Hay veces que es mejor decir las cosas tal cuál son. De vez en cuando nos guardamos cosas bajo la manga, unas veces consciente y otras insconscientemente. Las que se hacen conscientemente hay que tener mucho cuidado de cuando, por qué, como y con quién se guardan para no meter la pata. Esas no me preocupan, porque no son habituales en mi.

Pero las incoscientes… Ay las incoscientes, esas si que hacen malas pasadas. ¿Y por qué? Porque sin darte cuenta puedes crear situaciones incómodas en la gente que te rodea. Y esas cosas pasan.

Cuando sienta algo, lo diré… Te lo diré… Cuando pase algo, lo diré… Te lo diré. Siempre serás la primera persona en saber que hay algo más… Te lo diré. No lo dudes, será así. Confía en quien tantas veces confiaste y salió bien. Confía en quien alguna vez confiaste y salió mal… Errar es humano, rectificar tambien lo es.

Ante circunstancias extrañas se comenten actos extraños. Sin pensarlos, pero se comenten. No están ni bien ni mal, sino hechos y punto. Si no digo cosas, no es porque no quiera decirlas. A veces es porque me cuesta que sean oídas por ciertas personas.

Pero sobre todo, si no digo mas cosas es porque no hay mas cosas que decir. Quien bien te quiere, te hará llorar. Yo no quiero llorar mas, no es el caso. No quiero que se me pongan los ojillos rojos como hace poco me han dicho, porque realmente no creo que tengamos motivos ninguno para hacerlo. Los tiempos malos quedaron atrás.

Así que es lo que cuento en éste renglón. Hay veces que las ideas que van a salir por la boca pasan por el filtro del corazón, haciendo que éstas se modifiquen y se adecúen al receptor de esos pensamientos. Reñiré al corazón para que no filtre tanto, porque hay veces que la filtración, siendo involuntaria, no es buen mecanismo.

Pero sobre todo, te lo diré…

Anuncios