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Y esto es lo que queda después de un fin de semana juntos.

Esto es lo que nos llevaremos cuando pensemos en cómo ha sido nuestra vida.

Un camino, un abrazo, tres amigos y un lugar.

Todo visto a través de la cámara de quién nos quiso ver así.

Alguien que durante todo el día estuvo sacando momentos de los tres juntos, ajenos a su mirada; inmersos en nuestros pensamientos, nuestras conversaciones y nuestras historias. 

Hoy tenemos un recuerdo de aquel precioso día, plasmado en imágenes.

Hacía mucho tiempo que no estábamos juntos de la forma en la que estuvimos.

Sonriendo y disfrutando, sin apenas malos pensamientos, mas que los justos y necesarios. 

Comidas, cenas, bebidas, risas, charlas, discusiones de esas que nos gustan y nos enervan (o por lo menos a mi).

Pero todo basado en eso.

En ese abrazo que nos hizo reír cuando nos dijeron que nos lo haríamos, pero que hoy define bien cómo fueron las horas que pasamos juntos. 

Más veces deberíamos hacerlo; más momentos deberíamos compartir como éste que ha pasado.

Para nosotros queda esta imagen. 

Gracias Sr. Pintor por capturar lo mágico de tiempo compartido.


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¿Sabéis esa sensación de impotencia?

¿Conocéis esa extraña mirada de alguien que sabes que no te está siendo del todo sincero?

Es curioso como con los años, aprendes a saber, leer y comprender lo que el lenguaje corporal del que tenemos en frente nos transmite. Hay veces que es imposible controlar determinadas actitudes, o tan siquiera un simple gesto, una caída de párpados. O sencillamente, una mirada. Una de esas que van mas allá de la pupila central y negra que nos lleva al abismo de los pensamientos de nuestro interlocutor. 

Y sabéis mas cosas…

Nunca me he considerado el mas listo de mi generación ni mucho menos. Ni me he creído ni he alardeado de serlo, a pesar de que mis compañeros de colegio me llamaran “el empollón” porque siempre sacaba sobresalientes sin tan siquiera estudiar. Tampoco a pesar de que mi hermana crea, piense y afirme que son inteligentísimo (algo de razón llevará, creo yo). Al fin y al cabo la vida es mas que eso. Va mas allá de una simple nota en Ciencias Sociales o Literatura; es mas que un título, dos, tres másters o ninguno.

Pero no me gusta que me tomen por tonto y hoy lo han hecho. Soy muy consecuente con lo que firmo o dejo de firmar; con lo que asumo y acepto como mío, y con lo que dejo de lado porque creo que no me conviene. Creo que hay determinadas épocas en la vida en la que se realizan actos presionados por las circunstancias que nos rodean. Que hacen que, lo único que quieres, es que podamos tener una salida a una situación injusta para la persona que la esta viviendo.

Pero sinceramente, creo que es mas injusto aún que existan terceras personas que se aprovechen de estas situaciones para sacar beneficio propio.

Injusto, ruin y lleno de maldad.

Como decía, no soy tonto o por lo menos no considero que lo sea (siempre puede haber opiniones dispares en este punto). Cuando una tercera persona me habla de cosas que no son de mi campo de trabajo o se escapa de mis conocimientos, trato de poner la máxima atención en lo que me dicen para comprender y no meter la pata. Si hay que firmar papeles, documentos, etc. pongo los cinco sentidos en ello para saber qué firmo y por qué. Pero también como he dicho antes, muchas veces las circunstancias de la vida hace que sólo quieras una salida a una situación y olvides un poco lo demás.

Pero no fue así. A día de hoy, sinceramente casi no puedo acordarme de lo que hablé ayer, como para acordarme lo que hablé hace 3 años, o 6 cuando me compré mi coche, o 9 cuando me compré mi casa. Casi no me acuerdo ni de lo que dijo el señor juez de paz cuando me casé hace 7 meses, como para ir mas allá. Lo que si tengo claro es que sí se lo que no se dijo. Eso tengo certeza absoluta que se lo que no se habló. Mi mano en el fuego, o lo que sea que haga falta. Se lo que no se dijo. 

Y ahí es donde me reitero en que no soy tonto. Porque si me lo dices una vez igual no me entero del todo; si me lo dices dos, igual me quedo un poco mosca y vuelvo a que me lo repitas; pero si me lo dices tres veces, pues me habría dado cuenta que las cosas no eran como se estaban vendiendo. 

Y aquí es donde entra el lenguaje corporal, los gestos, la forma de hablar y la manera de mirar. Se que lo que me cuentan no es cierto; que todo lo que aseguran una y otra vez que nos contaron, no fue así. Que pasó algo o acordaron que no teníamos que enterarnos de la jugada magistral que ponía punto final a sus problemas y capítulo nuevo a los nuestros. 

La jugada salió redonda, pero yo se que no fue como tratan de venderla ahora. No recuerdo lo hablado, pero recuerdo lo no hablado. Y esto no se habló. 

No soy tonto, lo sé.

Cuatro personas perfectamente capacitadas, no sordas, ni mudas, y con plenas facultades no pueden estar equivocadas. Y sabéis que creo… Que saben perfectamente que yo sé que las cosas fueron como yo cuento. 

Pero eso es otra historia, porque lo que yo cuente o no, da igual. 

Sólo me queda mi derecho a la pataleta. 

Y sabéis que…

Pero, tonto o no…

Sigo siendo el rey….

(¿De los tontos?)


 

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¿Por qué no hablar de cosas bonitas? ¿Por qué no contar las bellas historias que nos suceden a diario en lugar de esperar que suceda algo transcendental para venir a plasmarlo entre líneas de colores? ¿Por que esperar cuando la vida se pasa con cada latido, con cada respiración, al parpadear?

Cada segundo.

¿Por que no mirar que el camino de baldosas amarillas sigue bajo nuestros piés y no ha desaparecido en ningún momento? Pues entonces le haremos caso. Porque si te acercas a él, si desciendes y posas tus orejas sobre el suelo encantado, te susurra que lo estás haciendo bien. A través de suaves voces, te cuenta que tu destino de la ciudad esmeralda sigue allí, donde una vez lo pusiste. Donde una vez lo anhelaste. Donde una vez lo soñaste.

Mi camino ahora es más fácil. Mas hermoso. Mas colorido. Pintado con colores, en baldosas, el papeles, en momentos vividos junto a quién una noche fantasmal se cruzó en mi camino. Un Sr. Pintor sigue adornando con manchas soñadas las baldosas por donde piso. Enamorado, compartiendo y viviendo. Así es mi día a día.

¿Por que no contarlo?

Cuando hecho la vista atrás, cuando cojo mis renglones pasados. Cuando veo las tristezas escritas, sufridas y compartidas. ¿Acaso no merecen las cosas bellas ser fijadas en el tiempo? En un lugar, en un momento. En un hoy.

Y hoy es el día, donde no se si vengo o me voy. Pero aquí estoy. Hoy sigo aquí como un ángel gris. Descubriendo que hay mas verdad a través de los años que en todas las verdades juntas que te puedan contar en un momento. Sabiendo que lo forjado durante los años pasados da sus frutos a diario sin estar esperando bajo el árbol a que caigan.

Que no hay que buscar o correr, hasta desesperar. Simplemente estar, guardar y consevar lo que un día la vida puso a nuestro lado. La amistad se teje con hilos de cristal, siendo los lazos mas perfectos y hermosos que podemos llegar a imaginar. 

Hoy sigo aquí, con 33 años. Unos cuántos mas que cuando comencé mi andadura por los renglones torcidos. Con mas historias a mi espalda, pero con historias que hasta ahora quizá no sentía que debía contar. Sinceramente, no se si ésto será un hola que tal, vengo a quedarme. Eso lo veré conforme pasen los días. Pero sí es un “hola, estoy bien”.

A veces da miedo decir a viva voz esas palabras. Decir que soy feliz, que estoy bien puede dar por pensar que algo malo tiene que pasar. Pero tambien pienso que demasiadas cosas malas he compartido entre mis líneas para esperar a que pase algo malo y contarlo. Porque si miro al suelo, al final es el mismo camino que me ha acompañado siempre. Unas veces mas manchado que me impedía ver los colores. Otras veces mas claro deslumbrándome con su intensa claridad.

El destino es el mismo.

Sigo soñando.

Sigo volando junto a mis mariposas.

Acompañado.

Sigo rumbo al mundo de Oz.

Pero no en soledad.

 


El Renglón Torcido

 

Efectivamente, lo sufro en silencio. Un sufrimiento conocido, que estremece cada centímetro de mi cuerpo, de mi piel, de mis manos… Hasta sufre mi alma. Pensé que nunca volvería a sentirlo, pensé que me acostumbraría a ello y al volver a tenerlo frente a frente, el dolor fuera menos intenso. Pensamientos estúpidos evidentemente, porque con la frente, y de frente, me golpea en la cara.

¡Y que pedazo del golpe! ¡Me duele hasta el corazón!

No puede ser. Me niego a pasar por ésto otra vez. Pero mi inconstancia, mi falta de seguridad, mi dejadez,… Esos pequeños defectillos que me gusta tanto hablar de ellos, en lugar de mirar mis virtudes… Esos hacen que periódicamente tenga que volver a poner en marcha mis nociceptores (receptores del dolor para los no entendidos) y que transmitan señales de nuevo a mi cerebro.

Quizá deberia haberlo puesto en mis propósitos de año nuevo. Propósito número 5, por ejemplo (tras libertad, belleza, verdad y amor): no volveré a tropezar con la misma piedra por nosecuantáva vez. Pero es que el camino de baldosas amarillas a veces es tan disimulado, que un día sin querer dejas de prestar atención al suelo porque te parecen que todas las baldosas están en su sitio. Al día siguiente te dedicas a mirar los árboles que hay a ambos lados del camino, que te parece que cada día están mas hermosos. Al tercer día en lugar de mirar los árboles, lo que haces es mirar a todo bicho viviente, a poder ser del género masculino, que camina por sus caminos de baldosas amarillas… Y entonces es cuando te preguntas, ¿y ellos también iran a la ciudad esmeralda? ¿Y si van a otra ciudad, podré ir yo con ellos? ¿Y si alguno de ellos quiere venir a mi ciudad esmeralda? ¿Y a ese, que bien le queda la camiseta, no? Y…

Y ya me he ido del tema… Si es que uno empieza, y se le va. ¿Que iba yo diciendo? Ah si… Que tropiezo y tropiezo, y vuelvo a tropezar. Y eso duele, ¡que si duele! (Ni un carta, ni un mensaje, nada: ésto para mis individuos de Praga, jejejeje)

Hoy estoy que no me centro y me voy por las ramas. Que sí, que he tropezado. He tropezado de nuevo con la dejadez de empezar a hacer ejercicio y dejarlo por millonésima vez.

¡Quién cojones dijo que hacer deporte es sano!

¡Duele! ¡Y mucho!

Y sí, lo sufro en silencio, porque lo mandaría todo a la mierda. Y cada vez que empiezo a volver a tratar de cuidarme, sufro dolores en músculos de los cuáles vivo mas feliz en ausencia de su existencia. Sufro porque me ahogo, porque todo el mundo dice que “a que te encuentras mejor después de hacer deporte”, porque, porque, porque…

Y mas porques, porque la culpa es mía. No soy capaz de ser constante para evitar la aparición de los dolores de la muerte. Porque cuando mi cuerpecillo chiquitillo empieza a acostumbrarse al ejercicio y a los dolores habituales que después ya son como de la familia, comienza a entrarme la vagueza y dejo de hacerlo. Con lo que lo ganado, se esfuma en cuestión de una semana. (Sí, los que os aún estéis pensando en que los dolores no pueden ser como de la familia, yo os digo que sí. Yo tengo cuatro, Dolor de brazo, el mayor, Dolor de cuello, el segundo, Dolor de cadera, el tercero, y Dolor de piernas el cuarto. Mira si son familia que me hacen descuento en el bonobús por familia numerosa).

Madre como estoy hoy. A lo que iba, que cuando me he acostumbrado al ejercicio, de repente lo dejo. Y después de dejarlo un tiempo, me entran remordimientos de conciencia. Y tras esos remordimientos, comienzo de nuevo a plantearme que tengo que hacer ejercicio. Pero en éste punto ya es tarde, y no  hay marcha atrás. Entonces comienzo sabiendo que mi familia de dolores vendrá de nuevo con un pan debajo del brazo, sólo para darme de leches con ella hasta que me duela todo.

¿Y mi pregunta es: conseguiré ésta vez no dejar de hacer deporte y así aprender a vivir con ellos? ¿O volveré a ser vago y dejarlo de nuevo? ¿Alguien hace apuestas?


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 53.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 20 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.


Yo

El Renglón Torcido

Hoy soy yo.

El que viene a contar historia a través de mis dedos helados. Siempre helados, como mis pies que siempre firmes y congelados me mantienen dando pasos junto al resto del mundo. Hoy hablo de mi, de mis cosas. Hoy me vuelvo a presentar, hablando en primera persona. En singular.

El de la foto que arruga el ceño cuando algo le preocupa, o que pone morritos cuando se concentra en algo. Quizá ahora mientras estoy escribiendo, esos morritos estén solo siendo vistos por la pantalla de mi ordenador. Escucho música, siempre. Es imprescindible poner banda sonora a nuestra vida, y yo lo hago a menudo. Y esa musica hoy me hace llorar mientras vuelvo a escribir.

Sí, soy llorón. Lo sabéis muchos, otros no. Llorón, y gruñon. Risueño y divertido tambien. Amigo, creo que buen amigo, aunque eso no me toca a mi juzgarlo. Flaquito, con mucho pelo, menos en la cabeza, el cuál a mis 31 años está decidiendo independizarse y dejar mis ideas un poco al aire.

Siento. Mucho. Y vivo, más. Sonrío mucho, pero me cuesta hacerlo en las fotos, por eso es difícil que ponga una en la que sonrío. Y últimamente me gusta compartir mi tiempo libre con mis individuos. Los de antes y los de ahora. Esos que siempre están. Me distráen, hacen que me olvide de las tormentas pasajeras. De esas de las que no quiero acordarme.

Estoy enamorado. Si, como se lee. Lo estoy de dos criaturas que cada día me sorprenden con historias diferentes, con palabras nuevas y ellos son los que nada mas verlos hacen que una sonrisa florezca en mi cara. Mis sobrinos, ellos lo son todo.

Soy vago, demasiado.

Me cuesta expresar mis sentimientos en persona, aunque luego sea capaz de dictarlos a través de mis dedos (los cuáles siguen congelados). Y quizá por eso me cueste tanto decir a la gente que tengo cerca que los quiero con toda mi alma. Gente, os quiero.

Siempre tengo presente el tacto del cabello de mi madre cuando le peino, aunque ahora mi sobrino pequeño me haya cogido el relevo.

Vivo con la pena de que mi abuela se marchara de éste mundo sabiendo que estaba enfadada conmigo. Y mas aún con el hecho de que el día que se murió no pude ni darle un beso. Y vivo con la pena de no haber cumplido de momento la promesa que le hice a mi estrella antes de morir y espero llevarla a cabo algún dia. Ambos están en mi espalda.

Soy friki. Si, y mis amigos tambien. Somos raros cuando salimos los sábados. No tenemos vergüenza al que dirán, ni queremos tenerla. Salimos a divertirnos, a reirnos, bailando, cantando, haciendo el tonto. Sin meternos con nadie, por supuesto. Y hay veces que eso no es bien visto por los demás. Individuos, ¿y que mas nos da, no?

“My Milkshake brings all the boys to the yard”

Me gusta conducir, y mas con mi coche nuevo. Me gusta viajar, mucho, y a nada que puedo me escapo y si es conduciendo mejor. Eso sí, tengo pánico a volar. Aunque el año pasado gracias a mis dos viajes al 2400, ese pánico irracional se convirtió en un miedo racional.

Me gusta comer, quizá demasiado, lo que me hace tener que cuidarme un poquillo para no engordar. Mi “cuato” (tripa) es muy dada a llegar primero a los eventos si le doy cuartelillo. Aunque muchos digan que estoy mejor con esos kilillos de mas. Sería capaz de comerme una barra de pan entera de una sentada, sin nada dentro. Aunque mi padre y mi madre lo sepan, cada vez que me ven comer pan solo me dicen eso de “métele algo dentro hombre, no comas el pan solo”, sabiendo que no lo haré.

Me gustan las conversaciones chorras que tenemos mi hermana y yo y de las cuáles parece que sólo entendemos ella y yo. ¿Hablamos en otro idioma? ¿O somos tan tontos en ese momento que sólo los tontos nos entendemos? Pues si es así que vivan los tontos.

Conozco el amor, conozco el sexo, conozco la amistad. Conozco el odio, conozco el rencor, conozco el dolor. Tambien conozco el perdón y el olvido. Cuando hay que pasar página, se hacerlo.

He vivido historias maravillosas, con todas y cada una de las personas que me rodean. Historias que hacen que sea feliz con la vida que tengo. Todas y cada una de esas historias forman la felicidad.

Soy celoso, aunque con los años voy mejorando. Quizá aprendiendo de los errores.

Soy imperfecto. Perfecta imperfección.

Subjetiva imperfección.

Así soy yo, o por lo menos parte de lo que hoy se me ha ocurrido plasmar. Hoy no quería historias tristes, a pesar de seguir con los ojos rojos. Mi presentación, yo mismo. El que siempre os cuenta historias. El que sigue con los dedos de las manos y los pies congelados dentro de las botas.

Me vuelvo a presentar. ¿Y tú? Tú que entras y lees, ¿quién eres? ¿Cómo estás? ¿Eres felíz a instantes como yo? ¿Lloras como yo?

Tu que compartes mis experiencias dedicame un segundo y deja de ser anónimo diciendome una palabra, dejando un comentario con una sóla palabra. La primera que se te ocurra al pensar en mí.

De ésta manera, cuando entre en mi blog, no sólo seréis un número que aparece en mi pantalla. Seréis algo mas.

Buenas noches principes.

Buenos días reyes.

¡Deja tu huella!