El Renglón Torcido

No soy un chico triste. No estoy todo el dia llorando ni mucho menos voy por la vida pensando que lo me sucede es lo peor del mundo, ni tan siquiera que lo que me pase a mi es algo que a nadie mas le pasa. Soy consciente de que en la última temporada, desde hace unos meses aqui, pocas entradas, o tal vez ninguna han sido alegres. No ha habido frases del día, o mas bien pocas. No ha habido episodios graciosos, dignos de carcajadas. Y sinceramente, si las ha habido, ni las recuerdo.

Aunque ahora mismo miento. Y miento porque si que ha habido frases del dia, si que ha habido sonrisas y muchas sonrisas. Carcajadas tambien y buenos momentos muchísimos. Pero la cuestión es que en un momento determinado de que llegas a casa, y de repente vuelves a estar solo con tu silencio, tus pensamientos y mis oscuridades, siempre es mas fácil contar lo que siento por dentro en ese momento, que lo que realmente me hizo reír ese día.

Me niego a ser el chico triste, algo que ya me llamaron hará cerca de un año, y que hizo que escribiera alguna linea por aqui. No, porque la mayor parte del día no lo soy aunque parezca lo contrario. No, porque a pesar de que no me guste mi sonrisa, muchas veces es bien recibida por los que están delante mía, siendo objeto de buenas críticas. Y no porque sería muy injusto para los que pasan los días junto a mí, haciendo pensar que todo son tristezas y penas.

Me río y mucho, cuando hacemos el ganso bailando “a lo loco” un sábado tonto no de borrachera con mis chicas preferidas. Sonrío cuando nos contamos chistes sobre pantalones de pana, Madia Luisa, “hola madia Luisa”, o sobre como sale volando un paráguas… Y sonrío mas cuando después de contar mil y uno de esos chistes de humor absurdo, nos da por mezclarlos todos en uno y es mas, vivirlos y tratarlos de incorporar a nuestras vidas.

Me río cuando de repente un día por la calle, nos vemos envueltos en mitad de otra cuadrilla de la cuál no nos conocemos y después de un rato caminando nos damos cuenta de que no nos conocemos ninguno de los que vamos caminando juntos. Soy feliz cuando veo a una individua Lilly sonreir como nunca antes la he visto sonreír mientras baila en un bar de Pamplona, y hasta aquí puedo leer.

Soy feliz con pequeños detalles que llenan el día a día. Cuando recibo mensajes a mi móvil, cuando veo fotos de mis sobrinos con Woody y Jessie de Toy Story. Cuando estoy con mi familia alrededor. Sonrío cuando puedo pasear por Pamplona un día laborable sabiendo que estoy de fiesta y puedo ver lo que no normalmente no veo.

Me divierto con mis individuos, con el grijander, con nuestras cervezas o cafés de rutina a las ocho de la tarde, sin los cuáles la vida no tendría los colores que tiene. Con nuestras tonterías, con la bebida interminable de Prada, con los calores habituales de Las Vegas y yo mismo. Ellos me hacen reir, siempre. Las Vegas, Prada, Ejea, ¿algún pueblo mas?

Vivo el día a día, y no hay día que no sonría. A pesar de que parezca lo contrario. No soy el chico triste que puedo llegar a aparentar. Y si alguien lo duda, sólo tiene que ponerme videos de Lina Morgan para demostrar que no es cierto. “Javier que son tus padres”. Y ya si la ves en 3D, te cagas por las patas.

Quizá es mas sencillo hablar de las mazmorras del alma que no de las chispas del corazón. Por lo menos para mi. Quizá sea mas fácil sacar las bajezas de mis sentimientos porque me libero de ellos, dado que las alegrias que me brindáis dia a día no quiero perderlas. ¡Que me gusta a mi un drama! Pues es lo que hay…

Pero que quede dicho, sonrío como el que más.

Anuncios