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La imagen del año, 25 años después. FELIZ NAVIDAD

La imagen del año, 25 años después. FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad:

A mi madre y a mi padre. A mi hermana y mis sobrinillos. Al Sr. Pintor. A tete. A mi familia la que está cerca de mi y la que está lejos tambien: los del bajo dcha, los del bajo izquierda, los que viven en la rochapea, los de sarriguren, los de Ansoain, los de Villava, los de arre, los que viven en la chantrea, los que viven en mi misma calle unos portales mas hacia abajo, los que viven en extremadura y hace un tiempo que no los veo, los que viven en zizur y en noáin, tambien en echavacoi y los que viven por el país vasco. Madre mía cuanta familia. ¿Me dejo alguien?

A mis amigos, a ver quien me dejo, jijiji. A Juanjo y a Camilo. A Naiara. A Erkuden, Erika, Leticia, Azucena, Vanesa, Irati, Miren, Miriam, JoseMiguel, Susana, Regina, Mercedes, Jesús, Ruth, Esther, Ainhoa, Vanesa, Ricardo, Juanfer y Ana. A Dieguito. A Luismi y Johan. ¡A la gentecilla! Pepo, Izas, Césares, Alejandra, mi medio cuñada M. Jose, mi medio cuñado Jesús. A Itzi.

A mi familia tudelana: cuñadicos, sobrinos, tíos y todos los de allí. Feliz Navidad a todos. Tengo ganas de bajar.

A mi medio familia de Ejea: Sergio, Ana, Susana, Nogue y Mena. Al chiquitín Iker. A mi otra media familia de Valareña: Ana, Ángela, Anita, Sua y Noa. ¡Que ganas de bajar a veros!

A la familia Grande, y ahora viene la frase fácil: una gran familia, jijiji.

A los que tengo lejos pero me acuerdo de ellos, ¡tenemos lo puesto!: Manolo y Pedro, Miguel, Luis, Fer, Noe, Medhi, Victor y quien se acuerde de mí a 2400 km.

A la gentecilla con la que hablo poco pero lo suficiente como para desearles feliz navidad: Juanrojo, Maite, Susana, Erik, Eduardo, Ainhoa y Rubén, AnaMati. A los malagueños, a los leoneses, al catalán Gasull.

A mis pintoras: Iruña Cormenzana, Blanca Abajo. A Cecilia y sus vecinos “salaos”.

A mis chicas currantes que llevan un mes trabajando sin mí: Ana y Patricia y a la loca de Coral y su tanguito. A la familia veterinaria, a Amaia.

A los perdidos de Bilbao, Javi y Jorge, y a Inma, Luis y su macaco, por extensión. Y a los que vinieron y mi accidente les chafó sus dias aquí. A Manu. Feliz Navidad.

A mi super compi de piso: Bego que gracias a su super hotel en Aínsa (bueno, de su hermano), en cuatro día que estuve allí, engordé 5 kilos los cuales aún no he perdido. A Ruth, Eva, Laura, Dani y Helena, tambien compañeros de piso en algún momento de nuestra aventura en Zaragoza. Bego, nos debemos una visita, ¿no?

A mis vecinillos: Edorta y Ricardo. A mi vecina de abajo que hace mucho que no la veo.

A mis compañeros de colegio que me alegran el día cuando nos encontramos y hablamos como si fuera ayer que jugábamos en el patio a darnos balonazos: María, Iñigo, Vanesa, Luis, Lorena, Lutxi, Alberto, Yoli… A Maite, Maritere o Teresa, como quieras que te llamemos, por haber hecho que éste año pudieramos volver a abrazarnos después de 25 años sin vernos. ¡Madre mía!

Y a la gente que me encuentro en mi rutina, a mis floristas de la acera de enfrente, a Loli que me lleva los papeles de mi seguro, a los chicos de la caja, a Idoya que aunque esté lejos aún me acuerdo de ella. A los clientes que se acuerdan de mi y pregunta en mi ausencia. A mi fisio que me trata muy bien.

A quién mas, a todos aquellos amigos del Facebook que aunque no tenga una relación directa con ellos, los veo, los leo y están. Lo mismo con toda la gente que lee mis paridas en Twitter. Feliz Navidad.

Y por último, sabiendo que me olvido a gente (que si lo hago, me disculpen por la omisión y espero que en un comentario os añadáis, por favor), el mejor deseo de Navidad es para todos aquellos que pasáis unos minutos de vuestra vida leyendo éstas palabras locas que un día decidí compartir con la inmensidad de las redes en lugar de guardarlas en mi cabeza.

Gracias por seguir ahí después de un año no tan prolífico como los anteriores. Vosotros sóis los que hacéis que siga escribiendo. A vosotros,

FELIZ NAVIDAD


 

He hecho una maratón. Y lo mejor (o peor) de todo, es que aún no ha finalizado. Llevo tres días comprando sin parar, y limpiando sin parar. A falta de unas 38 horas del  la hora cero, las cosas parecen mas centradas de lo que a priori parecía. Pero claro, todo gracias a la carrera a fondo que llevo desde el lunes. Aunque bueno, hoy después de dejar atrás el lastre del teléfono rojo, parece que el cielo empieza a clarear.

Mi casa, mas o menos limpia, mas o menos recogida. Cuando vienen invitados a compartir tu hogar, uno trata de mostrar la mejor cara posible. Entonces viene el zafarrancho de limpieza, y encuentras porquería en sitios que ni imaginas que se podía acumular. Cajones limpios, baño limpio, cocina limpia, salón sin polvo… Uy, un momento, ¿he dicho cocina?

La cocina merece un párrafo a parte. Y me explico. Cuando un chico soltero se va por primera vez a su casa, llena los armarios  de comida, bien de comida, bien de pasta, bien de conservas, bien de todo… La cosa cambia cuando la familia vive relativamente cerca, y cuando digo cerca es 3 minutos andando. Que si como aquí, que si me llevo un “tuper”, que si te subo comida que ha hecho tu hermana, que si me dan comida mis tias… Esas cosas que pasan. Y después de todo ésto, uno se pone a repasar lo que encuentra en sus armarios, y se da cuenta de que la mayoria de las cosas caducaron cuando Franco era corneta. Y ala… A la basura todo.

Entonces tienes que calmarte, y hacer la terrible y temible lista de la compra. Esa en la que siempre te dejas cosas sin apuntar. Y a recorrer pasillos de supermercados. Ayer al mediodía recorrí Capbrabo de arriba a abajo, conclusión 83 €. Que conste que van incluidos detergentes para la lavadora, geles corporales, suavizantes, champús, etc. Hoy al mediodía, recorro Sabeco-Simply… 36 € más para la cuenta. De nuevo mas comida, caprichos varios, y mas comida. Hoy por la tarde, Eroski… 17 €… ¡Y la lista está aún con cosas sin tachar! Madre mia, ésto es interminable.

Eso sí, espero que comida no falte. Vamos a salir en San Fermín rodando. Aunque la misión aún no ha acabado, ya que mañana aún toca otra parada. Esa será para otra entrada.

Y con todo ésto, se pasa la semana. Una de las mas largas de mi historia. Una de las mas tensas y nerviosas de las que recuerdo. Se esfumaron los tonos rojos para dejar paso al verdadero color rojo de la fiesta mas increíble que conozco. Y sobre todo, viene el cero. 38 horas y se borraran de un zarpazo los 2400 de nuevo para reencontrarnos.

Eso si que forma parte de otra historia…

El Renglón Torcido, 1.5 a. P.


5

Se acabaron las tonterías de respuestas, dichos, dichas, dimes y diretes. Basta ya de tonterías de hoy no me respondes y mañana tampoco, y ahora me sienta mal porque tenías que haberme contestado. Ni una entrada mas sobre ese tema. Carpetazo y el libro a la hoguera recién pasada de San Juan. Ni pasar página ni hostias, arrancadas de cuajo.

Y las mariposas, por mi como si hibernan.

Ahora a centrarse en lo realmente importante. Despejadas las dudas, a 5 vista. Los nervios afloran y ya no se calmarán hasta que el 5 se haga 0.

Comienza el segundo capítulo.

Quedan 5 días.

El Renglón Torcido, 5 a. P.


1 mes.

Es el tiempo que resta para que todo esté de nuevo como hoy cuando me acerco al ordenador. Para que el pañuelico con el escudo de Pamplona vuelva dentro de la maleta a recorrer una distancia ya conocida.  En éste tiempo todo habrá vuelto a mi normalidad, a esa a la que poco a poco me voy acostumbrando. Una realidad normal a la que hoy he afrontado con muchas sonrisas, chistes malos dignos de frases del día, y mas sonrisas si cabe.

¿Y tanta sonrisa por qué?

Y respondo con otra pregunta, ¿por qué no? Así es. La tristeza con la que se inicia éste relato termina aquí. De aquí en adelante sonreiré por todo lo bueno que está por llegar, y todo lo nuevo que está por venir. Llegarán desde la isla dos aventureros dignos de un desayuno inglés para tomar el pulso a una ciudad desconocida, en medio de una multitud que quintuplica su vida normal. Vendrán a vivir un escenario nuevo en sus vidas, un escenario que son mis cuatro paredes.

Mi hogar.

Ese al que tantas y tantas veces se asomaron a través de un ordenador. Ahora el viaje es a la inversa. Se cuentan los días como el reloj que los marca en la calle Estafeta esperando el gran momento.

Aquí nada es igual a lo que se vive a 2400 km. de distancia.  Parecido puede, pero igual no. Distintos colores con distinta luz. Olores inconfundibles (y más a partir del día 6). Un acento completamente diferente aunque el mío fluctúe en función de la persona que tenga a mi lado. Calles, adoquines. Colores. Rojo y blanco omnipresente. Fiesta y música.

Vendrán a mi vida así como yo fuí a la de ellos.

Sinceramente, estoy nervioso porque quiero y deseo que todo vaya bien. Sobre todo porque el listón de mi estancia quedó demasiado alto como para superarlo, pero como buen navarro y cabezón, se intentará hasta no poder mas. Aquí pondremos todos de nuestra parte. La nueva familia navarra espera: hoy viendo fotos en el ordenador les decía a mis sobrinos con ayuda de mi hermana “mira, el tío Manolo, mira, el tío Pedro, los que viven en la isla”. Así por lo menos algo van aprendiendo. Los individuos esperan para divertirse con la gente que viene del sur. Triana habla con Maya y piensan si cabremos todos en casa temiendo por su posición acomodada que obstentan en la actualidad.

Pero cualquier pequeño incoveniente queda atrás cuando pienso en que llegue el día que tenga que conducir hasta el aeropuerto de Pamplona, a 7 minutos de mi casa exactamente, y ésta vez estar al otro lado de la puerta. Ahora seré yo el que espere, pero con la ventaja de saber lo que viene. 2400 ya tiene una imagen real, ya se como anda, como se ríe y como habla cuando está cansado y tiene que tomar neobrufen porque le duele la cabeza mientras se acurruca en el sofá. De doctor 2400… se como y donde se pone colonia por las mañana antes de ir a trabajar, como habitualmente pierde cosas, jejeje y como canta en el coche cuando le gusta una canción.

Todo eso ya está en la maleta. Ahora hay que llenarla con nuevos momentos. Como alguien me dijo una vez, de 2400 a 0 no era el epílogo de nada, sino que era el prólogo de muchas historias que nos quedaban por vivir. Y dentro de poco vendrá una nueva.

 


Tanto tiempo esperando a que llegara y ya se fué… Joe, sin casi darme cuenta han pasado ya 10 días, pero hoy lo he vuelto a revivir con las fotografías. Bueno, recuerdos recuerdos, los tengo un poco borrosos, pero de cosas si que puedo hablar…

La alarma del reloj sonó antes que ningún otro día, a las siete de la mañana. Había que despertarse bien, darse una buena ducha para no oler mal ya de par de mañana y quitarse bien las legañas de los ojos. El día 6 hay que afrontarlo bien despierto. Después de pelearme con las 3 camisetas blancas que tenía para elegir y anudar el pañuelico a la muñeca, pongo rumbo al Cañaveral. A las 8.15 h. el almuerzo.

Como siempre, llegué el primero, ni Individuo 3, ni resto de invitados, ni Mati, ni muchisimo menos Individuo 2. Así que a dar vuelticas por el barrio a la espera de mi gente… Mientras, tuve que encontrarme con mi amigo pegaleches, pero eso es otra historia. La historia ésta sigue con alguna que otra jarra de cerveza, huevos fritos con patatas y de postre un Absolut con naranja. El día comenzó con fuerzas… Y mientras la espera, corriendo a un chino a comprar una camara de usar y tirar… Buena compra. Así tenemos fotos, y Mati una con Cruchaga, jejeje.

Llegó la hora de irnos a Pamplona, 10.45h. Así que rumbo a la parada de la villavesa. No podría haber mucho problema, nuestra parada era la segunda de la línea.

Sí, claro. Los cojones.

Una, dos…. Tres…. ¿Cuántas pasaron sin parar? Yo francamente no lo recuerdo. Pero siempre hay un Indiana Jones en algún lugar, para salvar la papeleta. Y ahí teníamos a Super María, que si no es porque abordó literalmente a una villavesa en la parada de enfrente… Se plantó delante del autobús, lo paró, y dijo que nos montabamos, sí o sí… Alguna resistencia por parte del conductor, porque no tienen permitido hacer esas cosas, pero como la abalancha de gente era incontenible, pues allí que fuímos. Después, por supuesto, cánticos a Super María, y al conductor…

Por fin pisábamos Pamplona, la Pamplona blanca y roja… Marea de gente feliz por que llegaran las doce, feliz desde la noche anterior y nerviosos por los largos días que empezaban…

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Plaza del Castillo, litronas, botellas de sidra… Champán, Kalimotxo en las camisetas. La espalda empapada… Y a partir de ahí, fiesta. El resto del día es bastante confuso debido a lo anteriormente mencionado… Eso sí, baile, mucho baile y más baile. San Nicolás, Cuesta del Labrit, Miss Kitty y SuperL…

Y Nicolette… ¡Sólo me subo a los bancos los 6 de Julios! Miradas que se escapan, tonteos con gente desconocida y conocida de noches anteriores. La lengua que se va sola y no controlas las palabras que llegas a decir, pero sobre todo, mucha diversión. Mis Individuos estaban cerca, alguno más cerca que otros.

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Uy, aqui huele a pollo quemado, jajaja… A Indiviudo 2 le gustaban las barbacoas, que se le va a hacer. Y el día 6 fué asi. Pasé de decir ‘hola que tal’ a decir simplemente ‘hjhjhjooooooooolllllllllllllllaaaaaaaaaaaaaaa’. Recorrímos todos los bares habídos y por haber. Me encontré con compañeros del instituto en los armarios para salir fuera.

Y por último Fangoria. Después de aguantar el tostón de Dj que pinchó antes del concierto, llegó Alaska y su voz  SanFerminera a hacernos bailar a toda la plaza de los Fueros. Fue genial, tardó en empezar pero merecío la pena.

Por supuesto hay mil cosas que no recuerdo, si os acordáis de más cosas que yo, que no dudo que sea asi, solo tenéis que dejar vuestros comentarios. Porque el día 6 fue de todos nosotros y esta entrada la tendríamos que escribir juntos. Mi memoria es como la de Dori en Buscando a Nemo, y más cuando lleva alcohol entre las sinapsis neuronales. Y más aún cuando después de este pedo sanferminero llegó otro extremeño muchísimo peor.

No tengo memoria, y el año que viene no se si tendré SanFermin, pero éste ha pasado y no lo olvidaré nunca.

 


chupinazo-san-fermin

 

Hoy es 6 de Julio y son las 7.23 horas de la mañana. El blanco impoluto, o casi: lo más impoluto que puede estar un pantalón de SanFermin después de unos cuantos años conmigo. Todo recién planchado. La faja esperando ser puesta alrededor de mi cintura. El pañuelo esperando para ser anudado alrededor de la muñeca hasta que a las doce y tras el chupinazo pase a estar alrededor del cuello.

La sensación del día de hoy es única. No se puede explicar con palabras. He pasado 6 de Julio fuera de Pamplona, y cuando estoy aquí se aprovechan por los “por si acasos”… Anoche al acostarme estaba nervioso y me costó conciliar el sueño. Creo que me dieron las dos de la mañana y aún daba vueltas en mi cama.

Ser de Pamplona y que te gusten los SanFermines implica eso… Hoy me he levantado antes que ningún día. Si tuviera que ir a trabajar aún me faltarían dos horas para poner el pie en el suelo. Pero hoy todo cambia en esta ciudad. Hoy todos bailamos un mismo son, vestimos unos colores y sentimos una fiesta en el corazón.

Si no conocéis SanFermin, no lo dejéis pasar… Yo, me voy a almorzar. Brindaré por vosotros que no estáis, y brindaré por todos los que están.

Volveré, no se como ni cuando, pero volveré.

“PAMPLONESES, PAMPLONESAS… VIVA SAN FERMIN, GORA SAN FERMIN”