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Boda

¿Sabéis una cosa?

Antes no sentía ningún pudor escribiendo, y ahora todo lo contrario. Me cuesta sentarme y contar lo que he vivido hasta ahora, quizá porque sea tan bonito que nunca encontraré las palabras adecuadas que lo puedan llegar a describir como se merece. Pero, eso sí, merece y me repito, que sea contado. 

Y lo mas sencillo sea comenzar con un sencillo y sincero GRACIAS. 

Gracias 9 de Mayo de 2015.

Porque después de muchos años, os pude tener a todos reunidos en un mismo salón compartiendo una ilusión. Por fin llegamos a la ciudad de las esmeraldas. Fui feliz y ese sentimiento sigue dentro de mi y no lo olvidaré nunca. Recuerdo cada momento y a la vez olvido todos. Pero creerme cuando os digo que una de los sentimientos mas bonitos que he vivido nunca lo sentí cuando, esperando detrás de unas puertas blancas frente a una capilla, éstas se abrieron y pude veros a todos. 

Todas y cada una de las personas que quiero estabais allí, esperando completar el camino de baldosas amarillas. Todos fuisteis testigos del final. Y habéis sido testigos de un comienzo. Sinceramente, esa sensación, es inolvidable. Porque mientras caminaba por esa alfombra, y mi mirada se cruzaba con las vuestras, mi cabeza bullía con recuerdos, imágenes y sensaciones. Porque en el tiempo que duró la ceremonia os pude mirar a todos de frente y sentir que tengo una vida preciosa y todo es porque estáis vosotros en ella. Y porque en el transcurso de las horas que estuvimos juntos, y cuando nadie me veía, os miraba furtivamente, y veía vuestras sonrisas, vuestras voces y a veces solo gestos. Y sentía que la energía que se vivió ese día es algo que no se volverá a repetir. 

Por todo ello, gracias. 

Gracias por la implicación, por vuestra entrega, por vuestra intriga y por vuestro corazón. Como dijo una canción durante la ceremonia, sentí que habías abierto ventanas en vuestro corazón y aquel día todos latían al mismo ritmo. 

Y como no quiero que se me olvide nadie, y estoy acostumbrado a las listas, seguiré un orden para no perderme. 

Gracias a los Yujuuuu por el entusiasmo puesto desde que decidimos que de las palabras se pasaban a los hechos. Por las ideas aportadas, por las cenas a nuestras espaldas y las compartidas juntos. Y por vuestra sonrisa constante. Por llenar el día de música y baile, por pintar al principito un decorado de ensueño. Por ser como sois, gracias. Por supuesto, gracias a Dora, la organizadora, por su dedicación, paciencia, ayuda y su amor. Nada de lo que ocurrió aquel día hubiera sido posible sin ti, porque supiste guiar nuestros pasos cuando a veces se perdían. Gracias. 

Gracias al maestro de ceremonias, Sergio, por implicarte en una historia que te dio muchos quebraderos de cabeza, gracias por tus palabras y por tu buen hacer. Por tus bonitas palabras bañadas en recuerdos de dos chicos jóvenes que comenzaban a vivir. Por todo, gracias. 

Gracias a las familias, a las preciosas madrinas, a los emocionados padrinos, a las hermanas Marga y Beni que consiguieron hacernos llorar a todos con sus palabras. Familias, fuisteis geniales. Por el hecho de montaros en este viaje sin dudar, por querer compartir con nosotros un día tan especial, disfrutarlo y sonreír. Sabéis una cosa, ese día me sentí orgulloso de todos y cada uno de vosotros. Todos juntos como hacía muchos años que no estábamos. Con multitud de chiquitos corriendo entre nosotros, haciéndonos ver que la nueva generación se abre camino. Dos familias unidas, hermanos, hermanas, cuñados, cuñadas, sobrinos, sobrinas, primos, primas, tíos y tías. Padres y Madres, gracias por hacer que ese día se quede grabado en nuestras memorias. Nos hicisteis felices. Sonreímos, reímos y vivimos un día inolvidable juntos. Conexión Tudela-Pamplona, siempre.

Y que mas decir, Gracias AMIGOS.

Gracias porque también sois familia. Vosotros sabéis quien sois. La amistad no es una etiqueta en facebook, o un seguimiento en twitter. Es un tiempo compartido, un momento vivido, un llanto contenido o una sonrisa disimulada. Amigos venidos de fuera, de Logroño, de Lodosa, de Tudela, de Pamplona o de la misma calle de la Catedral. Sin vosotros no hubiera sido igual. 

La banda sonora de mi vida está cantada por ti, y en ese día no me faltaste. Fue un día, nos queda el resto. Gracias Naiara, mi hermana pequeña como dijo Beni en la Capilla. ¿Seguimos bailando? Cuadrilla, un placer vivir a vuestro lado desde una cena buscando a un asesino a otra perdida en mitad de Belate, ¿cuántas mas? Las que queráis. Gracias. 

Mi familia de Zaragoza, mi familia veterinaria… “Son mis amigos… En la facul pasábamos las horas”. Así cantábamos hace años, y así seguimos. Pasando los años, pasando la vida y compartiendo momentos como los que vivimos. Y los que nos quedan por vivir. Gracias a todos por venir. Os quiero. 

Mis individuos Las Vegas y Prada. Empezasteis compartiendo muchos renglones torcidos. Ahora el renglón se hizo mayor y vosotros fuisteis testigos. Sin duda alguna. Gracias por seguir a mi lado. 

Mi nueva familia mas joven y reciente, mis madrugadores fisnes19. ¿Todos a una  no? El tiempo compartido o los años transcurridos, no implican mas o menos importancia. Sólo la calidad del tiempo vivido juntos, determina la importancia de los mismos. El tiempo vivido juntos es genial, y me hace feliz. Y esa felicidad la vivimos ese día. Y lo mejor de todo, juntos. 

El Renglón Torcido ahora camina mas recto, y con una alianza en la mano. Ahora todo forma parte de un recuerdo maravilloso, plasmado en cientos de fotografías, vídeos y recuerdos. Recogidos en mensajes de agradecimiento y felicitación. Compartido con vosotros y vivido con, por y para vosotros. 

Nunca olvidaré el día que vivimos juntos. Nunca olvidaré mis pasos, mi emoción contenida y vuestras miradas complices. Nunca olvidaré, vuestras sonrisas. Abrazos y besos. Vuestro amor y vuestras palabras. 

Vuestra sinceridad y sobre todo vuestra verdad. 

Gracias porque hicisteis todos del día de nuestra boda un día maravilloso que sin vosotros no hubiera sido igual. 

Hoy el Renglón Torcido rompe su pudor a contar historias de amor verdadero y felicidad. Una sensación nueva que hasta hace un tiempo no sentía, pero que hoy rompo porque la ocasión lo merece. Mis renglones bien merecen palabras de amor, contadas desde el corazón y vividas tan intensamente que la emoción llena mis ojos con solo recordar.

Escribo, quizá un final. Por eso el ” Y punto”.

Aunque sí, es un punto, porque esta historia de amor ya ha encontrado su ciudad de esmeraldas al final de camino de baldosas amarillas. 

Yo lo recorrí con dos pequeños rubíes rojos en mis zapatos como si fuera Dorothy en el Mago de Oz. 

Y hoy, los golpeo uno contra el otro pidiéndole al gran mago de Oz que no quite de mi mente el recuerdo de aquel día. 

Gracias.

Os quiero mucho. 

Y punto.

Boda


Iruña Cormenzana Lopez

 

Media vuelta.

Para no pensar.

Con la mirada fija en un director de orquesta que ha dejado de dirigir. Un director que adquiere tonalidades rojas, ese color del que tanto he hablado de un tiempo a ésta parte.

¿Y ahora que?

Vuelta a empezar.

Director, te pido ayuda para no perderme. Te pido ayuda para encontrar un buen camino que seguir, sin más obstáculos que los mínimos necesarios que tiene que haber. Director, estoy perdido frente a tus rojos; ya no veo los puntos, se nublaron ante mis propios ojos borrando el camino de baldosas amarillas.

¿Y ahora cómo?

¿Cómo levanto los pies con lo que me pesan?

¿Cuánta gravedad influye sobre ellos que me clavan en el suelo?

Director, toca una canción a ver si reaccionan con tu melodía y avanzan a caminar. Toca una vez mas y haz que se mueva. Comienza con notas que sirvan de inicio, de marcapasos para un corazón detenido, congelado en un instante. Ese instante en el que me di la vuelta en un día de calor de verano.

Y ahora de espaldas al mundo, hablo contigo, director. Y te cuento sin que se entere nadie que necesito tu música para volver a encontrar un camino que perdí. Ese que siempre me llevará a la ciudad de esmeralda.

 


 

Yellow brick road

Y me lo encontré. Sin darme cuenta, en mitad del camino. Ese de baldosas amarillas que tantas veces he recorrido a lo largo de renglones torcidos. El que tantas alegrías me ha dado y en el que tantos tropezones he encontrado. La vida misma fluye  a lo largo de un camino del color mas alegre, el amarillo.

Allí estaba, en mitad del mismo. Claro, no, clarisimo. Pero esa claridad era evidente, justo, después de haber tropezado con él. Mientras que antes, al caminar, ni se vislumbraba en el horizonte. Quizá era advertido por ciertas inestabilidades en alguna baldosa, pero como las siguientes eran firmes y seguras, desaparecía la evidencia.

Hasta que “pataplúm”, al suelo. Y en ese momento, con el suelo bajo tu cuerpo, sintiéndolo dolorido, te preguntas, ¿que hizo que acabara en éste suelo del que tanto me gusta hablar? Entonces lo ves, un enorme agujero tras de ti. Alguien olvido mirar bien las baldosas antes de seguir dando pasos al frente. Si las cosas estaban inestables, ¿porque continuar sin preocupación? ¿No hubiera sido mejor cerciorarse antes de seguir dando pasos?

Pues evidentemente sí, pero muchas veces andamos por el camino de la vida tan atolondradamente que se nos olvida mirar por donde lo hacemos. Y podemos estar de repente metidos en una ciénaga con el barro hasta el cuello o por el contrario en un desierto sin un oasis cerca, sin haber notado ni la mínima humedad en el cuerpo o la mínima sed en la garganta.

Afortunadamente, la vida de vez en cuando nos ayuda a continuar. Aparecen duendecillos que pintan de colores el paisaje. “Colorín Colorado”. Ese duendecillo con su pincel mágico rellena el agujero con dulzura, con afecto, con rojos y con sabios consejos. Hace que abras los ojos y te des cuenta cómo pudiste llegar a caer sin haber visto siquiera el vacío bajo los pies. Y te agarra de la mano, firmemente, porque no te quiere soltar. Y yo me agarro, porque no le quiero soltar.

Y los pies vuelven a pisar baldosas. Primero uno, luego el otro. Y agarrado, vuelvo a levantar. Cuando miro atrás, donde hubiera un abismo, ahora hay… Hay colores, momentos, ausencias  y afectos. Amigos, individuos, garbancitos y principitos. Hay “hasta mañanas”, “te echo de menos” y ” nos vemos mañana”. Hay golondrinas, pajaritos y pececitos. Incluso hay pitufos.

Y sobre todo, hay renglones, que vuelve a fluir entre mis dedos, desde mi corazón. Estoy yo, con mi ordenador, mis cosas, mi pared y mi suelo amarillo bajo los pies descalzos de ésta tarde de verano. Estoy yo, con mis mariposas revoloteando de nuevo en mi estómago y con una nube de puntos rojos sobre mi cabeza.

Estoy yo


mago de oz
“… mirar a mi lado, agarrarme de una mano y seguir caminando.”

Hoy he recordado un caparazón que antiguamente vivía conmigo. Lo tenía a mi lado, por si tenía que guarecerme en él rápidamente. Lo limpiaba con esmero, lo lavaba, lo pulía… Era  mi caparazón.

Cuando algo me dolía, corría rápidamente a él, para evitar seguir sufriendo. Me valía de él para protegerme de los obstáculos que me encontraba en mi caminar por  baldosas amarillas… Era mi caparazón.

Muchas veces traté de dejarlo en casa, de vivir sin él experiencias nuevas. Cuando unas mariposillas comenzaban a revolotear dentro del estómago y hacían cosquillas el corazón. Ese era un buen momento para comenzar a vivir sin él. Pero la mayoría de las veces que las mariposillas venían, tal cuál comenzaban a morir producto de elementos tóxicos para el corazón. Y conforme veía que las dulces revoloteadores iban desapareciendo, más ansia tenía por volver a mi casa y refugiarme de nuevo en él… Era mi caparazón.

Siempre era, lo fue y será. Pero ahora en el presente ha pasado a formar parte de los objetos del desván. Desde hace un tiempo consiguieron que lo abandonara para no volver corriendo para refugiarme en él. Las mariposillas volvieron y con fuerza, para no marcharse mas. Encontré a la persona que aprendió y leyó el manual para el perfecto cuidador de mariposas, para ponerlo en práctica. Y el resultado es que las mariposas siguen, y de vez en cuando descubres que una nueva comienza a aletear de nuevo.

¿Y mi caparazón? Lo tengo guardado bajo llave, lejos de mi vista, para disfrutar lo que estoy viviendo ahora sin precauciones. Sí, sin precauciones. Porque no me hacen falta. Porque se que no tengo obstáculos delante mientras camino con mis zapatos de rubíes hacia la ciudad de esmeraldas. Y porque se que si un día hay un obstáculo, lo único que tengo que hacer es mirar a mi lado, agarrarme de una mano, y seguir caminando. Para eso no es necesario el caparazón.

Un Sr. Pintor, pinta mariposas por donde quiera que vaya. Pinta puntos rojos donde quiera que mire. Sueña historias llenas de sonrisas para compartir. Vivimos sin miedos, felices, seguros. Aunque en el fondo del corazoncillo uno siempre tiene el miedo de que cuando todo marcha bien, algo puede salir mal. Pero sinceramente, no viviré pensando en eso.

Siempre recurro al destino, el destino que mi amiga Naiara me cantó en una de las primeras canciones que oí a través de su magnífica voz hará unos 14 años. Y ese destino un día me puso al lado de un Sr. Pintor, que yo ignoré. Y volvió a ponerme al lado del Sr. Pintor, y fuí un chulo… Pero el destino volvío a ponerme a su lado, y desde entonces seguimos así.

Juntos, al lado.

Llenos de puntos rojos donde quiera que miremos.

Un punto rojo, es un te quiero.


 

Muchas veces he pensado en dejar de escribir. Por falta de ideas, pensando que las historias que cuénto muchas veces no van a interesar a nadie. O sin más por el trabajo que hay que dedicar a mantener un blog en activo. Son esos días en los que no te encuentras con ánimo para hacer nada y en lo único que piensas es en tirar la toalla. ¡Cuántas veces he pensado en poner el título FIN a mis renglones torcidos!

Pero después de esos días en los que quieres acabar con todo, notas que algo está creciendo en tu interior. Y eso que crece es una nueva idea, o un nuevo sentimiento que plasmar en letras. Entonces es cuando vuelvo al ordenador, y vuelvo a los orígenes de por qué empezó todo ésto que hoy podéis/podemos leer.

¿Por qué?

Mis renglones torcidos son mi válvula de escape. La forma de liberar de pensamientos mi cabeza. Una vez que están escritos es como si ya no ocuparan parte de mis neuronas. Es mi forma de decir muchas cosas que no me atrevo a decir a la cara. Me comunico con el mundo así como conmigo mismo. Me leo. Leo mis paranoias para tratar de entenderlas mejor. Me ayuda a mi cabeza, y gracias a él, el camino de baldosas amarillas es mas bonito.

Y ese fué el origen. Y ahí es donde vuelvo cada vez.

Hoy miro el escritorio de mi blog, que es donde aparecen todas las entradas que escribo, los comentarios, etc. y veo que he superado las 51.000 visitas. Madre mia. Y se dicen pronto. ¿51.000? Y me pregunto  yo que es lo que tiene de especial o no lo que puedo llegar a contar. Francamente, no lo se.

Escribo con el corazón, la mayoria de las veces con él. Muchas otras veces vale mas mi corazón por lo que calla que por lo que cuenta. No siempre escribo todo, ni mucho menos. Pero sigo aquí, en el punto donde comencé. Necesitando escribir para desconectar del mundo mientras lo hago. Porque el tiempo mientras escribo parece que se detiene.

Sigo escribiendo, unas veces con mas soltura, otras veces bloqueado. Y seguiré haciéndolo. Últimamente casi lo hago por duplicado, dado que mi fuga de ideas se va tambien a parar a otro sitio virtual al que os invito a entrar, un nuevo blog donde dejo parte de mi alma: César Sancho. Que decir de él… Mejor no diré nada y pondré puntos suspensivos…….. Pero puntos suspensivos rojos, siempre rojos…..

Muchisimas gracias a todos los que día a día os perdéis entre las ideas locas de mi cerebro. Gracias a todos los que me dejáis mensajes diciéndo cosas estupendas sobre lo que leéis y tambien gracias a los que anónimamente me visitáis. Sóis muchos los que hasta a día de hoy habéis recorrido conmigo el camino que nos lleva a la ciudad de esmeralda. De corazón, gracias.

¡¡¡ 51.000 gracias !!!

 


 

 

Llevo 15 días mas torcido de lo normal. Unas veces me voy para la derecha y otras para la izquierda, pero lo de la línea recta en mi camino es una utopía. Hubiera sido mas fácil que unos duendecillos rechonchos y con vivos colores me dijeran el día que aterricé: “sigue el camino de baldosas amarillas…” Así por lo menos tendría una misión por delante. Pero tambien me he dado cuenta de que los zapatos de rubíes no me llevarían a la ciudad de Esmeralda como en el Mago de Oz. Además creo que el color rubí no va con mis ojos.

Hoy me animo a volver a escribir mas de cinco lineas. Será el comienzo de dejar de dar tumbos lo que hace que pueda volver a sentarme delante del ordenador y no tener que pensar en ver que escribo. Hoy lo hago porque lo necesito.

Nunca pensé en la famosa depresión postvacacional. No la había padecido nunca en mis anteriores viajes, así que menos pensé en padecerla después del último. Pero en efecto llegó, y tardo bastante en irse. De hecho, yo creo que por las noches sigue durmiendo a mi lado, pero yo me agarro a Triana y me doy la vuelta para no hacerle demasiado caso.

Hay momentos en los que parece que la vida te pone a prueba. Prueba tu fuerza, tu determinación, tu carisma, carácter, y principios. Cris cras, los esquemicas rotos… Volví de Javier en el país de las maravillas cegado por una realidad que en realidad no sería tal. Y me tope con la cruda realidad de mi rutina. Una rutina de la que salí por un tiempo y en la cuál mas o menos me desemvolvía dignamente, y a la cuál regresé como si me hubieran calzado un 36 en lugar de un 40 de pié que suelo usar.

Con la vuelta a mi rutina, a mi vida, poco a poco el zapato del 36 se fue dando de sí, y hoy digamos que estamos por un 39. Unas veces se camina mejor con él, pero otras aprieta y aprieta como el que mas.

Cuando por fin logras asimilar el escenario que te corresponde y no sentía extraños los nuevos decorados, toca volver a buscar los motivos que hacen que piense que Pamplona es una de las mejores ciudades para vivir. Busqué a mi familia y me empapé de las sonrisas de mi gente. Busqué a mis individuos y recuperé aquellos amigos que siempre están. Y poco a poco el entorno empieza a girar de nuevo y el camino de baldosas amarillas empieza a verse mas claro.

A todo ésto, de repente, sin venir a cuento y en mitad del camino, aparece una mariposa. Me costó reconocerla, identificarla, porque hacía mucho que no veía ninguna desde el último exterminio producido por el ibuprofeno. Pero decidí llevarmela a casa… Aunque parece ser que no vivo en un entorno adecuado para criarlas,  y no se si saldrá adelante o no. De momento un poco de molestias gástricas me ha producido, y es mas, irritación ocular, algún dolor de cabeza e insomnio. Pero bueno, esperaremos un periodo prudencial de cuarentena para ver si consigue sobrevivir o por el contrario, muere.

Creo que he llegado a una conclusión, las mariposas cuando rondas los 30 no se crían de la misma manera. Creo que microclima que genera ésta edad en mi hogar no es el adecuado para su fortaleza. O quizá sea que necesitan un periodo de adaptación para poder desarrollarse del todo, ¿no? Puede ser, yo lo contaré.

En Renglón hoy camina mas derecho, con la cabeza bien alta, aunque cuando estoy solo y miro dentro de mí aún veo las baldosas amarillas borrosas… Y hoy incluso mas, porque hay un teléfono rojo de por medio. He dejado atrás las disculpas egoístas, las conversaciones trascendentales y los pensamientos de 3 líneas para soltar un rollo de mil pares de narices… Ahora solo queda que se entienda. Que cada cuál interprete lo que quiera.