El Renglón Torcido

 

Cuando los números no están a tu favor. Cuando las cosas no son como antes eran. Cuando una tontería se convierte en una piedra en el zapato que es imposible quitar, aunque a veces te acostumbres a llevarla. Cuando todo eso concurre en un mismo momento, ese mismo momento (valga la rebuznancia) es el idóneo para volver a torcerme.

Las cosas cambian a diario, a cada segundo, minutos, horas. Cada vez que nuestro corazón late, cada vez que respiramos aire nuevo. Contínuos cambios a los que tenemos que adaptarnos y no perder tiempo en pensar en por qués. Porque si lo hacemos, estamos perdiendo un tiempo maravilloso. Un tiempo que no vivimos, y ese tiempo se va…

¿Donde va? Imposible saberlo e imposible recuperarlo. Hay veces que es mejor no echar la vista atás para no añorar el tiempo que se nos fue de las manos sin darnos cuenta, mientras andábamos perdidos. Aunque hay veces que es recomendable mirar atrás para llegar a ver lo idiotas que hemos sido muchas veces.

Y así aprendemos a vivir mejor. A no malgastar el tiempo pensando en cosas pasadas. A no preocuparnos por números, nombres, letras que no deban importarnos. Y volvemos a la realidad de lo habitual. Hace un tiempo escribí el aumento de entradas en éste blog sin saber el por qué de las mismas. En cambio hoy escribo lo contrario. Las estadísticas vuelven a su rutina, a la normalidad, y aceptamos que lo real es lo que vivo todos los días y no lo que se pudo vivir el mes pasado. Números que sinceramente, a veces llegaban a presionar, por el hecho de pensar en qué escribir para poder llegar a gustar a toda la gente que podía entrar a mirar mis líneas en un solo día. Aunque sólo eran eso, números. Personas como yo que entraban a leer historias cotidianas y a veces no tanto. Y ante esa presión de gustar, el Renglón se llegó a bloquear. No había frases del día, no había historias bonitas. Ni feas, sólo había números. Sólo números, nada mas.

Pero cuando vuelve la realidad, cuando los números dejan de ser rimbombantes para ser los reales, te das cuenta de los pájaros que se tienen en la cabeza. Y pones los pies en la tierra para dejar de estar perdido en tu propio mundo. Para dejar de estar borroso en tu soledad, para ver con claridad la misión del Renglón Torcido.

Escribo para mí, independientemente de si es leído por una persona o por un millón. Y lo seguiré haciendo sea leído por una persona o por un millón. Y seguiré hablando de puntos rojos sea leído por una persona o por un millón.

Los cambios no me gustan, me estresan. No se adaptarme rápidamente a ellos y eso hace que muchas veces eche la vista atrás y me de cuenta de lo idiota que he sido en lugar de pensar en lo que vivo día a día. Hoy he hablado de los números, y he dado una explicación por ello. Tambien hablé al principio de una piedra en el zapato, de esas que parece que desaparecen y de vez en cuando te molestan de nuevo en el pie. De ella poco mas contaré, salvo que a veces es mejor parar, sacar el zapato, buscar bien dentro y encontrarla, que no mover el pie hasta que la piedra deja de hacer daño. Por que si hacemos eso, tarde o temprano volverá a salir. Y el tiempo que perdamos en llegar a quitarla de en medio cuanto antes será tiempo ganado en el futuro. Tiempo ganado para vivir. Vivir ganando tiempo al tiempo, y así cada día poder aunque sea dibujar un punto rojo a los que tenemos cerca.

Yo hoy dejo los números a un lado junto con la piedra en el zapato.

 

 

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