Archivo mensual: junio 2011

Ducha

 

Muchas veces no hace falta un lugar maravilloso para que suceda algo perfecto. No es necesario un marco incomparable para que un determinado momento se convierta en algo bonito y no te lo puedas quitar de la cabeza. Quizás a veces pecamos de perfeccionistas tratando de buscar marcos incomparables para llegar a decir algo bonito, o sin mas para que ese marco pase a nuestro archivo de momentos perfectos. Y de repente sucede algo en el lugar mas inesperado que hace que te des cuenta que la dichosa búsqueda del marco incomparable a priori queda en un segundo plano.

¿Por que buscar, si lo mas bonito puede pasar a la vuelta de la esquina?

No es necesario adornos, decoraciones ni aspavientos. No son necesarias preparaciones, ni esperas. Sólo sucede de repente y ya está. Se alían los sentidos, el agua, la música, y los momentos. Y con una perfecta alianza surge algo precioso que no logras quitar de la cabeza. Ni lo logras ni quieres.

Sólo es necesario un cuarto de baño, un día de mucho calor, y una ducha reconfortante tras el mismo. Sólo es necesario que mientras sucede ésta ducha suene de fondo una música que has elegido porque te gusta en el iPhone. Sólo es necesario que después de esa ducha cuando te dispones a salir de la misma no llegues a la toalla. Sólo es necesario que en ese mismo momento, alguien que pinta sus horas a tu lado, pase por la puerta y se de cuenta que no tienes la toalla.

Sólo es necesario. Sólo, sin hablar. Nada más. Las miradas se cruzan como muchas otras veces durante el día, mientras la música llena el baño. Pero en ese momento las miradas no se apartan. Se mantienen. Unidas, sin apartarse la una de la otra. Azul verdoso frente a marrón.  Durante un tiempo, no se cuanto. Ni lo sé ni me importa. Tiempo, simplemente tiempo. Juntos. Los dos sólos, en el baño, sin nada más que una gran voz cantando el momento.  Y como no, surgen las sonrisas. Sonrisas que ponen el punto final, un punto rojo, perfecto.

Nada mas. Un instante, diez segundos, quizá menos, o quizá mas. Pero son diez segundos grabados en mi memoria, con su banda sonora incluída. A veces la vida te sorprende y te hace vivir situaciones que hace que las mariposas vuelvan a revolotear por toda la estancia.

Y que siga sorprendiendo por muchos años.

 

 


El Renglón Torcido

 

Cuando los números no están a tu favor. Cuando las cosas no son como antes eran. Cuando una tontería se convierte en una piedra en el zapato que es imposible quitar, aunque a veces te acostumbres a llevarla. Cuando todo eso concurre en un mismo momento, ese mismo momento (valga la rebuznancia) es el idóneo para volver a torcerme.

Las cosas cambian a diario, a cada segundo, minutos, horas. Cada vez que nuestro corazón late, cada vez que respiramos aire nuevo. Contínuos cambios a los que tenemos que adaptarnos y no perder tiempo en pensar en por qués. Porque si lo hacemos, estamos perdiendo un tiempo maravilloso. Un tiempo que no vivimos, y ese tiempo se va…

¿Donde va? Imposible saberlo e imposible recuperarlo. Hay veces que es mejor no echar la vista atás para no añorar el tiempo que se nos fue de las manos sin darnos cuenta, mientras andábamos perdidos. Aunque hay veces que es recomendable mirar atrás para llegar a ver lo idiotas que hemos sido muchas veces.

Y así aprendemos a vivir mejor. A no malgastar el tiempo pensando en cosas pasadas. A no preocuparnos por números, nombres, letras que no deban importarnos. Y volvemos a la realidad de lo habitual. Hace un tiempo escribí el aumento de entradas en éste blog sin saber el por qué de las mismas. En cambio hoy escribo lo contrario. Las estadísticas vuelven a su rutina, a la normalidad, y aceptamos que lo real es lo que vivo todos los días y no lo que se pudo vivir el mes pasado. Números que sinceramente, a veces llegaban a presionar, por el hecho de pensar en qué escribir para poder llegar a gustar a toda la gente que podía entrar a mirar mis líneas en un solo día. Aunque sólo eran eso, números. Personas como yo que entraban a leer historias cotidianas y a veces no tanto. Y ante esa presión de gustar, el Renglón se llegó a bloquear. No había frases del día, no había historias bonitas. Ni feas, sólo había números. Sólo números, nada mas.

Pero cuando vuelve la realidad, cuando los números dejan de ser rimbombantes para ser los reales, te das cuenta de los pájaros que se tienen en la cabeza. Y pones los pies en la tierra para dejar de estar perdido en tu propio mundo. Para dejar de estar borroso en tu soledad, para ver con claridad la misión del Renglón Torcido.

Escribo para mí, independientemente de si es leído por una persona o por un millón. Y lo seguiré haciendo sea leído por una persona o por un millón. Y seguiré hablando de puntos rojos sea leído por una persona o por un millón.

Los cambios no me gustan, me estresan. No se adaptarme rápidamente a ellos y eso hace que muchas veces eche la vista atrás y me de cuenta de lo idiota que he sido en lugar de pensar en lo que vivo día a día. Hoy he hablado de los números, y he dado una explicación por ello. Tambien hablé al principio de una piedra en el zapato, de esas que parece que desaparecen y de vez en cuando te molestan de nuevo en el pie. De ella poco mas contaré, salvo que a veces es mejor parar, sacar el zapato, buscar bien dentro y encontrarla, que no mover el pie hasta que la piedra deja de hacer daño. Por que si hacemos eso, tarde o temprano volverá a salir. Y el tiempo que perdamos en llegar a quitarla de en medio cuanto antes será tiempo ganado en el futuro. Tiempo ganado para vivir. Vivir ganando tiempo al tiempo, y así cada día poder aunque sea dibujar un punto rojo a los que tenemos cerca.

Yo hoy dejo los números a un lado junto con la piedra en el zapato.

 

 


 

Purpurina

 

“Mariquita muerta, purpurina al aire”

 

Autor: Un Renglón Torcido, para que mas.

Comentarios: Un mediodía con vinillo peleón, sol sobre la cabeza,

y mucha alegría, dan para frases así.

¿Que hay más bonito que morir siendo pequeños puntitus de purpurina en el aire?  


Dudu 564: Y por fin vió la luz...

 

Cuando las cosas se planean bien, pues obviamente lo que deseas es que salgan todavía muchísimo mejor de como lo pensaste. Hay veces que sucede así, y hay otras que por cualquier circunstancia no salen como querías. Pero por suerte, ésta vez fue todo sobre ruedas. Después de muchos preparativos, nervios, pequeñas rebeldías, y locura final, Dudu 564 salió a la calle… Al barrio de los artistas.

No, no voy a hablar de la obra, porque es mi blog. No haré un balance de la calidad de las pinturas expuestas, porque es mi blog. No haré una crítica de las obras vistas durante todo el día en Pamplona, porque no las ví. No hablaré de mas allá de Dudu 564, porque no me moví de la Plaza en la que estaba. Y porque es mi blog. ¿Y por qué digo todo el rato lo de que es mi blog? Pues porque voy a hablar de un sábado que pedí vacaciones en el trabajo. Hablaré de un viaje en el que nos embarcamos hace algún tiempo y que culminó en un sábado rodeado de gente estupenda que se acerco a compartirlo con nosotros. Hablaré no de un pintor que expuso sus obras en Pamplona dentro del marco de El barrio de los artistas. No. Sino que hablare del Sr. Pintor que tantas veces ha aparecido últimamente en éstas páginas. Hablaré del día que salimos a la calle para disfrutar de un día importante para el Sr. Pintor, mi novio.

Un sábado que nos hizo reírnos y mucho, mientras cargabamos el coche pensando en si cabría todo en él o no. Menos mal que el Sr. del sofá sabe jugar al tetris y encajó todo perfectamente en el maletero del mismo. Y allí durmió todo la noche del viernes al sábado. En el maletero de mi coche, en el garaje de un hogar de culla ubicación no quiero acordarme, esperando la mañana del sábado para salir volando a Pamplona. La Plaza San Nicolás de Pamplona fue para nosotros el salón de nuestra casa, por donde desfilaron amigos, y mas amigos. Gente anónima que se interesó por las pinturas, con la que compartimos charlas y risas. Y sobre todo gente conocida, amigos, los importantes, que saben que en éstas situaciones es cuando hay que estar ahí, en la calle, acompañando.

Tambien fue especial porque dos familias se encontraron por primera vez cara a cara. Mi familia y la del Sr. Pintor se pusieron forma unos a otros. Besos, mas besos, charlas y sonrisas. Y allí los demás mirando. Un día bonito en el que dos historias que comenzaron de la manera mas casual terminan por juntar caminos, por que no, de baldosas amarillas que tanto me gustan, para juntarnos en un mismo punto y formar una familia mas grande si cabe.

¿Y que mas pasó? Pues que hubo un momento en el que el vino peleón casi nos juega una mala pasada al Sr. del sofá y a mi… Que conocimos a gente curiosa  y pasamos un día de lo mas bonito. Que lo de los mercadillos ambulantes igual hasta tiene su punto y lo mismo un día nos liamos la manta a la cabeza y nos dedicamos a pasearnos de pueblo en pueblo con una fragoneta vendiendo nuestras historias a quien las quiera comprar.

Un coche chiripituflautico, un día soleado, lleno de Dudu 564, lleno de sonrisas, lleno de vida, de colores. Un día duduespecial. Un día que para mi ha significado mucho. Un dududía en el que allá donde mirara veía puntos rojos adornando el lugar.  Siempre puntos rojos.

Siempre.


 

“Quiero sueños irreales…”

 

 

Ésta mañana me he despertado sobresaltado, eran las 3.32 horas en mi móvil. Y cuando me he despertado, lo único que me ha venido a la cabeza es una frase que inmediatamente he escrito en mi móvil para que no se me olvidara.

“Quiero sueños irreales, no verdades como catedrales”.

Y así ha quedado grabada para siempre en mi memoria. De madrugada y tras un mal sueño. No, no estoy loco por escribir una frase a medianoche. Tampoco lo estoy por haber pensado lo que he pensado. Y es que todo tiene una explicación. Son las 8.28 horas de la mañana y tengo un sueño que me muero. Últimamente lo de caer en brazos de Morfeo para que me acune en sus brazos y me produzca dulces sueños, parece que se lo ha tomado como el pito del sereno. Porque dormir claro que duermo, pero lo de los dulces sueños los debe estar teniendo otro. Como dice el Sr. Pintor cuando se despierta de la siesta y me cuenta que ha soñado con conejos azules y morados, con gatos y peras, con motos y carrozas, con reinas… Sueños irreales. Esos quiero que sean mis sueños.

Sueños que me hagan volar en un caballo loco, que me hagan reír y despertarme con una sonrisa, o simplemente soñar con la niña de Poltergeist y despertame acojonado en mitad de la noche. Pero serán simplemente eso, sueños irreales, que al despertar pueda pensar que era sencillamente un sueño y que no puede llegar a cumplirse de ninguna de las maneras.

Pero no, mi subconsciente debe estar castigandome por algo que claro, como es subconsciente, yo no se el por qué. Y trae a mi mente mientras duermo peleas, mas peleas, y si no has tenido poco, pues peleas. Y francamente, cansa mucho. Físicamente y mentalmente. Y sí, los que me conocéis saben que sí, que me encanta discutir, pero todo a su tiempo. Por la noche dormir, por el día, si se tercia discutir. Para todo hay hueco en la vida. Pero no, por la noche no, que me despierto por la mañana, o de madrugada y no se si lo que he soñado es un sueño o es realidad. Por favor Morfeo, trae a mi mente sueños irreales.

En fin, que empiezo un nuevo día en el que sabía que iba a escribir de otra cosa y mira por donde mis sueños se han paseado por delante para dejar constancia de ellos aqui. Y como no, aquí estan.


mago de oz
“… mirar a mi lado, agarrarme de una mano y seguir caminando.”

Hoy he recordado un caparazón que antiguamente vivía conmigo. Lo tenía a mi lado, por si tenía que guarecerme en él rápidamente. Lo limpiaba con esmero, lo lavaba, lo pulía… Era  mi caparazón.

Cuando algo me dolía, corría rápidamente a él, para evitar seguir sufriendo. Me valía de él para protegerme de los obstáculos que me encontraba en mi caminar por  baldosas amarillas… Era mi caparazón.

Muchas veces traté de dejarlo en casa, de vivir sin él experiencias nuevas. Cuando unas mariposillas comenzaban a revolotear dentro del estómago y hacían cosquillas el corazón. Ese era un buen momento para comenzar a vivir sin él. Pero la mayoría de las veces que las mariposillas venían, tal cuál comenzaban a morir producto de elementos tóxicos para el corazón. Y conforme veía que las dulces revoloteadores iban desapareciendo, más ansia tenía por volver a mi casa y refugiarme de nuevo en él… Era mi caparazón.

Siempre era, lo fue y será. Pero ahora en el presente ha pasado a formar parte de los objetos del desván. Desde hace un tiempo consiguieron que lo abandonara para no volver corriendo para refugiarme en él. Las mariposillas volvieron y con fuerza, para no marcharse mas. Encontré a la persona que aprendió y leyó el manual para el perfecto cuidador de mariposas, para ponerlo en práctica. Y el resultado es que las mariposas siguen, y de vez en cuando descubres que una nueva comienza a aletear de nuevo.

¿Y mi caparazón? Lo tengo guardado bajo llave, lejos de mi vista, para disfrutar lo que estoy viviendo ahora sin precauciones. Sí, sin precauciones. Porque no me hacen falta. Porque se que no tengo obstáculos delante mientras camino con mis zapatos de rubíes hacia la ciudad de esmeraldas. Y porque se que si un día hay un obstáculo, lo único que tengo que hacer es mirar a mi lado, agarrarme de una mano, y seguir caminando. Para eso no es necesario el caparazón.

Un Sr. Pintor, pinta mariposas por donde quiera que vaya. Pinta puntos rojos donde quiera que mire. Sueña historias llenas de sonrisas para compartir. Vivimos sin miedos, felices, seguros. Aunque en el fondo del corazoncillo uno siempre tiene el miedo de que cuando todo marcha bien, algo puede salir mal. Pero sinceramente, no viviré pensando en eso.

Siempre recurro al destino, el destino que mi amiga Naiara me cantó en una de las primeras canciones que oí a través de su magnífica voz hará unos 14 años. Y ese destino un día me puso al lado de un Sr. Pintor, que yo ignoré. Y volvió a ponerme al lado del Sr. Pintor, y fuí un chulo… Pero el destino volvío a ponerme a su lado, y desde entonces seguimos así.

Juntos, al lado.

Llenos de puntos rojos donde quiera que miremos.

Un punto rojo, es un te quiero.


 

Un cambio de rumbo. Ayer buceé en las profundidades de las miserias humanas, para hoy volar en las superficialidades de las divas divinas. Y es que uno no puede estar indignado, e indignado, e indignado todo el día. Bueno, miento, si que se puede estar. Pero ayer ya escribí, y hoy cambiamos de tema. Algo mas ligerito. Algo con ritmo.

Desde hace una semana mas o menos, he podido escuchar el nuevo disco de Lady Gaga, que ni siquiera se como es el título, creo que Born this way. Y sinceramente digo lo que pienso. NO ME GUSTA. Menuda decepción de disco. Con ésto puede que me gane grandes enemigos, pero es lo que hay. No me he caracterizado nunca por bailarle el agua a todo el mundo. Y es que cuando un disco lo tienes que escuchar, y escuchar, y volver a escuchar, para que te empiece a gustar, pues como que algo falla. Y no es que al final te parezca bueno a base de las repeticiones, sino que te acostumbras a oirlo y ya está.

Y de eso no se trata. Muchas canciones en el disco nuevo. Alguna rescato porque si me gustan, como el primer single que creo que da el título al disco, y dos mas, pero el resto, las considero bastante flojitas. Algún sonido nuevo, algún ritmo nuevo, pero poco mas de innovador en alguien como ella que es considerada como la revolución en el panorama de la música. Incluso en algunas canciones como The Edge of Glory o Hair parece como si estuvieramos escuchando un disco de hace 15 años incluso. No no, sinceramente no es lo que esperaba del regreso de la nueva aspirante a  reina del pop (con permiso de Madonna, por supuesto). Pero sobre todo, creo que a muchas canciones de las que ha escrito nuevas se les va toda la fuerza con la que pueden llegar a empezar, en los estribillos. La canción de Judas con su nuevo video, (espectacular como siempre, eso sí, a pesar de que cada día parece mas una indigente vistiendo), llega al estribillo y se pierde. Totalmente, además de sonar como a ya escuchada. Y ésto tambien pasa en otras que forman parte del nuevo disco.

Menuda crítica a la señora Lady. Esperemos que vuelva a las andadas y recupere la línea Telephone, Dance in the Dark, Teeth, Poker face, etc… Esa es la Lady Gaga que se llevó al mundo de calle.

Y sin embargo, en otro lado de la balanza, tenemos a la nueva Jennifer Lopez, que tras unos años de dar tumbos en el panoráma musical, presenta un nuevo disco al compas de la famosa Lambada que todos bailamos hará unos 20 años mas o menos. Y sinceramente, J.Lo, gana la partida pero por ventaja abrumadora. Es un disco que empieza y te va enganchando con cada canción, a su estílo. Unas lentas, otras para dejarse las gomas de las zapatillas en la pista de baile. Pero canciones redondas, con un principio y un fin, y que van crescendo con forme se escuchan una y otra vez. En ésta caso, la veteranía de la Lopez puede con la frescura de la Gaga.

Bailaremos seguro muchísimo mas contentos aunque suena raro On the floor que cualquiera de las canciones que se presentan en el disco de Gaga, a no ser que haga una reedición como en el pasado y meta canciones tan estupendas como pasó con aquel Bad Romance. Y si me estiro un poco mas, hasta incluso llegaría a decir que el nuevo disco de Britney Spears se escucha con mas alegria de que el nuevo de la Gaga. Yo por lo menos en mi coche los he escuchado los tres, y el de Gaga pincha pero muchísimo.

De fuera vendran, y con las viejas divas no podrán.