Insomnio 


Insomnio. 

Aléjate de mí y déjame descansar tranquilo.

Venga, por favor. 

Soy muy cuadriculado, siempre.

Las cosas tienen que ser de una determinada manera o si no ya no me encajan. Y no falla, nunca, que la víspera de tener que salir de viaje, no puedo dormir bien. 

¡Ni que me fuera a Japón!

Madre mía, si solo voy a Tudela. A una hora de mi casa vaya. (Lo específico para el desconocido o desconocida que ayer entró a leerme desde Bolivia y al otro lector estadounidense, para que sepan de la distancia que hablo) 

En fin, que mi cuerpo y mi cerebro lo saben. Y continuamente me mandan señales para no dejarme dormir. De repente, me oigo el corazón más fuerte de lo normal, y en el silencio de la noche es imposible dejar de oírlo. Después, mi vejiga comienza a llenarse a ritmos acelerados, que hacen que aproximadamente cada hora tenga que levantarme y pisar el suelo frío del baño. Cuando consigues despistar al sonido del corazón, comienzas a notar la respiración en la soledad de la noche. Y piensas, ¿cómo puedo estar respirando sin darme cuenta el resto del día, con el ruido que hacemos cuando lo hacemos? Luego mi cerebro dice ‘si estás de vacaciones, ¿cómo te vas a dormir a las doce?’ Y me mantiene con los ojos como platos hasta la una de la madrugada. Por último, cuando parece que la calma y los sonidos desaparecen, y comienzas a volar en brazos de Morfeo, la dichosa garganta empieza a picar. ¡Mierda pa’ mí! Porque anoche me vine arriba, me dio la sensación de que mi catarro marchaba viento en popa y pensé, ‘hoy no me llevo el agüita a la mesilla que no me hará falta’ y ‘para que me voy a poner ya vicks vaporub’. Pues por listo, me hubiera venido estupendamente cualquiera de las dos cosas. Eso sí, me podía mas la pereza que el picor. Porque perfectamente me podría haber levantado e ir a la cocina a por agua, o darme la poción mágica azul. Pero en lugar de eso, me quedé inmóvil, pensando ‘ya no pica, duermete, ya no pica, duermete’.

Parece que esto último, finalmente, funcionó. 

Pero de repente abro los ojos y son las 7:30 de la mañana. De nuevo al baño y el sueño se ha esfumado… 

¿Dónde están esas horas de dormir estando de vacaciones en las que abrías el ojo a las 10 o las 11? ¿Me estoy haciendo mayor? 

Porque hoy con la excusa del viaje, hay una razón nerviosa para mi desazón nocturna. Pero el resto de la semana que llevo de vacaciones, la hora de despertar no ha variado en exceso. 

También es verdad que mi pobre cuerpito está drogadillo y no se encuentra en su mejor momento. Estar a base de ibuprofeno cada 8 horas y acetilcisteína cada 24, influye en mis visitas al baño y el desasosiego generalizado. Pero como dice mi cuñada Marta, todo por expulsar la ‘tos de camionero rumano’ que se ha instalado dentro de mi. Ah, bueno, puestos a ser pupas, hablemos claro y conciso. También estoy usando Aciclovir para un herpes labial que anoche vino a visitarme (¿será por los nervios de ver Juego de Tronos?) y Bactroban para un bonito granito que siempre tiene que salir en ocasiones especiales. 

En fin, que tengo sueño, no me duermo y estoy hecho un cromo. Es una bonita manera de poner punto y final a este verano. Con la tontería de escribir, no escribir, pensar y deshacer, son las 9 de la mañana. El día empieza y ya no hay tiempo de dormir mas.

Comienza un viaje. 

 

 

 


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