El Renglón Torcido

Tantas ideas en la cabeza y ninguna tiene pies por donde agarrarla. Sí, agarrarla y poder escribirla aquí. Os he dejado solos mientras me perdía en mi soledad. Y mientras estaba perdido, trataba de localizar algún pensamiento digno de mencionar. Pero volvía a perderme en ellos. En mi soledad. Lo primero de todo, Feliz Navidad.

Abotargado, lleno de palabras y vacío de ellas. Intranquilo, demostrable por el tic que vive en el párpado superior izquierdo de mi ojo, así como el orzulo persistente de mi párpado superior derecho de mi otro ojo. Un día mejor, otro día peor, pero siempre ahí. ¿Motivos? Los hay. Unos mas serios, otros menos, pero los hay. Y mientras tanto, ¿por que no estar sólo?

Todos los días trato de volver a juntarme con vosotros, pero no veo por donde empezar. Pienso en que hace tiempo que me fuí, y pienso a veces que quizá sea el momento de no volver. Pero después, se me va de la cabeza. No encuentro algo nuevo que contar, o quizá tenga tantas ideas a presión dentro de ella que no sea capaz de ordenarlas para poder escribirlas. Y sobre todo, odio volver a escribir de lo mismo de siempre. No quiero seguir dando pena. Quizá mi corazoncillo ese del que me ha dicho que desprende amor con cada latido esté en horas bajas y no me esté ayudando a teclear palabras. Seguro. Aunque pienso en parar, en dejar de escribir y se me pone un nudo en el estómago que no puedo con él.

Tengo cosas que contar, claro que las tengo, pero son difíciles de exteriorizar. ¿Por qué no estar solo? He perdido trenes, otros se fueron sin esperarme y de otros me echaron mientras estaba en marcha. Será porque pasó el revisor y no llevaba un ticket adecuado para ese trayecto. Y cuando se van trenes o de repente te encuentras en una estación vacía, siempre viene a la cabeza la pregunta de “¿sería ese el último tren?”. Pues sinceramente, no tengo la respuesta para ello. Pero las cosas son así. Tal cuál.

Aprendemos desde pequeños a que no tenemos que ser egoístas. A compartir y a pensar en los demás. A no hacer cosas al prójimo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos. Y parece que esas cosas que aprendemos, cuando somos mayores nos dedicamos a desaprenderlas. Y las desampredemos a una velocidad de vértigo. Compartir es lo mas bonito que podemos hacer en el mundo. Y si es con alguien a quién amamos mas aún. El amor, bendita palabra. ¿Y el desamor?

Del desamor mejor no hablar que creo que a éste paso haré un master. Eso si, yo si no es un Master de Universo, yo no hago ninguno. Aqui estamos, contando sin contar. Hablando sin decir, y escribiendo sin sustancia. ¿O tal vez la tenga? Última semana del año, día ya 28 de diciembre, los Santos Inocentes. Cuenta atrás para que comience un nuevo año, cuenta atrás para un buen resumen de éste que se despide.

Un año de renglones, quizá menos, tal vez mas. No lo se. Pero un resumen intenso que verá la luz en los próximos días. Gracias por mi soledad, perdón por la misma. Gracias por volver a leer, perdón por lo inexplicable de la lectura.

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