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Y esto es lo que queda después de un fin de semana juntos.

Esto es lo que nos llevaremos cuando pensemos en cómo ha sido nuestra vida.

Un camino, un abrazo, tres amigos y un lugar.

Todo visto a través de la cámara de quién nos quiso ver así.

Alguien que durante todo el día estuvo sacando momentos de los tres juntos, ajenos a su mirada; inmersos en nuestros pensamientos, nuestras conversaciones y nuestras historias. 

Hoy tenemos un recuerdo de aquel precioso día, plasmado en imágenes.

Hacía mucho tiempo que no estábamos juntos de la forma en la que estuvimos.

Sonriendo y disfrutando, sin apenas malos pensamientos, mas que los justos y necesarios. 

Comidas, cenas, bebidas, risas, charlas, discusiones de esas que nos gustan y nos enervan (o por lo menos a mi).

Pero todo basado en eso.

En ese abrazo que nos hizo reír cuando nos dijeron que nos lo haríamos, pero que hoy define bien cómo fueron las horas que pasamos juntos. 

Más veces deberíamos hacerlo; más momentos deberíamos compartir como éste que ha pasado.

Para nosotros queda esta imagen. 

Gracias Sr. Pintor por capturar lo mágico de tiempo compartido.


Boda

¿Sabéis una cosa?

Antes no sentía ningún pudor escribiendo, y ahora todo lo contrario. Me cuesta sentarme y contar lo que he vivido hasta ahora, quizá porque sea tan bonito que nunca encontraré las palabras adecuadas que lo puedan llegar a describir como se merece. Pero, eso sí, merece y me repito, que sea contado. 

Y lo mas sencillo sea comenzar con un sencillo y sincero GRACIAS. 

Gracias 9 de Mayo de 2015.

Porque después de muchos años, os pude tener a todos reunidos en un mismo salón compartiendo una ilusión. Por fin llegamos a la ciudad de las esmeraldas. Fui feliz y ese sentimiento sigue dentro de mi y no lo olvidaré nunca. Recuerdo cada momento y a la vez olvido todos. Pero creerme cuando os digo que una de los sentimientos mas bonitos que he vivido nunca lo sentí cuando, esperando detrás de unas puertas blancas frente a una capilla, éstas se abrieron y pude veros a todos. 

Todas y cada una de las personas que quiero estabais allí, esperando completar el camino de baldosas amarillas. Todos fuisteis testigos del final. Y habéis sido testigos de un comienzo. Sinceramente, esa sensación, es inolvidable. Porque mientras caminaba por esa alfombra, y mi mirada se cruzaba con las vuestras, mi cabeza bullía con recuerdos, imágenes y sensaciones. Porque en el tiempo que duró la ceremonia os pude mirar a todos de frente y sentir que tengo una vida preciosa y todo es porque estáis vosotros en ella. Y porque en el transcurso de las horas que estuvimos juntos, y cuando nadie me veía, os miraba furtivamente, y veía vuestras sonrisas, vuestras voces y a veces solo gestos. Y sentía que la energía que se vivió ese día es algo que no se volverá a repetir. 

Por todo ello, gracias. 

Gracias por la implicación, por vuestra entrega, por vuestra intriga y por vuestro corazón. Como dijo una canción durante la ceremonia, sentí que habías abierto ventanas en vuestro corazón y aquel día todos latían al mismo ritmo. 

Y como no quiero que se me olvide nadie, y estoy acostumbrado a las listas, seguiré un orden para no perderme. 

Gracias a los Yujuuuu por el entusiasmo puesto desde que decidimos que de las palabras se pasaban a los hechos. Por las ideas aportadas, por las cenas a nuestras espaldas y las compartidas juntos. Y por vuestra sonrisa constante. Por llenar el día de música y baile, por pintar al principito un decorado de ensueño. Por ser como sois, gracias. Por supuesto, gracias a Dora, la organizadora, por su dedicación, paciencia, ayuda y su amor. Nada de lo que ocurrió aquel día hubiera sido posible sin ti, porque supiste guiar nuestros pasos cuando a veces se perdían. Gracias. 

Gracias al maestro de ceremonias, Sergio, por implicarte en una historia que te dio muchos quebraderos de cabeza, gracias por tus palabras y por tu buen hacer. Por tus bonitas palabras bañadas en recuerdos de dos chicos jóvenes que comenzaban a vivir. Por todo, gracias. 

Gracias a las familias, a las preciosas madrinas, a los emocionados padrinos, a las hermanas Marga y Beni que consiguieron hacernos llorar a todos con sus palabras. Familias, fuisteis geniales. Por el hecho de montaros en este viaje sin dudar, por querer compartir con nosotros un día tan especial, disfrutarlo y sonreír. Sabéis una cosa, ese día me sentí orgulloso de todos y cada uno de vosotros. Todos juntos como hacía muchos años que no estábamos. Con multitud de chiquitos corriendo entre nosotros, haciéndonos ver que la nueva generación se abre camino. Dos familias unidas, hermanos, hermanas, cuñados, cuñadas, sobrinos, sobrinas, primos, primas, tíos y tías. Padres y Madres, gracias por hacer que ese día se quede grabado en nuestras memorias. Nos hicisteis felices. Sonreímos, reímos y vivimos un día inolvidable juntos. Conexión Tudela-Pamplona, siempre.

Y que mas decir, Gracias AMIGOS.

Gracias porque también sois familia. Vosotros sabéis quien sois. La amistad no es una etiqueta en facebook, o un seguimiento en twitter. Es un tiempo compartido, un momento vivido, un llanto contenido o una sonrisa disimulada. Amigos venidos de fuera, de Logroño, de Lodosa, de Tudela, de Pamplona o de la misma calle de la Catedral. Sin vosotros no hubiera sido igual. 

La banda sonora de mi vida está cantada por ti, y en ese día no me faltaste. Fue un día, nos queda el resto. Gracias Naiara, mi hermana pequeña como dijo Beni en la Capilla. ¿Seguimos bailando? Cuadrilla, un placer vivir a vuestro lado desde una cena buscando a un asesino a otra perdida en mitad de Belate, ¿cuántas mas? Las que queráis. Gracias. 

Mi familia de Zaragoza, mi familia veterinaria… “Son mis amigos… En la facul pasábamos las horas”. Así cantábamos hace años, y así seguimos. Pasando los años, pasando la vida y compartiendo momentos como los que vivimos. Y los que nos quedan por vivir. Gracias a todos por venir. Os quiero. 

Mis individuos Las Vegas y Prada. Empezasteis compartiendo muchos renglones torcidos. Ahora el renglón se hizo mayor y vosotros fuisteis testigos. Sin duda alguna. Gracias por seguir a mi lado. 

Mi nueva familia mas joven y reciente, mis madrugadores fisnes19. ¿Todos a una  no? El tiempo compartido o los años transcurridos, no implican mas o menos importancia. Sólo la calidad del tiempo vivido juntos, determina la importancia de los mismos. El tiempo vivido juntos es genial, y me hace feliz. Y esa felicidad la vivimos ese día. Y lo mejor de todo, juntos. 

El Renglón Torcido ahora camina mas recto, y con una alianza en la mano. Ahora todo forma parte de un recuerdo maravilloso, plasmado en cientos de fotografías, vídeos y recuerdos. Recogidos en mensajes de agradecimiento y felicitación. Compartido con vosotros y vivido con, por y para vosotros. 

Nunca olvidaré el día que vivimos juntos. Nunca olvidaré mis pasos, mi emoción contenida y vuestras miradas complices. Nunca olvidaré, vuestras sonrisas. Abrazos y besos. Vuestro amor y vuestras palabras. 

Vuestra sinceridad y sobre todo vuestra verdad. 

Gracias porque hicisteis todos del día de nuestra boda un día maravilloso que sin vosotros no hubiera sido igual. 

Hoy el Renglón Torcido rompe su pudor a contar historias de amor verdadero y felicidad. Una sensación nueva que hasta hace un tiempo no sentía, pero que hoy rompo porque la ocasión lo merece. Mis renglones bien merecen palabras de amor, contadas desde el corazón y vividas tan intensamente que la emoción llena mis ojos con solo recordar.

Escribo, quizá un final. Por eso el ” Y punto”.

Aunque sí, es un punto, porque esta historia de amor ya ha encontrado su ciudad de esmeraldas al final de camino de baldosas amarillas. 

Yo lo recorrí con dos pequeños rubíes rojos en mis zapatos como si fuera Dorothy en el Mago de Oz. 

Y hoy, los golpeo uno contra el otro pidiéndole al gran mago de Oz que no quite de mi mente el recuerdo de aquel día. 

Gracias.

Os quiero mucho. 

Y punto.

Boda


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Poco a poco las cosas se van asentando, ¿lo ves?

Cuando parece que la vida se planta delante de ti como diciendo “a ver ahora por donde tiras…”, es en ese momento cuando siempre, no pueden fallar, las baldosas amarillas comienzan a brillar para que sigas el camino que ellas marcan.

Eso por si alguna vez las perdiste de vista. 

Casi ocho meses después me vuelvo a sentar para contar algo, aunque mi taburete ha intentado evitar que me sentara doblando sus patitas de metal haciendo que terminara con el culo en el suelo de par de mañana. Algo sencillamente reemplazable, cojo una silla y vuelvo tener mis dedos sobre éste teclado que tantas historias ha compartido conmigo. 

Hace poco, una semana en concreto, de charla tras una inauguración del Sr. Pintor, una personita Chechi-Liana recordó el tiempo en el que cada mañana en el trabajo miraban pendientes de si el renglón torcido seguía torcido y lo publicaba o si por el contrario seguía en silencio. Recordó tiempos pasados, casi prehistóricos, donde los sentimientos y las palabras no dichas sino leídas transformaban y dictaban los nuevos pasos a dar. El renglón torcido servía para transmitir entonces cosas que era incapaz de poder llegar a decirlas ante una mirada. Y al recordar aquello, me dí cuenta que nunca he dejado de ser un Renglón Torcido.

Recordé que me gusta escribir aunque no lo haga tanto, que me gusta plasmar lo que pienso y lo que siento aunque no lo haga a diario. Que tengo ganas de seguir contando historias aunque no siempre sean escritas. Durante todo este tiempo quizá mis historias volaran por otros cielos de diferentes colores, haciendo que ocuparan parte del tiempo que antes dedicaba a escribir. Quizá tenga que parar, mirar al suelo, volver a sentir el color amarillo que me lleva a la ciudad de las esmeraldas y comenzar de nuevo. O simplemente y quizá, ésta vuelva a ser una entrada aislada y no vuelva a escribir en otros ocho meses.

Sencillamente, no lo sé. 

Sólo se que hoy quiero escribir. Y lo hago porque como he escrito al inicio, poco a poco los caminos se despejan. Un camino cansado, difícil e indeciso. De no saber si encontraríamos nuestro lugar o si nos quedaríamos sí el. Si las circunstancias de la vida harían que nuestro anhelo de buscar nuestro rincón estaría al alcance de nuestros bolsillos o por el contrario tendríamos que dejarlo pasar. Días raros, en los que por la mañana teníamos una alegría y por la noche esa alegría caía de golpe al fondo del pozo. Días mezclados, de bajeras, pisos, reuniones, preparaciones y traslados. Días cansados, de amontonamiento de quehaceres y casi sin tiempo para respirar. 

Pero vemos la luz…

Y brilla fuerte, porque todo esfuerzo tiene su recompensa. Porque todo lo conseguido es merecido, y se merecería mucho mas. Porque cuando algo se lleva dentro no hay otra manera de que puedan ir las cosas.

Creo y siento que vienen años color esmeralda. Veo en el horizonte caminos que me gustan. Me gusta su luz especial, su fresco aroma y la dirección que toman. Y todo fruto de la dedicación, del respeto y de saber sonreír siempre ante las situaciones extrañas que la vida nos pone. Sabiendo siempre que tengo a mi lado a quien hace que esas sonrisas en los días nublados sean mas fáciles. 

Hemos conseguido mucho, más conseguiremos en el futuro.

Por ti.

Una vida entera.


Pero sonriendo

Pero sonriendo

Desde hacía días pensaba en volver a escribir, pero sin conseguir sentarme delante del ordenador. Un día por cosa, y otros días por otra, pero la cuestión es que no encontraba el momento oportuno. Quizá no encontraba la inspiración, o se perdió siguiendo una baldosa que parecía amarilla pero no lo era.

Hoy me siento de nuevo y resumo mi año. Siempre está bien mirar hacia atrás y ver el camino recorrido en todos éstos meses medio desconectado de toda la era internauta. Y que mejor día que el día del fin del mundo. Ahora mismo acabo de leer en google que según los mayas, esa fatídica hora llegará a las 19.12 horas (hora peninsular). Por lo que me quedan 42 minutos para escribir mi nueva entrada y publicarla. Contando por lo tanto que éstas palabras que hoy pronuncio, si se cumple la profecía, serán leídas por muy pocos.

Pero bueno, dejemos el fin del mudo a un lado, que cuando tenga que ser será. Y repasemos cosas significativas que quedan en mi memoria dignas de mención. Y como se suele decir, hablaremos de Salud, Dinero y Amor.

Salud: sinceramente, mi fin de año está siendo bastante movidito si de salud hablamos. Mi pobre coche ha recibido otra embestida por detrás, y está en laUCI desde hace 20 días. Ay, mi niño. El día que hacía dos años que me lo compré, un señor muy amable decidió llevarme por delante en la famosa NA-121 de la que alguna vez he hablado, y como consecuencia de ello, mi cuello y mi espalda sufren esguince y contracturas musculares múltiples. Termino el año entonces entre médicos de familia, médicos de la mutua, médicos de urgencias y médicos rehabilitadores. Además si a ésto le sumamos un hermoso flemón que me ha salido, con la consiguiente visita al dentista del día 28 de diciembre, pues estamos genial. Eso sin mencionar otra visita médica que tengo pendiente para empezar bien el año, pero esa me la guardo. ¿Que conlleva todo ésto? Pues os cuento. Conlleva un periodo de inactividad laboral, sedentarismo, dolores, apetito y los consiguientes engordes en mi cuerpo. Creo que no me voy a pesar hasta no se ni cuando. Sí, he  engordado. Y mucho. Pero la cuestión es que me gusta comer. Soy así.

Dinero: pues que se le va a hacer. No me puedo quejar. Dado que la fuente de ingreso, es decir, mi trabajo, se mantiene, no me quejo. Vivo bien, pago mis letras, mis facturas y mis cosas, caprichos, etc. Quiero decir, me encantaría que me tocara un pedazo de euromillón para dejar de pagar piso, coche y solucionar la vida a mucha de la gente que me rodea. Pero dado que eso no sucede a pesar de que lo intento, pues diré que no me voy a quejar de mi situación económica. Y mas como están las cosas en éste país de pandereta en el que vivimos. Que no me voy a poner a hablar de la economía de los  políticos, que se me hincha la vena y suelto la panfletada. Eso sí, un apunte. Hoy leí en twitter, creo que era ABC que escribía que el transporte sanitario a los enformos crónicos no iba a costar mas de 60 € al año o al mes. No recuerdo bien la cifra. Pero yo me pregunto. ¿Tenemos que pagar nosotros, los ciudadanos currantes ese dinero por nuestra sanidad? Está bien, ¿y cuanto pagan al mes o al año nuestros queridos políticos por usar el transporte… ese que dicen… los coches oficiales? Ah, no claro, que eso les sale gratis gratis. En fin, ahí lo dejo para que lo penséis. 

Y en el amor: pues como todos sabéis, estoy enamorado. Sí, lo se, pero no haré un pastelón de ello porque muchas veces ya he hablado de mi Sr. Pintor. Mi año 2012 en el amor ha sido perfecto. Perfecto en sus imperfecciones. Imperfecciones que conocemos en la rutina de compartir el tiempo y el día a día con la persona que deseas. Y desde el principio del año, hasta ahora el final, hemos seguido caminando juntos para lograr encontrar algún día la ciudad de las esmeraldas. Sí, soy feliz. Gracias Sr. Pintor.

Pero en el amor no sólo encuetro lugar para el amor en pareja. Sino para todas aquellas que han compartido conmigo éste año que hoy terminaría si los mayas hubieran acertado. Mi familia siempre pone colores en mi vida, con sonrisas, con conversaciones, y por que no, con gritos de disconformidad. Hemos cerrado un capítulo en ella, ahora todo saldrá bien, ya lo verás. Tú lo sabes, siempre adelante. Mis sobrinos siguen creciendo y cada vez sorprenden mas sus razonamientos y su manera diferente de pensar. El cabeza de familia dejó la vida laboral a un lado para dedicarse a descansar que ya ha trabajado como un jabato toda su puñetera vida. El descanso merecido del guerrero. El guerrero, mi padre. Y mi madre, siempre poniendo el punto de locura y desparpajo allí donde esté. La improvisación, y las risas la siguen como al famoso flautista. Ella si es una verdadera guerrera que es la que mantiene el navio con buen rumbo. Familia, sois grandes.

Y como no, aquellas personas que deciden compartir su tiempo conmigo. A gentes que se quedaron lejos, y a gente que está aquí bien cerca. A los individuos que aún continúan a mi lado. A todos aquellos que respondieron al teléfono, al mail, o a un simple mensaje cuando los necesité. A aquellos que con una mirada y sin palabras, y nada más, saben lo que quiero transmitir. Todos y cada uno de vosotros tenéis un hueco en el sonido del latido de mi corazón. Desde lejos, desde al lado, desde muy lejos o en la acera de enfrente. He tenido un año desconectado del mundo virtual. He olvidado muchísimos cumpleaños. Lo siento de corazón por no llamar, por no estar. Felicidades a todos. Juntos seguimos adelante. Quizá no hemos hablado, pero estoy. Siempre estoy, para cuando sea, para los que sabéis que estoy. Jueves de Rock ‘n roll. Por supuesto, tambien sóis familia.

Hace dos días subiendo a rehabilitación, cedí mi asiento en el autobús interurbano (villavesa para los de Pamplona), a una señora con una minusvalía. Después de que se sentara, comenzó a contarme su vida. Supongo que a muchos en determinadas circunstancias nos gusta que alguien nos escuche. Y hoy lo comparto con vosotros. Ésta señora iba camino del hospital de navarra, para recibir los resultados de su último análisis. Ella pensaba que iba a salir bien, y había comprado pastas para darle al médico. Dijo que si le daba malas noticias, le arrearía con la bolsa en la cabeza.  Tenía cancer. Era el sexto cáncer por el que pasaba en los últimos doce años. Su marido la dejó en el segundo cáncer, mientras estaba ingresada. Y todo ésto me lo contó con una sonrisa de oreja a oreja. Comenzó el 2012 comiendo doce cachitos de chocolate en lugar de comer uvas. Y como éste año le había ido de maravilla, el 2013 lo comenzaría de igua manera. Ahora le sonreía la vida, tan castigada por la enfermedad. Tenía fe en que análisis saldrían bien, y que volvería a casa contenta para compartir el tiempo con un novio nuevo que tenía y que le hacía muy feliz.  Así es la vida. No se ni su nombre, ni tan siquiera si el médico en el hospital le dió buenas o malas noticias. Pero me hizo pensar que cualquier cosa que padezcamos, tenemos que afrontarla de igual manera que aquella estupenda señora. Con una sonrisa de oreja a oreja y mirando siempre hacia adelante. Ella también buscaba al final su ciudad de esmeraldas.

No se como terminará el año, ni tan siquiera si en doce minutos que faltan paras las 19.12 se terminará el mundo. Sólo se que sigue siendo un placer asomarme a mi ventana privada. Esa que sólo veo yo cuando escribo, y descargar aquí todo lo que se acumula en mi cabeza. Éste año ha sido menos prolífico que el anterior. Veremos que nos deparará el 2013, porque para que quede claro, no me voy. No dejaré de escribir, ¿y sabéis qué? Que me encanta hacerlo.

Señores, señoras.

Parar.

Respirar un segundo.

Sientan los pies sobre la tierra y cierren los ojos.

Comiencen a ver lo que hay oculto dentro de ustedes.

Y vivir…

Pero sonriendo.


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Los cuentos han cambiado. Pocas princesas y pocos príncipes azules a lomos de un brillante corcel se ven hoy por nuestras calles.

Pero la magia de ellos sigue estando viva en mis pensamientos. No veo una bella y cálida princesa campesina tentada por una roja manzana, pero si lo hace cuando ante sus ojos deslumbra un bello brillante.

¿Acaso no es bello el cuento igual?

Igual de bello es cuando el apuesto príncipe azul en sus correrías y batidas al bosque se cruza con otro dulce príncipe, o un rudo leñador. O, ¿por qué no? Un rebelde foragido ladrón. Y entre ellos nace el amor.

Un amor de hombre no narrado en viejos cuentos ni en atemporales leyendas. Pero al igual que el mundo y la humanidad, tan presente como clandestino.

Muchas bellas damiselas ya no esperan ser rescatadas en sus torres de piedra. Ahora han decidido ser libres para elegir cuando, cómo y con quien salir de ella. O no salir, por ejemplo. ¿Por qué no?

Quizá esa joven cautiva ahora decida que quiere ser rescatada por su ama de llaves. O disfrutar de la compañía de las bellas lavanderas o lozanas mercaderes.

¿Realmente los cuentos han cambiado tanto o es que siempre hubo historias que no nos fueron jamás contadas?

Historias reales, de amor, de desamor. Cuentos en nuestras cabezas y sensaciones en nuestro corazón. Pero ahora son reales y gracias a nosotros, son más libres de ser contados.

A nuestra manera. ¿Verdad, Blancanieves?


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Alejado de los escritos, de mis renglones. Perdido en otros, quizá mas oscuros, mas tenebrosos. En su origen mas dolorosos pero ahora simplemente un hecho del pasado.

Vuelve el calor y pauso mis otras tareas para recuperar mi lugar perdido. Ese al que siempre regresaré, antes o después. Pero nunca marcharme sin decir nada.

Muchas historias en el tintero, tal vez demasiadas para enumerarlas una a una. Aunque imposible pasarlas por alto y dejarlas en el olvido.

Caminaré a través de ellas casi de puntillas pero así, cuando decida releer mis pensamientos torcidos, pueda recordarlos.

Mi camino de baldosas amarillas me ha llevado a recuperar sobremesas largas y felices junto a quienes han compartido mi vida en la ciudad del Ebro. Como los que se ven todos los dias, como quienes se cuentan las penas a la hora que se necesite. Como si la distancia que nos separa no fuera. No hubiera. Los amigos son aquellos que te reciben, te quieren, te gritan, te aconsejan y no te dicen lo que quieres ni necesitas oír, sino lo que tienen que decir en cada momento. Yo me he dado cuenta que los sigo teniendo, a distancia, pero están. Zaragoza, sois grandes.

Esa misma ciudad, en la que en una noche especial conocí también a alguien grande. Y en su grandeza, un abrazo sincero e intenso y una sonrisa que iluminaba la oscuridad de aquel teatro. Sencilla, maravillosa y cercana. Especial, con ángel y una belleza serena. Abrazos pintorescos, risas con sabor a carnicero que pinta cuadros en francés. Y un trozo de atún rojo a la plancha en su recuerdo. Genuina. Gracias Verónica, espero repetirlo.

La primavera nos envuelve, el sol nos calienta. Hoy en especial, nos guarda desde las alturas y hace que mi camino amarillento hoy brille especialmente. Y lo hace, porque anoche mientras cenaba con mi Sr. Pintor nos dimos cuenta de una cosa.

Muchas veces nos dicen que “cuanto lo vas a hacer sufrir, pobrecito” o ” lo mal que lo va a pasar”. Opiniones a veces a modo de guasa, seguro que la mayoría de ellas en mitad de una conversación chistosa y sin querer ir mas allá. Pero que vienen bien porque surgen en mitad de una conversación en medio de una cena que da lugar a que podamos reflexionar sobre ello.

Nosotros, el y yo, por suerte o por desgracia, hemos estado separados. Y gracias a eso, hoy puedo decir que cualquier sufrimiento que podamos vivir estando juntos no es en absoluto comparable al sufrimiento por estar separados.

Moñas, sí, mucho. Sincero más. Es así.

Mis caminos están llenos de puntos rojos. De historias paralelas que contar y de multitud de planes por hacer. Comienza una etapa fascinante y espero no perderme en mi mundo para poder llegar a torcerme en mis renglones.

Besos de vuelta. Y perdón por la ausencia.


El Renglón Torcido

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Prometí que no escribiría sobre él porque me causaba mas dolor del que en esos momentos podía aguantar. Me lo prometí y lo cumplí a rajatabla. Era una noche fría de invierno, mitad de diciembre, y los meses parecía que habían pasado en balde. Y yo, entre la gente, entre un montón de gente, sentía soledad. Y nosotros mientras tanto, conectados una vez mas a través de un triste teléfono. Triste porque no hacía mas que sembrar nuestra vida de amarguras y desasosiegos. Aquella noche entre tanta gente me habláste de un león, aquél que siempre te tranquilizaba y te hacía sentir una especial calma interior.

Pero aquella noche acabamos sintiendo de todo menos calma. Y fué esa misma noche, esa que acabó cubierta por una fina capa de nieve bajo nuestros pies, cuando pensé en crear una historia con el famoso león.

A la mañana siguiente, con la mente mas calmada y un poco mas de sensatez, fue cuando hice mi promesa. ¿Para que escribir sobre algo que lo único que va a conseguir remover lo que apenas termina de posarse? Y desde entonces la historia del león se aparco.

Hoy la retomo. Y lo hago porque ese león ya no se ve de la misma manera. Porque lo que en su día era un símbolo de la huída hacia lo no tan doloroso, se convirtió en un paseo bajo una mañana soleada de Bilbao, en el margen de la ría mientras las traineras dejaban su sonar característico sobre el agua.

Y en ese paseo, estabamos los dos. Juntos, de la mano. Los dos. Y frente a frente, bajo su majestuosidad, descubrimos que lo que en su día significó, tanto para él como para mí, había desaparecido. Los malos momentos pasados fruto de las circunstancias quedaron aparcados en ese momento por el sol que nos iluminaba en ese mismo momento. ¿Para que seguir recordando entonces lo olvidado?

Lo miramos, observamos su belleza. Lo inmortalizamos y proseguimos nuestro camino. Un camino con un león a nuestras espaldas, ese que de vez en cuando al volver la cabeza seguía estando allí. Y que seguirá estando, pero ya no lo veremos ninguno de los dos como hasta entonces lo hacíamos.

Ahora el león pasa a formar parte de una historia de dos. Antes era mi versión de león, y la suya. Ahora es nuestra historia del león. Curiosamente, ese mismo día y sin darnos cuenta, nuestros pasos nos llevaron caminando hasta un lugar de baldosas amarillas. Mis baldosas amarillas. Nuestras.

Entonces supimos que el camino que habíamos tomado estaba bien. Tranquilo, seguro, firme y bien. Con la tranquilidad de enterrar viejos fantasmas del pasado, para que dejaran de atormentar el presente. Con la alegria de conocer nuevas personas que con su simpatía te hacen ver que muchas veces nuestro subconsciente nos traiciona. Y de que manera, sobre todo sabiendo los malos momentos que dicho subconsciente nos ha hecho vivir.

Pero todos juntos, bajo el sol que se tornó lluvia, caminamos, sabiendo que el camino que ahora estaba bajo nuestros pies era el correcto. Porque en cualquier lugar puedes encontrar la vía para llegar a la ciudad de las esmeraldas.

El Renglón Torcido

"Y encontré baldosas amarillas..."