Siempre es bueno tener contestación para cualquier pregunta que te hagan. Tambien siempre es bueno saber poner una excusa en un determinado momento y tambien es interesante tener una explicación para cualquier acto que hagamos, independientemente de si la consecuencia es buena o mala. La cuestión es tener una explicación. Un “es que…”

Y para los “es que” tengo dos maestros como dos catedrales de grande. Uno no levanta mas allá de mi cintura, el otro aún ni eso. Uno con casi cinco años y el otro con poco mas de tres.

La verdad es que es una maravilla escuchar como ante cualquier situación tienen una explicación que defienden a capa y espada. Incluso hay veces que pienso que me van a convencer de lo que cuentan, hasta que me doy cuenta de que he caido en su trampa. ¿Y cuál es? Mirarles a esos ojazos grandes y marrones que tienen los dos y que  usan cual gato con botas de Shreck.

Sus “es que…” aún resuenan en mi cabecilla. Quizá porque desde el lunes llevo escuchándolos a diario. En el desayuno, en la comida, cuando vamos a correr el toro de fuego Nene y yo, cuando tengo que comerme el helado de Tatu porque no quiere el que primero ha elegido…

Siempre se pueden aprender cosas nuevas cada día, de cualquier situación y con cualquiera. Mis sobrinos me enseñan que hay que ser resueltos. Torear las situaciones conforme lleguen, responder con un “es que…” cuál excusa de niño y salir adelante ante cualquier situación diaria y cotidiana. Eso sí, cuando tengamos que callarnos, lo haremos conforme a la edad que ya ostentamos. Eso es lo que tendrán que aprender ellos dos con el paso del tiempo.

Aquí estaremos para enseñarselo, pero mientras tanto… Es que a mi no me gusta éste con trocitos de chocolate….

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