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Una noche como la de hoy te marchaste para no volver. Soy malo con las fechas, quizás sean diez años ya, quizá más, o tal vez menos. Pero mucho tiempo ya. 
Inocente, siempre niño, siempre adulto. 

Siempre único. 

Puede que muchas veces no lográramos entenderte. Y sé que muchas otras te entendíamos con solo mirarte. Recuerdo el tacto de tus manos de hombre de campo. Recuerdo tu olor, el roce de tu barba cuando nos abrazabas. 

Fuiste duro, hasta el final. Fuerte como una encina y valiente como los guerreros. Pocas veces te vimos quejarte de dolor, salvo cuando las luces se apagaban, la casa se quedaba vacía y te sentabas, derrotado, bajo la luz tenue del hogar. 

Qué difícil fue verte marchar, pero que paz nos dejó verte por fin descansar. 

Recuerdo la última vez que te vi. 

Tus palabras, tu mirada y mi última promesa aún sin cumplir. Creo que sabías que te ibas, pero nos demostrabas lo contrario.

Y al despertar, una mañana de Reyes, ya no estabas aquí.

Por la noche vinieron a buscarte, y quizá hoy aún sigas a su lado repartiendo regalos y sonrisas a todos los niños del mundo. 

Porque un alma tan pura, sincera y bella como la tuya no puede perderse en la nada para siempre.

Porque siempre estarás en nosotros que tuvimos el privilegio de sentir tu amor. 

Porque siempre te recordaré en el campo entre cabras, como corrías hacia mí y mi hermana para abrazarnos después de un tiempo sin vernos. 

Porque fuiste, eres y serás siempre nuestro tío Kiko.

Porque fuiste, eres y serás siempre mi padrino. 

Porque fuiste, eres y serás siempre mi ángel de la guarda. 

Vuela feliz y libre tío. 

Descansa tranquilo. 


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Desde un rincón me mira, desde la distancia. Quizá esperando a que me dirija a ella, que se asoma a través de una ventana.

Sin embargo no lo hago. No miro, porque no veo mas allá de lo que quiere saber.

Sin embargo lo hago. Si miro, y observo, porque quiero ver mas allá para explicarle lo que demanda.

Y al volver a observar, miro y veo. Que su mirada brilla en un universo de colores. Esos mismos colores que recuerdan a aquellas flores que siempre tiene en la memoria.

Colores que inundan su dia, y que persisten por la noche, atenuados por un manto de oscuridad.

Aunque por la noche no consiga ver nítido, encuentra un lugar donde la claridad, blanca, siempre blanca, le permite ver sus flores.

Aquellas flores que recuerda por su olor. Por su color, mezcla de morados , mezcla de rojos y azules. Mezcla de todo, partes de nada.

Flores que un día dejo de ver. Ceguera que le impidió seguir viendo mas nunca los colores de su vida. Unos ojos que se tornaron mates, inertes, ciegos. Para siempre.

Y su desconsuelo, lleno de lágrimas rojas por aquellos que nunca mas vería. Rojas, familiares, amantes, amigos, personas.

Desde entonces, olores, tacto, sensaciones. Pero en su recuerdo perdurarían para siempre aquellos colores que le dieron la vida y que cada noche, en su oscuridad, vuelve a recordar.

¿Que ves a través de unas líneas en un trozo de cartón? En principio en difícil encontrar sentido a algo que de entrada no lo tiene. Pero si iniciad una búsqueda de algo infinito, es probable que lo infinito termine sorprendiendo a quien menos lo espera.

Es una mirada el punto de partida. Una mirada y una flor. Y entre medio cuatro manos revolviendo colores como cada uno en ese momento siente.

Y a partir de ahí empiezo a contar una historia. Esta que hoy escribí, sin sentido o tal vez con todo el sentido del mundo. Quizá porque cerca de mi hubo gente que un día dejaron de ver sus colores rojos de alrededor, para siempre.

Por todos aquellos que dejaron de ver.


El Renglón Torcido

De repente la vida te sorprende.

Y un día por la mañana cuando te despiertas, con legañas aún en los ojos, te encuentras cosas así en el suelo de la cocina.

No hay una nota, no unas palabras bonitas, no puntos rojos, ni deseos de cosas infinitas. Simplemente dos artículos, una casquillo para una bombilla con adaptador para enchufe, y a su lado, delgadito, un pito, silbato o como quieran llamarlo.

Desde luego la cara de sorpresa es grande, la de extrañeza aún mas, y la de no dar crédito hace que las legañas, el sueño y todo lo demás, desaparezcan de inmediato. Y lo mejor de todo, es que esas caras de circunstancia, dan lugar a una sonrisa de oreja a oreja, comenzando así un día estupendo. Sonriendo como tiene que ser.

A partir de ahí, empiezan las elucubraciones, mientras la jornada comienza a preparase. Es decir, mientras te lavas la cara un poquillo, preparas el desayuno, etc. la cabeza sigue pensando en qué sería lo que querrían decir esos dos muñequitos que han aparecido en el suelo de mi cocina. ¿Que querrían decir? ¿Que significado habrá querido darle el Sr. Pintor a esas dos cosillas?

Y mientras sigues sonriendo por el hecho de sortearlos con los pies mientras vas de lado a lado de la cocina cogiendo la leche, el zumo, las galletas y tal y cual, me doy cuenta de que eso era realmente lo que tenía que pasar. Que sonriéra de par de mañana, que pensara en que las cosas están bien, pero fundamentalmente en eso. Sonreír a la ocho de la mañana. Misión cumplida.

Uno negro, otro rosa. Uno delgadito, el otro mas ancho. Con dos protuberancias cerca de su cabecita el negro, ¿que me recuerda ésto? Ahí solos, quietos, inmóviles, pareciendo que en cualquier momento echarían a andar para acompañarme en el desayuno.

Y mientras sonrío.

Como he dicho, de repente la vida te provoca sonrísas, haciendo que termines riéndote hasta de ti mismo. Siendo ésto último lo mas maravilloso que podemos hacer como terápia. Nuestra risa. Porque quién me iba a decir a mi que iba a estar haciendo hoy la comida a las nueve menos cuarto de la mañana. En efecto la vida sorprende con actos en los que no nos habíamos visto nunca, como preparar la comida porque quizá la persona que llegue a casa no tenga ganas de prepararsela, o quién sabe. Pero ahí estaba, cocinando, como hasta ahora no lo había hecho. Y mientras tanto volviéndo a sonreir.

Sí, en efecto, soy feliz. Bastantes desgracias he escrito en éstos últimos meses como para no escribir ahora que cada mañana me levanto con una sonrisa de oreja a oreja. Y mas encontrándome sorpresas a mis pasos que hacen que los días comiencen mas cerca de la ciudad de esmeraldas.


El Renglón Torcido

 

Bailemos hasta caer derrotados.

Vibremos al ritmo de la música hasta que nuestros pulmones agonicen por una partícula de aire.

Disfrutemos de los movimientos que nos permite nuestro cuerpo hasta sentir agujetas en el último músculo de nuestro de cuerpo.

Sin descanso, sin parar.

Bailemos al ritmo de la música. De nuestra música.

La que tu quieras.

No una noche, no unas horas, no un instante.

No.

Bailemos siempre, cada segundo de nuestra vida. Disfrutemosla hasta caer desfallecidos, cansados y sin aliento. 

No paremos ni un segundo, salvo para respirar y seguir moviéndonos al ritmo que marca nuestro cuerpo en cada momento.

No estamos en el mundo para pararnos, sin sentido y sin aliento.

No estamos para no sonreir. No estamos para no bailar.

Cada día que pasa es un día menos para que llegue el día en el que caigamos y nunca mas podamos levantarnos.

¿Que vas a hacer? ¿Esperar a que llegue ese día sin haberte movido?

Yo no. Yo me muevo. Y hoy bailo como si fuera el última día, porque nunca sabemos cuando será.

Aunque yo si se que hoy es el último día de mis 30, porque dentro de  tres horas exactas (son las 23.25h.), cumpliré 31. Y si algo tengo claro y he aprendido en el transcurso de éstos últimos 365 días es que no me voy a quedar quieto. No voy a estar esperando a que sucedan las cosas, sino que voy a ir en busca de ellas. Como he ido en busca de mis amigos, como he ido en busca del amor, como he ido en busca de la felicidad. Y aunque ésta muchas veces se resista, sólo hay que cambiar la banda sonora y bailar.

Siempre bailar.

 Porque si no te mueves estás muerto.

Porque si no te mueves, no vives.

Porque si no vives, se terminó.

Porque si bailas, la vida es mas bonita.

Así que todos a bailar, a disfrutar de éste próximo 21 de Octubre, conmigo.

Sonreír un segundo y pensar en lo que leéis.

Escuchad la canción y mover aunque sea el pie al ritmo de la música.

Vivir.

Ahora.

Es el momento de hacerlo.

Felicidades Javi, por el año que se termina. Lo hiciste lo mejor que supiste.

Hoy, bailo. Mañana más.

 


 

“Para diagnosticar correctamente, los médicos cambian constantemente de perspectiva. Partimos desde el punto de vista de los pacientes. Aunque normalmente, no tienen ni idea de lo que les pasa. Vemos al paciente desde todos los ángulos posibles. Descartamos posibilidades y buscamos información, intentando averiguar qué va mal.

Nos piden segundas opiniones, esperando que veamos, algo que quizá a otros se les haya pasado.

Para el paciente, otra perspectiva puede suponer la vida o la muerte. Para el médico, enfrentarte a todos los que estaban allí antes que tu.

Tras escuchar todas las opiniones y considerar todos los puntos de vista, por fin encuentras lo que buscabas.

La verdad.

Pero con la verdad no acabas. Empiezas otra vez. Con un montón de preguntas nuevas.”

 

Anatomia de Grey, Capítulo 6º, 6ª temporada

A 10 horas…