Archivo de la etiqueta: desamor

El Renglón Torcido

Nuestro pequeñin

No es el Don Quijote de la Mancha ni lo pretendo. Ni muchísimo menos es tan extenso.

Simplemente son veinte, ni mas ni menos. Aunque quizá en éste caso sobre la palabra simplemente, porque lo que dentro hay de simple no tiene nada.

Muchas tardes a solas con mis pensamientos. Muchas horas no dedicadas a los demás, para dedicarmelas a mi. Mucho tiempo conmigo restando de los que tengo alrededor. Restando a todos.

Y mientras tanto, mirando una obra perfecta de pintura, para sacar lo que se escondía detrás de toda esa oscuridad.

¿Cómo hilamos una historia sin volvernos locos?

Pues con paciencia, con mucha paciencia, y sin soltar el hilo conductor de toda ella. Lo que de verdad une a cada uno de los cuadros.

En efecto, el libro no es sólamente fruto de mis pensamientos. Sino que esos pensamientos son compañeros inseparables de imágenes creadas por el Sr. Pintor. Creadas hace tiempo en soledad, creadas después de tiempo quizá cuando volvímos a acompañarnos y mas tardes, por supuesto creadas de nuevo juntos.

Y esa es la historia que se cuenta. Relatos acompañadas de bonitos cuadros, retales de alma que se dispersan en papel.

Ese alma está ahora escrito. Y está entre mis manos.

Es una transducción: “es la transformación de la rabia en luz”.

Y por supuesto, el que lo quiera, que no dude en pedirlo.

Sigo caminando.


El Renglón Torcido

Siempre mariposas…

 

Sigo mirando a las nubes en busca de las mariposas que vuelan a mi alrededor.

No me he perdido, aunque lo parezca.

No despegué para no volver.

Y hoy estoy de regreso. Por cuanto tiempo eso no lo se, pero hoy vuelvo a escribir porque mis dedos me lo exigen.

Un tiempo apartado de mi interior, de mis renglones torcidos, de mis pensamientos públicos desde lo mas privado. Pero no un tiempo sin escribir. Han pasado muchas cosas desde que me asomé a ésta ventana por última vez, y muchos de los momentos vividos desde entonces ya estarán incluso olvidados en mi cabeza.

Pero hay algo que no está olvidado ya que ha quedado plasmado en hojas de papel.

Los renglones torcidos que envuelven mi vida han pasado a formar parte de algo precioso. Han tomado forma en un libro. Un libro de pensamientos asociado a pinturas del Sr. Pintor. Un camino que hemos recorrido juntos, incluso cuando no lo estábamos físicamente. Sus ideas en forma de cuadro, su rabia, su desconsuelo… Junto con mis pensamientos, quizá transportados desde el pasado para cuadrar los cuadros.

He sido transducido, y el resultado ha sido transducción. El librillo.

Y mientras todo eso iba tomando forma, mis renglones pasaron a un segundo plano. Aunque las palabras seguían saliendo de mis dedos, lo hacían de otra manera, en otro medio y con otro fin.

Pero aquel cuento ya terminó, y ahora toca volver a caminar por mis baldosas amarillas. Cerrando el capítulo de transducción, para que nuevas ideas broten de mi cabeza. 

Quizá volveré a escuchar a mis mariposas y entender lo que susurran para volver a contar canciones desde el cielo.

Quizá miraré a través de los ojos del Sr. Pintor y sus dibujos para inventarme nuevas historias que compartir.

Quizá escucharé canciones de amor y alguna que otra desesperada para volver a ponerme melancólico.

Quizá.

¡Cuántos quizá!

He vuelto, y creo que ahora no me iré.

Han pasado muchas cosas en éste tiempo dignas de ser mencionadas. Y las mencionaré.

Sigo bien, sigo contento.

Sigo con mi gente, sigo con vosotros.

Sigo con los que a pesar de no tener noticias mías desde hace muchísimo tiempo, veo que día a día encontráis un hueco para perderos en mis renglones. Por supuesto, gracias a vosotros por seguir ahí.

Y lo mejor de todo. Sigo enamorado, cada día mas, de alguien que me hace mi camino hacia la ciudad de las esmeraldas mas sencillo. Sonrío a su lado, vivo a su lado y siento a su lado. Los puntos rojos brotan desde donde nace el rojo… Desde el corazón.

Y así son las cosas. Regreso para compartir mis historias. Con un librillo bajo el brazo, cortito, intenso, diferente y precioso. Ah, y por supuesto, si alguien lo quiere, por un módico precio anticrisis se lo mando “onde haga farta, mi arma”.

Tras estar transducido, vuelvo a mis orígenes.

A estar torcido.

Un beso a todos.

 

 


El Renglón Torcido

Me oculté tras ella, para no ser visto. Es más fácil caminar y seguir adelante pasando desapercibido, sin que te puedan reconocer. Una máscara que ocultaba mi verdadera mirada, mi verdaderas palabas, mis verdaderos pensamientos y mi verdadero yo. Todo con el fin de tratar que, al no ser visto, las heridas que cubrían pudieran cicatrizar mas rápido, a resguardo de miradas indiscretas.

Aunque es sabido que las heridas cicatrizan mejor sin estar cubiertas, respirando aire fresco. Heridas que van cerrando con el pasar de los días a plena luz del sol. Yo dejé ver mis heridas a los que me rodeaban, mientras las escondía bajo máscaras para esconderlas de quién no debía hacerlo. Y esas máscaras eran de rencor, otras veces de rabia. Otras de indiferencia, quizá de altivez, y muchas veces de orgullo. Suelen decir que ante el enemigo no hay que mostrar flaquezas, debilidades, no tiene que haber talón de Aquiles. Y para eso las usaba. Tratando de ser mas fuerte que mi adversario las use durante un tiempo, aunque duraban poco. Porque cual espíritu de la contradicción, mientras en directo cubría mi rostro, en indirecto, a través de las escrituras que comparto, dejaba esas heridas al aire para ser vistas, por supuesto, y tambien, por él.

Hoy las máscaras descansan en la basura. Ya no son necesarias. Depués de la tormenta siempre sale el sol, ¿no? Muchas veces lo he escrito yo, deseando que comenzara el amanecer de nuevo. Ahora parece que ese sol comienza a salir, siendo hora de retirar las máscaras.

Tan sencillo como no hablar. No reprochar, ni tan siquiera casi preguntar. Hemos pasado tanto en éste tiempo, tantas discusiones, mal entendidos, furia y rabia que es mejor no decir nada. Y cuando ésto sucede, cuando después de haber echado toda la mierda que tenemos dentro, una vez vacios, destapados y sin máscaras, sólo quedamos él y yo.

En ese punto, en el que ya no hay miedos, en el que hay comprensión de que todos podemos llegar a equivocarnos en un momento dado, y tambien hay comprensión de que cuando algo sucede es por algo y tiene consecuencias, es donde empieza un nuevo amanecer.

Ese en el que siempre debimos despertar. En el que ambos mirábamos un punto rojo y sabiamos lo que significaba. Un lugar donde al mirarnos a los ojos de nuevo, y pasada la tormenta, sólo podemos recordar lo bueno que hemos vivido. Las historias que hemos creado, y los momentos compartidos. Porque aunque en los últimos momentos de mis historias, siempre hayan sido turbulentas, rabiosas y rencorosas, a día de hoy encuentro la paz.

Hay que enfrentarse a las cosas, tenerlas delante. Sentir, tocar y pensar. Dormir, despertar y volver a dormir. Respirar. Un olor familiar, un tacto conocido. Tu y yo, frente a frente.  Y a partir de ahí saber que el tiempo pasado ha hecho que las cosas se calmaran. Que estamos bien, en caminos separados, pero bien. Que por supuesto habrá aún malos momentos, y otros mejor, pero que lo malo, lo que nos hizo rabiar, lo que nos hizo odiar, lo que hizo romper miles de puntos rojos en el cielo, quedó atrás. Ahora comienza otra historia.

Yo siempre decía que no soy amigo de mis ex, y curiosamente hoy me he dado cuenta que soy amigo de todos y cada uno de ellos. Unos porque los veo más, otros porque están mas lejos. Pero de todos guardo un recuerdo especial y saben que si me necesitan, estoy. (Y si no tambien, que coño). Un Sr. Pintor me dijo que sí, que lo seríamos si algún dia nos separábamos. Yo cabezón dije que no. Y él mejor que nadie sabe que me revienta tener que darle la razón, pero se la tengo que dar.

No hay que apartar de tu vida a gente que has querido tanto. No quiero apartar de mi vida a alguien que me ha llenado tanto en éstos últimos meses que no puedo ni cuantificarlo. No debo apartarlo, ni ponerme máscaras cuando lo veo, ni rabiar ni odiar ni dejar de querer. No lo debo hacer por todos y cada una de las veces que nos hemos dicho “Te quiero”.

Comienza un nuevo camino. El 2012 parecía que iba a ser movidito, y así lo viene demostrando. No es fácil cambiar el chip. No es fácil darle a vuelta a los sentimientos, y pensar que ya nada volverá a ser como antes. Gran tarea, grandes deberes el pensar en esa otra persona como un amigo, en lugar de como algo mas. Pero, ¿y el amor, al fin y al cabo no es igual? ¿Cuántas veces decimos te quiero a un amigo? ¿Lo hacemos alguna vez? Sr. Pintor, tenemos un trabajo duro y difícil. Pero como dijimos no hace mucho, no mas peleas. Por lo que hemos tenido, por lo que hemos vivido, y por lo que viviremos ahora, desde otro punto de vista, pero juntos en nuestras vidas.


El Renglón Torcido

 

 

“Pero déjalo volar, déjalo marchar…

 El halcón que vive en mi cabeza sigue atado a tí.

Corta la cadena, que lo ata a tí, y deja que se canse sobre el mar. “

¿Marchar a donde?

¿Volar lejos?

¿O tal vez descansar en las proximidades?

Cerca, mejor cerca. Sin huir del camino marcado.

No vaya a ser que luego me pierda del sendero habitual y no sepa reencontrar mis pasos.

¿Un halcón?

¿Tal vez mejor un pez?

Sí, un pez.

Desmemoriado.

De esos que a los dos segundos no recuendan el tercer segundo que viene.

Como Dori, pero sin su Nemo que le recuerde quién es ni donde va.

Así sería fácil olvidar lo que nos hace daño.

Siendo todo nuevo.

¿O tal vez no?

Por supuesto que no. Mejor recordar todos y cada uno de los momentos vividos para aprender de ellos.

Aprendemos.

¿Desaprendemos?

En absoluto.

Si desaprendemos volveremos a meter la pata donde antes lo hicimos.

A darnos golpes en las heridas cicatrizadas.

A tropezar sobre la misma baldosa desequilibrada, fuera de la horizontalidad perfecta.

¿Cadenas?

¿Cortamos las cadenas?

¿Quién nos ata? ¿A quién nos atamos?

Yo ya no las siento. Ni las he sentido.

Si se sentían lazos, cuerdas.

Series de puntos rojos formaban caminos que unían personas.

Amores.

Pero esos lazos desaparecen, el tiempo se encargan de ello.

Pero nunca cadenas, porque ellas pesan.

Y un amor, no puede pesar. Si lo hace, entonces no es amor.

Como la frase del día. No  es perfecto.

Sólo, es amor.

Sólo.

Hoy, a destiempo.

Quien quiere no puede, y quien puede no quiere.

Alguien lee mis líneas, quizá seas tu que estás ahora al otro lado.

Y comienza a descubrir que quizá haya algo en éste mundo raro, superficial, extraño y absurdo quizá, que merezca la pena.

Siempre hay algo que merezca la pena.

Sólo hay que esperar a que el halcón vuele hasta donde tenga que hacerlo.

Apa.

 

 


 

El Renglón Torcido

 

Si la desconexión auguraba un regreso fuerte y vigoroso, no lo será. Si el silencio era una señal de paz y reflexión, no ha conseguido el objetivo. Hoy si cabe vuelvo, mas torcido que nunca. Si es que un martes y trece, del doce, del once, no puede dar lugar a nada bueno.

Me da igual quien pueda o no llegar a leer ésto que escribo. Me refiero a la gente que se pueda dar por aludida o no respecto a las historias que puedo llegar a contar. Pero hoy vuelvo, después de muchos días sin escribir y afrontando la recta final de éste año, y sinceramente, voy a escribir lo que quiero pensando solo en mi.

Hoy he vuelto a ver mariposas. Mariposas de un principe. Esas de las que había odio hablar y tenía constancia de su existencia. Esas que comenzaron a volar hace cuatro meses tiñendo de tristeza nuestras vidas; esas que tornaron el color de sus alas de vivos colores a frios matices mientras revoloteaban a nuestro alrededor.

“Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

En la soledad de una galería, entre miradas, colores, olores. Una sonrisa que no se olvida, un momento de soledad. Y una reflexión. No me gustan las mariposas del principe. Son preciosas, si, pero para mi son lo mas triste del mundo. No por como son, sino por lo que significan. Por sus colores , por que no hay puntos rojos y si los hay no se ven. Por el tiempo en que fueron creadas. Cada una de ellas significa un tiempo pasado que es mejor olvidarlo.

Y ahi delante de ellas, mas tiempo del necesario para valorarlas, esperando o evitando la despedida. Busco entre los cuadernos, historias nuevas, borrosas, sucias y desordenadas.  Quizá como me siento yo en ese mismo momento mientras lo estoy mirando. Aparecen entre hojas, mundos vividos por mi. Dibujos de los que te puedo decir el lugar y el momento donde fueron creados. Una mano blanca que no sabiamos donde ubicarla encontro su lugar bajo una señora que se escondía. Unos cactus y una escalera recordaban tiempos de sol, cercanos al mar, en un tiempo en el que todo era perfecto.

Y después, la despedida. Un nuevo final: mi final.  

” Tu me enseñas que, se puede querer, lo que no ves”

Las historias se solapan en el tiempo. Los sentimientos son difíciles de controlar y el amor o desamor está donde menos lo esperamos. Hoy el día no ha ido a mejor. Ni mucho menos. Cuando el corazón sufre una punzada, casi es mejor rematarlo para que deje de sufrir que permanecer en una agonía misera que no lleva a nada. La punzada era obvia, provocada y meditada. El remate era necesario, esperado e inesperado. Contradictorio, por supuesto, pero sobre todo necesario.

Que fácil parece todo cuando las ideas están en la cabeza, y que difícil es ponerlas en orden cuando tienen que salir por la boca. Son nulo para ello, se me da mejor escribir. Aunque hoy no es un gran día y casi están igual de desordenadas en mis escritos que en mi cabeza. Con lo fácil que es mirar a los ojos, mientras sonríes y lo difícil que es hacerlo cuando las noticias no son buenas. Siempre es bueno tener un escudo delante, como por ejemplo un pañuelo al cuello que sirva para bajar la mirada y enredar en él. Cuando te despojan de él, estás descubierto.

Ya no es tiempo de mariposas. Si las hay, ahí están. No hay sitio para mas, ni para que crezcan, ni para que surjan nuevas. No hay sitio ni razón para ellas. Y por éste motivo hay que evitar daños colaterales. Quizá ya causados, pero tal vez subsanados en cierto modo. El tiempo tiene que poner orden en éste caos. Hace un tiempo, y me repito, hable de que el tiempo y yo tenemos que hacer algo para resolver éstos problemas. Está claro que yo no, puedo, así que lo dejo en manos de las horas.

Me equivoco, y entro en un bucle en el que no me doy cuenta que ya he estado. Mientras que mi entorno sabe que estoy cayendo en el mismo error en el que una vez ya estuve. Vuelvo a tropezar, pero me vuelvo a levantar. Me duele, menos, o quizá mas. Eso lo diré mañana.


 

El Renglón Torcido

 

Estoy soltero.

Solo.

Mirando al horizonte y con un camino largo delante de mi.

Hoy lo se, y soy consciente de ello.

Si, pensaréis que llevo mucho tiempo hablando del fin de mi relación: de historias y leyendas. Subjetivas, objetivas, opiniones y desencuentros. Pero a pesar de todo, seguían siendo los coletazos de eso mismo. De mi relación. La triste y lenta agonía de un amor que desaparece. Y cuando desaparece te das cuenta que sí, que vuelves a estar tu sólo.

Con nuevas vivencias a tus espaldas, maravillosas y espeluznantes. Bellas y tristes, siempre hermosas en la fealdad, siempre ciertas en verdad.

Soltero, pero no entero. Y no entero porque mi corazón pierde pedazos cuando una historia de amor termina. Y ésta vez la pérdida cuanto menos ha sido importante. Sólo el tiempo hará que donde ahora falten esos cachitos amados, aparezca una cicatriz para rellenar el hueco dejado. Sólo el tiempo.

Después de un duro camino, hoy estoy en paz. Realmente no se si es un espejismo o es realidad. Pero sí, hay una calma y no tensa, en mi interior. Esa calma quizá venga de un final calmado, de una conversación bañados por el sol. Ese que tantas veces pienso que tarda mucho en salir para iluminar los días tristes. Ese sol nos dejo ir, tranquilos. Sin malas palabras, sin reproches, sin riñas, sin enfados. Sin mas. Nos dejó ir.

Y con él a nuestras espaldas nos dijimos adiós. Un adiós que duele, por lo vivido cuando amábamos. Pero un adiós que alivia, por lo vivido cuando amábamos mal.

No se deja de querer a las personas de un día para otro, por supuesto que no. No implica que desde hace unos días, quisiera mucho y ya no quiera nada. Pero la historia estaba sin cerrar, sin un punto final. Y ese “THE END”, necesario para los dos implicados en esta historia llegó, apaciguando las idas y venidas de los últimos tiempos.

Hoy estoy bien. Con recuerdos en mi cabeza, y mas en mi corazón. Me rió, y sonrío. Hablo y escucho. Y me divierto, tambien pienso. Pienso en lo que he dejado atrás, en lo que hemos dejado atrás. En si me habré equivocado, o si habré hecho bien. No lo se. El tiempo me dirá, me dará una respuesta. Pero a pesar de los pensamientos e historias que inundan mi imaginación de todo el tiempo vivido, hoy me siento bien y después de mas de tres meses de desasosiego e incertidumbre, malos entendidos y peleas, HOY, estoy soltero.

Singular.

Solo.

Yo. Sólo Javi.

Nos debíamos un final así. Normal. Nos lo merecíamos, Sr. Pintor. No es el que nos hubiera gustado a ninguno de los dos. Pero esa charla bajo el sol, tranquilos, sin malas voces, sin malas caras, sin maldad, con respeto y con el amor, que a pesar de las circusntancias tenemos el uno por e otro, nos la merecíamos.

No es un final de cuento. No fueron felices y comieron felices.

Pero es un final. Y los cuentos, como en la vida, necesitan un final.

 

 


 

El Renglón Torcido

 

Silencio.

Por si acaso, y para no molestar.

Mejor callar antes que hablar, porque seguro que sería para decir cosas que nunca quisieran ser oídas.

Un compás de espera, y después, ya se verá.

¿Pero cuando llega el después?

Desde el Yo, ya no se nada. Si no hablo, no es por no hablar. No es por no decir, no es por no contar.

Si no hablo es por pensar.

En como salir de una encrucijada, en un cruce de caminos, en una batalla contra el mundo y contra mí, con el menor número de heridos.

Para herido, yo mismo sirvo.

Pero el silencio es tan amargo, tan duro y tan seco.

No se comparte, no se sabe, no se siente.

No se lee.

Y las palabras se amontonan en mis dedos deseando ser escritas.

Mientras tanto los días siguen pasando.

Con mariposas, sin ellas. ¿Se fueron ya?

Pero desde luego en terreno hostíl, sin capacidad de vida de ésta manera.

Mientras tanto, repito, los días siguen pasando.

Y Yo, sigo aqui, en silencio, pero aqui.

Esperando una señal que haga cambiar el transcurso de las líneas que escribo.

Aunque…

¿Por qué esperar?

Hechos, mejor hechos. 

Mejor actuar.

Que se levante el telón.

Empieza el show.