Archivo mensual: mayo 2011

 

 

Dudu

 

CESAR SANCHO

PROXIMA EXPOSICIÓN:

PAMPLONA, PZA. SAN NICOLAS

11 DE JUNIO DE 2011

“EL BARRIO DE LOS ARTISTAS”

De 10 de la mañana a 8 de la tarde

http://cesarsanchoprieto.wordpress.com/2011/05/30/dudu-564/


 

No se en que dia vivo. Bueno vale, sí lo se. He mentido. Pero vamos, que a día de hoy que es martes me parece que este sea el quinto martes de la misma semana. Y es lo que tiene estar de guardia, que si te toca un fin de semana tranquilo y no te toca trabajar, pues te das cuenta de que es finde aunque tengas que estar con el teléfono rojo  hasta en la taza del baño. Pero como te toque un turno de guardia movidito, pues ni eso.

Trabajar viernes por la noche, sábado por la mañana como es habitual, sábado por la tarde varias veces, domingo por la mañana, lunes por el mediodia… Bufff, que paliza. Y mientras tanto el teléfono rojo sonando además de todas las veces que toca ir a currar.

En fin. Que estoy en martes como si fuera sábado ya. Y aún faltan tres días mas de trabajo. Sí, tres días, porque éste sábado  no trabajo porque me voy de bodorrio… Un familiar que se nos casa, mi primilla, aquella con la que me llevo un día, dos horas y veinte minutos. Una cuenta que hemos hecho miles de veces cuando eramos chiquillos. Cuando jugábamos a mamás y a papás, con los clics, con las muñecas. Siempre me acuerdo del cuarto de San Jorge donde dormía la que el sábado se vestirá de novia.

Seguro que hay muchas risas, mucha diversión, y seguro que habrá llantos, pero de felicidad. Un día con la familia, con los viejos amigos del colegio. Un día en el que el Sr. Pintor se sentará a mi lado.

Día especial aunque quizá un poco nublado por ciertas cosillas que no me terminan de cuadrar del todo. Pero bueno, cada uno tiene sus pensamientos y sus opciones igual de respetables que todas. El espíritu de Gabriel y Galán nº 23, aquel que traje a éstas líneas hace un tiempo anda un poco disperso. Una pena porque ocasiones para celebrar como la que se presenta el sábado hay bien pocas. Yo si sirve de algo, hago un llamamiento al ese espíritu. A esa fiesta que fué volver a juntarnos todos en aquella casa. Y cuando digo todos, digo TODOS. Aquella casa de los abuelos, que ya nunca volveremos a pisar ni todos juntos ni por separado. Y ahora que ya no está, parece que hay algo que nos desune. Yo no quiero que así sea. Aquí queda escrito. Pero el sábado disfrutaremos como nunca. Todo por los novios y por su familia. Enhorabuena.

En fin, opiniones. Divagaciones. Conjeturas. O quizá pensamientos demasiado atrevidos para ser expuestos entre renglones. Pero al fin y al cabo, son mis opioniones y me creo libre hablara poder decirlas.

“Buenas noches, principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.”


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Cuando brilla el sol, te recordare si no estas aquí…
Pues si, hoy brilla como nunca el sol en Pamplona y hay que aprovecharlos, porque por desgracia no son abundantes. “así todo el año” he oído decir hace poco al señor pintor, y la verdad es que no estaría mal. Los días son mas largos, sales de trabajar y aun tienes horas de luz para pasear. Poca ropa, gente contenta. En fin, se acerca el verano…
Hoy en la terracita de mi madre, bajo los rayos de sol, descansando del turno de guardia que estoy llevando y que llevare hasta el viernes… Prepararemos la piel para que cuando llegue el verano de pleno, no tenga que escribir del cangrejo Sebastián de nuevo.
Y ahora una siestecilla que nunca viene mal. Lo mejor de todo, que puedo escribir una nueva entrada desde mi iPhone, lo peor, que no la puedo poner en el formato que me gusta, aunque eso tiene arreglo cuando llegue a casa. Y es que ya sabes, si no tienes un iPhone, no tienes un iPhone, como dice el anuncio.
Buen día a todos.


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Cuando un día las cosas se complican, parece que ese día no va a terminar nunca. Todo parece amontonarse cada vez mas y parece que el final no llega…
Pero llega. No como muchas veces nos gustaría. Lo bueno es que mientras esperas y desesperas, aprendes cosas nuevas, como que se pueden publicar entradas desde el iPhone, con fotos y todo.
Aunque eso al fin y al cabo no es lo importante… Os dejo que llega mi paciente.
Buenas noches.


 

Ayer fue  una jornada bonita de primavera. Sol en lo alto, cielo despejado y un calorcito en una Pamplona que lo agradace. Un día tranquilo, de trabajo sin prisa pero sin pausa. Con una comida en familia, en un patio, descansando y riéndose de las tonterias que pasan en ésta vida que nos toca vivir.

Hasta ahora un día normal, como otros muchos que suelo contar. A la salida del trabajo como muchas otras veces, voy a casa del Sr. Pintor. Nos vemos, reímos, hablamos, nos contamos. Enredamos, hablamos por teléfono, opinamos, se ducha. En fin, rutina a la que siempre quiero volver después de un largo día lejos. Cosas de parejas, nuestras cosas. Las que tanto nos gustan.

Y entre esas cosas, toca encender el ordenador. Y me dispongo a ello. Cotilleo Facebook, cotilleo Twitter, ¡anda, cancelan Se Lo Que Hicisteis! Cotilleo el correo, cotilleo su correo, mi blog, su blog. Youtube, Yahoo… Y como siempre y antes de apagar el ordenador y desconectar del resto del mundo, éntro en Diario de Navarra punto es.

Glupss, tragamos saliva. Y me remonto a la conversación en el patio de mi hermana, en el que contaba que tenía que llevar a los niños de 4 y 5 años a inglés a Tafalla. Perfecto.

Ahora yo, delante del ordenador, a las nueve de la noche. Me dispongo a leer las noticias, y lo primero que leo es que ha habido un accidente con un muerto en la N-121 a la altura de Pueyo. Empezamos bien, es la carretera por la que pasa mi hermana para llevar a mis sobrinos a inglés. Y sigo, abro la noticia y continúo leyendo. En la noticia, explican que el suceso ha tenido lugar a las 18.53 horas, y de que todavía no disponen de todos los datos de accidente. Lo único que cuentan es que ha habido un muerto, que es una mujer y de la que no dan mas datos, y tres heridos mas, graves. El resultado de un accidente de dos coches con un camión.

Y aquí comienza la angustia. Son las nueve de la noche, el suceso ha sido a las 18.53 horas. Hora a la que suele volver mi hermana de Tafalla a su casa, pasando por esa misma carretera. Si hubiera pasado algo, ¿ya lo sabría? ¿O no? Pero tambien lo habrían puesto en el diaro, ¿o no?

Después de un minuto de dudar, y con un nudo en el estómago, marco el teléfono de casa de mi hermana… Y gracias a dios o a quien tenga que agradecer, coge ella el teléfono. Hablamos de chorradas, y tras unos minutos, le doy el susto de su vida, diciéndole lo del accidente. Ella me confirma que habrá pasado dos minutos antes por el sitio del accidente. A la misma hora, por dos minutos de diferencia hoy cuento ésta entrada y no otra.

Y ahora viene la reflexión, y espero que pueda llegar a los Señores Políticos que ahora están en campaña. ¿Cuántos muertos tiene que haber en éste tramo de carretera de la N-121, para que la autopista A-15 sea gratis?

¿A cuántas personas tenemos que ver muertas para que ustedes se decidan a hacer algo en éste punto negro? Porque yo hoy doy las gracias a dios de que mi hermana, mis sobrinos, mis conocidos estén bien. Pero varias familias están llorando la muerte de una chica de 23 años. ¿Hasta cuando?

Mi mas sentido pésame a los familiares.

¿Hasta cuando?


 

Con una sonrisa y unas palabras de cordialidad y disculpa, se puede pasar de un ambiente cuanto menos tenso, a una velada mas que distendida. Lo que fué un enfado generalizado podría haberse quedado en una anécdota de una noche cualquiera de sabado en la vieja Pamplona.

Pero no siempre suceden dichas anécdotas y no todo el mundo sabe en un momento dado como actuar para solventar un problema. Y es que el trabajo en el que tratas con público es muy esclavo, y hay que tener muchos trajes y capotes en el armario para saber torear cualquier situación que se te ponga delante. Pero además del saber estar, lo que hay que tener, además de todo eso, es un poquito de educación. Y más que un poquito,  yo diría que bastante educación para no seguir metiendo la pata una y otra vez.

La cuestión es que un sábado noche, te dispones a cenar tranquilamente con los amigos en un restaurante de Pamplona. Una celebración de varios cumpleaños nos reúne en un restaurante en el centro. No voy a decir cuál era, porque no pondré mala fama de un restaurante sólo porque un camarero no haya sabido estar a la altura de la noche.

Te sientas a cenar, miras la carta. Risas por aqui, risas por allá. Y todo parece ir bien. Pedimos la bebida, muy bien. El sitio muy bonito, grande, decoración acertada. Perfecto. La noche pinta bien. Pero los problemillas empiezan cuando servimos el vino a todos en las copas y vaciamos las dos botellas que habíamos pedido de entrada. Entonces claro, pedimos dos botellas mas…

Dos botellas mas…

Dos…

Botellas…

¡Coño que queremos beber!

Tras unos 15 minutos esperando a que nos trajeran las botellas de vino a la mesa, y con todas las copas ya vacías y los platos de comida llenos, llega nuestro super héroe de la noche. Lo mejor fue cuando nos dice que no encuentran las botellas de vino. Para mas señas, diré que era un italiano el restaurante, y el vino, un lambrusco. Vamos, parece cachondeo. Mira que no encontrar botellas de lambrusco en un restaurante italiano, manda cojones. Es como entrar en una quesería y que te digan que no encuentran el queso.

Tras un pelín de mal genio generalizado, aparece nuestro amigo el camarero con dos botellitas de lambrusco, y para hacerse el gracioso nos dice que ha tenido que meterse en la cámara y bucear para encontrarlas. Juas juas, me parto y me troncho. Está bien, vino en la mesa, comida en los platos, ¡continúa la noche! Antes de que se vaya de nuestro lado, le decimos que nos saque una tercera botella pues debido a la tardanza para que así tengamos una de reserva. He de decir que ésta botella nunca fue sacada.

Continúa la cena. Comemos nuestros segundos platos a compartir. Dos fuentes o tres, no recuerdo de pasta, una pizza y un calzzone. Todo rico rico. Muy rico. Pero, resultó escaso para todos los comensales. Con lo que decidimos llamar al camarero avispado y pedirle dos nuevas pizzas porque nos habíamos quedado con hambre. Los llamamos, se pasea. Va, viene. Y por el camino, se entretiene… Y por fín, pedimos las pizzas nuevas. Vamos bien. Mientras tanto, el vino vuelve a terminarse y la tercera botella en discordia nunca llegó. Por lo que le decimos al camarero que nos saque otras dos botellas.

Y esperamos. Un ratillo. Vemos postres pasar, tenemos ganas de postre, de beber, de dejar al camarero ya en su trabajo y largarnos. Y aparecen las pizzas. ¡Sorpresa! No son las que hemos pedido si no que son las dos mismas que ya nos habíamos comido antes. Joe, a discutir de nuevo con el camarero. Él, que son las que hemos pedido, nosotros, que sí, que las habíamos pedido pero que ya nos las habíamos comido y que habíamos pedido dos nuevas. Él, cara de no creernos, nosotros enseñandole los platos de las pizzas con los restos que habíamos dejado. En fín, increíble. Él, apela a su resaca y su malestar por haber salido el día anterior, nosotros, riéndonos del cuénto que nos está contando. Comenzó ahí un debate que si había bebido mucho, no había follado el camarero, en fin, cosas del alcohol. Para no esperar más, decidimos comernos las dos pizzas repetidas en lugar de esperar a que nos sacaran las nuevas.

Comemos, bebemos y terminamos. Queremos los postres, pedimos los postres rápidos y el café a la vez  para que no tarden tanto. La copa decidimos tomarla en otro lado. Don’t cries for me Argentina pide un tiramisú, lo cuál parece no oir el camarero y le vuelve a repetir que quiere un tiramisú. ¿Cuál fue el resultado de ésto? El camarero trajo dos tiramisú… Le dice mi niña que sólo habíamos pedido uno, y el señor dice que no, que dos. En fin.

A todo ésto, los cafés no vienen. No vienen…. El camarero está desaparecido. Están recogiendo todo el restaurante. Cambiando mesas. El postre terminado, el café sin venir. Don’t cries for me Argentina se levanta y se va hasta la puerta de la cocina buscando al camarero, no aparece. Ni él, ni los cafés. Entonces decidimos pasar de los cafés y pedir la cuenta a otro camarero que pasaba por allí, y nos atiende una chica muy resuelta. Le decimos que llevamos como 20 minutos esperando los cafés, que nos los anulen de la cuenta, pero que nos las traigan ya. Aparece otro camarero que dice que va a ver que pasa con los cafés. Le decimos que tiene 2 minutos para solucinarlo o nos vamos. Los cafés aparecen por la escalera con nuestro nuevo camarero, mientras que el anterior no se digna ni a bajar y dar una explicación de la tardanza. Los nuevos camareros resuelven la papeleta del enfado. Inmediatamente, pedimos la cuenta y con unas risas generalizadas y el cachondeo del trato recibido, aparece nuestro camarero primero, el listo, y en lugar de pedir discúlpas o no se, decir algo educado a modo de solucionar el problema, el muy gracioso se pone chulito y no acepta sus errores de la noche. En fín, apaga y vamonos que nos vamos de fiesta.

Una noche estupenda. No diré el nombre del restaurante porque sus compañeros al final salvaron la situación medianamente. No lo diré porque es la primera vez que vamos a ese sitio, y no es justo juzgar un lugar entero por una mala noche de un camarero. Pero desde luego, ese sitio, entre los 11 que fuimos a cenar allí, desde luego no tiene buena publicidad por nuestras bocas. Habrá que esperar a segundas opiniones.


César Sancho

 

“Estoy plantando un árbol

Y lo llamaré:

Silencio.

Si lo veo crecer, lo llamaré

En Silencio.

Cuando coja sus hojas con mis manos,

Le diré:

Hola Silencio.

Si se le cae una hoja,

la guardaré en mi caja de sonrisas,

para que no esté triste.

Cuando le salga una nueva,

la miraré y guardaremos;

Nuestro silencio.

Quiero que tú;

Silencio.

Éches raices en mi vida,

y si estoy triste o alegre,

me dejes abrazarte, para sentir;

Tu Silencio.

Quiero ser un fruto de tus flores,

que para mí, será tu corazón,

y sentirlo con el mío,

solos Tú y Yo;

En Silencio.

Cada día te regaré con mi vida,

para que tú;

Silencio,

no te seintas sólo.

Y si no estoy,

Recuerda,

que te planté, te abracé

cogí tus hojas y las guardé…

Y sobre todo;

Silencio…”

C.S.