¿Cuántas veces nos hemos planteado cientos de rompecabezas y terminabamos pensando que alguien nos había timado haciendo que una de las piezas no encajara nunca? Es curioso la de vueltas que pueden llegar a dar las cosas para que por fin puedas llegar a ver el puzzle completo en toda su dimensión.

Mientras vivimos, se nos van apareciendo delante piezas. Piezas de ese rompecabezas. Aunque cuando nos encontramos una suelta la mayoría de las veces no nos damos cuenta que en realidad forma parte  de un todo. En ese caso lo que hacemos en almacenarla, meterla en una caja de nuestro cerebro, y por supuesto seguir adelante pensando que hemos hecho todo bien.

Y seguimos caminando como si nada. Como si hubieramos resuelto el enigma y mas chulos que un ocho. Y de repente, ¡Zas! Otra pieza… Y volvemos a no mirar mas allá. Nos centramos en esa simple imagen y no nos percatamos de que si miramos hacia sus extremos, veremos que tiene formas redondeadas que encajaría con la anterior. Por el contrario, pensamos que vuelve a estar todo resuelto, y volvemos a seguir adelante de nuevo pensando que lo hicimos bien.

Cuando de repente aparecen dos piezas mas juntas, entonces es cuando la cosa empieza a cambiar. Tiras de la manta, abrimos los ojos, ampliamos horizontes y ahí esta la solución. De repente es cuando vemos la imagen del puzzle que tenemos que hacer, en el que encajaban todas y cada una de las piezas que desde hacía tiempo nos ibamos encontrando por el camino.

Hay veces que el resultado de encajar todas las piezas no es placentero, porque de repente descubres que las noticias que da el puzzle no son todo lo bonitas que te gustaría. La imagen que formaban todas juntas no era un bonito paisaje, ni un cuadro famoso, ni unos animalitos tiernos. En éste caso venía en forma de malas noticias que tenían que ser comunicadas a alguien.

Buenas noticias nos gusta dar a todos, para dar las malas hay que servir, y sobre todo saber. Muchas veces nos ponemos una coraza para no demostrar sentimientos, a veces esa coraza se llama caparazón. En éste caso sería profesionalidad. Pero hay veces que todo se aparca a un lado. Sobre todo cuando encuentras a gente que a pesar de que el resultado del puzzle no es hermoso, no borra la sonrisa de su cara, ni las carcajadas ni la alegria de su corazón. Que afrontan los problemas con simpatía y viendo el vaso medio lleno a pesar de quedar solo dos gotitas de agua.

Si en la vida se puede llegar a sentir envidia por tener mas dinero, por tener una casa mas grande, mas altura, mas pelo, mas abdominales, mas coche… Mas de lo que quieras… En éste caso sentí envidia por la forma de mirar las cosas de frente y no temblar ni un solo momento. Por lo menos de cara a la galería, la procesión iría por dentro. Pero una procesión con una sonrisa, es menos procesión.

 

 

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