un día los silencios pasan a ser silencios compartidos. Un día las entradas en el blog son vigiladas desde la retaguardia, con vergüenza a ser leídas antes de publicadas. Un día lo que antes era singular ahora es plural…

El día en el que todas esas cosas se transforman, te das cuenta de que los años no pasan en balde. Que las preguntas que antes atormentaban parte de los pensamientos, tienen respuestas y son sencillas. Sí, aprendí de mis errores y pido perdón por ellos a quién corresponda. Sí, puedo pensar en plural y ser capaz de ver la vida a través de los ojos de alguién mas. Y sí, cuando ahora hay silencio y solo se oyen mis dedos tecleando éste ordenador, no sólo es mi silencio.


 

De repente un día la vida comienza a dar sorpresas. Pero sorpresas de las buenas. Sin darte cuenta, de la manera mas silenciosa y poquito a poco, algo empieza a moverse dentro de tí y cuando menos te lo esperas ya no hay marcha atrás. Es curioso como un día, pensando en tu casa en esos ratos en los que dejamos la mente en blanco, hacemos balance de lo pasado, o de los enunciados dichos tiempo atrás, y decimos eso de “para qué hablaré”. Pero ésta vez, ese “para qué hablaré” no es para mal, sino para bien.

Y entonces es cuando comienzas con ilusión una nueva etapa, ésta vez de forma mas madura, y sensata. Pero con los mismos nervios e inquietudes que podía tener hace un año cuando hablaba de mariposas o tortugas. Sí, los mismos nervios. Los mismos miedos. Pero con cordura, ésta vez con mucha cordura, para que esos miedos y ese nerviosismo no haga perder el norte de lo que realmente es importante y de lo que merece la pena.

No se por qué pero ésta vez me está costando mas escribir sobre mis mariposas, muchísimo mas que cuando las he mencionado anteriormente. Quizá tengo miedo de que si hablo de ellas todo vuelva a salir mal. Aunque sinceramente creo que no será así.

Ya no tengo ni 23, ni 24, ni 25, ni 26… Voy por los 30. A la caza de los 31… Y voy directo, sin miedos,  y contento de ésta etapa que me está tocando vivir. Mi fiesta de cumpleaños de éste año vino con un regalo que con el tiempo se ha hecho mas grande de lo que yo podía imaginar por aquel entonces. Aquella noche de Hallowen en la que lo celebramos.

No se que traerá el futuro. Y aunque me ponga a imaginarlo, nuestro futuro es hoy. Es dentro de un minuto, es dentro de una hora. Es qué haré hoy a mediodía, que haré hoy a la noche. Es cada paso que damos adelante. Y yo quiero seguir dando pasos de la manera que los estoy dando ahora, y con quien los estoy dando: bien con mi gente, pero tambien y bien con quien corresponda.

Desde hace un tiempo pinto las horas del día con sonrisas, con silencios y con hombrecillos a bolígrafo. Saludo los minutos diciendo Hola… y hay veces que creo que me voy a saludar cuando me miro en un espejo. Desde hace un tiempo no se como escribir las cosas en renglones pero escribo sin saber bien que decir. Aunque las cosas estén dichas o miradas a quien sea que haya que decirlas o mirarlas.

Escribo porque siento, y siento porque vivo. Y si dejara de vivir mañana, no me iría con la pena de no haber dicho todo lo que quisiera decir. Ayer, mientras las llamadas de mi teléfono rojo interrumpían una y otra vez mi cena pintoresca, dejando que mi acompañante cenara en soledad, o con mi compañia a través de un cristal, pudimos hablar de ésto.  Si tienes algo que decir, si es bueno, hazlo. No lo guardes. Dí a las personas que te rodean todo lo bueno que quieras decirles y no te atrevas por comodidad o porque piensas que ya lo saben. Siente y exprésalo. Habla. Y sonríe mientras lo haces. Sonríe cuando estés con tu gente. Sonríe. Porque no hay nada mas bonito en éste mundo que sentir cosas buenas por los demás y compartirlas. Pero con una sonrisa la vida es más bonita.


 

No se si reir, llorar, tirarme de los pelos y dar un lingotazo al Peché que hay en la nevera. El teléfono rojo hoy me está dando mas por culo que a mi pobre coche Paddy el día de Reyes. Yo entiendo que la educación hay que mantenerla sobre todas las cosas. Hay que ser respetuoso con nuestro entorno y tratar de solucionar las cosas dialogando, bien por voz, bien por escritura.

Pero hay cosas que a uno ya le reconcomen el intestino. No se puede llamar 20 veces al teléfono rojo aunque tengas una justificación detrás que no viene a cuento exponerla aqui. No se puede no entender las cosas que te están diciendo para hacer lo que te de la gana y seguir molestando sin ton ni son.

No soy dios. No tengo el don de estar en todas partes, ni de saber que es lo que está pasando en cada momento, a cada minuto. Un no, es un no. Y se entiende, seas chino o japones, niño o adulto, o del otro lado del mundo. Tengo los nervios a flor de piel y no se en que punto de éste día fatídico, 11-1-11, uno puede empezar a llorar para desahogarse sin parecer un gilipollas.

Porque la paciencia se gana con la experiencia, pero hoy ya la tengo mas que agotada. Y para volver a tenerla tendré que volver a ganarla.

Lo próximo será un NO MOLESTE MAS, POR FAVOR.


 

 

“Yo también me encontré una guitarra en la basura y me la llevé a casa…”

 

Autor/es: Un Sr. Pintor y El Renglón Torcido.

Observaciones: Una frase y dos personas pronunciándola.

Dos hechos realizados en distintas épocas,

pero que se juntan en una misma habitación,

en un mismo minuto.

Tonterías, quizá.

Pero esas tonterías me gustan.

Y como las tonterías son mías, y yo soy el que escribo, pues  aqui lo dejo.

¿Volvemos a criar mariposas?

¿Salimos del caparazón de la tortuga?


 

“Ahora a disfrutarlo, y no lo estrenes, eh..”

Pues estrenado. Han desvirgado a mi Naranjito Paddy. Así, sin un cariñico previo y sin un cortejo de los de antaño. Por atrás, con la puntica y de sopetón. ¡A tomar por culo!

Pues si que me ha costado poco, la verdad. El día 30 de Noviembre lo compré; el día 17 de Diciembre tuve la tarjetollave en mis manos (parezco el Inspector Gadget, ¿no?); y el día 6 de Enero, mi primer golpe con el coche.

¡Feliz día de Reyes!

Aún resuena en mis oídos cuando me pongo a pensarlo, el sonido del impacto del coche por detrás. Por cierto, tranquilos que estoy bien, eh, jejeje. Y después del impacto, los nervios a flor de piel. Mi coche, mi bonito coche nuevo, con un golpe en el trasero. ¡Ay dios mío! Menos mal que en los momentos de nerviosismo que afloran en una situación así, tengo a mi pepito grillo para poner calma. El Sr. Las Vegas siempre está pendiente de todo lo que hay que hacer y lo hizo muy bien. Yo mientras tanto buscando papeles en la guantera que aún está medio vacia… Por que si algo tiene que el coche sea tan reciente es que ¡aún no me ha llegado la poliza del seguro a casa!  Ya está bien, sin papeles, sin parte de accidente amistoso. Sin nada, pero con Las Vegas poniendo orden. Y  mientras tanto, haciendo un atasco en la carreterra pero pasando de él como de la mierda.

La cuestión es que mi cochecito, mi lindo cochecito puede seguir andando sin ningún problema mas que el de llevar un puntacillo cual cornada en el paragolpes trasero. Por lo demás sigue siendo el mismo de siempre. Ya un adulto porque ha probado los placeres del los estrenos traseros, pero con la misma alegría del primer día. Lo han hecho mayor a la fuerza, sin un besito en la mejilla y sin una palabra de cariño.

Ahora me toca a mi cuidarlo para que no le deje secuelas éste episodio. Lo haré con cariño. Jejeje. ¡Me han dado por detrás otra vez!