El Renglón Torcido

 

Silencio.

Por si acaso, y para no molestar.

Mejor callar antes que hablar, porque seguro que sería para decir cosas que nunca quisieran ser oídas.

Un compás de espera, y después, ya se verá.

¿Pero cuando llega el después?

Desde el Yo, ya no se nada. Si no hablo, no es por no hablar. No es por no decir, no es por no contar.

Si no hablo es por pensar.

En como salir de una encrucijada, en un cruce de caminos, en una batalla contra el mundo y contra mí, con el menor número de heridos.

Para herido, yo mismo sirvo.

Pero el silencio es tan amargo, tan duro y tan seco.

No se comparte, no se sabe, no se siente.

No se lee.

Y las palabras se amontonan en mis dedos deseando ser escritas.

Mientras tanto los días siguen pasando.

Con mariposas, sin ellas. ¿Se fueron ya?

Pero desde luego en terreno hostíl, sin capacidad de vida de ésta manera.

Mientras tanto, repito, los días siguen pasando.

Y Yo, sigo aqui, en silencio, pero aqui.

Esperando una señal que haga cambiar el transcurso de las líneas que escribo.

Aunque…

¿Por qué esperar?

Hechos, mejor hechos. 

Mejor actuar.

Que se levante el telón.

Empieza el show.

 

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