Archivo mensual: agosto 2009

“Escuece, escuece, pero mi casa se vuelve a construir, aunque los tornados lo destrocen todo…
Sé sobrevivir y sino aprendo, pero sin amarguras,
lo hago pa aprender a encontrar la felicidad mas pura.
Ni estoy loca ni lo estuve, creo que ya no te deseo ni en mis sueños.”

“Desilusión me ha venido a ver. Adiós a ti y a tus mentiras.”

Bebe. Escuece. Y Punto.

Para que decir más si de vez en cuando te encuentras una joyita de letra que lo dice todo por tí.

Ahí esta.

Ni lo que yo anhelo, ni lo que desean mis sueños.

Lo dicho Y punto.

 



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Existen una serie de pasos que se deben cumplir en un día tonto y hoy tenía todas las papeletas para serlo. Cuando se juntan una serie de circunstancias en un momento determinado hacen que una jornada aparentemente normal, pueda concluir en un mar de lágrimas o por qué no, en un océano de alcohol y olvido.

Todo empieza con momentos de apatía y tristeza. De esos días en los que no te apetece hablar con nadie, de los que piensas que no merece la pena confiar para que después… Ya sabes. De esos en los que te cansas de trabajar y te agotas de no hacer nada. De esos en los que seguro y además, tienes el teléfono rojo.

Luego llega la siguiente fase, en la que te regocijas de la situación. ¿Cómo? Llegando a casa y en lugar de ver algo divertido en la televisión, miras algo triste que haga que tu pena se incremente a velocidad directamente proporcional a lo lacrimógeno de la escena. Ésta última opción tambien es factible si lo que ves, en lugar de ser algo triste en la televisión, son canciones que escuchas a través del ordenador. Muy bien. Y ahí es donde entran en juego baladas desgarradas, con lágrimas incluidas de los/las cantantes y cantos de desamor al viento.

Y si ya estamos en éste punto, ¿que se hace? Escribir para desahogar las penas… Tambien viene bien. Conozco perfectamente éstos días, suelo padecerlos a menudo. Preferiremos lo de escribir para desahogar las penas antes que beber para ahogarlas del todo. Pero sólo porque hoy es jueves, mañana hay que trabajar  y “tengo la regla”.

Aunque hoy me ha llamado la atención algo. No hay lamentos que contar, de eso ya me encargo otros días a base de reivindicacións como los tocanarices o los calientapollas. Hoy todo es superable con una canción que no traiga penas a mi casa. Si tengo un Ying que me canta al oído mi vida en verso, tendré un Yang que me haga gritar lo que llevo dentro. Si Naiara me “versa”, el Portal “grita”.

Los gritos no ahuyentarán todos los males, el teléfono rojo pesa demasiado como para salir volando ésta noche. Pero lo demás se diluye entre nuevos ritmos. Hay que renovar la banda sonora en días tristes para hacer que sean más bonitos. Y si el día está a punto de terminar, lo terminaremos con una sonrisa en la cara.

 


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Tengo una calentura, o una morrera, como prefiráis llamarlo. No he tenido fiebre, o por lo menos que yo sepa o halla notado. Tampoco he estado más bajillo de defensas; siempre estoy alerta y con caparazón. Y bueno, lo de que alguien halla hecho que nazca, igual me lo reservo por aquello de que ésto es de dominio público. ¿Alguno tenéis una morrera reciente?  Nunca sabes quién puede estar leyendo.

No la he visto venir y mira que se nota. Cuando de repente me he dado cuenta, una pequeña zona de mi labio empezaba a estar más caliente de lo normal, y al mirarme al espejo ya estaba lleno de vesiculitas. Y ahí estaba yo, buscando la dichosa crema, que viene con botecito transparente, creo yo porque como es tan pequeña, para darle más cuerpo. Como no podía ser de otra manera, no la he encontrado. Así que de nuevo a la farmacia a comprar un bote a estrenar. Y ale, con el plastón blanco en el labio hasta que se seque.  Yo no se la de botes que he podido comprar a lo largo de mi vida. ¿Me harán accionista de la empresa?

He de agradecer que mi futuro inmediato no está lleno de quedadas maravillosas que den lugar a noches todavía más maravillosas. Dado que no entra en mi agenda, llevaré mi morrera con dignidad y sin molestia alguna. Se que la mayoría estábais ansiosos por pedirme una cita próximamente, tendréis que esperar unos días hasta que se pase. Yo estaré aqui tras el paso de mi amigo el herpesvirus.

¡Un saludo a todos los herpesvirus del mundo!

 


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¿Y tú a que te dedicas?

¿Yo? Pues de momento a tocarte las narices, después ya se verá…

Ah, muchas gracias. Mejor se las tocas a otro, que a mi ya me duelen un poco.

 

Sí, parece que está de moda esa profesión. En tiempos de crisis hay que agudizar el ingenio, y parece ser que los tocanarices estará bien pagados. Oye, pensándolo bien, igual hay que plantearselo. Colgaré el teléfono rojo para pasar a ser experto en tocarlas bien.  Y todo porque uno ya al final, se cansa.

Te quieren vender la moto de que todo va bien, de que la vida es estupenda y de que hay que sonreir. Mientras que por detrás, están pensando en que parte de la anatomía de tus fosas nasales quieren estimular esta vez.

Ahora quedaría muy bien que yo dijera que no volverá a sucederme, que como ya me conozco el tema la próxima vez seré yo el que las toque bien tocadas. Pero es que debo ser gilipollas y quizá se me olvida muy rápido la teoría. Lo más seguro que vuelva a caer, y que al final de tanto tocarme las narices se me van a terminar por caer al suelo.

Eso sí, harto estoy, pero que muy harto. Vayan y toquenselas a otro señores, las mías necesitan un descanso.


Esta mañana me he levantado y como muchas otras veces, vamos, la mayoría, he ido a desayunar a casa de mi madre. Tengo la manía de hacerlo mientras pongo en la televisión videos musicales y hoy han hecho que recordara.

Seguramente hoy hablaré de alguien que lo más seguro es que no llegue a leer esta entrada. No es aficionada a los ordenadores, aunque ultimamente parece que controla un poco más. ¡Hasta tiene Facebook! Pero bueno, no se trata de que lo lea o no. Se trata de que hoy la recordé y eso es lo que hace especial al día de hoy. La niña Chololy, la niña de los besitos de purpurina. Esa criatura que durante años de facultad nos ha hecho reir a carcajadas y disfrutar de pequeños momentos de la vida en la biblioteca. Su desorden frente a mi mientras estudiabamos cara a cara, ella desorden, yo cuadriculado. Sus páginas subrayadas a lapiz, sin color. Su pelo magnífico y su femeneidad, sobre todo eso. Porque si hay una palabra que define a Chololy es femenina.

La conocí en mi primer año de facultad, fue mi compañera de prácticas en el laboratorio de Química. Con su pelo rapado y sus andares particulares… Recuerdo una de las pocas fiestas de primero a la que me quedé. Yo fuí con mis amigos al Chelus, en el royo, y al entrar en el bar, llegamos hasta el fondo y estabas subida en una especie de tarima bailando como una loca la canción de Cher “Believe”. (Uy, esto daña su imagen de dura). Después nos perdimos la pista, pero no del todo, para volver a reunirnos en la etapa final de nuestros caminos de estudiantes. Y que etapa final. ¿Cuántas veces llegué a escuchar esa canción de Fito mientras estudiaba en la biblioteca desde su mp3? Lo que hemos aguantado a nuestra Chololy. Y lo que hemos disfrutado con las cervezas y las partidas de dardos. La victima perfecta de mis bromas, como meterla debajo de la ducha. Mi pareja perfecta para hacer portés al estilo fama, por su tamaño reducido.

 ¡Ainsss, egg que soy tannn guapa! O su mítica frase mientras Fangoria firmaba su disco para mí: “es que pasáis tanto tiempo juntos”

Todo queda en la memoria, y la mía es corta y olvido facilmente las cosas.

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Pero Miren siempre está en nuestras cabezas al escuchar una canción de Fito y Fitipaldis. Y creo que eso no solo me pasa a mi, si no a todos los “vecinos de San José”. 

¿Cuando nos echamos unas dianas? Eso sí, con tatuaje del MIM incluido.


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“Son las fiestas de mi pueblo”, “éste finde no estoy, me voy al pueblo que son fiestas”, “éste finde lo tengo liado que vienen todos los colegas a fiestas y me la están preparando”…

¿Cuántas veces podemos llegar a oir eso la sengunda quincena de Agosto? Yo no lo se ya, no tengo suficientes apéndices en el cuerpo como para llegar a enumerarlas. Pero madre mía, si nos gusta más una fiesta que a un tonto un lapiz.

Bueno, digo “nos”, aunque yo me excluyo. Y es que lo de las fiestas del pueblo, mucha gente lo sufrimos en silencio. ¿Que pasa con los que no tenemos un pueblo al que ir a emborracharnos al final de las vacaciones? Pues que nos toca ajo y agua.

Sí, en envidia. Pero uno aprende a ser digno y vivir con ella como si no se le notara. Y es que la vida da muchas vueltas y hay una serie de circunstancias que hacen que las fiestas se vivan de diferente manera. Yo nací en Pamplona, pero vivo en Burlada. Muy bien, hasta ahí bien. Las fiestas de Pamplona las vivimos todos juntos en amor y compañia y hasta ahí perfecto. Pero llegan las de Burlada, y uno ya, con una determinada edad, se encuentra como un elefante en una cacharrería. ¿Gordo y grande? ¡No! (Uy, creo que no he usado el refrán adecuado. Yo y el refranero español no  nos llevamos bien) Bueno sigo, que no importa. Pues eso. Cuando somos más jovenes, es decir, instituto, colegio, tenemos una serie de amigos con los que disfrutamos de las fiestas. Estupendo. Pero el problema llega cuando por circustancias de la vida, hay que salir de tu ciudad para irte a otra a estudiar. Conoces gente nueva, amistades nuevas y las que tenías se van perdiendo. Y en definitiva, cuando haces el regreso a casa te encuentras que ya no hay amigos aqui con los que disfrutar de las fiestas del pueblo.

Si, es triste, pero se lleva como se puede. Al final uno se acostumbra a que todo el mundo recorra los pueblos de Navarra en busca de la siguiente cogorza en el pueblo de tal o de cuál. Y muchos otros nos quedamos en Pamplona  agarrandonos la misma cogorza de siempre, pero con más sitio en los bares. Si es que hay que mirar el lado positivo del tema, ¿no? Eso sí, no cierro la puerta a que algún pueblo caritativo decida adoptarme, y así yo tambien podré decir: “me voy a mi pueblo que son fiestas”

¡Felices fiestas a todos!


No lo aguanto más. Le he dado varias oportunidades y no hay manera. Que se le va a hacer, hay libros que no se adaptan a tu persona y eso es lo que ha debido pasarme con él, pero no lo aguanto más. Asi que he decidido que alguien lo adopte por un tiempo antes de pasar a adornar mi estanteria. Siempre queda bien un libro más.

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Lo de le he dado varias oportunidades, son concretamente tres. Que son los tres capítulos que he logrado leer. Bueno, estoy mientiendo. En realidad solo me he terminado de leer dos. El tercero lo dejé a mitad porque no podía más.

Dedicido, la trilogía Milenium para tambien ha sido una trilogía. Tres capitulos, no está mal. “Los hombres que no amaban a las mujeres” está claro que no es el libro de mi vida. Y es que se supone que el rato de lectura tiene que ser un tiempo ameno, entretenido. Que haga volar tu imaginación donde las líneas escritas te lleven… Pues con ese libro, a donde volaba mi imaginación era a cualquier lugar menos donde me estaba contando.

Con ésto no quiero decir que el libro sea malo, ni mucho menos. No creo ni pienso que lo sea, dado el éxito que está teniendo en todo el mundo. Pero para mí está claro que no está escrito, y por esa razón lo dejo.

Lo reconozco. La lectura nunca ha sido mi fuerte. No soy de esas personas que devoran libros a la semana, y no pueden estar si uno en su mesilla. Pero hace un tiempo un amigo me recomendó el libro de Stieg Larsson (si es que es complicado hasta el nombre del autor), y me decidí a comprarlo. Bueno, dado que era uno de los más vendidos, no estaría mal… Pues me equivoqué. Y ahora entrará a formar parte de mi colección de libros inacabados, que son unos cuantos.

Pero como no hay mal que por bien no venga, he decidido rescatar uno que tenía abandonado en la estantería y darle una nueva oportunidad. No lo dejé por que no me gustara, si no más bien por pereza, y ayer lo retomé con ganas. Se llama “El Quinto día”, de Frank Schätzing (anda, otro) y habla de una amenaza que tienen que investigar una serie de biólogos que está haciendo que las critaturas del mar sufran cambios de comportamiento. Parece ser que ésta historia me pega un poquito más.

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Ya veremos si se lee entero o tambien se queda en trilogía. Pero trilogía de las mias.

¡Que Dios reparta suerte!