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La imagen del año, 25 años después. FELIZ NAVIDAD

La imagen del año, 25 años después. FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad:

A mi madre y a mi padre. A mi hermana y mis sobrinillos. Al Sr. Pintor. A tete. A mi familia la que está cerca de mi y la que está lejos tambien: los del bajo dcha, los del bajo izquierda, los que viven en la rochapea, los de sarriguren, los de Ansoain, los de Villava, los de arre, los que viven en la chantrea, los que viven en mi misma calle unos portales mas hacia abajo, los que viven en extremadura y hace un tiempo que no los veo, los que viven en zizur y en noáin, tambien en echavacoi y los que viven por el país vasco. Madre mía cuanta familia. ¿Me dejo alguien?

A mis amigos, a ver quien me dejo, jijiji. A Juanjo y a Camilo. A Naiara. A Erkuden, Erika, Leticia, Azucena, Vanesa, Irati, Miren, Miriam, JoseMiguel, Susana, Regina, Mercedes, Jesús, Ruth, Esther, Ainhoa, Vanesa, Ricardo, Juanfer y Ana. A Dieguito. A Luismi y Johan. ¡A la gentecilla! Pepo, Izas, Césares, Alejandra, mi medio cuñada M. Jose, mi medio cuñado Jesús. A Itzi.

A mi familia tudelana: cuñadicos, sobrinos, tíos y todos los de allí. Feliz Navidad a todos. Tengo ganas de bajar.

A mi medio familia de Ejea: Sergio, Ana, Susana, Nogue y Mena. Al chiquitín Iker. A mi otra media familia de Valareña: Ana, Ángela, Anita, Sua y Noa. ¡Que ganas de bajar a veros!

A la familia Grande, y ahora viene la frase fácil: una gran familia, jijiji.

A los que tengo lejos pero me acuerdo de ellos, ¡tenemos lo puesto!: Manolo y Pedro, Miguel, Luis, Fer, Noe, Medhi, Victor y quien se acuerde de mí a 2400 km.

A la gentecilla con la que hablo poco pero lo suficiente como para desearles feliz navidad: Juanrojo, Maite, Susana, Erik, Eduardo, Ainhoa y Rubén, AnaMati. A los malagueños, a los leoneses, al catalán Gasull.

A mis pintoras: Iruña Cormenzana, Blanca Abajo. A Cecilia y sus vecinos “salaos”.

A mis chicas currantes que llevan un mes trabajando sin mí: Ana y Patricia y a la loca de Coral y su tanguito. A la familia veterinaria, a Amaia.

A los perdidos de Bilbao, Javi y Jorge, y a Inma, Luis y su macaco, por extensión. Y a los que vinieron y mi accidente les chafó sus dias aquí. A Manu. Feliz Navidad.

A mi super compi de piso: Bego que gracias a su super hotel en Aínsa (bueno, de su hermano), en cuatro día que estuve allí, engordé 5 kilos los cuales aún no he perdido. A Ruth, Eva, Laura, Dani y Helena, tambien compañeros de piso en algún momento de nuestra aventura en Zaragoza. Bego, nos debemos una visita, ¿no?

A mis vecinillos: Edorta y Ricardo. A mi vecina de abajo que hace mucho que no la veo.

A mis compañeros de colegio que me alegran el día cuando nos encontramos y hablamos como si fuera ayer que jugábamos en el patio a darnos balonazos: María, Iñigo, Vanesa, Luis, Lorena, Lutxi, Alberto, Yoli… A Maite, Maritere o Teresa, como quieras que te llamemos, por haber hecho que éste año pudieramos volver a abrazarnos después de 25 años sin vernos. ¡Madre mía!

Y a la gente que me encuentro en mi rutina, a mis floristas de la acera de enfrente, a Loli que me lleva los papeles de mi seguro, a los chicos de la caja, a Idoya que aunque esté lejos aún me acuerdo de ella. A los clientes que se acuerdan de mi y pregunta en mi ausencia. A mi fisio que me trata muy bien.

A quién mas, a todos aquellos amigos del Facebook que aunque no tenga una relación directa con ellos, los veo, los leo y están. Lo mismo con toda la gente que lee mis paridas en Twitter. Feliz Navidad.

Y por último, sabiendo que me olvido a gente (que si lo hago, me disculpen por la omisión y espero que en un comentario os añadáis, por favor), el mejor deseo de Navidad es para todos aquellos que pasáis unos minutos de vuestra vida leyendo éstas palabras locas que un día decidí compartir con la inmensidad de las redes en lugar de guardarlas en mi cabeza.

Gracias por seguir ahí después de un año no tan prolífico como los anteriores. Vosotros sóis los que hacéis que siga escribiendo. A vosotros,

FELIZ NAVIDAD


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Alejado de los escritos, de mis renglones. Perdido en otros, quizá mas oscuros, mas tenebrosos. En su origen mas dolorosos pero ahora simplemente un hecho del pasado.

Vuelve el calor y pauso mis otras tareas para recuperar mi lugar perdido. Ese al que siempre regresaré, antes o después. Pero nunca marcharme sin decir nada.

Muchas historias en el tintero, tal vez demasiadas para enumerarlas una a una. Aunque imposible pasarlas por alto y dejarlas en el olvido.

Caminaré a través de ellas casi de puntillas pero así, cuando decida releer mis pensamientos torcidos, pueda recordarlos.

Mi camino de baldosas amarillas me ha llevado a recuperar sobremesas largas y felices junto a quienes han compartido mi vida en la ciudad del Ebro. Como los que se ven todos los dias, como quienes se cuentan las penas a la hora que se necesite. Como si la distancia que nos separa no fuera. No hubiera. Los amigos son aquellos que te reciben, te quieren, te gritan, te aconsejan y no te dicen lo que quieres ni necesitas oír, sino lo que tienen que decir en cada momento. Yo me he dado cuenta que los sigo teniendo, a distancia, pero están. Zaragoza, sois grandes.

Esa misma ciudad, en la que en una noche especial conocí también a alguien grande. Y en su grandeza, un abrazo sincero e intenso y una sonrisa que iluminaba la oscuridad de aquel teatro. Sencilla, maravillosa y cercana. Especial, con ángel y una belleza serena. Abrazos pintorescos, risas con sabor a carnicero que pinta cuadros en francés. Y un trozo de atún rojo a la plancha en su recuerdo. Genuina. Gracias Verónica, espero repetirlo.

La primavera nos envuelve, el sol nos calienta. Hoy en especial, nos guarda desde las alturas y hace que mi camino amarillento hoy brille especialmente. Y lo hace, porque anoche mientras cenaba con mi Sr. Pintor nos dimos cuenta de una cosa.

Muchas veces nos dicen que “cuanto lo vas a hacer sufrir, pobrecito” o ” lo mal que lo va a pasar”. Opiniones a veces a modo de guasa, seguro que la mayoría de ellas en mitad de una conversación chistosa y sin querer ir mas allá. Pero que vienen bien porque surgen en mitad de una conversación en medio de una cena que da lugar a que podamos reflexionar sobre ello.

Nosotros, el y yo, por suerte o por desgracia, hemos estado separados. Y gracias a eso, hoy puedo decir que cualquier sufrimiento que podamos vivir estando juntos no es en absoluto comparable al sufrimiento por estar separados.

Moñas, sí, mucho. Sincero más. Es así.

Mis caminos están llenos de puntos rojos. De historias paralelas que contar y de multitud de planes por hacer. Comienza una etapa fascinante y espero no perderme en mi mundo para poder llegar a torcerme en mis renglones.

Besos de vuelta. Y perdón por la ausencia.


El Renglón Torcido

"Entre doctores"

Pásan los años y allá queda en la distancia aquel septiembre de 1998 cuando por primera vez nos vimos las caras, sentados y nerviosos en los pupitres de la facultad.

Ayer volví a recorrer aquellos pasillos que nos juntaron, hace ya casi catorce años.

Y lo hice con vosotros, señores doctores.

Las dos veces me he emocionado de compartir ese momento con vosotros.

Dr. Ozé con sus josadas.

Dr. Moola con erikadas.

Dos personas y dos momentos.

Y detrás de ese momento que compartí con vosotros en el aula de grados, quedan atrás muchísimos años de trabajo, esfuerzo, tesón y paciencia.

Pero sobre todo trabajo.

Muy duro, durísimo.

Pero con la recompensa de haber llegado a ese final.

Y ese final hizo posible que pudiera volver a veros y a abrazaros.

¡Cuánto hemos crecido chiquillos!

Ya no somos aquellos chicos con dieciocho años que se juntaban en la cafeteria de la facultad. Ni los que se volvían locos para cuadrar prácticas, exámenes ni historias de estudiantes.

La vida nos ha regalado a los tres 14 años más de vida. 

Y aquí estamos, con 32 años y los que la vida quiera regalarnos más por delante.

Hemos crecido, hemos madurado. Hemos aprendido y hemos trabajado, duro para llegar a donde estamos. Yo no soy doctor,ni aspiro a serlo. Admiro y mucho el trabajo que habéis realizado. Sois fuertes, personales y  constantes. Sois cerebritos, sois importantes. Sois geniales. Divertidos, locos y afables.

Sois amigos. Y sobre todo y a pesar de los años, seguís estando ahí. Cada vez que volvemos a vernos es como si el tiempo que compartimos se detuviera en el momento en el que dejamos de vernos y se reanudara cuando nuestros ojos vuelve a cruzarse.

Mis chicos se hacen grandes.

Sois doctores.

Sois grandes.

Mi admiración y mi respeto.

Os quiero mucho.

 


 

El Renglón Torcido

 

Una cena entre amigos, puede dar lugar a mucho tipo de conclusiones y valoraciones en cuanto a las cosas que vivimos día a día y que compartimos con los demás. Las charlas con individuos siempre, digo siempre, son constructivas. Nunca, en absoluto destructivas. Siempre se aprende algo nuevo, independientemente de si la conversación verse sobre como está el tiempo en Zaragoza, cuándo fue la última vez que lloramos o cuando tuvimos sexo salvaje. De todas y de cada un tipo de charlas, hay que sacar por lo menos algo en positivo. Algo que nos ayude a que nuestro día a día sea mejor. Con mas sonrisas en nuestra cara para iluminar la de los que nos rodean. Con mas carcajadas sonoras que suenen en oídos ajenos, siendo para ellos melodías de alegría.

Ayer sacamos alguna que otra conclusión bastante interesante. Y no, no producto del alcohol que a veces acompaña mis cenas y mis estancias con individuos. Sólo fue una cena tranquila, a la que Las Vegas no pudo unirse, pero que compartió los previos. Madonna Lilly y yo, yo y ella. Sólos, como muchas veces hemos estado, y desestado, y desvariando, y riendo, y por qué no, tratando de arreglar el mundo a golpe de palabras y sentencias mundanas que no iran mas allá de donde alcanza nuestra vida.

¿Y que descubrimos? Pues algo interesante respecto a lo que se puede o no leer en éste blog y las consecuencias que su lectura puede traer a mi vida diaria. Ahí va:

Punto 1: NO leas éste blog si a consecuencia de su lectura, algo dentro de tí te va a hacer sentir mal y, como consecuencia, repitiéndome, hace que tengas la necesidad imparable de mensajear al escritor del mismo para pedir explicaciones de mis palabras.

Explicación: escribo, siempre lo hago. Para bien o para mal. No estoy en continuo sufrimiento ni mucho menos, sólo que las veces que escribo tristezas, son pequeños momentos de debilidad que comparto con mi ordenador. Nada mas. Cualquier parecido con la realidad, es mera ilusión óptica de vuestras pantallas.

Punto 2: NO leas éste blog si a consecuencia de su lectura, vas a cambiar de opinión y en lugar de un polvazo estupendo y apoteósico, lo que quieres conmigo es que hagamos punto de cruz.

Explicación: escribo, siempre lo hago. Me repito. Estoy bien, a ratos mejor a ratos no tan bien, pero en definitiva estoy bien. Hablo de sentimientos porque me es mas fácil hablar de ello que escribir de otras cosas, como el sexo. Pero que se le va a hacer, soy una persona. Soy un chico de 31 años que obviamente tienen necesidades como toda persona viviente que hay sobre la faz de la tierra. (Y aquí inciso para meter algo reactivo: ¿No a la fornicación? Manda huevos con la Iglesia) Evidentemente y retomo la explicación, los actos sentimentales que acompañan mi vida influyen en el día a día, pero ese día a día no tiene que verse influido en nada mas. Así que si quieres algo conmigo, no hagas caso a lo que escribo. ¡Estoy loco! ¡Y se me va la cabeza sobre todo cuando escribo! No os toméis en serio todo lo que cuento porque entonces eso si que me volverá a mi loco.

Punto 1 y Punto 2, ¿no había mas Madonna Lilly? Pues sinceramente no me acuerdo, porque después de decir lo de “no lo leas si te vas a enfadar” y “no lo leas si no vas a querer follar”, pues llegó la carta de postres y con ella la dura decisión de elegir que clase de helados queríamos tomar. ¡Y fué muy difícil la decisión eh!

Pues lo dicho. A vivir que son dos días. Buen fin de semana.

 


 

El Renglón Torcido

 

Si alguien me conoce, puede contestar a ésta pregunta perfectamente. Pero el caso es que hace poco, un día de ésta semana, probablemente el jueves o el viernes, una clienta me  lo preguntó en el trabajo. La cosa fue a raiz de que el sábado pasado, realicé un viaje a la ciudad del Ebro con dos individuos, Prada y Las Vegas. Habíamos quedado en que a mi salida del trabajo el sábado, nos montábamos en el coche y emprendíamos rumbo a fiestas del Pilar, porque indiviuo Ejea nos esperaba para comer. En el trabajo, después de aquella apoteósica salida el finde, al que siguió otra escapada más, pero esta vez yo sólo, dicha clienta me preguntó que qué tal por Zaragoza. Yo lo contesté que muy bien, que en fiestas uno siempre se lo pasa bien. Y después me preguntó, ¿pero tienes familia en familia en Zaragoza?

Lógicamente, lo primero que contesté es que no, sin pensarlo. Dije: “no, familia no, tengo amigos”… E inmediatamente lo segundo que le contesté a mi clienta fue, “sí, si tengo familia, ellos son mi familia”… Eso mismo le contesté.

¿Cuando alguien con quién no estás emparentado de manera directa pasa a formar parte de tu familia? Incluso hay veces que esas personas que comparten tu vida, comparte (y redundo) más que muchos de la familia. Y yo precisamente no me quejo de la mia en absoluto porque los tengo, se saben y me comparten muchos minutos de mi vida: familia os quiero. Pero y ellos… Ellos que aparecen de la nada, sin esperarlo, sin buscarlos. Se encuentran. Un día estas en un autobús, otro día en un pupitre, comienzas a hablar y ahí se quedan. Otro día estás esperando para entrar en una clase, y cuando la persona que está dentro de la clase te cruza su mirada, sonríe y ahí se queda. Otro día alguien en un momento dado de tu vida te invita a tomar café, un café de Prada, digamoslo así y el café viene con compañia, y ahí se queda.

Ellos están, ellos son, y espero, seguiran. Ni menciono, ni individualizo. Son ellos, mis amigos. Aquellos que han llorado conmigo la lista de amores escrita cuando cupido no tenía puntería. Esos que han reido junto a mi cuando nos ha tocado reír. Que sonríen, que escuchan, que te abrazan como si fuera la primera vez que te ven, cuando por sopresa apareces en un bar oscuro de Zaragoza un 11 de Octubre en mitad de la celebración de un cumpleaños.

Amigos que vuelven del pasado, para retomar algo que nunca debió perderse y que se ha retomado con mas fuerza que nunca. Que te cuidan haciendo brochetas de solomillo y te abrazan mientras duermes como dos niños pequeños.

Ellos, mi familia, que proximamente me reencontraré con muchos de ellos desvanecidos con el tiempo pero firmes en el corazón. La Y griega vasca se conecta en 13 días, en menos otra conexión. Esa otra mas individual, mas Individual,mas Las Vegas, mas Prada, mas Monty, mas Rubicop, Individuas Poli y Poquet (nuevo bautizo), mas Ejea y mas Renglona Torcida. Y después nuevas mas, aquellas a donde me lleve mi tiempo libre para poder disfrutar de todos y cada uno de ellos.

La distancia dicen que hace el olvido. Yo no lo creo. Yo diría que la distancia, si quieres, hace el olvido. El olvido de aquellas personas que algún dia formaron parte de esa familia que son los amigos, y que de repente comenzó a esfumarse. Yo no me olvido de nadie, nunca. Ni de los que están, ni de los que dejaron de estar por circunstancias de la vida. No olvido aquellas tardes de paseos por independencia, ni los cafés a las 3 de la tarde en la terraza de la facultad. No olvido los disfraces, no olvido el mendebaldea, ni las broncas que echo de vez en cuando. Cuantísima paciencia tiene aqui mi familia que sois vosotros.

Os recuerdo porque quiero recordaros que a pesar del tiempo, no me olvido de nadie. Si cierro los ojos puedo escuchar cada una de vuestras sonrisas dentro de mi cabeza. Todas y cada una. Unas sonrisas suenan mas cerca, otras mas lejanas, quizá separadas por océanos. Quizá ahora mismo hasta resuene alguna en la China, o próximamente.

Cuando hablaba de que cupido no había tenido puntería, no tenía razón. Porque la mas maravillosa punteria que ha podido tener es traer a cada uno de vosotros MIS AMIGOS, a mi lado. Porque el amor que da un amigo no se compara a ninguno de los demás. Porque es amor incondicional, no egoísta, con los defectos y las virtudes. Porque están cuando estas bien, enamorado, y estan cuando estás mal, dejado. Porque te acompañan, si, por ese camino de baldosas amarillas del que tanto hablo.

Alguna pena tengo, porque presiento que en éste último año algún buen amigo se quedó en el camino porque no nos dió tiempo a mas. Os pienso, mucho, aunque me duela a veces, pero os pienso. Los domingos ya no son como eran cuando los compartíamos. Pero la vida es así, y cupido se equivocó.

¿Tienes familia en Zaragoza? Si, por supuesto, la tengo… Dentro de mi corazón, y afortunadamente siento que tengo familia en muchos puntos de la geografía española. Y como en todas las familias, hay lazos mas cortos y lazos mas largos, con unos te llevas mejor y con otros peor. Pero son, y siempre lo serán.

Quizá éste sea el balance de mi año con 30 años. Que mejor manera de terminarlos que dedicándome a todos vosotros que estáis ahí. Uno és, según de quien se rodea. Si me pongo a mirar a cada de uno de vosotros, ojos, a los que me miro y ahora mismo pienso, y veo lo magníficos que sois, me doy cuenta de que debo ser un tio genial. Genial por tener a gente cerca como la que tengo.

Da igual estar solo, o en pareja. Da igual tener más o menos dinero a fin de mes en el banco cuando han pasado todas las facturas. Da igual que llueva, haga sol o estemos ahora mismo en un “Veroño”. Da igual como haya sido éste año porque termina con vosotros, los que siempre estáis.

Por todos vosotros. Sabéis quienes sóis.


El Renglón Torcido

 

Conozco el amor. Desde hace tiempo. Hemos compartido muchas tardes juntos. Con sus alegrías y sus penas, pero con el señor amor siempre al lado. Y me he dado cuenta de que hemos crecido juntos, evolucionado, avanzado… Hemos vivido diferentes etapas. Hemos vivido en diferentes etapas. Distintas épocas, distintas edades. Hoy cuando estando en el trabajo he encontrado una carpeta, transparente, vacía, me he dado cuenta de que hay llegado el momento de empaquetar y cerrar la famosa caja que hace tiempo dejé a medio cerrar. Y la carpeta se ha venido conmigo a casa. Lo malo es que por el camino, uno tiene familia en el bloque, y me la he dejado en casa de mi tía. Pero a lo que vamos, que la he encontrado  y pronto servirá para guardar, de nuevo, grandes y bonitos recuerdos.

Y esa carpeta formará parte de esa pequeña biblioteca de momentos compartidos con ese, mi señor amor que tantas y tantas bonitas horas me ha hecho vivir. Porque al señor amor lo conozco desde hace ahora diez años. Cuando por primera vez me enamoré: detrás de la barra de un bar, una sonrisa y unas chapas de cerveza. Las horas, y el tiempo hicieron el resto. Un primer amor que me enseño lo que se tenía que sentir. Ese primer amor que siempre se recuerda con ternura, con alegría y ahora con la distancia de los años, con el sentimiento de la inocencia que se sentía en aquel entonces. Fue una noche de jueves, con Erkuden y ¿Juanfer? (no lo recuerdo), en el bar Urano de Zaragoza. El señor amor 1, camarero de profesión y el menda lerenda, estudiante de oficio. Sonrisas, lanzamientos de chapas de cerveza desde la barra hacia mi, y al final un número de teléfono escrito en un papel con una primera cita al dia siguiente en los cañones del corte ingles del paseo las Damas. A partir de ahí comenzó algo que no duró demasiado. Lo justo para que terminara en mitad de examenes de febrero, con la consiguiente catastrofe en los resultados de los examenes. Posteriormente hubo una reconciliación, que me llevó justamente hasta los examenes de junio, donde volvió a terminar, y ésta vez para siempre. El fin del primer amor me trajo horas y horas de lágrimas durante una noche bajo la canción de Rosana “Si tu no estás aqui”. Pero además me trajo amistades que a día de hoy comparten el tiempo conmigo. ¿Que aprendí de mi primer encuentro con el amor? Que cuando hay examenes es mejor no hablar con tu novio no vaya a ser que quiera dejarte… No, en serio. Aprender, no se, me dejé llevar por la primera vez en todo. Disfruté, reí, lloré. El final de la inocencia, y el comienzo de mi nueva vida entre hombres. Don Luis, gracias por aquellos momentos. Pocos recuerdos tengo guardados en la carpeta, mas bien ninguno. Quizá alguna foto escondida en algún libro, poco mas. Muchas mudanzas hubo de por medio, y pocas cosas llegaron hasta éstos días. Pero el recuerdo y la amistad siguen tan cerca que éste sábado se volveran a juntar.

Un segundo encuentro con el amor, me hizo aprender que las relaciones son cosas de dos. Que hay que aprender a confiar en el otro, y que cuando desconfías de algo al final va y tienes razón. Sinceramente pienso, y lo digo hoy aunque creo que la persona en cuestión lo sabe, creo que en mi segundo encuentro con el amor no se me trató de la manera correcta. No fue suficientemente justo conmigo. Plaza del Castillo, San Fermín, cienes y cienes de personas bailan en medio de la plaza cuando dos miradas se cruzan en la distancia. Se miran, se ven, se saben. Y de repente esa mirada se pierde en la distancia. Desaparece en una multitud roja y blanca. Y no se ve mas. Yo me lancé en su busqueda, ¿por qué? No lo se, pero fui detrás de aquellos ojos. Después de un tiempo de buscar y no encontrar, de repente encontré a una amiga de aquella mirada. Le paré, y le pregunté sin conocernos: “Oye, perdona, ¿tu amigo?” y ella me contestó “Sí, es gay.” Y tras éstas palabras apareció de entre la multitud y fué el comienzo de una historia de amor qur duró un año. Una historia de amor en la distancia, separados por cuatro horas de viaje. León – Pamplona – Zaragoza. Kilómetros y kilómetros. Y una nueva manera de entender el amor, con mas edad, con mas intereses, con mas necesidades, pero con problemas que al final hacen que la distancia que nos separaba fuera mas grande que el amor que nos unía. ¿Que aprendí? Que me encanta León y que tengo que volver. Que las cosas es mejor hablarlas claramente sin dejar lugar a malentendidos. Y que se puede estar enamorado en la distancia, tanto como en la cercanía. Don Leo, gracias por formar parte de la escuela de la vida. ¿Que hay en su carpeta? Fotos que aparecen, películas que lo recuerdan, anécdotas vividas. Un año juntos y muchos recuerdos.

El tercer encuentro con el amor, el mas duradero, el mas tormentoso. El mas instructivo y el que mas gente  conocío. Una tarde de compras, un H&M, unas camisetas que me gustaban puestas en el cuerpo de un dependiente. Ahí empezó todo. Miren e Irati fueron testigos del momento, del inico. Yo no me atreví a decir nada, solo a comprar dos camisetas y a que me atendiera él, nada mas. Al salir de la tienda hablamos los tres de lo guapo que era el dependiente, y les dije que si querían pedirle el teléfono por mi, que yo no me atrevía. Y allá fueron ellas. Pidieron su número y me lo trajeron fuera de la tienda. Conseguido, tenía el número. Y yo, tonto de mí, y por intercambiar aunque fueran dos palabras con él, me inventé la tontería de que había un número que no entendía en el papel que me entregó. “¿Éste número es un 9 ó un 4?” Esa fué la primera conversación que tuve con el nuevo episodio del amor. Aquella misma noche quedamos, dando la casualidad de que viviá al lado mia en Zaragoza. Al salir de trabajar, quedamos en un banco, en la plaza frente a la iglesia de San Antonio. Nos juntamos, era una noche fria de invierno. Comenzamos a hablar. Tonterias como siempre en la primera cita… Y a partir de ahí, volvió a surgir el amor, y ésta vez para tres años. Una historia de amor muy bonita, mucho. Pero tambien muy triste, por las continuas idas y venidas. Ahora estamos ahora no, hoy sí, mañana ¿quien sabe? Quizá sea de la que mas he aprendido, y no mientras la viví sino a posteriori. Porque no se puede tratar a la gente como lo hice yo. Porque nadie es quien para volver loco a nadie. Porque quizá con el tiempo me he dado cuenta de que lo que yo hice pasar a ésta persona yo no lo hubiera aguantado ni de coña. Relación tormentosa, enamorados hasta la médula, pero ni contigo ni sin tí. Aprendí a que las segundas partes pocas veces salen bien. Y mucho menos las terceras, cuartas, quintas, etc. De ésta relación guardo muchos recuerdos, escritos, manuscritos en libretras, libros. Fotos, recortes, dibujos, incluso camisetas. Todo guardado en su caja correspondiente. Don Diego, gracias por todo el tiempo que estuvimos juntos, y por supuesto, perdón por los malos momentos. La mas tormentosa y difícil de olvidar, aunque a día de hoy es cuando podemos sentarnos en una misma mesa y tomar una copa sin tensión. El tiempo pone todo en su sitio…

El amor ha dejado tres huellas… Tres que he contado hasta ahora… ¿La cuarta?

La cuarta es dura de contar porque aún escribo de ella de vez en cuando. Un amigo en común, conocidos de vista, un saludo en un bar un sanfermin txikito, y un comienzo hace justo ahora casi un año. Un beso en un bar, en la celebración de mi cumpleaños. Dentro de 16 días vuelvo a cumplir, no ha pasado ni un año y ya terminada. Buff… Dos personas, confundidas… El amigo de Óscar, el veterinario por un lado… Y el desconocido del barbacoa y del nicolette por el otro, que al final resulta que son la misma persona. A partir de ahí, una primera cita interrumpida por el teléfono rojo, que dió lugar a una segunda cita. Tendría que haber terminado ahí. Aunque como yo era el de Burlada, “como muy lejos, me quiero echar un novio de Burlada”, pues tuve que llegar yo para quedarme. Y a partir de entonces, casi once meses de amor y una canción inacabada. Meses, sí, nada mas. Pero los mas intensos que he vivido en mi vida. Tratando de no cometer errores hechos en el pasado, tratando de caminar dia a día sin causar daño, entregando todo sin esperar nada. Queriéndo como se, como he ido aprendiendo todos ésto años. Pero todo llega a su fín, y del fín de ésta última ya he hablado bastante. Los puntos rojos estallararon en mil pedazos, y la cuarta visita del amor a mi vida terminó dejando paso a mi singularidad. Don César, señor pintor, gracias por pintar mi vida de colores hasta ahora desconocidos para mi.

Hoy he traido una caja para cerrarla. Para cerrar el último capítulo. Por lo menos lo intentaré, quizá si están todos recogidos sea mas fácil no tropezar con ellos. De mi última visita del amor he aprendido que hay que ser valiente cuando realmente nos interesa lo que tenemos al lado. Que no tenemos que intentar cambiar a quien tenemos al lado sino vivir  juntos, respetando y siendo dos lineas paralelas que llevan el mismo camino. He aprendido a querer como no lo había hecho hasta entonces. Pero tambien he aprendido que cuando mas bonito y perfecto parece todo, mira al suelo no vaya a estar desapareciendo sin darte cuenta.

En su caja no cabe todo lo que tendría que guardar. Demasiados recuerdos, demasiadas notas, demasiado todo como para ser guardado. No hace ni dos meses que terminó. Aún no se ni como encajarlo todo para que no me encuentre puntos rojos por el camino. Pero como siempre ha sido, en unos casos mas, en otros menos: tiempo al tiempo.

 A ver si la próxima vez cupido tiene un poco mas de punteria…


El Renglón Torcido

 

¿Y por que no sonreir y terminar bailando hasta que duelan las rodillas?

Como dice la canción, soñaré que puedo volar para alcanzar el cielo… ¿Y si puedo volar, donde iré? Pues lejos de aqui, y cerca de todos. De todos aquellos que ésta canción trae a mi mente, y que provocan una sonrisa mientras las letras salen a traves de mis dedos.

Hay veces que nosotros mismos nos metemos en un bucle del cual no podemos salir si no nos paramos en seco y cambiamos de dirección.

¿Y si cambio de dirección?

O simplemente, me pregunto, ¿y si ya la he cambiado y tan siquiera me he dado cuenta?

Hoy he elegido una canción diferente a las que solía poner. Tal vez sea un espejismo, o simplemente sea que hoy tengo un buen día. Quizá mañana vuelve a los melodramas, a las comedias negras y los fados tristes con canciones desesperadas.

Pero sinceramente, hoy, no. Porque no, y punto.

Y el punto tiene explicación.

Llevo el teléfono rojo (para los de la LOGSE, estoy de guardia). Y bastante coñazo tengo ya encima como para llegar ahora y divagar deprimido entre los pensamientos oscuros de mi cerebro.

No toca.

Bailo al ritmo de la música, mi música. La que decido poner cuando el silencio se adueña de mi casa. Cuando mi voz no se oye mas que dentro de mi, y morfeo se aproxima  para llevarme en sus brazos a tener lindos sueños.

Y por supuesto sonrío.

Porque ésta canción siempre me trae buenos recuerdos, de gente que ahora no veo y que en su dia me compartieron. Y por eso hoy viene aquí. Por todas aquellas risas que un día sonaron al unísono y que hoy hace que me vaya a dormir con su recuerdo brillando en mi cabeza.

Comienzo una semana tal vez dura, es seguro un si.  

Tal vez triste o tal vez triste.

 Porque mañana es martes y trece, y prefiero no recordar que el tiempo pasa volando, y que hace un mes algo cambio para bien o para mal. Prefiero no recordarlo pero lo recuerdo quizá con la esperanza de que afrontando las cosas, mirándolas a la cara, el problema sea menos problema.

Un dia tras otro.

Y yo sigo caminando.

Ese caminar traerá un fin de semana donde probablemente las nieblas que se ciernen sobre mi cabeza desaparezcan.

Aunque…

¿Sabéis lo malo?

Que quizá esas nieblas…

Se tornen en nubes de tormenta…

En truenos…

Relámpagos…

Que sonaran, si, en mi cabeza.

¿Pero por una resaca?

 

 

Buena semana.