17 años bien merecen Rock’n Roll

Rock'n Roll

Rock’n Roll

Desaparecido del blog y perdido en otros mundos.

No por abandono, no por falta de ganas de escribir. La falta de tiempo en ésta vida loca que llevamos a veces te supera. Sin minutos para poder sentarse, respirar, mirar dentro de mis cosillas y decir… Ahí voy.

Hoy sí, hoy fluyen las palabras nuevas a través de mis dedos. Hoy con ellos escribo Rock’n Roll, porque de eso se ha tratado la ausencia. Cuando mis manos no escriben renglones, se funden en arcilla y crean personajes como los de la foto. Personajes, con alma, con vida, con micrófonos y baquetas que ya por fin están en su hogar.

Ha sido un tiempo de locura. Preparativos a escondidas, cenas clandestinas, mensajes archivados y palabras y conversaciones silenciadas para no romper el encanto. Todo porque la voz de mis sueños se merece todo ésto y mucho mas. Una boda llega pronto a adornar el camino de baldosas amarillas, la voz se casa y como no podía ser de otra manera, hay que celebrarlo. Pero antes de celebrar su boda, despedimos la soltería con sopresas, risas y alguna lágrima. Con regalos escondidos, y palabras guardadas a modo de recuerdos.

Y entre risas, recuerdos y preparativos, se me ha ido el tiempo de contar mis tiempos.

Hoy miro la foto de los personajillos salidos del barro. Y pienso que ahí está su alma, su bondad y su vitalidad, la que ellos, los de carne y hueso me transmiten. Son muchos años juntos, media vida, y literal. Media vida de historias contadas en canciones, en cartas escritas por adolescentes perdidos en el comienzo de su renacer. Historias que hemos dejado vivas dentro de nosotros para hacernos ver que después de todo el tiempo pasado, parece que fue ayer cuando nos conocímos.

Disfruté formando un vestido negro, moldeando una chistera que debió ser un bombín. Sentí al fabricar cada mechón de pelo, y viví el hacer una perilla tan peculiar. Todos y cada uno de los días tenía una cita con ellos, esperaban encima de mi mesa del salón o bien en mi mesa de la cocina. Rodeados de sus pinturas y sus pinceles. Entraba a casa, los miraba y ellos, aún con su rostro sin pintar, sin sus ojos a los que mirar, esperaban ser tocados  un día mas.

Sólamente tocados por mí, nadie mas. Si debían romperse a manos de alguien, era en las mías. Si los estropeara, sería yo. Si un brazo caía al secarse el barro, yo era quien como un médico volvía a ponerlo en su lugar. Del trabajo a pintar; del trabajo a pegar; del trabajo a mirar si secaba bien la cola blanca. Y lo demás a un lado, el tiempo corría y tenía que ser perfecto.

Y para mí, así fue. Tras pintar chalecos y vestidos, camisas y zapatos, pelos y perillas, llegó el momento de darles el último soplo de vida. Con pulso firme, pero nervioso por ser el punto y final, sus ojos aparecieron bajo mi pincel. Y ahí estaban ellos, mirándome, saludando al nuevo día que por fin veían. Hoy sí, ya podemos ver a quien tanto ha pensado en nosotros. Por fin podía mirarlos a la cara, y sonreir, porque el final estaba cerca.

Con sus ojos, con sus ropas de gala, con su velo y su sombrero. Con las gafas hechas por el Sr. Pintor dado que yo no fuí capaz, y con el micrófono creado por una duendecilla llamada Ale, ocuparon juntos su pedestal de oro, para así, entre los dos crear Rock’n Roll.

Hoy descansan en su casa, duermen junto a sus gemelos. Yo los llevo en mi corazón, pero no penséis que me he vuelto loco por hablar así de un par de muñecos de barro. No. Los llevo en mi corazón, porque el amor, la dedicación y todo el cariño que hay puesto en esos muñecos, es el resultado de un amor, de una amistad, de una hermandad forjada y labrada a través de 17 años de vida. 17 años caminando juntos sobre nuestro suelo amarillo.

17 años bien merecen Rock’n Roll.

Madrugón de gimnasio

P1050863

Dos mini hamburguesas, dos huevos fritos. Aceitazo, pan, salsa barbacoa, salsa picante…

Cena ligerita para antes de ir a dormir.

Pero si lo pongo no es porque me arrepienta de haber cenado eso anoche. ¡¡¡En absoluto!!! De hecho es una felicidad cenar eso… Claro que la compañia tambien cuenta, como no. Lo que pasa es que uno, después de cenar todo eso, y cuando el despertador del Sr. Pintor suena por la mañana para levantarse, comienzan los remordimientos de conciencia. “Bufff, voy a tener que levantarme para ir al gimnasio” “vaya sufrimiento, ya si eso me levanto mañana y voy que hoy tengo mucho sueño” “que no, marica, mueve el culo y levántate que ya te vale, que llevas mucho tiempo sin coger la rutina” “jooooooooooooo, pero por que hoy, que hace mucho frío fuera y lo calentito que se está en la cama”

Ésto es sólo un estracto de las conversaciones que mi cerebro tiene conmigo mismo a las 6 de la mañana, en el transcurso de tiempo que hay desde que el Sr. Pintor se levanta y viene a despedirse de mi antes de irse a trabajar. Digo que es sólo un estracto, porque os aseguro que mi cabeza da para mucho mas a esas horas de la mañana.

Pero llega un momento crucial, y es ese en el que el Sr. Pintor me pregunta entre tinieblas y así con esa luz como la que se ve en la foto “¿te dejo la luz encendida? ¿vas a ir al gimnasio?”

¿Que responder a eso?

¿Voy o no voy? ¿Es locuraaaaaa….. o frenesí? (ésto último es paranoia homenaje a la gran Lina Morgan y sus teatrillos de cuando era chiquillo)

Sigo.

¿Voy o no voy? La respuesta en 3, 2, 1. Pues venga que sí voy.

Siendo las 6:17 de la mañana, espero entre sábanas a que den las 6:30 para levantarme en una lucha titánica entre mi voluntad y el calorcito de mis sábanas y la pesadez de mis párpados. Lucho para no volver a dormirme, aunque a veces de cabezadas de poco mas de minutos porque sigo controlando el reloj. Es curioso ésto del cerebro, porque aunque me duerma un poquito me vuelvo a despertar y nunca mas tarde de la hora marcada.

Y allá voy, entre pensamientos de ‘levántate vago que llevas una racha…’, ‘ayer cenaste mucho y tienes que ir al gimnasio si no vas a llegar al verano con los huevos tapados por una lorza’ y un poquito de voluntad, termino levantándome.

Ale, al gimnasio.

Luego viene la otra parte, después de mi diciembre apoteósico de asistencia, vienen los avisos de mis gentes del gimnasio de ‘hace mucho que no vienes’, ‘debes unos cuantos días’, ‘esta semana para compensar tienes que venir todos los días’. Super Lara contenta de verme, Arantxa esperando que vuelva a usar su camiseta roja para ir a Zumba, Chelo sonriente porque otra vez volvemos a la rutina; Laura, feliz porque el grupo vuelve a ser como el que era… Y que digo yo, que vuelvo a estar contento de volver a estar entre ellos: con Jesús, Isa, Sara, Sandra, Luis… Así ya entre todos le damos el coñazo a SuperCarlos, que entre todos, y estando juntos, se nos da muy bien.

Y nada, hay que vuelvo casi con las legañas en los ojos, con dolores en todo el cuerpo de ayer, y ahora mismo con las piernas aún temblando de la paliza de hoy. Y ya pensando en que mañana tengo que volver a levantarme para ir, porque creo, que como no retome la rutina, la pereza al final podrá conmigo. Si no, ya veo que SuperCarlos al final me va a apuntar en la lista negra y no es plan.

No era un propósito de año nuevo el gimnasio. Ésto viene ya del año pasado, así que lo mantendremos durante el 2014. A ver si conseguimos que el verano que viene se nos vea con mejor tipín. Y si no, mientras tanto nos reímos por el camino.

 

Incontinencia verbal

El Renglón Torcido

Creo que no debería hacerme nunca famoso.

Lo creo a pies juntillas.

Evidentemente tengo mis razón que para asegurar la afirmación que acabo de escribir, y hoy la voy a compartir con aquellos que tengáis el gusto de leer estas líneas.

Si me hiciera famoso, sería carne de prensa rosa, de programas de cotilleo, de realitys de esos que ahora gustan tanto. Estaría todo el día de acá para allá dando por saco en la televisión hasta que todo el mundo terminara odiándome. O bueno, quizá con un poco de suerte, en lugar de odiarme todo el mundo, terminaría queriéndome como a la Belén Esteban.

¿Quizá sea el nuevo principito del pueblo?

¡Y es que me he dado cuenta que lo largo todo!

Hace justo ahora una semana que la exposición del Sr. Pintor se inauguró y por suerte (y tambien por supuesto, por que nos movimos para ello) aparecieron por allí una serie de periodistas a hacer preguntas, la televisión, etc. Una de las periodistas, de Diario de Navarra, concretamente, disfrutó de la exposición así como nosotros de su compañia. Y mientras el Sr. Pintor atendía creo que a la televisión, yo me dediqué a hablar con la periodista para que no se le hiciera larga la espera.

Pobre mujer, no sabía lo que se le venía encima. ¡Tremenda chapa la que le dí! No es que le contara la obra del pintor, sino que le conté la obra, milagros, hechos y desechos, anécdotas, contratiempos, destiempos y tiempos. Lo puesto, lo dejado, lo de más allá y lo de más acá; la talla de pantalón, el portal donde vivimos, el color del sofá y hasta que me gusta para comer casi.

Horroroso.

Yo no parando de hablar mas que para respirar y no morir en el intento. Ella venga que te venga a escribir en un pedazo cuaderno que no hacía mas que llenar de una letra practicamente indescifrable. A veces cuando contaba anécdotas tontorronas que se me ocurrían relacionadas con algún cuadro, veía que seguía escribiendo. Yo le preguntaba si eso que le acababa de contar lo iba a publicar. Ella me decía que tal vez. Yo le decía que eso no lo contara. Ella se reía. Yo me ponía rojo del calor que tenía.

Así sucedió.

Una incontinencia verbal, un montón de cosas dichas y ella sin parar de escribir. 

Una situación desbordada. Compareciendo ante la prensa, hubiera estado mejor mas calladito o mas comedido. Pero que se le va a hacer. Al final terminas hablando con todo el mundo, contando las historias que han llevado a que esos cuadros estén colgados como están, y a que ese altar tenga un significado mas allá de lo bonito que pueda resultar lo que halla encima.

Después de nuestra charla, y cuando el protagonista ya se quedó libre, yo me liberé de la presión de dejar de contar historias.

Historias que son reales, que son del día a día de acompañar al artista mientras crea sus obras. De opinar, de saber lo que en ese momento le está pasando por la cabeza o por sus manos. De por qué ha usado un color o ha dejado de usarlo. O de dónde se encontró esa caja que ahora forma parte de ese altar, o de donde están usados los papeles quemados que cogió de una pared de Roma y ahora formando parte de un cuadro.

Sus historias, las que yo conté a la periodista.

Mejor compartirlo que no guardarlo.

¿No?

Respirar y dejar fluir

El Renglón Torcido

Siempre mariposas…

¿Cuando vuelvo a escribir? ¿Sirve contar que hoy me voy a la exposición del Sr. Pintor o después de todo lo escrito en el blog, eso no tiene transcendencia? ¿Pero como no va a tener trasncendencia si es de lo que trata ahora mi vida? ¿Y por qué no contar que hoy comemos con la familia, porque ayer fue el cumpleaños de mi padre y justo ese mismo día comienza su etapa de jubilado? ¿O ésto último no le va a importar a nadie y no tengo que escribirlo? ¿O bueno, por que no contar que me río con la gente que me encuentro nueva en mis días, con las charlas de ayer en la Taska de Picasso con cuatro personas que tenía muchas cosas que compartir? ¿Pero eso es tan importante como para contarlo?

Así anda mi cabeza ahora, ¿escribo lo que me pasa o no lo escribo?

Y después de un rato pensando y debatiendo con mi propia persona, eso que tanto me gusta, pues decido que algo tengo que contar. Porque si allá por 2009 me servía contar y escribir una simple frase que me había hecho gracia en todo el día, y no le daba tantas vueltas a la hora de compartirla, ¿por qué lo hago ahora?

¿Me habré vuelto pudorosos? ¿O vago? ¿O vergonzoso?

¡Que se yo!

Creo que no debo de pensar tanto. Creo que cuando algo me pase en el día que sea digno de contar, debo volver a mi origen y escribir. Creo que si hoy me hizo feliz ver sonreír al Sr. Pintor porque se ve en el Diario de Noticias, promocionando su exposición, tengo que escribirlo. Y que si mi padre es feliz porque después de toda su vida trabajando, por fin puede descansar tranquilo, tambien debo contarlo.

¿Y que mas cosas? Pues todo lo que mi rutina por el camino de baldosas amarillas me traiga… Todo lo que me encuentre o me deje de encontrar. Todo lo que en un momento del día deje huella en mi desmemoriado cerebro.

No hay que darle tantas vueltas a qué contar o dejar de contar. Sólo hay que sentarse y escribir.

Sentarse y escribir.

Respirar.

Y dejar fluir.

 

El 2013 se va

El Renglón Torcido

Después de un año distinto, desconectao y casi olvidado, no puedo despedirlo sin hacer llegar alguno de mis renglones a quien los quiera leer. Sobre todo después de ver, que tras éste año mas bien improductivo de escritos y memorias, vuelvo a entrar y veo que hay personas que siguen asomándose a ver que se cuece dentro de mi cabeza.

Mi cabeza que últimamente está dispersa preparando nuevas historias. Al final los renglones no sólo se plasman aquí, si no que llevan a explorar nuevas formas, convirtiéndose en mariposas que reposan en sillas de madera dispuestas a emprender su vuelo. O escritos que intentan encontrar un sentido a algo creado con objetos guardados, esperando su final.

Éste último año que pasado, éste último día que hoy brinda su escena final me ha llevado mas allá. Descubriendo historias nuevas a través de la lectura. He leído mas que nunca, robándo tiempo a mis pensamientos para inmiscuirme en los de los demás. He dedicado el tiempo a mirar mas allá, sin preocuparme tanto de mirar dentro de mí.

Pero hay una buena razón para no haberlo hecho. Y la razón es que estoy en paz. Siempre dije que es más fácil sentarse a escribir en frente de ordenador cuando los fantasmas atormentan tu memoria, y buscas de cualquier manera sacarlos para que esa noche puedas dormir bien. Y quizá esa época sea la mas productiva en lo que lleva de historial el renglón torcido. Hoy mi mente no atormentada muchas veces no encuentra otro sentido de escritura que no sea contaros que estoy bien. Que estoy tranquilo. Que soy feliz.

Hace un tiempo tambien pensaba que escribir de las bondades de la vida podía ser la antesala de tiempos tormentosos venideros. Decir que estaba bien podía suponer el inicio de alguna tristeza, y mis supersticiones llevaban a que no escribiera de ello. Pero a día de hoy todos esos pensamientos se esfumaron. No es que no escriba por superstición a decir que estoy bien esperando que algo vaya mal después. No, por eso no.

No escribo tanto por que estoy bien, y punto. Porque pinto, porque hago, porque escribo, porque hago videos. Y la mayoría de las veces más porque prefiero estar en la cama junto a mi Sr. Pintor mientras el duerme y yo leo algo, que no estar sólo delante del ordenador diciendo que estoy bien.

Dos cosas nuevas deja éste 2013 en mi vida, que roban mi tiempo, o por que no, lo enriquecen de otra manera. Una playstation que me engancha con sus juegos estando horas, cuando puedo, delante de ella. Y por otro lado, una vieja afición que 15 años después ha regresado a mi vida. Detrás mía ahora mismo hay un teclado cochambroso, que al tocar sus teclas parece que yo mismo me hago un remix de lo que estoy tocando. La música vuelve a mi vida de manera activa. Hasta ahora me acompañaba siempre, mis familia musical sigue estando cerca, siempre muy cerca. Pero ahora  me incorporo a ella pero no desde la barrera. Tengo una profesora de piano, pacience y risueña, que me dice que toco bien aunque yo piense que tengo dos patas de hipopótamo en lugar de dedos.

Y así despido éste año. El último año que mi padre ha dedicado a trabajar para afrontar a partir del año que viene el gran regalo merecido, el descanso de guerrero. Enhorabuena papá. Donde mi sobrinos se hacen grandes a pasos agigantados, donde la estabilidad y la cercanía es lo que gobierna ahora en mi casa. Todos cerca, todos bien, todos mejor. El 2014 será nuestro de nuevo familia.

Amigos, siempre estáis en mis pensamientos. Nos espera un 2014 con nuevas aventuras para compartir. De fiestas, de exposiciones. De comidas, en blanco, en negro, y de cuantos colores quieras pensar. De fiestas de las cosas pequeñitas y de veladas musicales. Éste año nuevo empieza bien, pronto y con una gran fiesta allí por Marzo. Seguro que es un momento que en la despedida del 2014 no pasa inadvertido. Sois grandes, vosotros que sabéis quién sois. Gracias.

Un año mas, y sigo acompañado. Por alguien que me quiere, me respeta, y que está dispuesto a compartir el mismo techo que yo sin reproches, sin vacilaciones y con el mismo corazón día tras días. Donde quiera que vayas, en ésta casa hay puntos rojos. Lo mismo un día está en la ducha como mirando a través del espejo del baño. Está aqui, en mi vida. Somos felices, lo se. Lo siento al mirar a sus ojos. Reímos. Porque mi vida hacia la ciudad de las esmeraldas sigue discurriendo sobre baldosas amarillas, pero si las miras bien, verás que en cada una de ellas hay un punto rojo.

Familia, habitantes del mundo.

El 2013 se va.

Feliz 2014.

Gracias.

Un ladrón de ideas

P1070404

Te pones a pensar y de repente algo surge en tu interior. Se conectan neurona tras neurona y producen movimientos voluntarios que involuntariamente producen acciones.

Sensaciones.

Actos conscientes desde el inconsciente.

Y así nace un renglón, una flor, ¿que se yo?

El amor…

Una idea, una mancha.

Poseía entre tantas.

Entre lágrimas, y aleteos.

Mariposas siempre al vuelo.

Una línea bien formada, un pensamiento a través de palabras. A través de formas, dibujos, colores y cartones. Formados a través de sentimientos propios, desde el interior. Desde donde algo se mueve con el respiar de los segundos juntos. Desde donde nace la nostalgia, la inquietud y la inseguridad de si la próxima hoja se quedará en blanco.

Mientras, ando perdido entre escombros. Retazos de lo que te rodea, ruinas de lo que construye tu cabeza pero tus manos no pueden expresar.

Y un día descubres que la blancura de la hoja dejará paso a bellos trazos. Que algo comienza a moverse dentro de tí y busca una forma de encontrar su camino. Que se mueve una mano o late un corazón. O respira una emoción. Y surge la idea. Tu idea, formada en el fluir de los sentidos.

Ahí está. Se plasma, la ves tomar forma. Crece ante tí. Mediante líneas, a través de palabras. Formando melodías únicas que muchas veces sólo la propia persona entiende. Al fin y al cabo es tu música. Muchas veces la que canta tu corazón cuado a sólas por la noche se deja escuchar.

Mi melodía a través de mis dedos. Su melodía a través de sus manos.

Nuestras ideas. Nuestro corazón.

Y mis sentidos puestos desde dentro.

Cuesta mucho llegar a llenar una hoja en blanco. Sentado delante, con las manos deseando transmitir, y muchas veces nada. Cuesta poner un color, tal vez dos. Un recorte o quizá no. Cuesta empezar un escrito, sacar lo que dictan tus sentidos.

Pero cuando algo manda en tu interior, cuando la cabeza y el corazón deciden, la hoja deja de estar en blanco.

Cuesta empezar, cuesta ser original. Ser individual, no ser un ladrón de ideas. 

Porque mi individualidad hace que mis palabras no pueda decirlas nadie mas.

El pecado mas asqueroso

Soy un depravado, sí. Es difícil ésto que estáis leyendo pero así es. Soy sucio, enfermizo e incluso asqueroso, pero tras muchas entradas en el blog tenía que compartirlo con vosotros. No se por donde empezar y si voy a saber plasmarlo como debo, pero es parte de mí. Las perversiones forman parte de mi vida, y peco, como el que más. Es más, cometo el pecado mas asqueroso que podáis imaginar.

¿Cuál?

Pues ahí va: soy homosexual.

La razón de todo lo anterior es simple. Estoy harto, y no siendo finos diría que estoy hasta la polla de tener que leer afirmaciones como las anteriores dichas por miembros de la iglesia católica. Día tras día, semana tras semana, y año tras año un colectivo como el mío sufre ataques constantes por parte de la iglesia. Esa iglesia que en su base predica que hay que tratar al prójimo como a si mismo y tal. Pues que se apliquen el cuento.

Esa frase de que la homosexualidad es el pecado mas asqueroso que se pueda cometer es la última que me ha tocado leer. Y que queréis que os diga, ya llega un punto que te hartas de aguantar. De callar y de tragar sin decir nada. ¿Que tiene la iglesia en contra de la homosexualidad? ¿Por qué tanto maltrato por su parte?

No voy a entrar en decir u opinar si la iglesia está llena o no de homosexuales reprimidos, llena o no de casos de pederastia, etc. No es mi intención juzgar a ellos cómo ellos nos juzgan. No es el propósito de éste escrito. Tampoco he sido nunca o no he estado nunca en las cruzadas por la defensa de mi colectivo. Es decir, no he sido nunca un abanderado de la homosexualidad, pero en éste caso creo que ya me tocaba decir algo.

No estoy enfermo. Soy homosexual desde que nací y mis padres, hombre y mujer, no han tenido nada que ver en ese hecho salvo que me enjendraron así. No es por su forma de educarme. Ésto para todos aquellos que piensan que si dos hombres o dos mujeres adoptan o tienen un hijo, por narices será homosexual. Mis padres, heterosexuales, me tuvieron a mí, maricón perdido. Y no lo digo en todo despectivo, que para eso me lo digo yo.

Me he criado como todos los demás niños de mi generación. He jugado, he reido y quizá he tenido mas problemas en el colegio con los compañeros pero como cualquier niño homosexual que está creciendo. Y no me enorgullezco de ello, pero tampoco lo escondo. Así fue. He pecado, sí, tambien como todos, robando pequeñas cosas cuando ibamos a los chinos, a las tiendas de chuches, o cuando ibamos de excursión. Tambien he mentido, he envidiado lo ajeno, he tenido pensamientos impuros. Pero que yo sepa, nunca leí “no desees a tu compañero” ni en la biblia, ni en los evangelios, ni me lo enseño mi profesora de religión.

Y me hecho mayor. Hoy con 33 años sigo siendo homosexual. Va a ser que no me he curado de ésta enfermedad como ellos la tildan. Si, me siguen gustando los hombres. Y no hago daño a nadie por que me gusten. Además, el ser homosexual no me hace tener especial interes en acabar con el matrimonio y la familia tradicional como la iglesia católica expresa y manifiesta continuamente: El matrimonio homosexual quiere terminar con el modelo tradicional.

Miren señores, no nos otorguen tanto poder que no es así. Que el colectivo quiera casarse y tener ese derecho no implica que queramos quitarle el derecho a los demás. Sino que todos, TODOS tengamos derechos similares. Si quiero casarme, que pueda casarme. Simplemente eso. No tratéis de acharcar a los homosexuales que cada vez hay menos matrimonios que deciden consagrar su unión por la iglesia y optan por hacerlo civíl. Ese disminución pienso que es simplemente gracias a la falta de tacto y adecuación a los tiempos que está teniendo la iglesia católica y su concepción de lo que debe ser una familia.

Y por último para terminar mi panfletada, lo mas importante: los homosexuales, tenemos sentimientos. Sí, aunque no lo parezca, los tenemos. No estamos todo el día pensando en pollas, cuartos oscuros y orgías salvajes. No es así señores.

Soy homosexual, soy feliz y vivo mi vida, MI VIDA junto a la persona que yo quiero. Me levanto a su lado, estoy a su lado, duermo a su lado. Vivo a su lado. Esa persona es un hombre, como yo. Por quererlo y estar enamorado como lo estoy, no hago daño a nadie, ni él se lo hace tampoco a nadie por estar a mi lado. Compartimos camino de baldosas amarillas. Reímos, sufrimos, vivimos y soñamos como cualquier otro ser humano del mundo. Salvo que yo he decidido hacerlo junto a otro hombre. Y a ese hombre lo quiero y no hay mas que decir.

No estoy enfermo, soy homosexual.

No soy pecador, soy homosexual.

No soy un depravado, sólo soy homosexual.

Ya está bien señora iglesia católica.

P.D.: el comentario de asqueroso pecado y sucio después me he dado cuenta que lo ha dicho un obispo griego que supongo será ortodoxo. Conclusión: no sólo es la iglesia católica.