Archivo mensual: agosto 2011

 

Círculo de bellas artes

Las tardes de invierno por Madrid

 

¿Donde se fueron “las tardes de invierno por Madrid” y “las noches enteras sin dormir”?

¿Presiento que se acerca el final?

“Estoy cansado ya de inventar excusas que no saben ni andar.

Y hoy solo quiero creer…”

¿Que creemos?

Hay veces que es mejor no creer, sino vivir con las certezas de lo que sabemos. Aunque a veces esas certezas sepan a café con sal y den ganas de llorar.

La vida no se trata de ganar o perder, que mas da eso cuando lo que la realidad nos dice es que perdemos cosas por nuestro camino. Cosas que se quedan atrás mientras los días pasan sin más.

Sin mirar atrás.

¿Y las noches de invierno por Madrid? ¿Puedes contar conmigo?

Hay veces que una determinada letra de una canción que has podido llegar a oir mil veces, de repente un día la escuchas de manera diferente. Y encaja en la banda sonora de tu camino. Donde encuentras señales de las que hablé recientemente.

Señales que hablan de recuerdos, de noches sin dormir, de morir de amor. De verte esperando en mi portal.

La vida pasaba.

“La vida se pasa y yo me muero, me muero por ti.”

Esa vida que guionizamos en una dirección y ella se empeña en llevarnos por donde le de la gana. Tratamos de hacer películas bonitas, aunque muchas veces se tornan tristes llenas de dulces locuras que hacen que paguemos condenas.

“Vendo dos entradas caducadas que eran de segunda fila y que en la vida romperé.” 

“Vendo dos butacas reservadas hace siglos que ahora creo que en la vida me senté.”

  

 

Las ganas de llorar tal como vienen se van, dejando  un rastro rojo a lo largo de las mejillas que el tiempo hace desaparecer para no dejar una nueva huella de la desgracia.

Los momentos se distancian en el tiempo, llegando a tornarse recuerdos amargos que aparecen en la memoria en el momento mas inesperado. No hay sueños, no hay realidades. No hay nada. No hay un mundo a nuestros pies. No hay baldosas amarillas por donde caminar que sean estables. Todas se mueven.

Pero hay música.

El director comenzó a tocar, y los pies empezaron a moverse. Notas que nos llevan a canciones que recuerdan historias. Canciones que decoran un día tras otro. Y a cada momento te hacen pensar que eres afortunado, no porque lo que suceda pueda llegar a ser bueno o malo. No.

Afortunado porque suceden.

Y si siguan sucediendo es que sigues estando vivo.

 


Dónde están los planes por hacer?
Dónde se van los planes que caen en el olvido?
Hay un cielo para los planes no realizados?
O tal vez un infierno?
Empezamos por uno, continuamos con otro. Aunque con calma y sin pajaritos en la cabeza. Pero comienzan a llegar sin darte cuenta. Aparece un viaje por hacer, un sitio por descubrir, unas páginas por escribir adornando nuevas imágenes de tu vida.
Nuevos horizontes…
ROTOS en pedazos…
Y donde irán si no los veo. Donde están si no fui tras ellos.
Donde fueron si me cambiaron el camino por el que yo caminaba seguro hasta tropezar.
Al cielo o al infierno…
Curioso el infierno, que es rojo…

P.D: odio escribir desde el iPhone porque no tiene signos de interrogación…


Señales o casualidades…
Señales o traición del subconsciente…
Misterios de la mente.
Mas bien, recuerdos.
La cabeza nos engaña en cuanto tiene ocasión:
Obras de teatro, libros, principitos y otros cuentos… Apellidos, Sancho panza, y otros relatos.
Galerías de arte, Torres y patios…
Y después nada.
Señales de que. Señales de nada.
No hay decisiones que tomar.
No son señales, son recuerdos.


Iruña Cormenzana Lopez

 

Media vuelta.

Para no pensar.

Con la mirada fija en un director de orquesta que ha dejado de dirigir. Un director que adquiere tonalidades rojas, ese color del que tanto he hablado de un tiempo a ésta parte.

¿Y ahora que?

Vuelta a empezar.

Director, te pido ayuda para no perderme. Te pido ayuda para encontrar un buen camino que seguir, sin más obstáculos que los mínimos necesarios que tiene que haber. Director, estoy perdido frente a tus rojos; ya no veo los puntos, se nublaron ante mis propios ojos borrando el camino de baldosas amarillas.

¿Y ahora cómo?

¿Cómo levanto los pies con lo que me pesan?

¿Cuánta gravedad influye sobre ellos que me clavan en el suelo?

Director, toca una canción a ver si reaccionan con tu melodía y avanzan a caminar. Toca una vez mas y haz que se mueva. Comienza con notas que sirvan de inicio, de marcapasos para un corazón detenido, congelado en un instante. Ese instante en el que me di la vuelta en un día de calor de verano.

Y ahora de espaldas al mundo, hablo contigo, director. Y te cuento sin que se entere nadie que necesito tu música para volver a encontrar un camino que perdí. Ese que siempre me llevará a la ciudad de esmeralda.

 


Adele

 

“¿Cuándo te veré de nuevo?

Te fuiste sin despedirte, ni una sola palabra dijiste. Ni un beso final para sellar ciertas grietas.  No tenía ni idea del estado en el que estábamos metidos.

Se que tengo un corazón inestable y disgustado, y una mirada distraída y una pesadez en mi cabeza… Pero,

¿no te acuerdas?

¿No te acuerdas de la razón por la que me amaste antes?

Cariño, por favor, recuérdame una vez mas.

¿Cuándo fue la última vez que pensaste en mi? ¿O es que me borraste completamente de tu memoria? A veces pienso sobre donde me equivoqué, y cuánto mas lo hago, menos sé.

Pero… ¿No te acuerda? ¿No recuerdas la razón por la que me amaste antes?

Cariño, por favor, recuérdame una vez mas.

Te di el espacio para que pudieras respirar. Mantuve la distancia para que pudieras ser libre. Espero que puedas encontrar la pieza que te faltaba, para traerte de vuelta a mi…

Cariño, recuerda que me amaste.

¿Cuándo te veré de nuevo?”

 

Adele, “Don’t you remenber”


Silencio

 

 

Que se te caiga un cuadro que tienes colgado de la pared, en mitad de la noche (o madrugada), y de repente abrir los ojos y ver que son las 5:50h, pues crea un cierto desasosiego en el cuerpo, que evita que vuelvas a dormir placidamente hasta que suene tu despertador.

Y es que uno es un poco supersticioso, por no decir maniático y presunto candidato a padecer un TOC de mayor (trasntorno obsesivo compulsivo). Y que pasen éstas cosas, pues un menda empieza a achacarlas a explicaciones varias que sólo pueden aparecer en un cerebro transtornadamente torcido como el mío.

No es un cuadro cualquiera, es un cuadro que el Sr. Pintor me regaló por navidades. Un silencio, un punto rojo y un gato. Un cuadro especial, que después de llevar mucho tiempo apoyado encima de la cajonera de mi habitación, pasó a formar parte de la colección de colgados de mi casa. Un cuadro que cada noche cuando me acuesto en mi cama me observa desde las alturas. Este es el primer punto del acojone mañanero: vamos, que no es una lámina de un bebe de esos que les hacen fotos, no. Es un cuadro especial.

Punto dos, las 5:50h. ¿Y por qué esa hora? Pues porque desde hace un tiempo a ésta parte, de vez en cuando, por no decir habitualmente, duermo con una personilla pintora, que a las 5:50h. de la mañana, le suena su despertador para empezar su jornada de trabajo. Y de aquí el siguiente punto de acojone de la historia.

Pues además, le juntamos que hoy he dormido sólo en mi casa… ¡Para hacer una peli de Poltergeist de eso! Hoy he dormido solo, no sonaría un despertador a las 5:50 horas. En lugar de despertarme a mi hora habitual, lo hago sobresaltado por un ruido tremendo en mitad de la oscuridad, que no sabía si se me estaba cayendo el techo encima o si habia entrado alguien por el balcón a darme los buenos días. Acojonado hasta que enciendes la luz y ves que el cuadro ya no está en su sitio. Y respiras aliviado. ¡Ah, es sólo el cuadro!

Aliviado, hasta que miro el reloj, para volverme a dormir. ¡Las 5:50h. ! Coño… Justo la hora en la que el Sr. Pintor se estará levantando en su casa para ir a trabajar. Uy uy uy… Que coincidencias y que mal rollo. ¿Será alguna señal que se caiga su cuadro a la misma hora que se levanta? Ay madre que desasosiego interno que me llevo.

En esos momentos mi cabeza empieza a maquinar. ¿Le habrá pasado algo? ¿Le llamo? ¿Le mando un mensaje? Ainss que sinvivir. Hasta que me cabeza mas lógica se acuerda que el clavo donde estaba colgado no estaba demasiado bien sujeto, y eso explica que fuera al suelo. ¿Pero y lo de la hora?

Mira, yo no se si son coincidencias o no, pero la verdad que un ratico acojonado ya he pasado.

Adiós, buenos días.


 

Yellow brick road

Y me lo encontré. Sin darme cuenta, en mitad del camino. Ese de baldosas amarillas que tantas veces he recorrido a lo largo de renglones torcidos. El que tantas alegrías me ha dado y en el que tantos tropezones he encontrado. La vida misma fluye  a lo largo de un camino del color mas alegre, el amarillo.

Allí estaba, en mitad del mismo. Claro, no, clarisimo. Pero esa claridad era evidente, justo, después de haber tropezado con él. Mientras que antes, al caminar, ni se vislumbraba en el horizonte. Quizá era advertido por ciertas inestabilidades en alguna baldosa, pero como las siguientes eran firmes y seguras, desaparecía la evidencia.

Hasta que “pataplúm”, al suelo. Y en ese momento, con el suelo bajo tu cuerpo, sintiéndolo dolorido, te preguntas, ¿que hizo que acabara en éste suelo del que tanto me gusta hablar? Entonces lo ves, un enorme agujero tras de ti. Alguien olvido mirar bien las baldosas antes de seguir dando pasos al frente. Si las cosas estaban inestables, ¿porque continuar sin preocupación? ¿No hubiera sido mejor cerciorarse antes de seguir dando pasos?

Pues evidentemente sí, pero muchas veces andamos por el camino de la vida tan atolondradamente que se nos olvida mirar por donde lo hacemos. Y podemos estar de repente metidos en una ciénaga con el barro hasta el cuello o por el contrario en un desierto sin un oasis cerca, sin haber notado ni la mínima humedad en el cuerpo o la mínima sed en la garganta.

Afortunadamente, la vida de vez en cuando nos ayuda a continuar. Aparecen duendecillos que pintan de colores el paisaje. “Colorín Colorado”. Ese duendecillo con su pincel mágico rellena el agujero con dulzura, con afecto, con rojos y con sabios consejos. Hace que abras los ojos y te des cuenta cómo pudiste llegar a caer sin haber visto siquiera el vacío bajo los pies. Y te agarra de la mano, firmemente, porque no te quiere soltar. Y yo me agarro, porque no le quiero soltar.

Y los pies vuelven a pisar baldosas. Primero uno, luego el otro. Y agarrado, vuelvo a levantar. Cuando miro atrás, donde hubiera un abismo, ahora hay… Hay colores, momentos, ausencias  y afectos. Amigos, individuos, garbancitos y principitos. Hay “hasta mañanas”, “te echo de menos” y ” nos vemos mañana”. Hay golondrinas, pajaritos y pececitos. Incluso hay pitufos.

Y sobre todo, hay renglones, que vuelve a fluir entre mis dedos, desde mi corazón. Estoy yo, con mi ordenador, mis cosas, mi pared y mi suelo amarillo bajo los pies descalzos de ésta tarde de verano. Estoy yo, con mis mariposas revoloteando de nuevo en mi estómago y con una nube de puntos rojos sobre mi cabeza.

Estoy yo