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Año 2003

Nuestro viaje de Fin de Carrera. Después de meses de preparación y miles de broncas, un grupo de estudiantes de la facultad de veterinaria despegan rumbo Budapest. Guardo un álbum de fotos enorme, en el que escribí una especie de diario del viaje. Por aquel entonces, ¿existían las cámaras digitales? La verdad no recuerdo, pero yo desde luego no tenía. El álbum reza lo siguiente:

“Despegamos de Barajas rumbo a Budapest, a las cuatro y veinte de la tarde. Casi a los 10 ó 15 minutos estábamos sobrevolando Zaragoza. La primera impresión de viajar en avión, IMPRESIONANTE. Por cierto, hay muchos conejos en Barajas.”

“Divisamos el mar y en el borde: Barcelona. Un día soleado nos dejaba las mejores vistas. Como diría Fidel, ésto es lo bonito de viajar en avión.”

“Hubo momentos de relajación en el avión, donde aparecío Aitor, una mascota que salía en el Cosmopolitan de Erika. Mientras tanto el viaje continuaba, y a mi se me olvidaba que volábamos a muchísimos metros sobre el suelo. Dejamos atrás España, las nubes empezaron a cubrirla. Fuera del avión, – 52 º C. Cristales de hielo empezaban a formarse en el exterior de la ventanilla. Fuera, el sol iluminaba las costas de Niza y Marsella.”

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“La imagen más espectacular del viaje, los Alpes a nuestros pies. A mi no se me ocurre pensar en otra cosa que no sea la película VIVEN. Una cosa hace que me distraiga y es la risa de Azucena… Mejor pensar en Heidi.”

Mirando las fotos:  veo Budapest, y una habitación llena no, llenísima de gente que ni siquiera eran de nuestro viaje. La fiesta se montó gorda, aunque lo mejor de todo fueron los despertares con los hombres de atapuerca… Azucena compartía su super bufanda conmigo, para no pasar frío. Y mientras tanto, recorríamos la ciudad de arriba a abajo.  Recuerdo grandes caminatas. Y no olvidaré la comida típica húngara, con su Gulash que ardía y la invasión del espíritu guiri escuchando el folclore de aquellas tierras… ¡Que baile la Toñi!

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Para rematar la nochecita hawaiana, nos meten en un mini barco que parecía sacado de las barracas de San Fermín y nos llevan a dar un paseillo por el Danubio, mientras nos ponen valls de fondo, para bailar bajo la rasca de Budapest. Y sobre todo, contentos eh.  Encuentro también una foto en una plaza en la que estaba situado el kilómetro O de Budapest, mientras se oye una pregunta a nuestras espaldas “¿Pero el kilómetro O no está en Madrid?” Mejor  me guardo la identidad de la persona en cuestion.

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