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mago de oz
“… mirar a mi lado, agarrarme de una mano y seguir caminando.”

Hoy he recordado un caparazón que antiguamente vivía conmigo. Lo tenía a mi lado, por si tenía que guarecerme en él rápidamente. Lo limpiaba con esmero, lo lavaba, lo pulía… Era  mi caparazón.

Cuando algo me dolía, corría rápidamente a él, para evitar seguir sufriendo. Me valía de él para protegerme de los obstáculos que me encontraba en mi caminar por  baldosas amarillas… Era mi caparazón.

Muchas veces traté de dejarlo en casa, de vivir sin él experiencias nuevas. Cuando unas mariposillas comenzaban a revolotear dentro del estómago y hacían cosquillas el corazón. Ese era un buen momento para comenzar a vivir sin él. Pero la mayoría de las veces que las mariposillas venían, tal cuál comenzaban a morir producto de elementos tóxicos para el corazón. Y conforme veía que las dulces revoloteadores iban desapareciendo, más ansia tenía por volver a mi casa y refugiarme de nuevo en él… Era mi caparazón.

Siempre era, lo fue y será. Pero ahora en el presente ha pasado a formar parte de los objetos del desván. Desde hace un tiempo consiguieron que lo abandonara para no volver corriendo para refugiarme en él. Las mariposillas volvieron y con fuerza, para no marcharse mas. Encontré a la persona que aprendió y leyó el manual para el perfecto cuidador de mariposas, para ponerlo en práctica. Y el resultado es que las mariposas siguen, y de vez en cuando descubres que una nueva comienza a aletear de nuevo.

¿Y mi caparazón? Lo tengo guardado bajo llave, lejos de mi vista, para disfrutar lo que estoy viviendo ahora sin precauciones. Sí, sin precauciones. Porque no me hacen falta. Porque se que no tengo obstáculos delante mientras camino con mis zapatos de rubíes hacia la ciudad de esmeraldas. Y porque se que si un día hay un obstáculo, lo único que tengo que hacer es mirar a mi lado, agarrarme de una mano, y seguir caminando. Para eso no es necesario el caparazón.

Un Sr. Pintor, pinta mariposas por donde quiera que vaya. Pinta puntos rojos donde quiera que mire. Sueña historias llenas de sonrisas para compartir. Vivimos sin miedos, felices, seguros. Aunque en el fondo del corazoncillo uno siempre tiene el miedo de que cuando todo marcha bien, algo puede salir mal. Pero sinceramente, no viviré pensando en eso.

Siempre recurro al destino, el destino que mi amiga Naiara me cantó en una de las primeras canciones que oí a través de su magnífica voz hará unos 14 años. Y ese destino un día me puso al lado de un Sr. Pintor, que yo ignoré. Y volvió a ponerme al lado del Sr. Pintor, y fuí un chulo… Pero el destino volvío a ponerme a su lado, y desde entonces seguimos así.

Juntos, al lado.

Llenos de puntos rojos donde quiera que miremos.

Un punto rojo, es un te quiero.


 

De repente un día la vida comienza a dar sorpresas. Pero sorpresas de las buenas. Sin darte cuenta, de la manera mas silenciosa y poquito a poco, algo empieza a moverse dentro de tí y cuando menos te lo esperas ya no hay marcha atrás. Es curioso como un día, pensando en tu casa en esos ratos en los que dejamos la mente en blanco, hacemos balance de lo pasado, o de los enunciados dichos tiempo atrás, y decimos eso de “para qué hablaré”. Pero ésta vez, ese “para qué hablaré” no es para mal, sino para bien.

Y entonces es cuando comienzas con ilusión una nueva etapa, ésta vez de forma mas madura, y sensata. Pero con los mismos nervios e inquietudes que podía tener hace un año cuando hablaba de mariposas o tortugas. Sí, los mismos nervios. Los mismos miedos. Pero con cordura, ésta vez con mucha cordura, para que esos miedos y ese nerviosismo no haga perder el norte de lo que realmente es importante y de lo que merece la pena.

No se por qué pero ésta vez me está costando mas escribir sobre mis mariposas, muchísimo mas que cuando las he mencionado anteriormente. Quizá tengo miedo de que si hablo de ellas todo vuelva a salir mal. Aunque sinceramente creo que no será así.

Ya no tengo ni 23, ni 24, ni 25, ni 26… Voy por los 30. A la caza de los 31… Y voy directo, sin miedos,  y contento de ésta etapa que me está tocando vivir. Mi fiesta de cumpleaños de éste año vino con un regalo que con el tiempo se ha hecho mas grande de lo que yo podía imaginar por aquel entonces. Aquella noche de Hallowen en la que lo celebramos.

No se que traerá el futuro. Y aunque me ponga a imaginarlo, nuestro futuro es hoy. Es dentro de un minuto, es dentro de una hora. Es qué haré hoy a mediodía, que haré hoy a la noche. Es cada paso que damos adelante. Y yo quiero seguir dando pasos de la manera que los estoy dando ahora, y con quien los estoy dando: bien con mi gente, pero tambien y bien con quien corresponda.

Desde hace un tiempo pinto las horas del día con sonrisas, con silencios y con hombrecillos a bolígrafo. Saludo los minutos diciendo Hola… y hay veces que creo que me voy a saludar cuando me miro en un espejo. Desde hace un tiempo no se como escribir las cosas en renglones pero escribo sin saber bien que decir. Aunque las cosas estén dichas o miradas a quien sea que haya que decirlas o mirarlas.

Escribo porque siento, y siento porque vivo. Y si dejara de vivir mañana, no me iría con la pena de no haber dicho todo lo que quisiera decir. Ayer, mientras las llamadas de mi teléfono rojo interrumpían una y otra vez mi cena pintoresca, dejando que mi acompañante cenara en soledad, o con mi compañia a través de un cristal, pudimos hablar de ésto.  Si tienes algo que decir, si es bueno, hazlo. No lo guardes. Dí a las personas que te rodean todo lo bueno que quieras decirles y no te atrevas por comodidad o porque piensas que ya lo saben. Siente y exprésalo. Habla. Y sonríe mientras lo haces. Sonríe cuando estés con tu gente. Sonríe. Porque no hay nada mas bonito en éste mundo que sentir cosas buenas por los demás y compartirlas. Pero con una sonrisa la vida es más bonita.


 

 

“Yo también me encontré una guitarra en la basura y me la llevé a casa…”

 

Autor/es: Un Sr. Pintor y El Renglón Torcido.

Observaciones: Una frase y dos personas pronunciándola.

Dos hechos realizados en distintas épocas,

pero que se juntan en una misma habitación,

en un mismo minuto.

Tonterías, quizá.

Pero esas tonterías me gustan.

Y como las tonterías son mías, y yo soy el que escribo, pues  aqui lo dejo.

¿Volvemos a criar mariposas?

¿Salimos del caparazón de la tortuga?


Digamos que gracias a la suerte, o porque la vida ha hecho que las cosas fueran o fuesen así, no he tenido que pasar demasiadas veces por el mal trago de reencontrarte con aquella/s persona/s que en un día pude llegar a querer y que de repente ya no se quieren. Por circunstancias, éste hecho ha sido algo relativamente desconocido para mí, dado que los kilometros que hay de por medio han hecho que la transición de estar a no estar, sea una transición y no una lucha y un sinvivir pensando en “¿y cuando me lo vuelva a encontrar que pasará?”

Esa pregunta me la he hecho yo varias veces, pero con la grandísima suerte para mi de que los reencuentros con los que amé tuvieron lugar muchos meses después de que todo hubiera terminado. Es una gran ayuda el hecho de no encontrarse con el que fué y ya no és, hace que empieces a ver la vida en singular en lugar de verla en plural como hasta ese entonces lo hacías.

Pero en cuestión de unos quince días he sufrido dos reencuentros, pero no de esos de los que un día estuve enamorado y luego deje de estarlo con el paso del tiempo. Sino aquellos que en un día hicieron que revolotearan mariposas dentro de mí, y de repente y sin venir a cuento, eres muy majo como amigo pero no quiero nada más… Vamos, de los que van dando ibuprofeno para que mueran.

El primero fue tranquilo, violento pero tranquilo. Tranquilo porque el tiempo tambien ha obrado a mi favor, pero violento por saber que las excusas que en su día dió, no eran mas que eso, excusas para no decir la verdad. Pero lo que digo, el tiempo me ha venido bien, aunque el nudo en el estómago sigue formandose.

El segundo no fue tan tranquilo, dado que dara vueltas por el Leroy Merlin intentando no encontrate a nadie de frente es dificil, ya que la mayoría de los caminos llegan a Roma. Sí, lo reconozco, no tuve cojones para enfretar la situación y plantarme delante y saludar. Pero si desencadenó la famosa entrada de la Tortuga y el caparazón, aún el caparazón no está lo suficientemente duro como para que no duela.

Y con éstas dos situaciones me doy cuenta de la suerte de la que hablaba al principio. Para olvidar a alguien lo mejor es que ese alguien desaparezca durante mucho mucho tiempo. Lo malo de todo ésto es que Pamplona es un pueblo, y eso si que es difícil que suceda.


FOLLO-PRIMERA-CITA

A medida que vamos cumpliendo años, las cosas que nos tocan vivir evolucionan como lo hace el resto del planeta. Pero en éste caso la evolución tiene mas que ver con el modo de afrontar las cosas en las diferentes etapas por las que pasamos que a una mera etapa evolutiva. Y es que por supuesto cuando te acercas a los 30, las primeras citas no son como cuando te acercas a los 20.

Está claro que los escenarios van cambiando a nuestro alrededor, y lo que antes podían ser rollos de una noche de sábado, comienzan a ser rollos de domingo porque la noche anterior nos hemos cambiado el teléfono y mañana ya veremos. Las noches de juerga son de juerga con los amigos y el resto pasa a un segundo plano. Y si tienes que conocer a alguien, se conoce con tranquilidad y sin prisas, como debe ser. Por supuesto una cosa no quita otra y todos somos humanos y hay calentones. Pero de eso no se trata.

Y es que las primeras citas con los veinte más todos, son calmadas, tranquilas, sin agobios y sin expectativas en la mente. Son un ” a ver que pasa”, y la tranquilidad que se tiene cuando se piensa de esa manera no se paga ni con mastercard. Incluso diría mas. He llegado a desterrar las palabras  “primera cita”  de mi vocabulario, porque creas que no, el hecho de mencionarlas ya crea tensión en mi ambiente.

Yo sigo siendo una tortuga dentro de mi caparazón. Desde que metí la cabeza dentro hace unos cuantos meses ya, no la he vuelto a sacar, y no me parece que vaya a ver la luz del sol próximamente. Quizá por eso haya alcanzado una tranquilidad absolutamente pasmosa ante cualquier circunstancia nueva de conocer a alguien por primera vez.

No me da miedo conocer gente nueva, ningún miedo. Y quizá por eso a la hora de llegar a conocer a alguien me muestre mas frio o indiferente de lo que cabría esperar. No se, quizá sea otra forma de autoprotección, el mismo caparazón de siempre. Pero la cuestión es que ahí estoy, y no hay temores a dar pasos o decir cosas o dejar de decirlas. Pienso que a medida que cumplimos años vamos queriendo claridad, simplicidad y la suficiente madurez para no dar pasos en falso que luego den lugar a malos entendidos. Y por supuesto, si eso es lo que quiero la prioridad mía será dar lo mismo que exijo.

No me he vuelto duro, sigo siendo el mismo romántico empedernido que se ha llevado mas hostias que un pandero por confiar en las personas equivocadas. Por creer en cosas que desde el principio y vistas desde fuera estaban destinadas a fracasar. Por ser inocente y pensar que cuando te dan razones para no hacerte daño, esas razones erar reales y no simplemente excusas. Ahora soy el mismo romántico pero con la lección aprendida, o por lo menos la teoría.

Habrá que ver la práctica.


Una tortuga de mar verde nadando cerca de un banco de peces mari

Soy como una tortuga y me meteré en mi caparazón por un tiempo más. Parecía un tiempo bonito para salir de él, y caminar menos protegido. Lo dejé un día en casa, dispuesto a usarlo lo menos posible, ya que empiezo a cansarme de él. Es pesado y da calor, y cuando menos te lo esperas, tratas de quitartelo y no te da tiempo a hacerlo. No hará mucho dejé que descansara, y yo de él. Pero parece que no fue buena idea.

¿De qué nos protegemos tanto? ¿Cuando cumplimos años dejamos de soñar y solo pensamos con la cabeza? Me niego a que así sea. Y yo soy el primero que se protege, pero cuando algo golpea en el caparazón lo abandono rapidamente para dejar que sea el corazón el que mande. Por supuesto, con cabeza, pero que ella no sea la que tenga que decidir.

Yo no tengo las cosas claras casi nunca, y más en cuanto a relaciones se refiere. Soy el primero que la caga, que manda todo a la mierda sin un motivo aparentemente lógico, y suelo decir “que no siento lo que debería sentir”… Aunque qué mas lógico para terminar algo que no sentir lo que se debería, ¿no? Pero lo intento, y más cuando alguien merece la pena. Claro que puede salir mal, pero ¿y si no es así? ¿Y si sale bien?

Esta vez no son mariposas las que hablan de los sentimientos, sino una tortuga y su caparazón.

 No se realmente lo que quiero escribir, pero tenía que hacerlo. No soy un ejemplo de nada, y menos si de por medio hay sentimientos. Lloro demasiado, grito más y a veces soy irracional. Soy tozudo y tenaz. Soy visceral, sobre todo visceral…

Pero creo en el amor. Y voy detrás de él aunque pueda caerme a la vuelta de la esquina. Y si me caigo, ya levantaré. No me he muerto, solo tendré un rasguño más…

Voy detrás de él.

Pero hoy, esta tortuga vuelve a su caparazón.