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¿Sabéis esa sensación de impotencia?

¿Conocéis esa extraña mirada de alguien que sabes que no te está siendo del todo sincero?

Es curioso como con los años, aprendes a saber, leer y comprender lo que el lenguaje corporal del que tenemos en frente nos transmite. Hay veces que es imposible controlar determinadas actitudes, o tan siquiera un simple gesto, una caída de párpados. O sencillamente, una mirada. Una de esas que van mas allá de la pupila central y negra que nos lleva al abismo de los pensamientos de nuestro interlocutor. 

Y sabéis mas cosas…

Nunca me he considerado el mas listo de mi generación ni mucho menos. Ni me he creído ni he alardeado de serlo, a pesar de que mis compañeros de colegio me llamaran “el empollón” porque siempre sacaba sobresalientes sin tan siquiera estudiar. Tampoco a pesar de que mi hermana crea, piense y afirme que son inteligentísimo (algo de razón llevará, creo yo). Al fin y al cabo la vida es mas que eso. Va mas allá de una simple nota en Ciencias Sociales o Literatura; es mas que un título, dos, tres másters o ninguno.

Pero no me gusta que me tomen por tonto y hoy lo han hecho. Soy muy consecuente con lo que firmo o dejo de firmar; con lo que asumo y acepto como mío, y con lo que dejo de lado porque creo que no me conviene. Creo que hay determinadas épocas en la vida en la que se realizan actos presionados por las circunstancias que nos rodean. Que hacen que, lo único que quieres, es que podamos tener una salida a una situación injusta para la persona que la esta viviendo.

Pero sinceramente, creo que es mas injusto aún que existan terceras personas que se aprovechen de estas situaciones para sacar beneficio propio.

Injusto, ruin y lleno de maldad.

Como decía, no soy tonto o por lo menos no considero que lo sea (siempre puede haber opiniones dispares en este punto). Cuando una tercera persona me habla de cosas que no son de mi campo de trabajo o se escapa de mis conocimientos, trato de poner la máxima atención en lo que me dicen para comprender y no meter la pata. Si hay que firmar papeles, documentos, etc. pongo los cinco sentidos en ello para saber qué firmo y por qué. Pero también como he dicho antes, muchas veces las circunstancias de la vida hace que sólo quieras una salida a una situación y olvides un poco lo demás.

Pero no fue así. A día de hoy, sinceramente casi no puedo acordarme de lo que hablé ayer, como para acordarme lo que hablé hace 3 años, o 6 cuando me compré mi coche, o 9 cuando me compré mi casa. Casi no me acuerdo ni de lo que dijo el señor juez de paz cuando me casé hace 7 meses, como para ir mas allá. Lo que si tengo claro es que sí se lo que no se dijo. Eso tengo certeza absoluta que se lo que no se habló. Mi mano en el fuego, o lo que sea que haga falta. Se lo que no se dijo. 

Y ahí es donde me reitero en que no soy tonto. Porque si me lo dices una vez igual no me entero del todo; si me lo dices dos, igual me quedo un poco mosca y vuelvo a que me lo repitas; pero si me lo dices tres veces, pues me habría dado cuenta que las cosas no eran como se estaban vendiendo. 

Y aquí es donde entra el lenguaje corporal, los gestos, la forma de hablar y la manera de mirar. Se que lo que me cuentan no es cierto; que todo lo que aseguran una y otra vez que nos contaron, no fue así. Que pasó algo o acordaron que no teníamos que enterarnos de la jugada magistral que ponía punto final a sus problemas y capítulo nuevo a los nuestros. 

La jugada salió redonda, pero yo se que no fue como tratan de venderla ahora. No recuerdo lo hablado, pero recuerdo lo no hablado. Y esto no se habló. 

No soy tonto, lo sé.

Cuatro personas perfectamente capacitadas, no sordas, ni mudas, y con plenas facultades no pueden estar equivocadas. Y sabéis que creo… Que saben perfectamente que yo sé que las cosas fueron como yo cuento. 

Pero eso es otra historia, porque lo que yo cuente o no, da igual. 

Sólo me queda mi derecho a la pataleta. 

Y sabéis que…

Pero, tonto o no…

Sigo siendo el rey….

(¿De los tontos?)

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